Desde el surgimiento de la revolución cubana, muchas han sido las voces de aplauso que han surgido en nuestro país en su apoyo, sin embargo, pese al impacto que la misma produjo en la izquierda argentina, muy pocos militantes se han interesado en estudiar las consecuencias teóricas que se desprenden del más importante acontecimiento histórico de América Latina. Este hecho, síntoma de inmadurez política, nos ha llevado a elaborar este trabajo, cuyo objetivo es señalar los principales problemas teóricos que plantea la Revolución Cubana.

1. Cuba: Primer Estado Obrero de Occidente
La propiedad privada capitalista de los medios de producción y su forma más desarrollada, el control imperialista sobre los países coloniales y semicoloniales, constituye la principal traba en el camino del desarrollo de la humanidad. Los estados burgueses, cualquiera sea su apariencia política, son el brazo armado de la propiedad privada capitalista contra el progreso de la humanidad. Todo movimiento que, cualquiera sea su ideología o su denominación política liquide la propiedad privada capitalista de los medios de producción, elimine al estado burgués sustituyéndolo por un nuevo tipo de Estado que defienda la propiedad estatal y siente las bases para la planificación de la economía, es desde el punto de vista marxista un movimiento revolucionario e históricamente progresivo. La validez de este juicio de carácter general desaparece en aquellos casos en que para la liquidación de la propiedad privada capitalista y el Estado burgués compiten dos fuerzas: el movimiento obrero revolucionario nacional y una fuerza militar extranjera llamada ejército ruso y esta fuerza, agente de la burocracia del Kremlin, aplasta al movimiento obrero, impide que efectúe por su cuenta y con sus métodos la liquidación de la propiedad privada y del Estado burgués, y luego realiza por sí, mediante manipulaciones militares y burocráticas, sin participación de las masas, las tareas que se pudieron realizar de modo revolucionario. Tal fue la situación que se dio en los países de Europa Oriental ocupados por el Ejército Rojo en el período 1944-1948.
En Cuba han sido nacionalizados los medios de producción y de cambió, sentándose las bases para la planificación de la economía nacional. El Estado burgués ha sido liquidado, y sobre sus ruinas se ha levantado un nuevo estado que defiende las nuevas relaciones de propiedad y se respalda en la permanente movilización armada de las masas. Todo esto ha sido logrado a través de la movilización revolucionaria de las masas trabajadoras cubanas (proletariado rural y urbano, pequeña burguesía rural y urbana) sin ingerencia de ninguna fuerza extranacional y por la vía clásica de la acción directa revolucionaria: movilización de las masas, armamento de las masas, expropiación del enemigo de clase nacional y extranjero.
Todo ello define al Estado Cubano como un Estado no capitalista, como un Estado Obrero, en el cual se están creando las bases para iniciar la larga etapa de transición hacia el socialismo.
Con la instauración del Estado Obrero Cubano las masas latinoamericanas ingresan de lleno y activamente en el proceso de la revolución socialista mundial. Cuba es el primer Estado Obrero de Latinoamérica, pero es algo más: es también el primer Estado Obrero de Occidente. El continente americano entró en la historia en brazos de la burguesía. En América se forjó el capitalismo más floreciente y poderoso de todos los tiempos. Ahora, a pocos pasos de la ciudadela mundial del imperialismo, nace el primer Estado Obrero de Occidente, y con él, el primer Estado Obrero que no es dirigido por un Partido Comunista y que debe su triunfo a un movimiento no conducido por el Partido Comunista.

2. La vieja Cuba: una sociedad en descomposición
La sociedad cubana pre-revolucionaria vivía en permanente estado de convulsión corroída por el atraso económico y la brutal explotación imperialista.
Bamboleado por sus propias contradicciones, el orden burgués se desintegraba en manos de los diversos sectores explotadores y la política era apenas una de las variantes del gangsterismo. Como el régimen de Chang kai Shek en China, el régimen de Batista y de sus predecesores inmediatos constituía una oligarquía de gangsters que chantajeaba a todas las clases de la sociedad, incluso las explotadoras, e incluso también al imperialismo, en su propio beneficio y con absoluto desprecio por el destino del orden burgués.
La estructura de la sociedad cubana, era tal que sin un saneamiento a fondo el orden burgués se caía sólo. Pero ese saneamiento requería en primer término y por sobre todo expropiar al imperialismo y a los explotadores, es decir, a los beneficiarios del orden burgués. La revolución) fue inevitable, y así lo entendían desde los hacendados hasta el embajador yanqui. Pero los explotadores no podían hacer la revolución y proletariado revolucionario no existía. Normalmente, en los países atrasados es el proletariado industrial quien sustituye a la burguesía en la ejecución de las tareas nacionales y democráticas; en Cuba, por debilidad e impotencia del proletariado industrial, fue otro sector de las clases explotadas quien realizó esas tareas e inició la construcción del Estado Obrero. Cuando una sociedad ha llegado a tal grado de descomposición que enfrenta la alternativa entre una operación quirúrgica revolucionaria o la paulatina desintegración, la tarea revolucionaria es efectuada por la clase o el sector de clase que por su posición en el seno de la sociedad sufre más intensamente las consecuencias de la crisis general y, al mismo tiempo, posee el dinamismo y la capacidad política necesaria para movilizarse y dar el golpe de gracia al régimen. Generalmente estas condiciones las reúne el proletariado industrial; pero en determinadas circunstancias de tiempo y lugar ello no es así, ya sea ¡porque el proletariado ha sufrido tremendas derrotas que lo diezmen y paralizan por varias generaciones (caso del proletariado chino, luego de la masacre de 1926) o porque el proletariado es sumamente pequeño y carece de organización. Este es el caso de Cuba. La circunstancia sorprendente y excepcional de que el Estado obrero cubano haya surgido bajo la dirección de un movimiento político de ideología vagamente populista (nos referimos a la primer etapa de la revolución), que desde su gestación y aún después de obtenido el triunfo sobre él tuvo amplio apoyo de los sectores más tradicionales de los explotadores cubanos y del imperialismo norteamericano, se explica al ubicar el fenómeno en el marco general de la desintegración de la sociedad cubana a que hemos hecho mención más arriba. En el seno de una sociedad capitalista, aunque atrasada, más rica y diferenciada que la sociedad cubana (como el caso de la sociedad argentina, por ejemplo) el programa socialista del castrismo en sus primeras etapas, y sus primeras medidas desde el poder hubieran podido ser absorbidas sin mayores trastornos por los explotadores nacionales, así como los explotadores mejicanos absorbieron el impacto del movimiento campesino y el gobierno de Cárdenas.
Pero otra cosa era en Cuba, donde la mera clausura de los prostíbulos constituía un golpe tan serio para la propiedad capitalista privada como lo sería la confiscación de la General Motors en EE.UU. El movimiento 26 de Julio de Castro fue más a1llá de lo que su naturaleza pequeña-burguesa hubiera permitido en condiciones «normales», por la misma razón que Tito y Mao fueron más allá de lo que en condiciones normales le hubiera permitido su condición stalinista: porque la opción era, seguir adelante por el camino de la revolución permanente o perecer en la hecatombe de toda la sociedad.
Ya en 1938 el Programa de Transición de la Cuarta Internacional escrito por Trotsky preveía la posibilidad de estos fenómenos cuando señalaba:
«Es posible la creación de este gobierno obrero y campesino por las organizaciones obreras tradicionales? La experiencia del pasado demuestra que esto es, por lo menos, poco probable. No obstante, no es posible negar categóricamente a priori la posibilidad teórica de que bajo la influencia de una combinación muy excepcional de circunstancia (guerra, derrota, crisis financiera, ofensiva revolucionaria de las masas, etc.) los partidos pequeños burgueses, sin exceptuar a los stalinianos, pueden llegar más lejos de lo que ellos quisieran en el camino de una ruptura con la burguesía.»

3. Estructura social y fuerzas motrices de la Revolución
La circunstancia que en un país como Cuba la revolución haya triunfado y se haya levantado un Estado Obrero sin participación preponderante le la clase obrera, sin participación de un partido obrero; al contrario bajo la dirección de un movimiento político pequeño burgués y sustentado en la movilización de las masas
pequeño burguesas y proletarias del campo, no constituye nada que ponga en duda o en crisis el método marxista de interpretación de la realidad. Excepto, por supuesto, para los dogmáticos, que confunden el marxismo con una religión cuyo Dios se denomina proletariado y su hijo redentor el partido obrero, que están en todas partes como el Espíritu Santo, y son responsables y únicos autores posibles de todas las obras piadosas en oposición a ese Lucifer llamado pequeña burguesía o proletariado rural que siempre y en todas partes es la encarnación del mal. El marxismo enfoca y estudia la realidad tal cual es, sin preconceptos, sin prejuicios ni pro ni anti obreros, ni pro ni antipequeño burgueses. Observa que la evolución de la sociedad plantea determinado tipo de tareas y que la clase que en el seno de la sociedad tiene mayores necesidades y mayores probabilidades de realizar esas tareas es la clase obrera. Esto no significa que otras clases —las grandes masas explotadas de la pequeña burguesía, los proletarios rurales, amplios sectores medios del campesinado, los intelectuales revolucionarios— no tengan interés: en o no deseen realizar esas tareas. Lo que sucede es que estas clases o sectores de la sociedad tienen por todo su régimen de vida, por todo el contexto de su vida cotidiana, menos probabilidades de desarrollar las aptitudes necesarias para derrocar a los explotadores y de desprender de su seno el instrumento político apto para efectuar ese trabajo. Es decir, que en las condiciones de una sociedad capitalista más o menos desarrollada, los explotadores son más fuertes que la pequeña burguesía, que el campesinado, que los proletarios rurales, que los intelectuales revolucionarios, y por lo tanto el régimen capitalista es más estable. El proletariado es el sector social en mejores condiciones para enfrentar a los explotadores y derrotarlos poniéndose al frente de las masas. Sin embargo, la experiencia demuestra que en determinadas situaciones históricas, los explotadores están tan debilitados por las convulsiones de la sociedad que resultan impotentes para resistir el embate desorganizado e incoherentes de las masas pequeño-burguesas, campesinos y semiproletarios del campo, en tanto que el proletariado puede incluso llegar a ser más débil que estas masas, debiendo en consecuencia cederles, la primacía en la conducción del proceso revolucionario. En escala mundial esta es la variante menos probable. En los países de gran desarrollo industrial o de moderado desarrollo industrial acompañado de una gran concentración geográfica del proletariado (caso de Argentina) es extremadamente improbable. Pero en determinados países, en determinadas condiciones de tiempo, esa es la variante con mayores probabilidades de triunfo, y es la que ha triunfado en Cuba.

4. El marxismo no necesita ser actualizado
Muchos marxistas han sido lentos en la captación de lo que significa la Revolución Cubana. Esta lentitud no obedece a un excesivo apego a la teoría marxista, apego que les impediría ver claramente la realidad. Al contrario: la lentitud para entender la Revolución Cubana obedece a un insuficiente dominio del método marxista, de la única regla absoluta del marxismo: ir al estudio de la realidad concretamente, es decir, captarla en su totalidad, sin prejuicios previos, sin cuadricularla de antemano para tratar de reducir lo nuevo a lo viejo y ahorrarse el trabajo de pensar. No es que el marxismo necesite ser «actualizado». Sólo hace falta que los «marxistas» actuales aprendan a pensar como marxistas.

5. La Resolución Cubana confirma la teoría de la Revolución Permanente
La Revolución Cubana confirma por su triunfo, como tantas otras revoluciones confirmaron por su derrota, que las grandes y urgentes tareas nacionales y democráticas que enfrentan los países latinoamericanos— y en general todos los países atrasados del mundo —sólo pueden ser resueltas aplicando métodos de lucha de clases que— independientemente de cual fuere el sector de las masas explotadas que se encargue de su aplicación, pertenecen históricamente al arsenal de la clase obrera en su lucha revolucionaria por el socialismo. Es decir: movilización permanente de las masas, armamento de las masas, expropiación de la propiedad privada capitalista en sus bastiones principales y liquidación del estado burgués. Tal es precisamente el teorema fundamental de la revolución permanente, formulado por Trotsky en 1905: en un país atrasado, que no ha resuelto aún sus problemas nacionales y democráticos (emancipación del imperialismo, liquidación de la propiedad terrateniente, liquidación de gobiernos oligárquicos repudiados por la inmensa mayoría de la población) la solución de esas tareas sólo es viable mediante métodos revolucionarios que implican necesariamente la superación de la propiedad privada capitalista y la iniciación de los pasos preliminares para planificar la economia. Lo prevean o no los partidos o los líderes de las revoluciones antiimperialistas, estas revoluciones o triunfan erigiendo un Estado Obrero o fracasan y son barridas por el imperialismo y los explotadores nacionales. En Rusia, en 1917, fue el proletariado industrial dirigido por un partido marxista revolucionario quien arrasó la propiedad privada capitalista y el Estado que la defendía, y solucionó así a través del Estado Obrero los grandes problemas nacionales y democráticos que enfrentaba el pueblo ruso. En 1943, en Yugoeslavia, fueron obreros industriales y campesinos pobres, organizados en guerrillas bajo la dirección de un Partido Comunista independizado del Kremlin, quienes anudaron, la lucha por da emancipación nacional de su país con la expropiación de los terratenientes y los capitalistas y la iniciación de la planificación socialista. En 1949, en China, correspondió a las capas intermedias y pobres del campesinado, organizados en ejército bajo la dirección de un Partido Comunista independizado del Kremlin, poner término, junto con la propiedad privada capitalista, a la opresión imperialista y la dictadura oligárquica que explotaban al pueblo chino. En 1959, en Cuba, han sido los proletarios rurales y los campesinos pobres, organizados en guerrillas bajo la dirección de un partido pequeño burgués de ideología vagamente populista, y apoyados pasivamente por los obreros urbanos y grandes sectores de la pequeña burguesía urbana, quienes barrieron la dominación imperialista y el dominio de los explotadores locales. Con respecto al resto de las revoluciones, todas ellas han sido rotundamente derrotados por las armas, o desvirtuadas en sus objetivos, y todas en razón de su política de conciliación con el régimen burgués, independientemente de la clase y el movimiento político que dirigieran la revolución.
A través de diversas combinaciones de fuerzas sociales, bajo distintas banderas, con diversos resultados, el teorema fundamental de la revolución permanente revela su vigencia como una especie de ley de gravedad de la lucha revolucionaria en los países atrasados. Pero lo que en Rusia fue conscientemente previsto y buscado por los revolucionarios marxistas se ha venido produciendo luego en otros escenarios como un fenómeno ciego, inesperado, ni previsto ni comprendido por los dirigentes de los movimientos revolucionarios, quienes han llegado a comprender la necesidad de entrar de lleno a la construcción de Estados Obreros sólo empíricamente, por rebote, ante las circunstancias. La conciencia revolucionaria del proletariado, es decir el marxismo, y el real movimiento revolucionario de las masas, lograron conjugarse en Rusia entre 1917 y 1924, pero luego la historia los divorció entre sí. Ello tornó menos clara la conciencia y también menos profunda la revolución. Además, en varios sitios, no ha sido el proletariado industrial sino otros sectores explotados quienes arrasaron la propiedad privada capitalista, adoptando los métodos y objetivos propios del proletariado. En medio de esta conmoción universal las teorías se agrietan y los pronósticos resultan patéticamente ingenuos, pero el teorema básico de la revolución permanente sigue confirmándose en los cuatro puntos cardinales del globo.

6. La Revolución Cubana confirma el papel de las clases explotadas
La Revolución Cubana ha confirmado la concepción marxista respecto de la pequeña burguesía urbana y rural, a la vez que ha puesto en evidencia lo nefasto de la tendencia tan habitual en algunas corrientes de la izquierda argentina, consistente en la híbrida mezcla de desprecio por todo lo que huela a pequeño burgués, por un lado, y la práctica de los peores métodos pequeños burgueses, por otro. El marxismo afirma que el campesinado, y en general la pequeña burguesía, es una clase fundamentalmente heterogénea, y basa su política en este hecho. Dice que los diferentes estratos de la pequeña burguesía reaccionan de distinta forma frente a un fenómeno dado, y que esa reacción depende fundamentalmente de las circunstancias. Es decir, la pequeña burguesía no tiene política propia, está desganada por sus contradicciones, y bajo la presión de la burguesía y el proletariado, sus distintas capas se orientan hacia una u otra clase, de acuerdo a las circunstancias.
La política de Lenin y de Trotsky fue particularmente clara a este respecto:
«Los socialistas revolucionarios y los mencheviques empujan a la pequeña burguesía a aliarse con la burguesía. Esa es la esencia de toda su política de «coalición»… En medio año de revolución, esta política ha fracasado completamente… Con la completa bancarrota de la alianza de la burguesía, con los socialistas revolucionarios y los mencheviques, más rápidamente aprenderá el pueblo. Y más fácilmente encontrará el camino acertado: la alianza de los campesinos pobres, es decir, de la mayoría de los campesinos, con el proletariado («La catástrofe que nos amenaza y como combatirla» Lenin, 10 al 14 de setiembre de 1917, Ob. Completas, tomo 25, págs. 355|356).
«El obrero agrícola es en la aldea, el hermano y el compañero del obrero de la industria. Son dos partes de una sola y misma clase. Sus intereses son inseparables. El programa de reivindicaciones transitorias de los obreros industriales, es también, con tales o cuales cambios, el programa del proletariado agrícola.
Los campesinos (chacareros) representan otra clase: es la pequeña burguesía de la aldea. La pequeña burguesía se compone de diferentes capas, desde los semi-proletarios hasta los explotadores. De acuerdo con esto, la tarea política del proletariado industrial consiste en llevar la lucha de clases a la aldea: solamente así podrá separar sus aliados de sus enemigos…»
«Los desocupados entrarían en el movimiento. Los obreros agrícolas, los campesinos arruinados o semi-arruinados, las capas proletarizadas de la intelectualidad, todos buscarán un reagrupamiento y una dirección.
Los soviets no están ligados por ningún programa «a priori». Abren sus puertas a todos los explotados. Por esta puerta pasan los representantes de las capas que son arrastradas por el torrente general de la lucha.» (Trotsky, Programa de Transición).

7. La Revolución Cubana pone fin a la polémica con los agentes de la burguesía nacional y de la burocracia soviética
El surgimiento del Estado obrero cubano pone término definitivo a la discusión acerca de si es o no posible en los atrasados, débiles y divididos países latinoamericanos aplastar definitivamente al imperialismo y sus agentes locales, liquidando la propiedad privada capitalista, liquidando el Estado burgués e iniciando la planificación de la economía con objetivos socialistas. Sella para siempre la estéril polémica acerca de la «madurez» o «inmadurez» de las llamadas «condiciones objetivas» para el surgimiento de Estados obreros en América Latina. Desde hace muchos años los trotskistas han explicado que la emancipación de los países latinoamericanos del dominio imperialista y la expropiación de las oligarquías locales es absolutamente impensable, imposible, excepto arrasando los principales bastiones de la propiedad privada capitalista y levantando estados obreros que inicien la planificación de la economía. Frente a este pronóstico sustentado por toda la experiencia del siglo XX, se oponían —y se oponen— dos concepciones que en última instancia se resumen en una sola consecuencia fundamental: atar a las masas explotadas al carro de los explotadores.
Por un lado la política stalinista de la revolución democrático-burguesa, que asimila la explotación actual de los países atrasados por el imperialismo a la situación que hace dos siglos soportaba la burguesía en los países europeos. Dos siglos de historia han producido sólo un cambio en los actores de esta segunda versión del drama adaptada por la Artkino Pictures: «La burguesía nacional y los sectores populares» «actúan» como la burguesía industrial europea, «el imperialismo, los terratenientes y la oligarquía «representan» el rol del feudalismo. El contenido de esta aberración teórica es el mantenimiento del statu quo mundial en beneficio de la burocracia soviética, y su consecuencia política los «Frentes Populares y Democráticos» que tan útiles han sido en Cuba en 1928, en España, en Chile y en general en todos los países del mundo para aplastar toda política independiente de las masas.
Un ejemplo que viene muy al caso de esta concepción lo tenemos en la posición del Partido Comunista Cubano en pleno agosto de 1960, precisamente en el momento en que Castro asestaba el golpe de gracia al capitalismo cubano:
«… nosotros buscábamos cohesionar a la clase obrera y a todas las trabajadoras, forjar la alianza firme de los obreros y campesinos, unir a estas clases con la pequeña burguesía urbana y lograr la cooperación con los sectores de la burguesía nacional que chocan objetivamente con el imperialismo y se oponen a él. Lo que queríamos, pues, era hacer la unión de todas las fuerzas populares, ciase obrera, campesinado, pequeña burguesía urbana y burguesía nacional. «(VIII Conferencia del PSP de Cuba del 21|8|60, discurso de Blas Roca, pág. 26|27): «El objetivo de la lucha por la unión de términos de clase, sigue siendo el mismo: unir fuertemente a la clase obrera, forjar la alianza obrero-campesina y la unión: con la pequeña burguesía urbana como fuerzas fundamentales de la revolución en su actual estado de desarrollo, atraerse a los sectores de la burguesía nacional que están dispuestos a mantenerse firme frente al imperialismo, (idem. pág. 33).
«Los imperialistas norteamericanos, los contrarrevolucionarios y criminales de guerra fugitivos, los ladrones y traidores que se exilan… están de acuerdo en decir que la revolución cubana es comunista como justificación y pretexto de su oposición criminal a la misma… Todos los que contestan a esa campaña de los imperialistas norteamericanos y su lacayos diciendo: «La revolución cubana no es comunista» tienen absoluta razón… La revolución cubana no es una revolución comunista; es antiimperialista y antilatifundista. Es una revolución que por las tareas históricas que enfrenta y realiza puede ser calificada con razón, de revolución nacional liberadora y agraria, de revolución patriótica y democrática… Las clases sociales que están objetivamente interesadas en la realización de esa
tarea son los obreros, los campesinos, las capas medias urbanas y la burguesía nacional». (ídem, págs. 43-47).
«La burguesía que se beneficia con la revolución, que ha logrado ganancias extraordinarias en este tiempo debido al incremento del poder adquisitivo del pueblo…» (idem, págs. 56-57).
«La empresa privada nacional, no imperialista, no monopolista y no parasitaria puede y debe contribuir al desarrollo económico nacional… Pero mientras sea necesaria la empresa privada… deberemos considerar la necesidad de darle un trato a la empresa privada que le permita mantenerse y cumplir sus funciones económicas. La empresa privada necesita ganancias… Hay que fomentar en los trabajadores de esas empresas el celo y el aumento de la productividad… (idem, págs. 90-93).
Esto que parece una ponencia de algún congreso pateronal de la productividad era la posición política del PC cubano en pleno revolución. Tal es la consecuencia derecha de la teoría de la revolución democrática burguesa sustentada por el stalinismo.
La otra concepción que niega la necesidad de liquidar el capitalismo y levantar Estados obreros como paso imprescindible para resolver las tareas nacionales y democráticas de los países latinoamericanos, es la sustentada por los ex agentes a sueldo de gobiernos burgueses como el peronismo o el MNR que mientras con una mano denunciaban a los trotskistas como agentes provocadores reclamando para ellos un tratamiento policial, con la otra escribían libros enteros para demostrar que en América Latina es imposible el surgimiento de Estados obreros y con sonrisa burlona preguntaban: «es posible acaso construir Estados obreros en Bolivia, en Paraguay, en países donde apenas hay clase obrera y no existe casi burguesía industrial?» La revolución cubana, su triunfo mediante la creación del Estado obrero cubano, hunde en el oprobio a los Jorge Abelardo Ramos, Rivera-Peñaloza, etc., y los desenmascara como lo que son, agentes ideológicos de los explotadores latinoamericanos. Enrique Rivera-Peñaloza escribió el libro «Trotsky ante la Revolución Nacional Latinoamericana» pagado por el gobierno boliviano, para vituperar a quienes explicaban a los trabajadores que ,o bien la revolución boliviana avanzaba y se levantaba un Estado obrero pasando por sobre la propiedad privada que el M.N.R. defendía, o bien el M.N.R, y la revolución boliviana serían embolsados por el imperialismo y los trabajadores pasados a degüello más tarde o más temprano. De ese libro, tomamos algunas citas, que a la luz de la Revolución Cubana muestran su verdadero contenido: «..la lucha dentro de Bolivia por la dictadura proletaria conduce a exacerbar artificialmente el antagonismo histórico entre el proletariado y las clases pequeño-burguesas, a querer suplir subjetivamente la insuficiencia de condiciones materiales, las cuales sólo se dan en el plano de América Latina» (pág. 249). «Se derriba al gobierno y se establece la dictadura proletaria. En este momento el imperialismo tiene la mitad del juego ganado; acentúa, el bloqueo contra el nuevo gobierno comunista, que se encuentra ahora en peores condiciones que el anterior, atiza el espectro rojo ante la población, presentando todos los males como consecuencia de la dictadura obrera; los países circundantes, en donde domina la burguesía, se suman inmediatamente al imperialismo contra la revolución obrera. En estas condiciones, si el gobierno obrero aún se mantiene, será plenamente presentable y aceptable una invasión imperialista armada al país, so capa de combatir al comunismo. El gobierno obrero es reemplazado por la peor dictadura imperialista. Toda la lucha y sacrificio revolucionarios que hizo el país no han servido de nada», (pág. 251).
«El gobierno obrero sólo es concebible en el plano de la lucha revolucionaria en toda América Latina, no en una de sus provincias ‘aisladas’..(pág. 252).
En Bolivia no triunfó la posición trotskista y el destino de la revolución boliviana está a la vista. En Cuba, sin participación de los trotskistas, se impuso el programa trotskista; y la revolución ha triunfado.
La Revolución Cubana hunde pues definitivamente a las corrientes stalinistas y nacionalistas de izquierda (Ramos, Pérez-Peñaloza, etc.), que durante veinte años han proclamado que los trabajadores deben abstenerse de tomar el poder en sus manos, manteniéndose por el contrario bajo la tutoría de gobiernos burgueses o pequeño-burgueses que invariablemente terminan entregándose al imperialismo.
La Revolución Cubana confirma en cambio la corrección esencial de la línea básica del trotskismo latinoamericano: cuando las condiciones de la lucha de clases lo permiten los trabajadores deben tomar el poder, cualquiera sea el grado de desarrollo económico de su país, estén o no momentáneamente apoyados por el resto de los trabajadores latinoamericanos, y deben avanzar audazmente hacia la construcción del Estado obrero, aplicando métodos revolucionarios para liquidar la propiedad capitalista, base y condición de la explotación imperialista.

8. La Revolución Cubana pone en evidencia el nefasto rol de los gobiernos de Perón y Arbenz
El triunfo de la revolución cubana y el surgimiento del Estado obrero cubano demuestran —por contraste el papel contrarrevolucionario, nefasto para el destino de las naciones latinoamericanas y de las masas trabajadoras, de los gobiernos burgueses y pequeños-burgueses que encaramados en los grandes movimientos de masas llegaron al poder y desde el primer momento transaron ante el imperialismo. En particular, el espejo de la revolución cubana refija con una claridad que no da lugar a confusiones el carácter miserable, traidor a los intereses de la nación y de los trabajadores, de los gobiernos de Perón y de Arbenz. Es falso, de toda falsedad que Perón o Arbenz cayeran por que hasta tanto América Latina esté confederada es imposible el triunfo o la permanencia de gobiernos nacionales antiimperialistas, como pretenden los Rivera, Ramos, etc. Es falso que el gobierno de Arbenz, de Guatemala cayera porque resulta imposible en los pequeños países centroamericanos resistir la colosal presión del imperialismo yanqui. Es falso que el gobierno de Perón cayera porque fue demasiado lejos en su política revolucionaria, como pretende ridiculamente Jauretche y sus amigos. Es falso que el único destino posible para un gobierno nacional antiimperialista que no desea ser barrido por el imperialisma sea vegetar, capitulando paso a paso y lentamente ante el imperialismo, como lo ha hecho el M.N.R., según pretenden Rivera, Ramos y Cía. La experiencia triunfante de la revolución cubana demuestra que si los trabajadores implantan su dictadura, barriendo socialmente a las clases explotadoras nativas, quinta columna del imperialismo, es perfectamente posible resistir la presión económica y aún la invasión militar. Ni Perón, ni Arbenz fueron derrotados por la infantería de marina o el bloqueo imperialista; fueron derrotados por movimientos internos de los explotadores nativos respaldados por el imperialismo. La experiencia de Cuba demuestra que no sólo en Rusia, no sólo en China, no sólo en Yugoeslavia, sino también aquí mismo, en América Latina, cuando los explotadores nacionales son expropiados social y económicamente, cuando las masas están armadas y en permanente movilización, no sólo el Estado obrero no debe temer contrarrevoluciones internas sino que, incluso, puede resistir con éxito invasiones masivas enviadas desde el exterior.

9. El gobierno obrero y campesino
En su aspecto político, el Estado obrero cubano es una dictadura revolucionaria de obreros y campesinos —en el sentido dado por el Programa de Transición de la IV Internacional redactada por Trotsky en 1938: «los representantes pequeño-burgueses de obreros y campesinos rompen su ligazón con la burguesía y toman el poder en sus propias manos» dándole un contenido «antiburgués y anticapitalista»— caracterizado por la ausencia de órganos de poder específicos a través de los cuales las masas ejerzan el mismo. El poder se halla en manos del movimiento castrista y entre éste y las masas no existe ningún mecanismo que permita a las masas controlar la conducción del Estado, y mucho menos ejercerlo por sí misma. Por supuesto, las masas tienen amplia y reiterada ocasión de manifestar su aprobación global a la política del gobierno castrista y así lo hacen periódicamente en la plaza pública y en el campo de batalla frente a la contrarrevolución. Pero en Cuba no existen órganos de poder de las masas. Esto implica obvios peligros de degeneración para el Estado revolucionario y corresponde a los marxistas realizar una enérgica campaña de esclarecimiento ideológico para subrayar la necesidad de democratizar en cada momento la conducción de la revolución cubana y estimular la participación de las masas en la dirección y manejo del Estado.

