Fue el hartazgo y al régimen se le conmovieron las estructuras. La dictadura de Ongania se consideraba ya consolidada después de casi tres años de gobierno militar. Eligió a Córdoba para darle otra vuelta de tuerca a su proyecto. Sumaron presión tras presión. Supresión del sábado inglés, quitas zonales, intentos corporativistas, represión. Hasta que el 29 de mayo de 1969 los trabajadores dijeron basta. Córdoba se incendió. