PLANTEAMIENTO DEL PROBLEMA
Advirtiendo que es preciso no olvidar la significación condicional y relativa de todas las definiciones en general, las cuales no pueden nunca abarcar en todos sus aspectos las relaciones del fenómeno en su desarrollo completo” (El Imperialismo, p. 117-118. Editorial Lautaro, 1946), Lenin resumía en cinco puntos su teoría del imperialismo:
1) la concentración de la producción y del capital llega hasta un grado tan elevado de desarrollo que ha creado el monopolio, el cual desempeña un papel decisivo en la vida económica; 2) la fusión del capital bancario con el industrial y la creación sobre la base de este “capital financiero” de la oligarquía financiera; 3) la exportación de capital, a diferencia de la exportación de mercancias, adquiere una importancia particular; 4) la formación de asociaciones internacionales monopolistas de capitalistas,
las cuales se reparten el mundo; 5) la terminación del reparto territorial del mundo entre las potencias capitalistas más importantes. El imperialismo es el capitalismo en la fase de desarrollo en la cual ha tomado cuerpo la dominación de los monopolios y del capital financiero, ha adquirido una importancia de primer orden la exportación de capitales, ha empezado el reparto del mundo por los truts internacionales y ha terminado el reparto del mismo entre los países capitalistas más importantes”.
La relación funcional entre esos cinco puntos caracteriza al imperialismo como etapa del capitalismo, cualitativamene diferente de las anteriores.

LAS deformaciones de la teoría leninista del imperialismo, concluyen inevitablemente en dos afirmaciones básicas respecto a la industrialización de los países atrasados. Primero, la misma sería factible sobre bases capitalistas, es decir, respetando la propiedad privada de los medios de producción. Segundo, esa industrialización sería en todos los casos contraria a todos los intereses imperialistas y, por ello, la impulsarían clases sociales antagónicas al imperialismo, fuerzas centrífugas que tenderían (y lograrían en mayor o menor grado) desintegrar la estructura de la explotación imperialista en el mundo. Tales clases serían las burguesas industriales de los países atrasados.
En primer término la teoría leninista, y las deformaciones de esa teoría, no hablan de lo mismo cuando se refieren a la industrialización. Aplicada a los países atrasados esta palabra puede significar dos cosas, no sólo distintas, sino contradictorias, antagónicas. Puede significar el surgimiento en los países atrasados de una industria manufacturera que no modifica estructuralmente el atraso del país, sino que lo mantiene y perpetúa. Es la industrialización que combina los altos hornos con los más anacrónicos sistemas agrarios. Es la industrialización y desde ya la denominamos, por razones que consideraremos en seguida, pseudo-industrialización, que observamos desde hace una treintena de años en la India, Brasil, Argentina, México, etc. A este fenómeno se refiere las deformaciones de la teoría leninista
cuando hablan de industrialización de los países atrasados y del carácter antiimperialista de la misma.
Pero el concepto de industrialización puede significar también otra cosa. Puede referirse al fenómeno del desarrollo económico integral, producido por la subversión de viejas estructuras económicas, y el reemplazo de la pequeña producción por la gran industria, asentada en una sólida economía nacional, sin supervivencias de atraso. Es decir, al proceso que el capitalismo realizó en Inglaterra, el caso clásico; en Alemania, Estados Unidos, Francia, el mismo proceso que bajos formas de propiedad socialista (1) se está realizando en la URSS, China, Yugoeslavia y las “democracias populares”. A este género de industrialización —único que merece su nombre— es al que se refiere la teoría leninista, señalando que hoy día es imposible sobre la base de una organización capitalista de la economía. Semejante industrialización de los -países atrasados atenta directa e inmediatamente contra todo el imperialismo en su conjunto.
En cuanto a la pseudo-industrialización capitalista de los países atrasados no perjudica a los intereses de conjunto del imperialismo, aunque provoque fricciones con alguna de sus partes. Por lo demás, esa pseudo-industrialización capitalista en ningún caso escapa al control del capital financiero imperialista.

LA INDUSTRIA EN LOS PAÍSES ATRASADOS
EL colosal desarrollo de las fuerzas productivas registrado en los últimos 200 años, de la capacidad de la humanidad parí establecer un intercambio cada vez más favorable con la naturaleza y darse niveles de vida enormemente superiores a los de todas las épocas precedentes, se produjo como un proceso de industrialización. ¿Que significa este proceso?

a. — INDUSTRIALIZACIÓN
EN el tomo I de El Capital MARX señala que el capital aplicado a la producción (en capital industrial) consiste en términos físicos, reales, en fuerza de trabajo e instrumentos a los cuales ella se aplica. La relación entre estos dos elementos se denomina Composición Técnica del capital, deciéndose de ella que aumenta, o que se eleva, cuanto mayor es la proporción en que se hallan los instrumentos de trabajo respecto al trabajo vivo. En su sentido más estricto, el proceso de industrialización consiste en el aumento de la composición técnica del capital total de una sociedad. La consecuencia y causa de este proceso es el incremento de la productividad del trabajo en la sociedad dada.
