Pocos hechos sociales han sido tan incomprendidos como la Revolución Cubana; paralelamente es la primera gran experiencia de una revolución que triunfa en nuestro continente. El análisis de la misma debe ser hecho con miras a recoger todas las enseñanzas que nos ayuden a elaborar una estrategia y una táctica que sean adecuadas para superar la situación de atraso y de opresión de los pueblos latinoamericanos.
Estos pueblos viven problemas que les son comunes; pero ello no debe hacemos olvidar las distintas realidades político-sociales. La experiencia revolucionaria de un pueblo (la Revolución Cubana en este caso) no puede aplicarse mecánicamente a una realidad diferente. Argentina, Brasil y México son países que tienen un alto desarrollo industrial con relación al resto de los países latinoamericanos. Pero mientras Brasil y México tienen el problema campesino muy agudizado (en lo que ase asemejan a Cuba) en Argentina, casi todo el peso de la lucha politica ha recado sobre el proletariado industrial. Argentina es (con respecto a Cuba) el otro polo de la realidad latinoamericana.
1. Las clases sociales.
La distribución de las clases sociales ofrece particularidades que explican el desarrollo de la revolución en sus diversas etapas y el mayor o menor grado de participación de una u otra clase. La economía mono-productora cubana, dependiente del cultivo de la caña de azúcar y de su industrialización, acentuaba la importancia de la población rural (43%) y su alto índice dentro del cuadro general de población económicamente activa. Sobre un total de 1.900.000 personas ocupadas, 820.000 lo estaban en trabajos agrícolas o ganaderos, 880.000 en actividades de servicios (comercio, artesanía, etc.), y sólo unas 200.000 en la industria.
a} El campesinado. La estructura agraria de Cuba era muy encontrada (como en todos los países subdesarrollados); pocos propietarios dueños de enormes extensiones; y una gran masa poseedora de parcelas reducidas cuya producción no alcanzaba a llenar las necesidades de una familia. La mediana propiedad estaba escasamente desarrollada.
Menos del 0,1% del total de los propietarios (114 fincas) eran dueños el 20,1% e la tierra; el 8% era propietario del 71%. Las propiedades de menos de 10 hectáreas (39% y 52.500 fincas) sólo ocupaban un 3,3% de las tierras. El 99% de las propiedades (157 mil fincas) ocupaban únicamente el 53% del área total. La tercera parte de toda la tierra incluida en fincas estaba ocupada sólo por 894 personas y compañías. Los pequeños propietarios, que eran la gran mayoría del campesinado, estaban sometidos a condiciones durísimas de vida, con índices elevados de enfermedades y de mortalidad infantil; en su casi totalidad eran analfabetos.
En las mismas condiciones se encontraban en líneas generales, los 46.000 arrendatarios, los 6.800 subarrendatarios, los 33.000 aparceros y los 13.000 precaristas.
La ausencia casi total de la mediana propiedad conformó un campesinado bastante homogéneo. Debe enfrentar los mismos problemas; reacciona como conjunto y no en sectores divididos como ocurre cuando existen capas intermedias.
b) El proletariado rural. Las grandes fincas emplea-ban un alto número de asalariados en sus tareas. Se trata de las 100.000 personas dedicadas al trabajo rural que carecan de propiedad y de los pequeños propietarios, cuyo nivel de producción no les alcanzaba para vivir y tenían que aumentar sus ingresos, trabajando en fincas ajenas. Unas 560.000 personas se encontraban en esas condiciones. Completando el cuadro tenemos a los trabajadores de los 160 ingenios azucareros.
El proletariado rural era el sector social más afectado por la desocupación y el subempleo. Había 173.000 desocupados permanentes (8% de la fuerza potencial de trabajo). Esta cifra aumenta con el número de subempleados (personas que sólo trabajan determinados meses al año) y llega a verificar un porcentaje que va desde un 14% hasta un 25% sobre el total de la fuerza laboral. Entre mayo de 1956 y abril de 1957 (año de relativa prosperidad) el número de desocupados fue de 361.000 personas (14,4% del total de empleados). Entre agosto y octubre (durante el llamado «tiempo muerto») la desocupación alcanzó a 457.000 personas.
A diferencia del campesinado, el proletariado rural no vive disperso; está muy concentrado porque su forma de producción no lo separa (como al campesino). Su unión se realiza en los ingenios o en su trabajo como asalariado de las grandes propiedades. Era un sector de mucha movilidad entre sí, ya que pasaba del trabajo en las pequeñas propiedades al trabajo en los ingenios o en las grandes fincas, factor que contribuyó a homogeneizarlo.
Siendo la población rural cubana el sector social más numeroso y el que más sufría la explotación, no es extraño que se haya constituido (principalmente el proletariado rural) en la base social de la revolución.
c) La clase obrera. El escaso desarrollo industrial de Cuba determinó que la clase obrera fuera muy reducida. La industria ocupaba a unas 200.000 personas, incluyendo obreros, técnicos, empleados y empresarios. Las industrias más desarrolladas eran las de la construcción, textil, calzado y tabaco. Era una clase social relativamente privilegiada con respecto al campesinado y al proletariado rural; con muchas más seguridades económicas, ya que la desocupación no la afectaba tan directamente. Se explica entonces, su papel pasivo durante las luchas armadas y los distintos fracasos de huelga general.
Pese a todo, su papel es decisivo en la huelga general revolucionaria que culminó con el triunfo de la revolución y a partir de ese momento entra a participar en su evolución posterior. Si bien la revolución no se haba hecho para cumplir con sus objetivos de clase, cuando es favorecido por las medidas que el Gobierno Revolucionario adopta en beneficio de todo el pueblo (aumento de salarios, reforma urbana, disminución del precio por el uso de los servicios públicos) comienza a sentirla como suya. Con la posterior política de nacionalizaciones entra en posesión de sus propios esta-blecimientos y se encuentra con un papel activo para cumplir.
d) La clase media. Aunque reducida, la clase media (particularmente el sector estudiantil) cumple un importante papel: inicia la lucha armada y organiza los primeros núcleos guerrilleros. En contradicción directa con el imperialismo, puesto que no existía una burguesía desarrollada que fuera su intermediaria y amortiguar el choque con los sectores populares en su conjunto, es impulsada a la lucha en forma bastante homogénea. A pesar que el campesinado y el proletariado rural eran los sectores sociales más explotados, por sí solos no habían podido organizarse, ni sostener la representación de sus propios intereses. Carecieron en todo momento de una política propia; fue necesario que los cuadros guerrilleros (originariamente de clase media) les dieran los rudimentos organizativos y los movilizaran a la lucha.
e) La burguesía. La burguesía cubana era muy reducida; dependía de la protección estatal o directamente del imperialismo. Este impedía su desarrollo ya que operaba en forma directa sobre la economía cubana siendo propietarios de las grandes extensiones de tierra, de los principales centros azucareros y de las pocas industrias. Controlaba el 90% de los servicios telefónicos, el 50% de los ferrocarriles, el 40% de la producción de azúcar. En 1953 Cuba ocupó el tercer lugar en las inversiones imperialistas en América Latina, después de Venezuela y Brasil.

2. Ideología, organización y espontaneidad.
La Revolución Cubana no es le producto de una acción espontánea de masas. Que los dirigentes de la revolución no hayan tenido conciencia de sus objetivos últimos; que la revolución se haya transformado en socialista, aunque los (objetivos iniciales eran mucho más ilimitados, no significa lo contrario.
La insurrección se inició por la vigencia de principios democráticos y contra la corrupción reinante. No había, en un principio, claros objetivos antiimperialistas. La única forma de lucha que podía desarrollarse con perspectivas favorables era la armada. Fracasados todos los intentos aislados de golpes de mano en las ciudades, como los de asalto al cuartel Moncada o al Palacio Presidencial, la lucha se trasladó al campo adoptando la forma de guerra de guerrillas.
Durante la segunda guerra mundial y durante la guerra revolucionaria china, se demostró la eficacia de la guerrilla contra los ejércitos de ocupación. El mayor número de efectivos, los mejores elementos técnicos y los más modernos armamentos, eran impotentes para detener la hostilización permanente y las acciones por sorpresa de los improvisados guerrilleros; pequeños núcleos de gran movilidad que utilizaban a su favor una topografía muchas veces inaccesible.
La guerra de guerrillas es una guerra total; no depende únicamente de los triunfos armados; para que se mantenga y desarrolle es necesario el apoyo de las poblaciones próximas a los lugares en donde opera. Para lograrlo, los guerrilleros cubanos levantaron la bandera de la reforma agraria y movilizaron detrás de este objetivo al campesinado y al proletariado rural. Con su adhesión, a la lucha, estos sectores sociales conformaron la fisonomía del Ejército Rebelde. Esta composición social, y una gran movilización de masas, fueron los elementos de presión que colocaron a la revolución ante una alternativa: o daba cumplimiento al programa de reforma agraria prometido en Sierra Maestra, o entraba en contradicción con los sectores sociales que eran su propia base de sustentación. El ejército profesional, principal obstáculo de orden interno para llevar adelante esa reivindicación, (había sido destruido.
