EN EL URUGUAY DE HOY SE PUEDE ESTAR PRESO POR CUALQUIER COSA: POR RECLAMAR CONTRA UN DESPIDO O POR PEDIR AUMENTOS DE SUELDO, POR REPARTIR VOLANTES DENUNCIANDO TORTURAS O POR INTEGRAR UN JURADO LITERARIO O UN CONJUNTO CARNAVALESCO.
ES QUE LA DICTADURA CÍVICO MILITAR QUE DETENTA EL PODER ABSOLUTO DESDE JUNIO DEL ARO PASADO HA ENTRADO EN UN VÉRTIGO REPRESIVO. SE SABEN RESPONSABLES NO SOLO DE HABER HUNDIDO AL PAÍS EN EL TERROR Y LA PREPOTENCIA SINO DE HABER ACENTUADO LA DEPENDENCIA ECONÓMICA, EL ESTANCAMIENTO PRODUCTIVO Y HABER LLEVADO A LIMITES INAUDITOS LA MISERIA DEL PUEBLO.

UNA POLÍTICA DE SUMISIÓN AL IMPERIO
Mientras en la propaganda Interna la dictadura se presenta como la abanderada de un nacionalismo exaltado, su política exterior se caracteriza por la vergonzosa sumisión a la política norteamericana y su más fiel vasallo, la dictadura gorila de Brasil. Asi ocurrió en la conferencia de Caracas a fines de 1973 y en la posterior de Lima en que los representantes de la cúpula militar uruguaya se alinearon codo a codo con los planteos más ultraderechistas del continente.
En Caracas y en Lima, como ante cada instancia internacional, los gorilas uruguayos han levantado su voz y sus manos para defender las expresiones más brutales de la opresión imperialista, para atracar el menor atisbo de independencia y de dignidad nacional. Se han alineado con los intereses que hunden a la patria latinoamericana en el atraso económico, en el analfabetismo, la mortalidad infantil, la desocupación y la miseria. La sumisión del gobierno uruguayo a la dictadura del Brasil que se plasma en la presente penetración económica (cuantiosas compras de tierras, aumento de la inversión y en la presencia de oficiales brasileños en el servicio represivo). Tiene además otro significado: tiende a reproducir —148 años más tardóla hegemonía brasileña en esa parte de la cuenca pístense, hegemonía que sobrevino después que fuera
derrotado Artigas y la oligarquía latifundista y comerciante se abrazara al invasor.

UN PUEBLO EN LA ENCRUCIJADA
En el fondo para la pequeña República Oriental subyace una opción de hierro: con las actuales estructuras económico-sociales, con el actual sistema de propiedad de la tierra, de las fábricas y del capital financiero, el Uruguay no es viable, sus estructuras lo condenan al estancamiento y la miseria, en definitiva a la pérdida de independencia nacional.
Ante eso hay dos caminos: o reformas de estructuras de tipo socialista o la entrega de la soberanía del pais al mejor postor, expropiando a la Nación de su derecho a la autodeterminación, imponiendo simultáneamente —a sangre y fuego— una remodelación que convierta al pais en una gran estancia más o menos rentable.
La opción brasileña de la dictadura es no sólo la pérdida de la independencia nacional es también la consagración de las estructuras arcaicas, del monopolio canearlo en manos extranjeras, la consagración de privilegios irritantes para un puñado de oligarcas que implican la expulsión masiva de cientos de miles de orientales para quienes se cierran las fuentes de trabajo, para quienes no hay perspectivas de vida digna en el suelo patrio.
Como nunca antes, la nación oriental está amenazada con la dispersión compulsiva. Está al borde de su destrucción nacional.

PREPOTENCIA Y TERROR CONTRA EL PUEBLO
Para llevar adelante este proyecto, la dictadura cívico-militar oligárquica (que no es más que la continuadora desembozada de la política Iniciada en 1966) bajo la dictadura antinacional de Pacheco, Intenta hundir al país en el terror. Con una población que apenas sobrepasa los dos millones y medio de habitantes, el número de presos políticos asciende a siete mil, lo que constituye un 0,33% de la población: un índice impresionante, superior Incluso al índice de presos políticos de la Alemania hitlerista.
Desde 1972, la casi totalidad de los presos han sido sometidos a torturas y miles de ellos a torturas brutales. En el curso de los últimos meses murieron a consecuencia de los tormentos dos hombres Jóvenes: Gilberto Coghlan, dirigente de la Unión Ferroviaria y militante de la “Resistencia Obrera Estudiantil”, y Perrini Gauna, un comerciante de Carmelo, del Frente Izquierda de Liberación.