Este proceso de incremento de la composición técnica del capital social, y de la productividad, sólo resulta posible en amplitud, sólo se extiende a todas las ramas de la economía nacional y se traduce en desarrollo armónico y progresivo de la misma, si se vincula a otro proceso del que depende estrechamente: el desarrollo de las industrias básicas, estratégicas de las industrias productoras de medios de producción, que son las que suministran los elementos necesarios para aumentar la composición técnica del capital. No importa en qué sector de la industria se inicie el proceso de desarrollo (históricamente casi siempre el punto de partida ha sido la industria productora de artículos de consumo inmediato, en particular los textiles).
Si el mismo ha de continuar y transformarse en industrialización, forzosamente debe vincularse al crecimiento de las industrias estratégicas, que han de superar y dejar cada vez más rezagadas, relativamente, a las industrias que producen para el consumo inmediato.
Precisamente esta es una de las características y condiciones de la industrialización. Las industrias productoras de medios de producción se desarrollan más que las de medios de consumo, y la importancia de éstas disminuye relativamente, aunque crece en términos absolutos. La industrialización es característicamente un proceso de “producción para la producción”.
Por otra parte, el proceso de aumento de la composición técnica del capital no se limita en modo alguno a la industria, sino que se propaga a la agricultura y la minería. Ese desarrollo de la industria requiere continuos crecimientos en la producción de alimentos y materias primas minerales y vegetales, y un creciente número de brazos que debe suministrar el campo. Sólo la progresiva aplicación de más medios de producción por trabajador ocupado en la agricultura y la minería permite llenar esas necesidades.
Estos procesos fundamentales de vincular a otros, que los acompañan en grado variable, pero que nunca dejan de manifestarse. Así. en el país que se industrializa, la importancia relativa de la industria manufacturera en el conjunto de la producción nacional aumenta hasta adquirir una importancia preponderante, el mercado interno crece considerablemente y, en fin, la movilidad de recursos en el seno de la economía nacional alcanza su máximo desarrollo.
Resulta claro que la industrialización significa, en sentido estrictamente económico, mucho más que el simple crecimiento de una industria manufacturera, proceso que constituye sólo una parte de la industrialización. Es esta una primera conclusión, elemental pero importante, y que conviene tener presente. Un criterio económico serio limita el concepto de industrialización al conjunto de procesos que hemos indicado, centrados alrededor del incremento de la composición técnica del capital social, y se alega a aplicarlo a situaciones en que faltan los elementos fundamentales de ese conjunto y sólo existen otros, secundarios o parciales, como por ejemplo el desarrollo de algunas ramas de la industria manufacturera.
Pero no basta con esto para comprender en profundidad qué es la industrialización. No es posible comprender la esencia del proceso de industrialización ateniéndose exclusivamente a un enfoque económico de su contenido. Hasta aquí hemos procedido así por razones de claridad, pero evidentemente nuestro análisis del proceso de industrialización, aunque imprescindible en los términos en que lo hemos formulado, peca de abstracción. Industrialización significa, sí, desarrollo de la composición técnica del capital social, incremento y preponderancia de la producción, de medios de producción, etc. Pero implica y supone mucho más: Implica modificaciones institucionales de la estructura de la sociedad, trastornos de clase y modificaciones de las formas de propiedad, fenómenos que revisten distintas manifestaciones políticas según los países y épocas históricas, pero que en todos los casos acompañan a la industrialización y sientan, las bases para la misma.
A diferencia del proceso normal de acumulación del capital en países industriales, la industrialización transcurre en países de estructura económica atrasada pre-industrial, que ha de ser subvertida para que la industrialización pueda avanzar.
Esta subversión de la vieja estructura de un país puede tomar las más diversas formas, pero todas ellas tienen de común la dislocación de las antiguas relaciones de clase y propiedad, que permite liquidar la vieja formación económica.
El proceso clásico de destrucción de las estructuras pre-capitalistas (incluso las de tipo capitalista, pero distintas del capitalismo industrial, como fue el caso en Estados Unidos con la liquidación de las plantaciones esclavistas del Sur) ha sido caracterizado a grandes trazos por MARX:
“La estructura económica de la sociedad capitalista brotó de la estructura económica de la sociedad feudal. Al disolverse ésta, salieron a la superficie los elementos necesarios para la formación de aquéllas.
“El productor directo, el obrero, no pudo disponer de su persona hasta que no dejó de vivir encadenado a la gleba y de ser esclavo o siervo de otra persona. Además, para poder convertirse en vendedor libre de fuerza de trabajo, que acude con su mercancía a donde quiera que encuentre mercado, hubo que sacudir también el yugo de los gremios… Por eso, en uno de sus aspectos, el movimiento histórico que convierte a los productores en obreros asalariados representa la liberación de la servidumbre y de la coacción gremial… Pero si enfocamos el otro aspecto vemos que estos trabajadores recién emancipados sólo pueden convertirse en vendedores de sí mismos, una vez que se ven despojados de todos sus medios de producción y de todas las garantías de vida que las viejas instituciones feudales les aseguraban. El recuerdo de esta cruenta cruzada de expropiación queda inscripto en los anales de la historia con trazos indelebles de sangre y fuego.
