Los voceros del imperialismo yanqui no cesan de manífestar que la promesa de no invadir a Cuba, no implica que ha cesado la lucha contra Castro. La cita que sirve de acápite a la presente nota es, por cierto, bastante ilustrativa al respecto, lo mismo que las manifestaciones de políticos y comentaristas políticos yanquis, demuestran que en la primera oportunidad propicia el imperialismo volverá a poner a la orden del día la invasión de la isla.
Esta actitud encaja perfectamente en la naturaleza del imperialismo capitalista, que se basa en la explotación del hombre por el hombre y de los países coloniales y semi-coloniales por los países imperialistas, que lo obliga a mantener un fabuloso aparato opresivo militar destinado a someter por la fuerza todo intento de independencia de las clases explotadas de todo el mundo. En ese plano imperialismo y guerra son sinónimos, y así lo demuestra la historia universal. Invasiones y sometimiento por vía militar de los pueblos de Asia y África a principios de siglo, dos guerras mundiales, lo atestiguan fehacientemente.
El caso cubano es claro en ese sentido. Cuando la presión diplomática y económica no rinden su frutos se apela al expediente de la guerra. La independencia de Cuba y la posibilidad de la extensión de la experiencia cubana al resto del continente no es más tolerada por los intereses monopolistas yanquis y entonces se preparan para actuar una vez más «manu militan» en América Latina, esta vez con el pretexto de que Cuba poseía «armas agresivas».

La actitud de la URSS
LA URSS actuó en «salvaguarda de la Paz», aplicando su política de «coexistencia pacífica». Su retroceso fue escondido tras la cortina de humo de que es preferible sacar al mundo de la perspectiva de una guerra termonuclear, y que si bien Castro queda con menos armas para su defensa está la promesa de Kennedy de «no invadir a Cuba». Ya hemos visto más arriba los alcances de esta promesa. Y además, el imperialismo no retiró ni las bases de operaciones de los cipayos cubanos, ni la base de Guantánamo, es decir, que a cambio de una vaga promesa, los rusos aceptaron retirar las bases y proyectiles nucleares, los aviones IL28, y en momentos de escribir estas líneas los yanquis exigen el retiro de los efectivos rusos en la isla, y no sabemos que exigirán una vez que éstos efectivos hayan sido retirados. Entonces hay que llamar a las cosas por su nombre, y al retroceso, retroceso.
¿Es posible la coexistencia pacífica? Entendemos que no. Aunque tengamos deseos de «coexistir pacíficamente», esta es una cuestión de hecho, y la observación de la realidad
nos demuestra que la coexistencia pacífica no existe, ni es posible ni probable. La humanidad se encuentra en guerra permanente desde 1932 —guerra del Chaco, de España y guerra chino-japonesa, luego la guerra mundial, las de Indochina, Israel, Corea, Argelia— y con intermitencias desde principios de siglo, y en la actualidad, terminada la guerra de Argelia, continúan las actividades de los guerrilleros en Angola, y en algunos lugares de Latinoamérica que llevan el germen de nuevas guerra de liberación contra el imperialismo.
Puede admitirse la posibilidad de coexistencia pacífica entre la URSS y los EE.UU., pero no entre los pueblos coloniales, las masas explotadas y sus opresores y verdugos imperialistas, y la situación de Cuba, entra dentro de este esquema. La política de la coexistencia pacífica es una política reaccionaria en la medida que hace forjar falsas ilusiones a los pueblos en el sentido de que se pueden evitar guerras, así lo demuestra el pacto germano-soviético que no evitó que Hitler invadiera la URSS. La política de la coexistencia pacífica es el equivalente de la paz social en el plano interno, el abandono de la política de la lucha de clases en el plano internacional, que se conjuga perfectamente con la tesis de Khruschev de que los pueblos se pueden liberar por medio del parlamentarismo y a través de la formación de frentes populares con la burguesía liberal. Esa doctrina es perfectamente consecuente, pero falsa. El parlamentarismo burgués ha muerto, y con el cretinismo y las ilusiones parlamentarias de nuestros reformistas vernáculos que no han logrado arrastrar a las masas detrás de esos espejismos.
Esta no es una posición ultraizquierdista infantil. No negamos que en muchos casos es necesario negociar, como negocian los sindicatos sus convenios, por ejemplo, o la solución de distintos problemas, pero una cosa es negociar por razones de orden táctico, y otra cosa es erigir a la negociación de táctica en estrategia política, que otra cosa no es la coexistencia pacífica. Porque si los yanquis no son los dueño de la Argentina y los grandes monopolios los propietarios de sus principales medios de producción de cambio, hablar de paz social o coexistencia pacífica con nuestros explotadores, o creer que los podremos echar por vía parlamentaria, votando leyes, es admitir como irreversible su derecho de propiedad. Pero ellos no lo entienden así, y por eso existe el fabuloso aparato represivo-legal que defiende sus intereses, llámase NATO, SEATO u OEA, y para nosotros admitir la coexistencia pacífica (o paz social) supone someternos dócilmente a la opresión, quedándonos solamente el derecho a «presionar» de vez en cuando para obtener alguna que otra migaja.