LOS DICHOS Y LOS HECHOS DE LOS MILICOS URUGUAYOS
Como se recordará, el proceso dé ascenso al poder político de las fuerzas armadas uruguayas atravesó un Jalón importante los días 7 y 8 de febrero de 1973. De esas fechas son precisamente los célebres “comunicados 4 y 7” en que los Jerarcas militares proclamaban sus propósitos de “defender la soberanía”, “combatir a los mono-pollos”, “luchar contra la corrupción” y “propender a una distribución equitativa de la riqueza pública”.
No faltaron entonces quienes entraron por el aro de la demagogia militar y se lanzaron a proclamar una “coincidencia objetiva” con el programa de los Jerarcas militares. Incluso se Intentó, desde el control burocrático del aparato sindical, celebrar el 1 de Mayo “como si fuera una fiesta” porque —se de-cia— ha llegado la hora en que los militares a los que se soñaba, como “nacionalistas tipo Perú” impulsarían un programa antioligárquico.
Expectativas de este tipo todavía ¡e podían oír durante el desarrollo de la huelga general de Junio del año pasado. Sin embargo, el movimiento obrero a través de sus sectores más fogueados y combativos (los gremios y agrupaciones de “la tendencia Federación de la Salud, Federación de la Bebida, el Sindicato de FUNSA, entre otros) apoyándose en la experiencia reciente y en los niveles de conciencia alcanzados por la clase obrera del pueblo resistente, le salieron al cruce a las ilusiones pretendidamente “perua-nistas”.
Bajo la consigna “La clase obrera no será furgón de cola de los militares” los sectores combativos impulsaron dentro del movimiento obrero una actitud peleadora y digna.
El peso del reformismo en el aparato sindical, la debilidad del movimiento obrero golpeado desde hace meses por la desocupación y
la represión, y el desarrollo todavía limitado y disperso de los sectores combativos, determinaron que la huelga, pese al heroísmo de mués y miles de trabajadores ocupando las plantas industriales, los sanatorios, las oficinas y los Bancos, no lograra sus objetivos.
A partir de ese momento, la represión no ha cesado. Simultáneamente, los abanderados de la lucha contra los “ilícitos económicos” se abrazan con los sectores más corrompidos de la burguesía. Pacientemente se han comenzado a divulgar los detalles de negociados fabulosos, y sin precedentes en la rica historia de corrupción que exhibe la oligarquía uruguaya.
Es el negociado de los Bancos Mercantil, Cobranzas, Aldabe, Sociedad de Bancos.
Negociado del que se benefician los principales grupos económicos que actúan en el Uruguay: la familia Peyrano Fasio. el Grupo Ferrés. Estos bancos han recibido del Estado una “asistencia financiera” del orden de unos 50.000.000 millones de pesos viejos. Ahora —cuando en Montevideo el dólar está arañando los $ 1.500 uruguayos— el Banco Central fija en $ 250 la cotización del dólar para la deuda de los bancos en liquidación. Difícil que exista en el mundo un fraude contra los intereses públicos más tremendo y más descarado que éste.

LA RESISTENCIA POPULAR
Después de la huelga, la resistencia ha asumido nuevas formas. En Diciembre fuero “ilegalizadas” por decreto trece organizaciones políticas, sus publicaciones prohibidas y sus militantes perseguidos.
Se intensificó entonces lo que en Montevideo se llamó, la “guerra de los muros”, una batalla entre el esfuerzo de cientos de militantes obreros y estudiantiles escribiendo consignas en las paredes y los esfuerzos de los equipos especiales destinados a blanquear los muros que gritaban la protesta popular.
Esta batalla propagandística forma parte de otra, más vasta y silenciosa que se libra a lo largo y a lo ancho en la sociedad oriental.
En agosto de 1973 la dictadura jugó la carta de un movimiento sindical castrado, colaboracionista, traidor. A esa tarea se dedicó de lleno el ministro de Trabajo y sobre todo el Ministro del Interior, Coronel Velentini, empeñado en acuñarse una imagen de hombre negociador y habilidoso.
El Coronel Velentini fracasó ruidosamente y el intento oficial de implantar el colaboracionismo en los sindicatos tropezó con la conciencia y la dignidad de los trabajadores. El movimiento sindical ha sido debilitado por la represión. Sus locales están clausurados, lo mismo que su prensa y sus audiciones radiales, sus dirigentes están perseguidos y encarcelados y sin embargo la rebeldía obrera no hace sino crecer. En las últimas semanas se produjeron movilizaciones en algunos gremios y la planta de Cristalerías del Uruguay fue ocupada en forma espontánea por sus trabajadores. La dictadura no permite elecciones en los sindicatos, pero allí donde se producen (caso del Dique del Cerro) triunfa la tendencia combativa y pese al respaldo militar los amarillos son aplastados.
Esta protesta y esta rebeldía popular que se percibe a nivel de masas no tiene —todavía— una expresión política propia, que sume los esfuerzos de todo tipo que se
hacen contra la dictadura. Las fuerzas políticas más numerosas ya se han pronunciado contra la dictadura y de hecho sus militantes y su actividad política están reprimidos.
Es justamente en el marco de esta situación política que hay que valorar la iniciativa lanzada —ya durante la huelga general— por la Resistencia Obrero-Estudiantil de trabajar por la concreción de un frente nacional de resistencia a la dictadura.
Un frente, con una confluencia de fuerzas políticas que permita aglutinar los esfuerzos que hoy se dispersan o los que surgidos espontáneamente de no Incorporarse a un proyecto político global, corren el riesgo de volverse sacrificios inútiles y por lo tanto nuevos motivos de decepción y desmoralización.
En esa dirección de trabajo político han comenzado a aparecer en Montevideo los primeros COMITÉS DE RESISTENCIA, impulsados desde abajo por militantes de la Resistencia Obrera Estudiantil y de la corriente combativa que integran el grupo 26 de marzo y los que Uderan Zelmar Michelini y Enrique Erro.
Estos Comités han lanzado la consigna de un “1 de Mayo con los trabajadores unidos en comités de resistencia”. Parten del rol cardinal que tiene que cumplir la clase obrera en esta etapa, como punto de referencia y aglutinador de los demás sectores explotados.
Los Comités de Resistencia son todavía una expresión incipiente y modesta. Tienen sobre sí la Inmensa responsabilidad de ir plasmando en miles de esfuerzos cotidianos, en barrios, fábricas y liceos la unidad combativa del pueblo oriental que aplaste la dictadura pro-brasileña que hoy nos somete.

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