A su vez los capitalistas industriales, los potentados de hoy, tuvieron que desalojar, para llegar a ese puesto, no sólo a los maestros de los gremios artesanos, sino también a los señores feudales, en cuyas manos se concentraban las fuentes de riqueza. Desde este punto de vista, su ascensión es el fruto de una lucha victoriosa contra el régimen feudal…”
“En la historia de la acumulación originaria hacen época todas las transformaciones que sirven de punto de apoyo a la naciente clase capitalista, y sobre todo los momentos en que grandes masas de hombres son despojadas, repentina y violentamente de sus medios de producción y lanzados al mercado de trabajo como proletarios libres. Sirve de base a todo este proceso la expropiación que priva de su tierra ai productor rural, al campesino. Su historia presenta una modalidad diversa en cada país…”.
Pero esto es sólo una caracterización a grandes rasgos. El proceso se manifestó con distintas formas en los distintos países, y su expresión política fue diferente en cada uno. Tanto en Inglaterra, como en Alemania, como en Francia, y en menor medida en Estados Unidos, la burguesía industrial y la ciase interesada en promover los cambios que permitirían la industrialización porque no puede reinar sino allí donde la industria moderna ha modelado a su manera todas las relaciones de propiedad había logrado en buena medida transformar la organización económica a su imagen y semejanza (5).
Mas su consolidación política apareció como revolución popular violenta en Francia, en 1879 y 1848, como guerra civil primero en Inglaterra y luego, en el siglo XIX, como lucha por la reforma electoral y arancelaria. En Estados Unidos se manifestó como lucha en torno a la abolición de la esclavitud y culminó en la guerra civil entre el Norte con el Sur. En Alemania, en fin, hubo conciliación y mutuo acomodamiento de burguesía, nobleza y realeza bajo la dirección bonapartista de Bismark.
No podemos detenernos a estudiar cada una de las manifestaciones de estas transformaciones estructurales sociales y políticas que acompañan a la industrialización y son condición irremplazable de la. misma. Pero queremos insistir una vez más en que ellas implican transformación de las relaciones de clase, a ascenso de una nueva clase al poder y expropiación de viejas formas de propiedad: sea la pequeña propiedad del campesino o arte sano, o la gran propiedad territorial del noble, o la hacienda esclavista del terrateniente del Sur norteamericano.
Estas modificaciones estructurales constituyen el contenido último de la revolución democrático-burguesa que conocieron Inglaterra, Francia, Alemania, Estados Unidos. El resto del mundo no experimentó ninguna transformación semejante.
En la inmensa mayoría de los países el capitalismo no fue capaz de destruir las viejas estructuras económicas y sentar las bases para la industrialización. Y en nuestro siglo, la subversión de las viejas estructuras de los países atrasados, las modificaciones de fondo que permiten su industrialización, son realizadas no por, sino contra el capitalismo, no por la burguesía, sino contra ella, por el proletariado y los campesinos. De tal modo, la liquidación de las viejas formas de propiedad y el reemplazo de las viejas clases dominantes conduce a la socialización de los medios de producción.
La industrialización socialista tal cual la realizan la URSS, China y Yugoeslavia y las democracias populares, presenta apreciables diferencias con la industrialización capitalista. Fundamentalmente, se realiza persiguiendo con claridad el objetivo de un mayor desarrollo de las fuerzas productivas, y no tratando de lograr beneficio de infinidad de empresarios individuales. La planeación centralizada por el Estado, único propietario de los medios de producción, permite, según señaló PREOBRAZHENSKI, que todas las ramas de la economía nacional avancen en cadena, desarrollándose todo el complejo industrial, en contraste con los “métodos de guerrilla, iniciativa privada y competencia” que caracterizan a la industrialización capitalista. Sin embargo, pese a estas diferencias fundamentales, la marcha general de la industrialización socialista y sus resultados siguen los lineamientos de la industrialización capitalista.
También la industrialización socialista implica en última instancia el desarrollo de la composición técnica del capital de la sociedad, el desarrollo acelerado de la producción de medios de producción.
EN la URSS, el desarrollo de la productividad del trabajo, la elevación del nivel tecnológico de la economía, el acrecentamiento” acelerado de la producción de medios de producción, y, en mucho menor grado, de artículos de consumo, se ha realizado en base al siguiente desarrollo de la producción básica de carbón, hierro, acero, petróleo y electricidad:
Pero este desarrollo económico, que convirtió a la Rusia atrasada de 1917 en la segunda potencia industrial del mundo en la actualidad y cuyo ritmo fantástico supera todos los coeficientes de crecimiento alcanzado por los más prósperos países capitalistas, sólo fue posible por una transformación radical de la vieja estructura económica, mediante la expropiación de las viejas formas de propiedad.
En resumen: transformación de la vieja estructura económica y sus formas de propiedad, desarrollo de la composición técnica del capital social, ampliación creciente de la producción y disminución relativa de la de artículos de consumo, incremento general de la productividad, tales son las características generales básicas del proceso de industrialización, tanto de la industrialización capitalista en los siglos XVIII y XIX como de industrialización socialista en nuestro siglo.

b—SEUDO INDUSTRIALIZACIÓN
EN los últimos treinta años se observa en los países atrasados un proceso de crecimiento industrial que se distingue de la industrialización capitalista o socialista. Crece la industria en estos países, pero, en primer lugar, no modifica la vieja estructura de las relaciones de clase y propiedad. Y, en segundo término, sus características estrictamente económicas son también distintas a las de la industrialización, y su efecto en nada se parece a los efectos progresistas de la industrialización. A ese fenómeno lo denominamos seudoindustrializa-ción.
La seudo industrializacón de los los países atrasados presenta características distintas, y en ultima instancia opuestas, a las propias de la industrialización. Por sobre todo, se realiza sin modificar sustancialmente la estructura económica social del país, y los desplazamientos a que da lugar dejan en pie las antiguas relaciones de propiedad y de clases. La pseudo industrialización no subvierte la vieja estructura sino que se inserta en ella. Esta pecularidad, que constituye la esencia de la pseudo industrialización, manifiéstase mediante multitud de fenómenos que se presentan de diversas maneras en distintos países, pero que pueden reducirse a una serie de aspectos típicos que, en un sentido estrictamente económico, caracterizan el proceso de pseudo industrialización, diferenciándolo, también en términos económicos, de la verdadera industrialización. En efecto, los rasgos típicos de la pseudo industrialización de los países atrasados, según se nos presenta en América Latina (en Argentina, Brasil, Chile y México), en Asia (India, China —antes de 1949—, Indochina), en Medio Oriente (Egipto), en Europa Orien
tal (Polonia, Yugoeslavia hasta 1949), y en fin, en la Rusia Zarista entre 1880 y 1914, son considerados en abstracto:
a. — No aumenta la composición técnica del capital social. El crecimiento industrial se realiza fundamentalmente en base al aumento de la mano de obra y al agotamiento de las instalaciones disponibles:
b. — No se desarrollan plenamente las industrias básicas, que producen medios de producción, ni las fuentes de energía, ni los transportes.
c. — La productividad del trabajo no aumenta mayormente, los costos son elevados y baja la eficiencia. Abunda hasta predominar la pequeña producción escasamente mecanizada y antieconómica.
d. — El crecimiento de la producción de artículos de consumo sobrepasa continuamente al incremento en la producción de medios de producción.
e. — La agricultura permanece estancada, y no se industrializa.
f. — El mercado interno no se desarrolla en profundidad. Su crecimiento se limita al sector auto-generado por la industria.
g. — Persiste la rigidez de los factores de la producción.
Estos son los principales estigmas que acompañan al proceso de pseudoindustrialización de los países atrasados y dan la pauta de su raquitismo estructural.
Todos estos aspectos económicos de la pseudoindustrialización no son sino manifestaciones de la característica esencial de la misma, a saber, la permanencia de la vieja estructura socioeconómica, de las viejas relaciones de propiedad.
Contrariamente a la industrialización, capitalista, o socialista, la pseudoindustrialización de los países atrasados transcurre sin modificar sustancialmente la estructura económico social preexistente. La pseudoindustrialización puede producir desplazamientos ligeros en las relaciones entre las clases; aquí y allá motiva alguna dislocación menor en las relaciones de propiedad y puede originar cambios en las instituciones políticas, pero, en su conjunto y en todos los aspectos esenciales deja intacta la vieja estructura.
En América Latina, la pseudoindustrialización de tres de las naciones más avanzadas industrial-mente: Argentina, Chile, Brasil, transcurre en la más perfecta normalidad. El aspecto más decisivo de la vieja estructura, el sistema de relaciones de propiedad que alimenta la explotación por los terratenientes de la actividad básica de las economías de estos países: la agricultura y la ganadería, es respetado por la pseudoindustrialización. Más aún, entra el terrateniente y la industria se produce una simbiosis, un entrelazamiento por el cual cada avance de la pseudoindustrialización favorece a aquél en lo fundamental, a pesar de fricciones momentáneas.
El desarrollo industrial, ha dejado intacta la propiedad terrateniente, en Argentina, Chile, Brasil, y ello supone una traba decisiva, para, el progreso de sus economías y de la propia industria, ya que al monopolio de la tierra por los terratenientes se vinculan indisolublemente el atraso y la baja productividad de la agricultura, la estrechez del mercado interno y multitud de fenómenos secundarios que han sido minuciosamente estudiados por los mejores investigadores de las economías de estos países.
México es el único país de Latinoamérica en que la pseudoindustrialización fue acompañada por un proceso revolucionario, que afectó las-viejas relaciones de propiedad. La revolución mexicana destruyó gran parte de la vieja propiedad agraria, pero fue incapaz de expropiar a los-terratenientes y a la burguesía, su aliada y socia económica. El resultado es que, desgastado en incesantes guerrillas el impulso revolucionario del campesino mexicano, la clase terrateniente y el capital urbano pudieron llevar la revolución a un callejón sin salada, obteniendo un status quo que paulatinamente ha ido evolucionando en su favor.
También en Asia, la pseudoindustrialización ha dejado intactas las viejas relaciones de propiedad. En China, hasta 1949, y actualmente en India y Egipto, la clase terrateniente conserva todo su poder, y, como en América Latina, establece una estrecha relación con la industria. Las reformas agrarias de estos países han sido minúsculas operaciones de laboratorio, intensamente divulgados, pero completamente insuficientes para modificar la vieja estructura agraria. Y lo mismo vale para Europa Oriental hasta 1949 y, antes de la Revolución de Octubre, para Rusia.
Por otra parte, la pseudoindustrialización no soluciona el problema nacional de los países atrasados. En Inglaterra, Francia, Alemania, Estados Unidos, en Rusia bajo el socialismo, la consolidación de la nacionalidad, su liberación de trabas y controles exteriores y la eliminación de las barreras internas fue uno de los requisitos y efectos de la industrialización. En los países atrasados, lejos de acarrear la liberación nacional la pseudoindustrialización sólo logra aumentar la dependencia con respecto a las metrópolis imperialistas. A lo sumo, la pseudoindustrialización se acompaña —aunque entre ambos fenómenos no hay necesariamente una relación de causa a efecto— de una liberación política, como la obtenida por la India; pero semejante liberación que deja en pie la supeditación económico financiera al exterior es una parodia de liberación nacional.
La persistencia del problema nacional que traba el desarrollo económico se vincula estrechamente a la permanencia de las viejas relaciones de propiedad, ya que las mismas clases nacionales y sus aliados exteriores usufructúan ambas situaciones.
En última instancia, tanto la conservación de las viejas relaciones de propiedad como la permanencia del problema nacional —fenómenos íntimamente vinculados— implica que la pseudoindustrialización de los países atrasados no se acompaña de una revolución democrático burguesa capaz de subvertir la vieja estructura económica y social.

EL DESARROLLO COMBINADO
CONOCIENDO las profundas diferencias existentes entre la industrialización y la pseudo-industrialización es posible realizar una primera aproximación al problema que nos ocupa: en el impedimento que el imperialismo significa para la industrialización de los países atrasados, observamos, en primer término, que la explotación imperialista de los países atrasados no es incompatible con la pseudoindustrialización de los mismos. Más aún, el capital imperialista constituye uno de los factores principales de la misma. Por el contrario, la permanencia de un país en la órbita imperialista se ha mostrado absolutamente incompatible con su real industrialización.
En segundo término recordemos que el imperialismo es la fase mo-nopolita del capitalismo, la etapa del capital financiero, forma del capital parasitaria por excelencia. El capitalismo de libre competencia fue la edad de oro del capital industrial, que sólo puede extraer plusvalía “en el proceso de producción y a través de él”. Por ello, para apropiarse el trabajo sobrante, el capital industrial debe apoderarse de la producción social, revolucionar la técnica y la organización social del proceso de trabajo y, con ellas, el tipo histórico —económico de sociedad. El capitalismo industrial no sólo revolucionó la organización de sus países de origen sino que, mediante la exportación de mercancías a bajo precio, destruyó el aislamiento y las economías primitivas de los países bárbaros, según la expresión del Manifiesto Comunista, incorporándolos al mercado mundial.
La evolución del capitalismo hacia el monopolio y el imperialismo colocó en primer plano al capital financiero, que por su naturaleza no necesita invertirse exclusivamente en la producción industrial, sino que obtiene su ganancia en todos los poros y resquicios de la economía. En los países imperialistas el colosal desarrollo de las fuerzas productivas choca con el capital y reduce la cuota media de ganancia.
El capital reacciona acelerando su concentración y centralización, tranformándose en monopolio, buscando la máxima ganancia bajo cualquier forma, en cualquier campo de inversión. Por otra parte debe, sin embargo, continuar la obra del capital industrial, aplicarse a la producción, desarrollar las fuerzas productivas en todo el mundo; pero lo hace buscando la superganancia o la ganancia monopolista, acentuando su rapacidad y su parasitismo, estafando y expoliando al universo entero. Bajo el signo del capital financiero, todo el imperialismo es, según la gráfica expresión un gran Panamá. En 1888 quebró la compañía francesa que financiaba la construcción del Canal de Panamá, descubriéndose la red de manejos fraudulentos, la compra de diarios y políticos, etc. que había realizado la compañía.
Sin una política monopolista el capital financiero no puede contra-rrestar el descenso de la cuota de ganancias. Consecuencia y causa de ello es el esfuerzo del capital financiero por mantener y acrecentar la desigualdad de desarrollo, de las diversas ramas de la economía dentro de la nación y, en escala internacional, entre las distintas economías nacionales. Un trust obtiene su superganancia impidiendo la difusión a toda la economía de los adelantos tecnológicos; la industria negada logra su superganancia trabando el desarrollo de la industria liviana. La industria en su conjunto esquilma a la agricultura. En escala internacional, las metrópolis imperialistas traban el desarrollo de las países atrasados, los esquilman y obtienen así una superganancia La esencia misma del imperialismo implica la utilización de las diferencias de nivel que existen en el desarrollo de las fuerzas productivas de los distintos sectores de la economía mundial, con el fin de asegurase la totalidad de la plus-valia monopolizada.
Para lograr esto, el imperialismo debe mantener el atraso de los países atrasados, objetivo que logra de mil modos. El capital financiero, que es el producto condensado de cientos de años de evolución capitalista, cuota general de ganancia decreciente. “La tendencia progresiva de la cuota general de ganancia a bajar solo es, pues, una expresión, característica del régimen capitalista de producción, del desarrollo ascendente de la fuerza productiva social del trabajo… Como la masa de trabajo vivo empleada disminuye constantemente en proporción a la masa del trabajo materializada, de medios de producción consumidos productivamente que pone en movimiento, es lógico que la parte de este trabajo vivo que no se retribuye y se materializa en la plusvalía guarde una proporción constantemente decreciente con el volumen de valor del capital total invertido. Y esta proporción entre la masa de plusvalía y el valor del capital total empleado constituye la cuota de ganancia, la cual tiene, por tanto, que disminuir constantemente” C. MARX, El Capital – T° III, Vol 1 página 267. durante la cual el capitalismo destruyó las viejas formaciones económicas y sociales, y creó una estructura económica propia, al investirse en los países atrasados no repite ese ciclo, ni permiten que lo recorran los países en cuestión.
