NO HAY SALIDA ELECTORAL
En momentos de entrar en prensa el presente número de nuestra revista sale publicado el decreto que prohibe a la Unión Popular presentar candidatos a cargos ejecutivos en el orden municipal, provincial y nacional. Dejemos a los teóricos de la burguesía explicar como se concilia eso con la reaccionaría y oligárquica Constitución del 53 y con su democracia. A nosotros sólo nos basta constatar que esa nueva, disposición se agrega a la Ley de Seguridad del Estado —que prohibe las huelgas en los. servicios públicos—, al restablecimiento del delito de opinión, al través del decreto 416155, al establecimiento de una pena para el que visite a Perón en Madrid —que constituye no sólo una monstruosidad jurídica, sino una grotesca muestra de impotencia—, a la proscripción de partidos políticos, sin contar las consabidas clausuras, secuestros y detenciones por obra del estado de sitio. Todo esto configura un estado de cosas incompatibles —naturalmente— con la tan cacareada “democracia representativa”, defendida en Punta del Este como panacea para solucionar los problemas de Latinoamérica.
La actual dictadura militar que nos oprime (con nasseristas, rojistas, o sin ellos) trata de cumplir más o menos efectivamente con los objetivos que le ha fijado el imperialismo yanqui, de establecer en el país un gobierno “democrático” que goce de cierta estabilidad para garantizar la segundad de sus inversiones.
Las elecciones en estas condiciones son una farsa grotesca. Los sectores dirigentes y sus personeros que representan los intereses antinacionales han llegado al colmo de la impopularidad y se han ganado; el repudio total de las masas populares. Han llevado! al país a la bancarrota, de la que no tienen salida, y tratan de mantener sus ganancias y sus privilegios a costa de una mayor explotación de lo,s trabajadores, que sólo podrá, mantenerse con un régimen dictatorial.
El Estado es el arma de opresión de una clase por otra, dice F. Engels, y gobierno, el Comité administrador de los intereses de la burguesía. En nuestra época —la de los monopolios— no puede existir en los países atrasados y sometidos como el nuestro, la democracia burguesa, sino algunos requicio de ella, y una tendencia permanente al totalitarismoi imperialista, toda vez que un régimen auténticamente democrático acabaría con los privilegios de clase, pues sería el gobierna de los más, es decir de los desposeídos, y ese régimen democrático no puede existir mientras el Estado esté en manos de los explotadores. Esto que constituye una generalidad muy sabida, conviene recordarla para disipar las ilusiones electorales y parlamentarias de algunos sectores empeñados en confundir a los obreros y a las masas explotadas. No hay salida electoral. Para los revolucionarios las elecciones, como las instituciones parlamentarias, deben ser sólo un instrumento para denunciar al régimen capitalista. Un episodio. para acrecentar nuestras fuerzas y divulgar nuestras ideas. Pero nada más. La auténtica democracia sólo puede ser garantizada por los obreros en armas, dirigidos por el partido revolucionario, que no existe en la Argentina y que debemos construir.
La desocupación, los bajos salarios, y todos los problemas que tiene el país, producto de la profunda crisis económica a que estamos sometidos por la caducidad del régimen capitalista, sólo pueden ser solucionados por los trabajadores. Para ella, es necesario prepararse para formar el frente antiimperialista, con hegemonía obrera, que lleve a los trabajadores al poder, aplicando un programa revolucionario de ruptura de los pactos que nos atan al imperialismo (OEA, Tratado de Asistencia Recíproca de Río de Janeiro, F.M.I., Atlántico Sur, contratos petroleros, etc.), y de expropiación de la burguesía y el imperialismo. Esa es la principal tarea. No podemos esperar nada de nuestros enemigos. Hay que denunciar la farsa y señalar el camino, que es una política obrera independiente de las otras clases, garantizadas por un partido! obrero, por un programa obrero anticapitalista y antiimperialista.