10. Los peligros que enfrenta la Revolución Cubana
El bloqueo imperialista, la constante amenaza de la contrarrevolución, indudablemente también la falta de claridad ideológica por parte de los dirigentes del movimiento 26 de Julio, han motivado un progresivo cercenamiento de las libertades democráticas de prensa y palabra. En esas condiciones, los agentes del Kremlin realizan incesantes esfuerzos para transformar la dictadura revolucionaria en una dictadura burocrática situada por encima de las masas trabajadoras y sustentada en el terror permanente ejercido no sólo contra los contrarrevolucionarios sino contra todas las corrientes revolucionarias que pongan en peligro los privilegios de la fracción burocrática, quintacolumná del Kremlin. Estos esfuerzos de la quintacolumna stalinista hasta ahora han logrado sólo pequeños éxitos y éstos más bien de carácter negativo han logrado envenenar el ambiente y dificultar el esclarecimiento ideológico de los problemas de la revolución, por ejemplo quemando libros trotskistas y atacando con la habitual furia moscovita a los trotskystas e impidiendo la colaboración en el proceso revolucionario de los militantes latinoamericanos sospechosos de trotskysmo. Sin embargo, la misma situación de fortaleza sitiada en que se encuentra Cuba —si bien favorece la restricción de las libertades democráticas— por otra parte dificulta enormemente el surgimiento o la consolidación de sectores burocráticos? con intereses materiales distintos a los de las masas, que son el elemento social necesario e imprescindible sin el cual resulta imposible erigir en Cuba una dictadura de tipo stalinista.
Los peligros de degeneración burocrática que enfrenta un Estado obrero levantado en un país atrasado son bien conocidos y han sido ya suficientemente analizados en sus rasgos generales por el trotskysmo. Cabe advertir, sin embargo, que en tanto el puño de hierro imperialista siga aplastado amenazante contra la nuca de la revolución cubana, el proceso de burocratización, las tendencias a la burocratización, se verán contrarrestadas por la incesante, movilización de las masas y por la misma ausencia o insuficiencia de privilegios que repartir. En este problema, la revolución cubana está todavía en pleno 1918. No hay burocracia en Cuba porque falta el sustractum material necesario para que se estructure una burocracia. Hay tendencias a la burocratización y peligros de burocratización.
La historia ha demostrado que las «medidas puramente políticas para vencer las deformaciones burocráticas» no resuelven la necesidad económica de la burocratización en un Estado obrero aislado. Los Soviets no pudieron soportar el aislamiento a que fueron sometidos por el cerco imperialista. El partido bolchevique tampoco soportó el embate. Esto no quiere decir que no sea necesaria la democratización del Estado Obrero Cubano. La estructura actual del poder facilita el desarrollo de las tendencias burocráticas y la mayor participación de las masas las frenaría. Sin embargo lo fundamental es el programa internacional de la revolución cubana. La historia ha demostrado que no es posible el desarrollo socialista en un solo país:
«La burocratización de un Estado Obrero, atrasado y aislado, y la tranformación de la burocracia en casta privilegiada omnipotente, es la refutación más convincente —no sólo teórica sino práctica— de la teoría del socialismo en un solo país.» (Prog. de Transición.)
El triunfo de las tendencias burocráticas sobre las revolucionarias es inevitable si la Rev. Cubana no se extiende: su futuro depende fundamentalmente de la perspectiva no sólo latinoamericana sino mundial. La economía de un país atrasado y aislado no puede desarrollarse lo suficiente como para eliminar la desigualdad económica, base social de la burocracia.
11. El Partido Comunista Cubano y el Partido Único
El mito del partido único, la teoría de la «unidad del partido y el Estado» y otras teorías semejantes son parte integrante de la ideología de la burocracia soviética y sus agentes en todo el mundo. La circunstancia histórica de que el partido bolchevique quedara aislado en el poder soviético, y que en plena guerra civil se haya tenido que prohibir la lucha de facciones dentro del mismo, ha sido posteriormente usado por el stali-nismo como justificativo para sustentar tales teorías. Pero semejantes conclusiones no se derivan de la concepción y el programa, marxistas, y es falso que formaran parte del programa bolchevique o hayan sido concebidas por los líderes revolucionarios de octubre.
Hoy en Cuba, el Partido Comunista está imponiendo la idea del partido único. En abierta contradicción con la realidad de la Revolución Cubana, se trata de unir los distintos movimientos que apoyan la Revolución en uno solo. Que esta idea es de paternidad stalinista o prueban las palabras de Blas Roca en agosto de 1960: «Nosotros creemos que con el desarrollo de la revolución y con su avance, con la coordinación, y la cooperación cada vez más estrecha, de las fuerzas revolucionarias, puede y debe llegarse, en el momento propicio, a la unión completa, a la fusión de todas esas fuerzas en un solo movimiento» (VII Conferencia del PSP Cubano, pág. 110).
La estrategia del Partido Comunista Cubano surge claramente de la actuación de Anibal Escalante en la organización de las ORI, denunciadas por el propio Fidel Castro.
Copan el Estado Obrero Cubano, usando las ORI como uno de los medios para ello, ayudados por las teorías del Partido Único y la unidad del partido y el Estado, y la disciplina que impera en todos los P.C. del mundo —que tratarán de imponer en las ORI— es el real objetivo del P.C. Cubano.

12. La crisis del stalinismo se agudiza
Cada vez que las masas trabajadoras de cualquier país de la tierra expropian a los explotadores y erigen un Estado Obrero la crisis del stalinismo avanza un paso más. Los tres mojones más importantes en el proceso de desintegración del stalinismo son Yugoslavia, China y Cuba. Desde este punto de vista, la revolución cubana es incluso más importante que la China por dos razones: es la primera revolución triunfante que culmina en la formación de un Estado Obrero sin la dirección de un partido comunista y sin la intervención del ejército soviético; y, además, es el primer Estado Obrero triunfante que surge en Occidente.
La creciente división en el seno del bloque socialista, y la constante revisión que se está realizando de la historia del poder soviético, son síntomas inequívocos de que fuerzas cada vez más poderosas están socavando las bases de sustentación de la burocracia soviética.