Se coloca en la agricultura, una agricultura explotada por los terratenientes en base al trabajo servil o casi servil, o con arrendatarios que pagan su renta en dinero, o en cualquiera de la infinidad de formas de transición existentes entre estos dos polos y extrae plusvalía del campesino, u obtiene una supera ganancia, usuaria, y no tiene ningún interés en que la agricultura se industrialice. Más aún, con su acción el capital financiero impide cualquier proceso en ese sentido, expoliando al campesino y reprimiendo concientemente —con ayuda de la fuerza extraeconómica de que dispone: tanques, aviones y acorazados— cualquier intento de modificar las relaciones de propiedad.
En algunos sitios, el propio capital financiero alumbra sistemas híbridos de explotación del trabajo humano, sistemas de plantación que combinan rasgos esclavistas, feudales y capitalistas.
En otros, el capital y la técnica imperialista construyen una estructura económica dirigida hacia la Metrópolis, que disloca la economía nacional del país atrasado en todo el curso de su desarrollo, y crea asi un “atraso moderno”, basado en la distribución de los ferrocarriles o en la producción orientada hacia un solo mercado exterior.
Es decir, el imperialismo perpetúa o crea en los países que explota una estructura económica atrasada de la cual extrae su superganancia. Explotando las viejas relaciones de propiedad el capital financiero se entrelaza con las clases nativas interesadas en perpetuarlas, y es el principal interesado en que se mantengan permanentemente.
En otro terreno, el comercio internacional permite a los países imperialistas descapitalizar a la periferia atrasada. A la acción normal de las leyes del intercambio entre productores de materias primas y alimentos exclusivamente y productores industriales, que deriva en favor de estos últimos una parte del valor creado por aquéllos, se suma en la época imperialista la acción concentrada de trusts, carteles y organismos estatales. Estas organizaciones regulan y controlan el comercio internacional en beneficio de las naciones imperialistas, tendiendo a disminuir los precios de los alimentos y materias primas, aumentando los de los artículos manufacturados, y en especial de los medios de producción.
Por estos dos grandes caminos, con la inversión de capital financiero y mediante el comercio internacional, el imperialismo frena el desarrollo de los países atrasados, manteniéndolos en su atraso, descapitalizándolos.
Sin embargo, en algunos países atrasados, a medida que aumenta su comercio exterior crece su población solvente, sea por inmigración o por incorporación al mercado de sectores hasta entonces aislados. Y con la población crece también su mercado interno. Bajo determinadas condiciones, resulta lucrativo abastecer ese mercado desde dentro del país en cuestión, entonces el capital imperialista se invierte como capital industrial, en industrias que producen para el mercado interno del país atrasado. El capital imperialista desarrolló así una industria manufacturera, y estimula al desarrollo económico del país; pero no lo saca de su atraso sino que, simplemente, lo perpetúa con un nuevo aspecto.
Hemos visto, en efecto, que la industrialización de los países atrasados es imposible, sin la extirpación radical de su vieja estructura económico-social, sin la eliminación de las viejas relaciones de propiedad. Y hemos comprobado también que el imperialismo usufructúa ese atraso, esa vieja estructura, esas relaciones de propiedad, y que no tiene ningún interés en extirparlas, sino que se esfuerza por todos los medios en mantenerla. Como resultado, la industrialización que estimulan los capitales imperialistas es una pseudo industrialización —ese proceso cuyas características hemos analizado más arriba— que se caracteriza en lo esencial por no subvertir el atraso del país. La industria moderna que implanta el imperialismo coexiste con un atraso general de la economía que, a su vez, reacciona sobre la industria, imponiéndole un carácter improductivo, ineficiente, atrasado en su conjunto pese a la importancia aislada de tal o cual última palabra de la técnica. En Brasil, por ejemplo, los Altos Hornos de Volta Redonda coexisten con una agricultura que no ha llegado ni siquiera al uso extensivo del arado, y el transporte aéreo se desarrolla porque faltan caminos y los ferrocarriles tienen 50 años de atraso.
Esta coexistencia del atraso con la última palabra, de la técnica, de las formas más adelantadas de la empresa capitalista con la improductividad y la ineficacia general de la economía, incluso con el aislamiento de grandes masas de población, etc., etc., todo el abigarrado cuadro de contrastes que caracteriza a los países atrasados, de India a la Argentina, configuran lo que se denomina el desarrollo combinado. El desarrollo combinado consiste, precisamente, en esa peculiar evolución de los países atrasados que no subvierte su atraso sino que lo perpetúa, injertando en su seno islotes de adelanto técnico y económico. La pseudoindustriali-zación de los países atrasados es producto de su desarrollo combinado, y lo expresa manteniendo y acentuando, sobre un nuevo plano, el atraso general de la economía. En el desarrollo combinado reside el límite infranqueable, el no absoluto, que el imperialismo coloca a la industrialización de los países atrasados. No se trata principal ni únicamente de que una industria del país imperialista procure impedir el surgimiento de un competidor en un país atrasado, o de que un cartel niegue respuestos para una planta siderúrgica en otro país atrasado. Hay algo mas universal, más fundamental, que está en la estructura misma del imperialismo, y no cambia aunque el propio capital financiero internacional levante industrias y plantas siderúrgicas en los países atrasados: es el carácter monopolista, parasitario del capital financiero, del capitalismo en su fase imperialista, que lo obliga a buscar una superganancia y a obtenerla en base a la explotación de los sectores atrasados de la economía mundial, y por tanto, a perpetuar este atraso, impidiendo su subversión, manteniéndolo como constante que acompaña toda la evolución económica de los paises sometidos a su explotación.
De tal modo, no impidiendo absolutamente el desarrollo de los países atrasados, sino manteniéndola con su acción económica y extra-economica en los marcos del desarrollo combinado, es como el imperialismo impide la industrialización de los países atrasados. Una de las manifestaciones de este lo constituye precisamente la pseudoindustrialización que es el transplante o injerto en el seno de la estructura atrasada de unas cuantas industrias o ramas de industrias.
En resumen: la industrialización de un país sólo es posible si se realiza una radical subversión de su vieja estructura económica, de las relaciones de propiedad. Pero el imperialismo necesita que se mantenga el atraso para así extraer una superganancia, por lo cual contriñe la evolución de los países que explota en los marcos del desarrollo combinado.
Esa es la razón fundamental por la cual el imperialismo impide la industrialización de los países atrasados. Paralelamente, estimula en determinados casos la pseudo-industrialización de los mismos, proceso que mantiene el atraso y expresa el carácter cambinado de su desarrollo. Tal es la respuesta a la pregunta que nos formulábamos: ¿Por qué el imperialismo impide la industrialización de los países atrasados?
PERO no sólo el imperialismo necesita mantener el atraso de los países atrasados, ciñedólos en el marco del desarrollo combinado. Las clases explotadoras de estos países, sus terratenientes y su burguesía, industrial y comercial, tienen sus raíces profundamente hundidas en el atraso. También ellas extraen de él una porción de superganancia, también ellas tienen interés en perpetuar el atraso y acentuar el desarrollo combinado de sus países, sin subvertir la estructura existente.
La clase terrateniente, desde los príncipes hindúes hasta los estancieros argentinos, no tiene, claro está, ningún interés en eliminar una estructura económica de la que saca sus rentas.
Las crisis mundiales, o la crisis particular del imperialismo al que se hallan ligados los terratenientes, que al obligar a la Metrópolis a derivar las pérdidas sobre las colonias amenaza la realización normal e integrar de sus rentas, despierta el interés de las clases terratenientes por la “diversificación” de sus economías nacionales, a fin de independizarlas de las fluctuaciones del mercado mundial y protegerías contra las exacciones imperialistas más brutales. Se habla entonces de desarrollo económico, de industrialización, etc. Pero, por supuesto, el carácter fundamental de una y otra consiste en dejar la estructura como está, acentuando así el carácter combinado del desarrollo.
De tal modo, la clase terrateniente acrecienta sus rentas, y lo hace en mayor grado cuanto más se acentúa la combinación de extremos en el desarrollo del país. El progreso urbanístico, el alza de los valores inmobiliarios, la nueva demanda de alimentos y de cultivos industriales-que provoca la pseudoindustrializa-ción, cada elemento de civilización capitalista industrial que se inserta en el atraso del país, se traducé en incrementos de las rentas terrate-nientes. Como el imperialismo, los terratenientes ganan a dos puntas con el desarrollo combinado, lucrando con la perpetuación del atraso y con el trasplante del progreso, que deja intacto a aquél.
El otro sector explotador nacional vinculado a la producción, la burguesía industrial, por razones sociales y económicas, tiene un interés no menor que el imperialismo y los terratenientes en la perpetuación del atraso y el desarrollo combinado de sus países.
Cualesquiera sean las diferencias entre la clase terrateniente y la burguesía industrial, hay entre ellas una unidad profunda, de clase, en torno a la defensa de la propiedad privada de los medios de producción, que asegura a ambas su derecho a explotar la plusvalía creada por los trabajadores. La subversión de la vieja estructura de un país atrasado, de las relaciones de propiedad que la perpetúan, implica un golpe a la propiedad privada que haría simbrar toda la situación de las clases dominantes, industriales incluidos. Más aún, aquella subversión es inconcebible sin acontecimientos revolucionarios, sin movilizaciones revolucionarias de masas, que —de triunfar— inevitablemente reconocerían Domo dirigente al proletariado industrial y significaría, por ello, la liquidación de la burguesía industrial. Con todo eso, la burguesía industrial tiene bastante como para contentarse con la situación existente.
Pero hay más. Existen razones de índole positiva, de naturaleza económica, traducidas en ganancias y superganancias, monopolistas y que convierten a las burguesías industriales de los países atrasados en interesadas explotadoras del atraso.
En efecto, estas burguesías industriales, como clase, no han nacido desde el bajo, siguiendo el largo y complejo desarrollo que va del artesanado a la gran industria, desarrollándose autónomamente, como la burguesía francesa, inglesa, alemana, norteamericana. Estas burguesías han surgido estrechamente ligadas a los terratenientes, como diferenciación de los mismos o se han vinculado a ellos a poco andar, al calor de la capitalización de la renta agraria. Por otra parte, al asociarse con el capital extranjero, la burguesía industrial se liga al socio mayor de los terratenientes. Dependiendo así, directa e indirectamente, de la renta agraria para financiar sus empresas, el capital industrial se interesa en la permanencia de la clase terrateniente o, lo que es lo mismo, en la mantención del atraso del país.