La defensa de CUBA debe ser revolucionaria
Uno de los dirigentes comunistas italianos defendiendo la posición de Kruschev en contra de la posición china comparó a la reciente actitud rusa con la paz de Brest-Litovsk celebrada con Alemania en 1918 por el gobierno revolucionario soviético. Naturalmente la situación no es la misma, y la comparación es falsa. En aquella oportunidad los rusos celebraron una paz perjudicial y desventajosa con los imperios centrales destinada a obtener la paz por separado, pero la actitud de ambos gobernantes —Lenin y Kruschev— es a todas luces distinta. En primer lugar los dirigentes rusos no le dijeron a los pueblos del mundo y de la URSS que esa paz era un fabuloso triunfo del socialismo y de las fuerzas de la paz, bien por el contrario, señalaron que lo hacían forzados por las circunstancias acompañando esa manifestación con reiterados y continuos llamados a todos los pueblos del mundo a rebelarse contra sus opresores, tratando de destruir toda ilusión parlamentaria y de «coexistencia pacífica». En cambio, Kruschev trata de hacer creer a los trabajadores que el presidente Kennedy, y a través de él, el imperialismo yanqui es capaz de cumplir sus promesas de no invadir Cuba y de respetar su soberanía, y que su reciente actitud ante la agresión yanqui es una actitud positiva de defensa de la «paz», (planteando un falso dilema de «paz o guerra») y un triunfo del socialismo.
Lo cual es falso. Ha sido un retroceso no sólo de la URSS en cuanto a prestigio, sino para Cuba que se ve así despojada de sus armas y también de todos los trabajadores de América Latina que en la medida que se fortifica el imperialismo yanqui en el continente debilitan sus posiciones.
Los epígonos; de Kruschev en el país llegan al extremo de ingenuidad de creer que entre Kennedy y el Pentágono hay grandes diferencias en cuanto al fondo de la política imperialista. Veamos: «La verdad es que Kennedy sigue sometido a vigorosas presiones de quienes están descontentos por la solución pacífica del conflicto caribeño. Entre ellos grupos de generales y almirantes del Pentágono y una cantidad de Senadores y miembros de la Cámara de Representantes, opuestos a que se den garantías a Cuba (unos y otros están vinculados a las grandes empresas de armamentos). Pero para resistir esa presión, el presidente norteamericano puede apoyarse en la opinión pública que, según una encuesta de la revista «Newsweek», el 90 % de los ciudadanos consultados se mostró opuesto a acciones agresivas contra Cuba»… («CONVIVIR, Buenos Aires, XI/62). Ya lo vemos a Kennedy apoyado en la «opinión pública» luchando contra los grandes monopolios en favor de la revolución cubana, tal ingenuidad puede ser sólo fruto del reformismo liberaloide de nuestros comunistas que, en 1945 creían que en la Unión Industrial Argentina, la banca Bemberg, etc., y todos los sectores empresarios que respaldaron a la Unión Democrática eran… «Los sectores progresistas de la industria, del comercio, de la agricultura, de la ganadería y de la finanza» (Victorio Codovilla, «Batir el Naziperonismo», Buenos Aires, 1946, Ed. Anteo, pág. 77). En ese mismo libro, Codovilla nos habla de los sectores progresistas del conservadorismo (pág. 78), que viene a ser más 0 menos lo mismo que Kennedy luchando contra el Pentágono.
No hacerse ilusiones es la base primera del realismo político, y no hacérselas forjar a las masas es la base de una política revolucionaria. Desde ya debemos saber que Kennedy no cumplirá su promesa si no es forzado por las circunstancias, y así lo debemos decir, y que todo acuerdo basado en una promesa no tiene gran valor, y que no podemos confiar en la palabra del imperialismo porque el imperialismo siempre agredió a los pueblos débiles, y que la única garantía es la destrucción, su expulsión de los países coloniales y semicoloniales, la ruptura de los pactos agresivos como son la carta de Río, el pacto de la OEA, etc., que no son sino cadenas que atan a los pueblos al carro de guerra imperialista destinado fundamentalmente, sólo a la guerra de bloque, sino a sofocar los intentos de independencia de los países sometidos, transformando a las FF.AA. de cada país en fuerzas policiales de represión interna y externa, dejando la «defensa nacional» para tiempos mejores.
Nuestra experiencia reciente nos muestra a FF.AA. corriendo en socorro del amo yanqui, en defensa de los intereses monopolistas desplazados de Cuba, convirtiéndose así en verdugos —o auxiliares de verdugos— del pueblo cubano, mientras el imperialismo toma posesión de nuestro país, y reciben lecciones de los nazis franceses asesinos del pueblo argelino, para la lucha antiguerrilla. Si la guerrilla es la lucha característica de la defensa popular del territorio contra el invasor extranjero, ya vemos claramente cual es el triste destino que espera a nuestras FF.AA.
No hay diferencias de fondo entre la política yanqui en Cuba y en América Latina, y la de Hitler en Europa Oriental, la de Francia, en Argelia, la de Inglaterra en Egipto, es una misma política de expansión, de pillaje y de explotación; si el imperialismo ha ido retrocediendo en el correr de este siglo es porque las masas populares lo han obligado, dondequiera que hicieron su revolución nacional (y social). No descartamos la posibilidad, y/o necesidad en determinadas circunstancias de celebrar pactos con el imperialismo destinados a evitar mayores sufrimientos a la humanidad, pero señalamos que el dilema no es paz o guerra, como los opuestos del dilema no son tampoco URSS-USA, sino que estamos en el dilema de hierro de Revolución o Barbarie, Liberación o Esclavitud, siendo sus polos opuestos el imperialismo y las masas de todo el mundo (donde la URSS y USA son simples personajes), y que la defensa del derecho del pueblo cubano a decidir su destinos sólo podrá ser garantizada por una América Latina libre de sus opresores, y por una humanidad donde las aves de rapiña desaparezcan.
Cuba, hoy amenazada, como Guatemala ayer, o la Argentina en 1955, fueron privadas por el imperialismo de su derecho a disponer de su destino, solo podrá hacerlo a condición de la derrota imperialista en el continente, sin atenuantes, la mejor defensa de Cuba no la harán los que quieran negociar a espaldas de los pueblos (intento de cambiar Turquía por Cuba) sino la revolución triunfante en el continente.
7 de Diciembre de 1962.
Jose Speroni

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