La insurrección que se inició con fines meramente liberales y democráticos se hizo una lucha netamente campesina, tanto por la composición social del sector que movilizaba como por su mismo contenido. Era en consecuencia, una lucha antiimperialista.
Saber interpretar las necesidades del pueblo cubano fue el gran mérito de la dirección revolucionaria; los objetivos democráticos y liberales, abstractos para el campesinado y el proletariado rural, fueron cambiados por una bandera que para ellos significaba la solución de las necesidades más apremiantes.
El cumplimiento de la reforma agraria colocó a la revolución en oposición frontal con el imperialismo, pues éste era el más afectado por las expropiaciones de tierras. Las medidas que con posterioridad adopta la revolución son respuestas directas a las agresiones del imperialismo; no responden a un plan preconcebido, sino a la solución de problemas inmediatos (por ejemplo la necesidad de continuar refinando petróleo).
Toda revolución es una síntesis dialéctica de diferentes elementos; los objetivos que la revolución se señala son la expresión de una realidad político-social determinada; a la vez es esa realidad la que permite que la lucha se desarrolle. La ideología es, entonces, una visión práctica de las circunstancias objetivas; cuanto más elaborada es, más acelera el desarrollo de las medidas prácticas que contiene. La revolución no es el producto único de un equipo de personas o de un programa (voluntarismo); ni tampoco de la realidad político-social por más explosiva que ella sea (determi-nismo). Es una acción organizada dirigida a transformar la estructura social vigente que fija sus objetivos, y sus etapas de acuerdo a las condiciones de la realidad político-social.
Quien sintetiza y elabora esa ideología y a la vez organiza y dirige la lucha, por la toma del poder es el partido revolucionario. La Revolución Cubana no contó con ese partido; hay improvisación, empirismo, en cuanto a objetivos, que se van definiendo a medida que deben resolverse los distintos problemas. Pero la segunda función del partido revolucionario (organizador y conductor de la lucha por el poder) la cumple el Ejército Rebelde, al unificar los distintos núcleos de la resistencia armada y dirigir la lucha con claridad de objetivos militares. No hay entonces, en el impulso, organización y desarrollo de la insurrección lucha espontánea, sino verdadera dirección y centralización.
No es exacto que los dirigentes de la revolución hayan ocultado su ideología ante el imperialismo; la dinámica de ¡los hechos los llevó a adoptar medidas socialistas y a encontrar posteriormente en esa ideología, el fundamento de su propia política.

3. El estado socialista.
El desarrollo del socialismo en Cuba presenta marcadas diferencias con respecto a los diversos países en que los trabajadores llegaron al poder. Pese a esas diferencias, puede considerarse al estado cubano como socialista, entendiendo por tal un estado que encara las tareas de la socialización. Para que pueda hablarse de socialismo, en el sentido estricto de la palabra, es necesario que existan fuerzas productivas muy desarrolladas; Cuba, en la actualidad, no las posee. Sin embargo, la planificación de su economía, el carácter público de la misma y el sustento clasista del poder, tienden a ese desarrollo.
a) La reforma agraria. La ejecución de un pian de reforma agraria enfrenta siempre problemas económicos y problemas políticos.
Desde el punto de vista económico, la reforma agraria tiende a un aumento de la producción mediante el trabajo de las tierras hasta ese momento improductivas y el empleo de nuevos métodos y técnicas de trabajo. En el plano general de una economía las grandes unidades productivas que permiten la aplicación de las técnicas más modernas y el trabajo mecanizado, son las de mayor rendimiento. Por el contrario, la mediana y pequeña propiedad es antieconómica.
El fracaso de muchos planes de reforma agraria se debió (desde el punto de vista económico) a que desconocieron la necesidad de mantener indivisas las unidades productivas. La subdivisión de la tierra ocasiana un inmediato descenso del nivel productivo (como ocurrió con la Reforma Agraria Boliviana).
Como problema político, la reforma agraria exige que en su realización se tengan en cuenta las inclinaciones y el nivel de conciencia de las masas campesinas. El pequeño propietario, dueño de una parcela reducida (y el arrendatario o aparcero), tiene muy arraigado el principio de propiedad individual.
La reforma agraria debe respetar, entonces, la pequeña propiedad y adecuarse a las distintas realidades y puntos de vista del campesinado. La Revolución China, al comprender esto, llevó adelante una reforma agraria adaptada a las necesidades de cada región, sin ningún tipo de esquematismos rígidos; se ganó, de esta forma, el apoyo de las grandes masas campesinas.
La Revolución Cubana pudo sortear estos problemas sin mayores dificultades. La existencia de una gran cantidad de proletariado rural que desconocía el derecho de propiedad, facilitó la formación de las coopera-etivas y de las granjas estatales en forma casi inmediata. La Reforma Agraria se basa, contemplando la existencia de la pequeña propiedad, en la formación de las cooperativas y de las granjas estatales.
La Ley de Reforma Agraria Cubana es mucho más avanzada que las dictadas en Guatemala o en Bolivia. Para éstas el concepto de latifundio está en función de las tierras sin exportar, mientras que la ley cubana lo fija de acuerdo a la extensión, estén o no trabajadas. Guatemala y Bolivia dejaron intactas las bases de sus tentación de la oligarquía, permitiendo que ésta se volviera contra la revolución y la derrotara. La Revolución Cubana, por su mismo contenido de clase diferente, pudo eliminar de raíz el poder de la oligarquía y el principal foco de dominación imperialista.
Desde un comienzo el INRA fomentó la formación de las cooperativas; además nombra y controla la administración. Los cooperativistas recibían un salario proporcional al ingreso total de la cooperativa; pero había una gran cantidad de personas no absorbidas por las cooperativas que durante los meses de mayor trabajo, debían trabajar como asalariados para ellas. De esta manera los cooperativistas resultaban ser un sector privilegiado, pues tenían un trabajo permanente y participaban de los ingresos totales de la cooperativa. El problema fue resuelto con la formación de las granjas estatales, cuyas tierras, capital y ganancias pertenecen al estado, que abona a los trabajadores un salario regular. Las ganancias obtenidas no benefician únicamente a sus miembros, como en las cooperativas, sino a toda la población por medio de las inversiones que el propio estado hace de esas ganancias. Las granjas estatales ocupan una extensión de 3.500.000 hs., y trabajan en ellas 250,000 campesinos.
La Ley de Reforma Agraria ha contemplado la situación del productor independiente. Se han repartido gratuitamente en propiedad, en virtud de ella unas 2.700.000 hs. de tierra a 100.000 campesinos; a cada uno se le asigna un «mínimo vital» indivisible e intransferible salvo por herencia, caso en el que se adjudica a uno de los hijos.
6) La industria. Debido a su economía monoproductora, Cuba sufría la escasez de grandes industrias. Al no haber una burguesía nacional desarrollada, la expropiación del imperialismo significó, de hecho, la nacionalización de la casi totalidad de la industria y en consecuencia, la eliminación de la propiedad capitalista.
En junio de 1960 fueron nacionalizadas tres grandes empresas petroleras (Jersey Standard, Texaco y Shell) por negarse a refinar petróleo soviético. En agosto del mismo año se expropiaron las compañías de electricidad, de teléfonos e ingenios azucareros. La reacción contrarrevolucionaria de] mediano capital industrial y comercial cubano (que la revolución había neutralizado en un principio) produjo la nacionalización de empresas cubanas: por decreto del Gobierno Revolucionario del 14 de octubre pasaron a poder del estado 400 empresas (incluidas 20 de propiedad norteamericana). El día 25 del mismo mes se nacionalizaron 116 compañías norteamericanas; de esta manera se eliminaba prácticamente la totalidad de las empresas imperialistas.
La industria nacionalizada tuvo que enfrentar diversos inconvenientes. Sufría las consecuencias de una acentuada deformación; carecía totalmente de bases propias para sustentarse, dependiendo en gran medida de la importación de materias primas; tampoco tenía da complementación de industrias básicas que la apoyaran adecuadamente.
La planificación de la economía planteó la necesidad de diversificar la industria, pero la importancia que tiene el comercio exterior para la economía cubana hace que dependa todavía de la producción de azúcar y de su exportación. A pesar de todo, la tendencia a la diversificación se ha mantenido y la producción industrial no azucarera aumentó en un 39,3% en 1962 con respecto a los niveles de 1959.
c) Qué clase ejerce el poder. La clase obrera cubana no tenía sus propias organizaciones representativas, y no participó en la lucha insurreccional. La revolución se consolidó en el campo y desde allí se extendió a las ciudades. Esto ha producido bastante confusión con respecto al carácter clasista del estado cubano.
En la Revolución Rusa y en la Revolución China, la la clase obrera cubana participe en forma directa en la organizaciones representativas, en alianza con otros sectores sociales, especialmente con el campesinado. La Revolución Cubana, al basar su lucha en otros sectores sociales, no lleva a la clase obrera al poder: la dictadura del proletariado se ejerce en forma indirecta. La dirección revolucionaria, surgida de las filas del Ejército Rebelde y del Movimiento 26 de Julio, cumple una política que por su contenido representa los intereses del proletariado. La formación del Partido Unido de la Revolución Socialista está creando las bases para que clase obrera ejerció directamente el poder desde su conducción política del Estado.

4. Los movimientos nacionalistas revolucionarios
La Revolución Cubana se ha dado a la tarea de construir el socialismo porque cuenta con una conducción nacionalista-revolucionaria que ha sido consecuente en el cumplimiento de los objetivos antiimperialistas que se fijó. De acuerdo con la correlación de fuerzas en el campo internacional y la correlación interna de clases en los distintos países de América Latina, la única posibilidad de antiimperialismo consecuente la da una estrategia del tipo socialista.
Los movimientos nacionalistas-revolucionarios de Asia, Africa y América Latina (particularmente la Revolución Cubana y la Revolución Argelina) confirman que son los países y pueblos sometidos por las metrópolis imperialistas los primeros en despertar y en echar las bases del socialismo. Los objetivos nacionalistas y democráticos que se fijan no se diferencian formalmente de los mismos objetivos de las burguesías de los países adelantados en sus respectivas revoluciones democrático-burguesas. Pero esos objetivos, en los movimientos nacionalistas-revolucionarios, son simple mente objetivos iniciales o reivindicaciones mínimas, que la misma participación de masas se encarga de profundizar; entran por lo tanto, dentro de la estrategia general de la revolución socialista.
La revolución, en los países subdesarrollados, adopta un carácter ininterrumpido. Las tareas nacionalistas y democráticas no dan lugar a una revolución democrá-ticoburguesa; ellas son una fase dentro de la revolución socialista; son tareas (no etapa diferenciada) de un mismo proceso.
La misma amplitud de objetivos de la revolución ininterrumpida hace que no sea únicamente el proletariado el que participe en las mismas; otros sectores populares como el campesinado y la clase media ven, en esa lucha, la solución de sus propios conflictos de clase. La lucha por la liberación nacional es sentida por los más amplios sectores populares que sufren en forma directa la opresión imperialista. La reforma agraria es el objetivo que moviliza a las capas campesinas que, en muchos países de América Latina como en Cuba, tie-men una importancia politica y cuantitativa muy superior a la de la misma clase obrera.
El fracaso o el triunfo de los movimientos nacionalistas-revolucionarios depende, esencialmente, de la estrategia que los mismos se fijen o que la dinámica de Jos hechos les imponga. La Revolución Guatemalteca fue el intento más serio (incluso con bastante claridad ideológica) dentro del reformismo; fracasó porque dejó intacto al ejército profesional y no eliminó de raíz la base de sustentación de la oligarquía y del imperialismo. La Revolución Boliviana, aunque destruyó el ejército y formó organizaciones representativas del proletariado y del campesinado, se detuvo porque no surgió de su seno la vanguardia capaz de encarar las tareas del socialismos. La Revolución Cubana se fijó objetivos anti-imperialistas; al ser consecuente con ellos, inició el camino del socialismo. La Revolución China,
partiendo de una estrategia socialista interpretó muy bien el problema nacional chino; se ganó con diversas actitudes nacionalistas (como la guerra anti-japonesa) el apoyo de la mayoría de la población.
Es sobre el avance de los movimientos nacionalistas-revolucionarios donde se asienta el desarrollo del socialismo en el mundo actual. Los sectores tradicionales de la izquierda no lo han interpretado así, permanenciendo divorciados de ellos, muchas veces enfrentándolos. La Revolución Cubana y la Revolución Argelina son ejemplos de la incomprensión de la izquierda de las distintas realidades nacionales.

V. Conclusiones
La Revolución Cubana se ha desarrollado sobre bases políticas propias; los trabajadores y el pueblo en armas son su principal fuerza interna de sustentación. Pero el escaso desarrollo de sus fuerzas productivas ligan su destino a la estrategia general de la Revolución Latinoamericana. La dependencia de la economía cubana del comercio exterior indica la necesidad, para la revolución, de su complementación económica con el resto de América Latina.
Si bien la revolución responde a fuerzas internas, aparece «imitada por fuerzas exteriores que la condicionan. La Unión Soviética ha sido, hasta el momento, su principal apoyo económico; sin este apoyo la revolución difícilmente hubiera podido mantenerse. Pero es el avance de los movimientos revolucionarios de América Latina el que permitirá su consolidación definitiva. Comprendiéndolo así, la dirección revolucionaria apoya las luchas revolucionarias de los pueblos latinoamericanos. La vida política que caracteriza a la revolución y la lucha contra todo tipo de burocratismo, garantizan la continuidad de esta estrategia.
La Plata, 22 de septiembre de 1963.

Ramón Horacio Torres Molina

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