EL enfrentamiento entre el poderío económico y la orientación política del Mercado Común Europeo con los Estados Unidos es cada vez más intenso. El Mercado Común Europeo se ha fijado como objetivo constituir, probablemente para 1967, una unidad económica sin barreras aduaneras, con regímenes de comercialización y financiación (internos y exteriores) comunes. Indudablemente a partir de esta base económica se ha de elaborar una orientación política coincidente.
Esta política, en su formación más avanzada, está siendo materializada por la posición francesa, al no firmar el Pacto Nuclear y mantener el proyecto de fuerza nuclear propia, al prohibir la radicación de capitales yanquis y vetar la incorporación de Gran Bretaña al Mercado Común, al reconocer a China Popular y sostener la política de neutralidad para Laos. Vietnam y Camboya, y al intentar extender su influencia a África, Medio Oriente y América Latina.
Resulta a todas luces evidente que la situación del imperialismo yanqui se torna cada día más crítica frente a la recuperación de las economías de Europa continental y Japón; la propia potencialidad económica de estos estados engendra tendencias imperialistas en sus burguesías con tradición en el oficio de «recortadoras del cupón». El retroceso político, económico y militar del imperialismo yanqui ha quebrado su hegemonía otrora indiscutida sobre el mundo capitalista.
Japón, no obstante la presión yanqui, está extremando las facilidades de crédito a China Popular para no perder la competencia capitalista en tan vasto mercado; Francia impulsa la no participación en la empresa anglo-yanqui en Chipre; la Organización del Tratado del Atlántico Norte (NATO) está virtualmente rota. No obstante la política del apaciguamiento que la dirección de la URSS, ha concretado con el imperialismo yanqui, las contradicciones interimperialistas y las conmociones y el avance de las luchas en los países coloniales, están haciendo retroceder a los EE.UU., para quien la historia ya ha clausurado la etapa de expansión económica, política y militar.

EL MOVIMIENTO REVOLUCIONARIO MUNDIAL
La agudización de la crisis del capitalismo ha coincidido con un proceso de alza de los movimientos revolucionarios ubicados en la periferia colonial del sistema capitalista, marcando en la presente la contradicción fundamental de la etapa. Este proceso ha coincidido con un movimiento de características mundiales que enfrenta al revisionismo anti-marxista, el pactismo con el imperialismo yanqui y la política de subordinación a las burguesías nacionales, que están practicando gran parte de los partidos comunistas y obreros del mundo entero y a cuya cabeza se ubican los partidos europeos especialmente el italiano y el yugoslavo bajo la conducción política del Partido Comunista de la Unión Soviética. La Revolución Cubana y la Revolución Argelina marcan, dentro de este proceso de los movimientos revolucionarios objetivamente enfrentados a la línea
reformista, no solo el punto más elevado en la radicalización de objetivos, sino también un principio de superación de la etapa de pura espontaneidad en que estos procesos se encontraban sumidos ante la inexistencia de una vanguardia.
El desarrollo objetivo de los movimientos revolucionarios debía conducir, como sucedió con el triunfo da la revolución socialista de octubre, a un replanteo crítico de la ideología y línea política de movimiento revolucionario mundial.
El Partido Comunista Chino está en condiciones de cumplir hoy un papel similar al de los bolcheviques rusos en 1917, cuando se rompe la segunda internacional y se constituye la internacional leninista o Tercera Internacional. Resulta evidente que el planteo crítico que el Partido Comunista Chino realiza de la ideología y línea política del revisionismo contemporáneo, y su apoyo consecuente a las tendencias u organizaciones revolucionarias del mundo entero, ha cambiado en forma total la tendencia imperante hasta principios del año pasado.
Hoy el alza de las movilizaciones revolucionarias coincide con el formidable e insustituible impulso hacia adelante que la conciencia revolucionaria recibe del Partido Comunista Chino. Al margen de las insuficiencias que sus formulaciones evidencia en algunos terrenos, el Partido Comunista Chino está cumpliendo el papel de orientador y sosten de las luchas revolucionarias del mundo entero. La elaboración de una estrategia revolucionaria está dando las bases para la constitución de un amplio Movimiento Revolucionario Mundial que se apoye en partidos marxistas-leninistas leales a las causas del proletariado y la revolución, y no furgones de cola de las burguesías nacionales o de la camarilla dirigente de la Unión Soviética.
El trabajo del Partido Comunista Chino «Proposición acerca de la linea general del Movimiento Comunista Internacional», da los fundamentos de la afirmación precedente cuando sostiene que «Si los comunistas se apartan de las demandas revolucionarias de las masas populares, perderán infaliblemente la confianza de las masas y el torrente revolucionario los dejará atrás. Si la dirección de un partido adopta una línea no revolucionaria y convierte su partido en un partido reformista, su lugar en la revolución será ocupado por los marxistas-leninistas que haya dentro y fuera del partido los cuales dirigirán al pueblo en la revolución».
Desde el 19 de julio de 1963, fecha de documento que citamos, es más notoria la división existente entre reformistas y revolucionarios proyectada a escala mundial. Todos los partidos comunistas que cumplen objetivamente una tarea revolucionaria repudian hoy la conducción del Partido Comunista de la Unión Soviética, todos los movimientos y tendencias revolucionarias del mundo entero se solidarizan con la actitud asumida por el Partido Comunista de China.
Los más caracterizados reformistas y revisionistas como el Partido Comunista Francés que votó el presupuesto militar que la burguesía francesa utilizaría para enfrentar y tratar de liquidar a la lucha revolucionaria del pueblo argelino, el Partido Comunista Italiano, vanguardia ideológica del revisionismo y sostén (crítico) de su burguesía, el Partido Comunista de la India, sostén de la agresión burguesa a China, la liga de los Comunistas de Yugoslavia, el Partido Comunista Argentino furgón de cola permanente del «burgués progresista» de turno, etc., son el apoyo de la política capitulacionista de los dirigentes soviéticos. Por el contrario, es notable el hecho de que tanto en India. Ceylán, Australia o Bélgica, por ejemplo, sean los sectores más proletarios dentro del movimiento comunista, los que enfrentan las tendencias anti-marxistas. El contenido de oíase del marxismo-leninismo y del revisionismo quedan claramente al desnudo.
Desconocer que la perspectiva de la revolución internacional marcha por los carriles expuestos y practicar por sectarismo u oportunismo la política del avestruz de desentenderse de la cuestión escondiendo la cabeza para negar la realidad, es marginarse de la historia o enfrentarse con ella.
La doble tendencia apuntada, crisis económica y contradicciones crecientes en el frente imperialista, con un desarrollo de la lucha revolucionaria ligada a una toma de conciencia que supera a etapa de predominio de la espontaneidad se está dando también, por supuesto, en América Latina. La Revolución Cubana pelea su independencia económica y política con la Unión Soviética, se obtiene de firmar el Pacto Nuclear, no cede ante el imperialismo yanqui, rompe el bloqueo económico y apoya a los movimientos revolucionarios del continente. Venezuela y Perú son el escenario de sangrientas «luchas todavía en su fase inicial de desarrollo. Brasil sufre frecuentes sacudidas en las que los protagonistas son las Ligas Campesinas, el proletariado industrial y hasta sub-oficiales de las fuerzas armadas. Puede afirmarse que no hay país en América Latina donde las condiciones pre-revolucionarias no alteren la otrora tranquila explotación del imperialismo y las burguesías.
La estructura que la concepción «monroísta» de «América para los americanos del norte», que los yanquis construyeron a través de pactos militares, políticos y económicos hace agua por los cuatro costados. No existe prácticamente una fuerza militar conjunta, la Alianza para el Progreso es ya una pieza de museo a dos años de su nacimiento, la «reforma agraria» no se ha concretado por más que presiona el imperialismo a los burguesías terratenientes del continente para que sea un símbolo de los tiempos que corren, la Organización de Estados Americanos (OEA), que ha sido el vehículo que utilizó el imperialismo para aplastar a Guatemala o cercar legalmente a Cuba, coloca al propio imperialismo yanqui (el padre de la criatura) en el banquillo de los acusados al convocar el órgano de consulta para tratar los cargos de agresión que formulara el gobierno de Panamá (otra creación yanqui) por las matanzas de enero.
Como si esto fuera poco, Brasil, Méjico y quizá la Argentina reconocerán a China Popular con la consiguiente intensificación de la corriente comercial hacia ese país comprador de productos básicos; asimismo se está desplegando una fuerte presión sobre los Estados Unidos para que éste acepte se invite a Cuba a reincorporarse a la Organización de Estados Americanos. Estos dos planteos nos revelan que las burguesías latinoamericanas al reducirse su plafond están peleando un nuevo status de dependencia con el imperialismo.

LAS CONDICIONES OBJETIVAS DE LA ARGENTINA PARA LA REVOLUCIÓN
Las posibilidades de desarrollo de las fuerzas productivas del país dentro del marco del capitalismo ya han tocado sus límites. Estamos ubicados dentro del grupo de países de Latinoamérica de más bajo índice de crecimiento desde la finalización de la segunda guerra mundial al presente. El sistemático descenso del producto bruto por habitante que se opera a partir de 1948 se manifiesta como una tendencia ininterrumpida; el deterioro de los términos del intercambio, y La progresión de la deuda externa, dan forma a partir de 1962 a una crisis que afecta el sector de la industria manufacturera, lo que la caracteriza como un proceso de madurez de las fuerzas productivas que chocan con las limitaciones de realización del propio mercado. Es evidente que si bien encajadas dentro de la tendencia general de la economía capitalista-imperialista, la crisis que vivimos se desencadena a partir de condiciones que le son propias, revelando la caducidad del sistema capitalista como forma de progreso del crecimiento material del país, condición sin la cual no puede admitirse su subsistencia.
Esta circunstancia ha provocado un incremento de las contradicciones Sociales que polarizan el país entre la burguesía terrateniente, industrial o financiera ligada al imperialismo y el proletariado industrial, los obreros rurales, campesinado y sectores de la clase media. La intensificación de la crisis y polarización social corre pareja con la penetración del imperialismo y la intensificación de la explotación, desocupación y miseria que sufre el proletariado industrial, que constituyen los elementos de la contradicción fundamental de la sociedad argentina del presente.
La burguesía y el imperialismo «pasarán todos los inviernos» mientras puedan descargar sobre la clase obrera, destruyendo o inmovilizando medios de producción que les posibiliten recuperar a un nivel aceptable la tasa de la ganancia, de cuya caída da una idea el hecho de que al índice bursátil del 31 de enero de 1964 alcanzase solamente el 76,61 tomando como base 100 las cotizaciones de junio de 1962. Un dato significativo de la crisis del capitalismo lo da la cifra de 1.000 millones de dólares, como estimación de lo que dejó de producir la economía nacional en bienes y servicios en 1962 solamente.
A la luz de estas conclusiones aparece evidente que platear una estrategia política que se base en el desarrollo de las fuerzas productivas dentro del marco del capitalismo es servir objetivamente a la burguesía y al imperialismo. En el nivel del desarrollo actúa de las mismas sólo la impulsarán hacia adelante la modificación cualitativa de las relaciones de producción que se concreta en la expropiación de las propiedades imperialistas, de la burguesía terrateniente y la nacionalización de los consorcios industriales.

LAS DOS TENDENCIAS POLÍTICAS DE LA BURGUESÍA
Sabido es que la burguesía ejerce su dictadura de clase a través de formas «democráticas» parlamentarias y constitucionales, o por la vía de la utilización franca de la violencia. Si la clase obrera retrocede sin dar batalla, como ha sido el caso de la crisis reciente, la burguesía al no ver peligrar su dominación de clase puede reconstituir su «legalidad», emparchando sus partidos políticos y montando la fachada de un gobierno surgido de la libre expresión de la voluntad popular. De ser posible se recurre a la solución constitucional incluso como forma de resolver las propias contradicciones interburguesas. Si las movilizaciones obreras llegan a cuestionar de hecho la propiedad privada y el poder político de la burguesía, la aparición del puño de hierro del aparato de represión es inevitable.
La subsistencia del gobierno radical está condicionada a su eficiencia como instrumento de la burguesía para renegociar un acuerdo con el imperialismo que le dé un mayor margen a ésta, para conciliar las contradicciones entre los distintos sectores burgueses y para descarga «constitucionalmente» sobre lo clase obrera las consecuencias de la recuperación económica pasado el pico de la crisis.