13. La Revolución Cubana y la burocracia del Kremlin
Siempre y en todas partes en que las masas trabajadoras toman sus destinos en sus propias manos y se levantan contra sus explotadores capitalistas, imperialistas o burocráticos, las maquinarias propagandistas de Moscú y Washington rivalizan en esfuerzos por ocultar la acción de las masas y confundirlas atribuyéndose —ya sea como cargo o como elogio— algo que sólo pertenece a las masas. Así vemos que cuando los trabajadores húngaros se insurreccionan contra la opresión nacional y burocrática del Kremlin, los propagandistas rusos se esfuerzan por demostrar que no son los trabajadores quienes se han levantado sino los agentes del imperialismo norteamericano; y, por supuesto, los propagandistas norteamericanos aceptan de buen grado el cargo y lo transforman en elogio. A la inversa, cuando las masas trabajadoras cubanas barren con todos sus explotadores, los propagandistas yanquis se esfuerzan por demostrar que no son los trabajadores, sino los agentes especiales del Kremlin los que están realizando la revolución y, claro está, los propagandistas moscovitas aceptan encantados la ofrenda y no hacen más que transformar la acusación en elogio. De este modo, los explotadores imperialistas y los explotadores burocráticos de la humanidad se las ingenian para barrer del mapa la presencia de las masas revolucionarias. Sin embargo pese al confusionismo prefabricado y al constante material de las máquinas propagandistas, los hechos emergen con claridad: a) El partido comunista cubano no estuvo ninguna incidencia en la conducción de la revolución, llegó a los postres, cuando todas las medidas decisivas para la edificación del Estado Obrero Cubano ya habían sido tomadas; b) siempre que el gobierno cubano ha debido enfrentar la presión o la agresión armada directa de la contrarrevolución imperialista, su única defensa ha sido la movilización armada de las grandes masas trabajadoras, armadas fundamentalmente con las armas yanquis que esas mismas masas le quitaron al ejército de Batista. Pero aun cuando las masas cubanas estuvieran armadas en un cien por ciento con armas de origen soviético, el hecho fundamental es que esas masas tomaron el poder con armas que no eran soviéticas, sin ayuda soviética y luego, desde el poder, habiendo construido su Estado Obrero, compran armas al Kremlin. Las relaciones comerciales entre la URSS y Cuba no involucran ninguna de las características de la depravación, que se observan en las relaciones entre la URSS y sus satélites de Europa Oriental. En Cuba hay técnicos rusos, están amigablemente rodeados por los trabajadores cubanos armados. También en Polonia o en Hungría hay técnicos rusos. Están amigablemente rodeados por el Ejécito Rojo y por los trabajadores polacos o húngaros desarmados. Esa es la diferencia entre un Estado Obrero creado y ocupado por la URSS militarmente, y un Estado Obrero independiente, creado por las masas revolucionarias, que entabla negociaciones con la URSS. La URSS trata y tratará por todos los medios de convertir a Cuba en un satélite, y si fracasa en su intento procurará venderla al imperialismo yanqui en el momento que le resulte más propicio para su estrategia mundial. Pero hasta ahora no ha podido lograr lo primero ni ha encontrado la oportunidad de hacer lo segundo. Que lo logre o no depende de toda la evolución de la situación mundial. Todo indica que los revolucionarios cubanos, o en todo caso un importante sector de ellos conocen bien la naturaleza de la burocracia rusa y los peligros que el trato con ella implica para todo movimiento revolucionario.

14. La política internacional de la URSS sigue siendo contrarrevolucionaria
El olvido y la ignorancia —dos premisas fundamentales en que se basan todas las políticas reaccionarias— han permitido en los últimos años el surgimiento de la teoría revisionista del cambio de carácter de la burocracia soviética. La defenestración «post mortem» de Stalin contribuyó a fomentar esa teoría. El tragicómico episodio de los cohetes «ofensivos» ha demostrado que el kruchesvismo es fiel continuador del stalinismo, dispuesto a canjear el destino de las masas y la revolución mundial en un acuerdo con el imperialismo.
«Salvar la paz» para la burocracia soviética a cambio de la derrota de la Revolución ¡ha sido la política de Stalin en China en 1926, en España en 1936, en Grecia en 1943, en Italia y Francia en la postguerra. Esa es la política internacional del kruschevismo en la actualidad. Si en Cuba no ha tenido las consecuencias funestas que tuvo en los casos anteriores, se debe fundamentalmente a que el control de Cuba no pertenece al Partido Comunista sino al Mov. 26 de Julio y a su líder Fidel Castro, a quien responden las masas, y también —aunque con menos importancia— a que por ahora el imperialismo norteamericano no está dispuesto a jugarse por Cuba.
El episodio de los cohetes ha servido también para que las masas cubanas y la dirección de la Revolución puedan medir hasta donde llega el apoyo soviético a la Revolución. Fidel Castro ha demostrado que el gobierno cubano ha sacado las conclusiones correspondientes de la actitud soviética, como lo demuestran sus palabras ante el Congreso de Mujeres.
«Quiero en primer lugar, dice que para nosotros la crisis del Caribe no está resuelta. Quiero decir que en nuestra opinión, en la opinión de la dirección revolucionaria de nuestro país, se evitó una guerra pero no se ganó la paz, que no es lo mismo.»
«Nosotros no creemos en las palabras de Kennedy, ¡pero es que Kennedy no ha dado ninguna palabra, además! Y si las dio ya las quitó».

15. La dirección de la Revolución Cubana
El Movimiento 26 de Julio y sus líderes han demostrado una gran capacidad para elevarse desde la ideología populista de sus comienzos hasta la realización de la Primera Revolución Socialista de América Latina. Muchos factores actuaron para posibilitar esta transformación de la dirección de la revolución paralelamente a los progresos de la misma. El más importante ha sido la capacidad de los líderes revolucionarios para captar las necesidades de los explotados y su resolución para superarlas basándose en los métodos revolu-
cionarios de las masas. Tal consustanciación entre líderes y masas ha sido la clave del empuje de la revolución cubana, y de la corrección de la línea política del gobierno cubano. Sin embargo, una característica de los líderes cubanos merece ser criticada porque es peligrosa para la Revolución, y consiste en. que los revolucionarios cubanos parecen ignorar la experiencia de más de cien años de lucha del proletariado mundial, y muy particularmente la historia de este siglo.
Los cuadros revolucionarios y la masa cubana necesitan un instrumento ideológico para combatir los peligros que acechan la revolución y ese instrumento es un programa político revolucionario que analice a fondo cuáles son las fuerzas sociales y políticas nacionales e internacionales que acetúan en Cuba, cuales sus intereses económicos y políticos, cuales apoyan la revolución y cuales son sus enemigos, y el camino y los métodos correctos para llevar la Revolución adelante. Ese programa sólo podrá ser elaborado sobre la base de la experiencia mundial los movimientos revolucionarios —especialmente de la Revolución Rusa— y su ausencia implica una falta de claridad ideológica por parte de los líderes revolucionarios que se convertirá —tarde o temprano— en una traba para la revolución.

16. La posición revolucionaria frente a Cuba
La posición marxista revolucionaria frente al Estado Obrero Cubano es: defensa incondicional del Estado Obrero Cucano. Dentro del Estado Obrero Cubano, en el marco de la legalidad revolucionaria, los marxistas acteúan como corriente reformista, que lucha para persuadir a las masas, a los cuadros revolucionarlos y a los dirigentes del Estado Revolucionario de la necesidad de una clarificación ideológica, y de la imperiosa necesidad de extender y profundizar la democratización del Estado Revolucionario.
Nuestra defensa del Estado Obrero Cubano está subordinada sólo a la defensa de la revolución latinoamericana. Por otra parte, en el marco de esta concepción fundamental, defendemos al Estado Obrero cualquiera sea la actitud del 26 de Julio respecto al marxismo y al trotskismo.
El Estado Obrero Cubano y el movimiento que lo construyó, el castrismo constituyen el máximo foco de atracción y la más poderosa influencia que han tenido a su alcance las masas trabajadoras latinoamericans. Todos los marxistas revolucionarios deben ser soldados de esa gran corriente revolucionaria continental, en cuyo seno deben luchar por dar claridad ideológica a su acción revolucionaria y para defender en todo momento y por encima de todo la concepción fundamental de que la revolución cubana así como no pudo mantenerse en las fronteras de la propiedad privada no puede ni debe tampoco detenerse en las fronteras territoriales de Cuba porque su porvenir está inseparablemente ligado al avance de la revolución en toda Latinoamérica.
La revolución cubana está siendo utilizada, en parte pese a sus dirigentes, en parte con el apoyo consciente o inconsciente de sus dirigentes, por sectores cuya función específica es confundir, desorientar y adular a las masas trabajadoras latinoamericanas en beneficio de las burguesías nacionales o el Kremlin. Veremos así como, el Estado obrero cubano está siendo utilizado para estimular el fetichismo de la URSS, al cual nada puede hacerse sin la URSS y todo depende de la buena voluntad con que Kruschev mire a una revolución; está siendo utilizado también para estimular el fetichismo de la táctica de guerrillas como supuesto único medio correcto para alcanzar los objetivos de la revolución latinoamericana; y como, en estrecha relación con lo anterior, el triunfo de la revolución cubana está siendo aprovechada para fomentar el fetichismo de los movimientos agrarios como únicos conductores posibles de la revolución en Latinoamérica. En fin, y esto es tan terrible como todo lo anterior, los elementos opuestos a las concepciones básicas del marxismo acerca de la revolución proletaria utilizan el ejemplo cubano para desarrollar y fomentar la teoría suicida de que es innecesario e inútil contar con una teoría revolucionaria puesto que la Revolución Cubana triunfó sin estos elementos y con sólo «activar». La tarea del marxismo es denunciar como oportunista tales interpretaciones de la Revolución Cubana.
Con el mismo énfasis con que se señalan las limitaciones ideológicas de los revolucionarios cubanas, deben señalarse sus dos grandes méritos en el campo ideológico: a) la perfecta comprensión de que el destino de la revolución cubana está indisolublemente ligada al destino de las masas trabajadoras latinoamericanas, resumida en la consigna de llevar a Sierra Maestra a Los Andes; b) la exacta comprensión de que, en no menor medida y a largo plazo, el destino de la revolución cubana está indisolublemente ligada a la lucha de los líderes, los intelectuales revolucionarios, y los traba-iucionarios cubanos han superado la vulgar xenofobia jadores norteamericanos contra su opresor que es también el de la mayor parte de la humanidad. Los revo-antiyanqui de los movimientos nacionalistas burgueses o pequeños-burgueses, y han adoptado una actitud proletaria revolucionaria ante el pueblo yanqui invitándolo a participar en la experiencia revolucionaria de los trabajadores cubanos y apelando a los sectores más dinámicos de la sociedad norteamericana, en particular los negros, para que acudan en defensa de la revolución cubana. Asimismo, los revolucionarios cubanos han apreciado la importancia de las corrientes marxistas revolucionarias que en EE.UU., luchan por la defensa de la revolución cubana y contra la burguesía imperialista yanqui. Así lo revela la actitud frente al Socialist Workers Party.
En la Argentina la lucha por la defensa de la revolución cubana implica fundamentalmente: 1) arranear a la vanguardia de la revolución cubana de manos de los elementos burgueses reformistas o stalinistas que utilizan la revolución en Cuba como pretexto para no ser revolucionarios en la Argentina; 2) desenmascaar la actitud traidora de la burocracia sindical y la direc-
ción peronista que dan la espalda a la revolución cubana; 3) señalar y desarrollar ante las masas el aspecto revolucionario del castrismo luchando contra el estandarte de fentes populares manejados por los sta-linistas y al servicio de los explotadores nacionales; 4) señalar al partido peronista como el principal agente de la creciente explotación y miseria que soportan las masas argentinas, desenmascarando la falsedad de la división entre las líneas «dura» y «blanda», que en realidad no son más que dos caras de una misma moneda. Los discursos «revolucionarios» de Framini y sus escribientes «rojos», sólo tienen por objeto chantajear un acuerdo «más digno» para la línea blanda en el frente integracionista en gestación con evidente apoyo gubernamental, y la reubicación de la burocracia sindical peronista ante la clase trabajadora, luego de haberla conducido a un callejón sin salida. Las interpretaciones de que las líneas «dura» y «blanda» responden a la extracción obrera y burguesa de cada tendencia es falsa, y sirve para fomentar el mito del «giro a la izquierda» del peronismo.
La liberación de la clase obrera y las masas explotadas argentina sólo podrá ser realidad si estos son capaces de romper sus ataduras ideológicas con la burguesía. Y los lazos más fuertes de tales ataduras son el peronismo y la burocracia sindical peronista. No aclarar a fondo y en cada momento, dejar la menor posibilidad de duda respecto al verdadero rol histórico del peronismo, es la mejor forma de postergar la Revolución en nombre de la cual pretendemos actuar.
Junio, 1963.
José Golan

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