Más aún el surgimiento y desarrollo de las burguesías industriales de los países atrasados se produce en la época del imperialismo, es decir, del monopolio, la concentración y centralización del capital. Estas burguesías desconocen en absoluto —o sólo conocen durante un brevísimo período, en los primeros estadios de su formación— la libre concurencia entre empresarios individuales.
Desde su nacimiento, la industria de los países atrasados refleja la característica de la época imperialista: el monopolio, y se centraliza en un reducido número de manos, entrelazadas a los terratenientes y el imperialismo. Resulta entonces el cuadro observable en los países atrasados que han experimentado un proceso de pseudoindustrialización: sus industrias tienen menos de cincuenta años de antigüedad, pero presentan un grado de concentración y centralización superior al existente en los países adelantados.
Tan es así que en rigor no puede hablarse en los países atrasados de “Concentración” de la industria sino de expansión de las empresas. Efectivamente, la concentración y centralización del capital consisten, en síntesis, en la expropiación de unos capitales por otros, en la aglutinación de muchos capitales pequeños para formar unos cuantos capitales grandes (12). Pero no es esto lo que ocurre en los países atrasados. En la Argentina, por ejemplo, donde la concentración del capital, medida por el número de obreros que emplean los grandes establecimientos, es diez veces mayor que en Estados Unidos no se ha llegado a este punto por concentración —es decir, por absorción de los pequeños capitales por los más grandes. “Ya que en la Argentina los establecimentos gigantes no son el resultado de una larga lucha competitiva; desde el comienzo fueron gigantes. Ello no es muy sor-predente, puesto que la industria argentina consiste, en grado considerable, en subsidiarias de grandes compañías extranjeras. Los grandes establecimientos no crecieron desde orígenes modestos, desplazando y absorbiendo a competidores más débiles sino que, cómo Minerva de la cabeza de Júpiter, surgieron en la arena económica argentina como vastagos plenamente desarrollados de grandes empresas extranjeras” (13).
Esa (dicha sea de paso) es la razón económica primordial por la cual la industria de los países atrasados —la burguesía industrial— no juega ningún papel democrático similar al ejercido en los países del desarrollo clásico del capitalismo.
Además, a poco de andar la burguesía industrial se territorializa. Una de las consecuencias del desarrollo combinado es que, cualquiera sea el vuelo que tome la pseudoindustrialización, la inversión clásica, segura y rendidora por excelencia, es la inversión inmobiliaria, urbana y rural, y la burguesía industrial lo confirma, canalizando hacia inversiones inmobiliarias sus ganancias industriales. Los industriales prósperos se transforman —si no lo eran ya— en terratenientes, y en directos usufructuarios del atraso del país.
De tal modo interesada en la perpetuación del atraso, del carácter combinado del desarrollo de sus países, las burguesías industriales se desentienden de la industrialización de sus países, y marchan conformes con la pseudoindustrialización más o menos raquítica. Ello no constituye un renunciamiento, sino una fuente de superganancias. En efecto, el proceso de pseudoindustrialización da lugar a una serie de contrasentidos económicos, de embotellamientos y círculos viciosos que perpetúan el atraso del país, pero también los superbeneficios de los industriales. Estos no renuncian a una industrialización real por razones de fuerza mayor, ni sueñan con la misma, sino que, fieles a la esencia del capitalismo, acojen gustosos una situación que les brinda superganancias con mínimo de inversión, y explotan hasta la último porción del atraso del país que pueda, rendirles beneficio.
Así las clases dominantes de los países atrasados se unen al imperialismo en el común interés económico y social de mantener el atraso de esos países, limitando su evolución en los marcos del desarrollo combinado, por la perpetuación del atraso mediante el transplante de elementos de capitalismo industrial.
Esta capitalización del atraso que realizan las clases explotadoras nacionales en conjunción con el imperialismo, expresa la disociación entre los intereses históricos de la humanidad, entre el desarrollo de las fuerzas productivas, y el sistema de
producción capitalista. El capitalismo agotó sus aspectos progresivos, su capacidad de desarrollar las fuerzas productivas, en algunos países privilegiados, hoy imperialistas y luego, alcanzando cierto punto de madurez, devenido imperialismo, se interesó en la explotación de la mayor parte de la humanidad. En el siglo XX el capital, imperialista o nacional, extrae sus ganancias más elevadas de la explotación del atraso de los países rezagados y frena su desarrollo o, más exactamente, perpetúa su atraso mediante un desarrollo tipo combinado. El capital es el límite último a la industrialización de los países atrasados, ya que el capital tiende necesariamente a una cuota máxima de ganancia. Y, en los países atrasados, la ganancia más elevada brota fundamentalmente de la explotación del atraso. Por ello, sobre las bases de la propiedad privada de los medios de producción los países atrasados no pueden salude su atraso. Divorciado el capitalismo del desarrollo de las fuerzas productivas, la industrialización de los países atrasados sólo resulta posible sobre las bases de un sistema de producción interesado en liquidar el atraso, es decir, con una economía socialista planificada.

Victor Testa

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