Todas estas tendencias han informado la política de los cuatro primeros meses del radicalismo; la sensación de ineptitud y parálisis que se desprenden de su gestión son producto de la suma de intereses diferenciados o contradictorios que debe tener en cuenta; naturalmente que las contradicciones e ineptitud del partido gobernante hacen su aporte, pero lo fundamental es la falta de salidas que tiene la burguesía como clase.
La reacción de alarma de todas las variantes burguesas ante el Plan de Lucha que plantea la domesticada dirección de la C.G.T. es un hecho revelador. No obstante que nuestra burguesía conoce que la dirección sindical tiene tanto interés como ella misma en promover actividades revolucionarias, el hecho de que a través de actitudes demagógicas como la que la burocracia sostiene en este momento pueda exteriorizar las explosivas condiciones a la que está siendo arrastrada la clase obrera, señala con toda nitidez de que lado ubica nuestra burguesía su enemigo.
El reformismo y el conciliacionismo de clases plantean el perfeccionamiento del presente régimen de semi-democracia burguesa, de esta forma sirven objetivamente a la burguesía y al imperialismo al no desnudar la naturaleza de clase reaccionaria que todo gobierno burgués posee ya en nuestro país. Plantear que la explotación, la miseria y la entrega al imperialismo pueden terminarse a través de los representantes «legales» de la burguesía y no alertar contra la inexorable tendencia de la burguesía de recorrer el camino que conduce a la dictadura militar lisa y llana es entregar la clase obrera atada de pies y manos facilitando su aplastamiento.

UNA NUEVA ETAPA EN LA IZQUIERDA ARGENTINA
La izquierda en la Argentina, en su etapa más reciente ha girado en torno a dos órbitas. Por un lado la del reformismo revisionista del Partido Comunista que cumple en forma disciplinada y consecuente un papel pro-burgués y por el otro una política oportunista y seguidista frente al peronismo que como movimiento cumple el papel de agente de la burguesía dentro del movimiento obrero.
La crisis que sufre el Partido Comunista Argentino es paralela con la que se desarrolla en el seno del movimiento comunista internacional. Si bien no puede desconocerse que existía terreno abonado para recibir la saludable influencia del replanteo orientado por los chinos, circunstancia que se manifestaron en algunas discrepancias conocidas a través de la revista «Juventud» (particularmente con respecto al trabajo de Victorio Codovilla sobre el giro a la izquierda y el papel de las fuerzas armadas y nasserismo), en las discrepancias del núcleo editor de «Pasado y Presente», en el esbozo de crítica política contenido en algún trabajo sobre literatura argentina, en disidencias en el frente universitario o retraimiento y dispersión en los frentes sindicales o barriales, hay que poner en claro que en su magnitud presente, el eje del desplazamiento hacia la izquierda tiene su motor en la situación general del movimiento comunista internacional. Sea porque a través del conocimiento del planteo del P. C. Chino se
consideró colmada la capacidad de aguante o porque la burocrática dirección del hoy anti-stalinista V. Codovilla que fuerza la separación de los elementos dubitativos, lo cierto es que por primera vez en su historia el Partido Comunista Argentino registra crisis orgánicas que se ubican la su izquierda, fenómeno éste que con todas sus limitaciones actuales constituye un acontecimiento de importancia excepcional.
Para el Socialismo de Vanguardia, la crisis que se produce en el Partido Comunista Argentino se suma al comportamiento indefendible del peronismo. Este luego de su amago demagógico de giro a la izquierda se hunde en la charca de pacto con los independientes para «recuperar» la C.G.T. y en la constitución del Frente Nacional y Popular con la UCRI y Solano Lima. El proceso posterior al 7 de julio desencadena una profunda revisión autocrítica en el Socialismo de Vanguardia que debe replantarse toda su estrategia política. El número 17 de No Transar es un ejemplo de la evidente superación política de este sector. En él se critican con apreciable corrección los fundamentos de la conducción política anterior particularmente en relación al Partido Comunista y al Peronismo.
Otros núcleos del Socialismo de Vanguardia que no poseen vinculación orgánica con el anterior, si bien no han exteriorizado en publicaciones su replanteo, el mismo existe y deben ser tenidos en cuenta en toda estrategia política que se formule con relación a la izquierda revolucionaria.
Este panorama de la izquierda reformista y oportunista que entra en crisis en el pasado año, se suma a la existencia de organizaciones o núcleos de izquierda que son el producto de la radicalización de sectores pequeño burgueses o de crisis de tendencias surgidas como fracción frente al oportunismo imperante en la izquierda, que también habían degenerado en agentes de la burguesía y el imperialismo como los «inventores» del entrismo en el peronismo o los profesores que predican el conciliacionismo y pacifismo burgués.
No obstante lo positivo de su existencia independiente, estas organizaciones y núcleos de una izquierda revolucionaria, su debilidad ideológica, la falta de una estrategia, una táctica y un programa revolucionarios, la debilidad o inexistencia de penetración en el proletariado le impidió cumplir previamente a la crisis de la izquierda en el año 1963, el papel de acelerador y promotor de tendencias orgánicas que maduraran políticamente antes de su rompimiento y la inhabilitó asimismo para ejercer un función polarizadora y orientadora de las escisiones una vez producidas éstas.
Coincidentemente con este proceso se produce en la clase obrera peronista una toma de conciencia que alcanza en oportunidades (elecciones del 7 de julio, elecciones de la Asociación Obrera Textil, etc.) manifestaciones masivas que implican una toma de conciencia de que «este no es el camino, este no es nuestro dirigente». Una conciencia valiosa por lo que tiene de repudio a una ideología y una conducción burguesa, pero negativa en el sentido que no implica su reemplazo por una proletaria.
Este proceso ha dado surgimiento, particularmente al nivel de los cuadros o direcciones sindicales combativas y antipatronales, de una tendencia, aún extremadamente primaria por su claridad y falta de organización, que aguza la crítica del movimiento político en el que militan. Este sector, es la expresión más consciente del repudio que la clase obrera manifiesta a la conducción política y sindical del peronismo. La no profundización de este proceso de superación de los mejores elementos que surgen de la clase obrera es una responsabilidad más que debe cargarse a la pesada e ilevantable cuenta de la izquierda reformista, que por estar a la derecha de este sector obrero tiene una imposibilidad total para ayudarlos a superarse políticamente y convertirse en revolucionarios conscientes. Tarea esta que sigue pendiente y de cuya resolución depende sin duda la liquidación del sistema de explotación capitalista-imperialista en nuestro país.

LAS PERSPECTIVAS DE LA IZQUIERDA REVOLUCIONARIA
Esta nueva izquierda caracterizada por su repudio al revisionismo anti-marxista y la las tendencias oportunistas y reformistas que en él se inspiran debe elaborar como primera prioridad una estrategia, una táctica y un programa revolucionarios, como única forma de enfrentar en todos los terrenos, donde el ideológico hasta el militar, a todas las variantes políticas que sirven, conciente o inconscientemente, a la burguesía perpetuando la propiedad privada sobre los medios de producción, base del poder político de la burguesía y resorte fundamental de la explotación del trabajo asalariado.
La etapa que atravesamos, favorecida incluso por la presente «primavera democrática», es de armamento ideológico de la izquierda revolucionaria, para poder «ir hacia el proletariado provistos de una estrategia y una táctica proletarias».
Consideramos que la coyuntura internacional que se nos ofrece es excepcionalmente propicia para la formación del partido revolucionario en la Argentina. Las luchas y la conciencia revolucionaria mundial están en alza. La crisis y las contradicciones del capitalismo imperialista se agudizan.
Las condiciones van madurando dentro de los distintos núcleos y tendencias de la izquierda revolucionaria como para que se plantee la necesidad de su vinculación orgánica para procurar desarrollar en conjunto la tarea de armamentos ideológico y político a la que hemos hecho referencia. Esta es a nuestro juicio una de las garantías de que no se producirán ni enquistamientos sectarios de algunos propietarios exclusivos de la verdad, ni las deformaciones oportunistas derivadas de una práctica política que no se desprendió por completo del lastre reformista.
Las condiciones de vida y trabajo a las que el imperialismo y la burguesía están arrastrando a la clase obrera, son el basamento del principio de repudio a sus actuales direcciones y la explicación del porque del surgimiento de importantes núcleos cuyo nivel actual de conciencia los hace particularmente aptos para asimilar una ideología revolucionaria.
Las perspectivas que tiene al presente la izquierda revolucionaria nos deben forzar a la tarea de su inmediato afianzamiento a partir de los elementos que la propia realidad nos ofrece con generosidad.

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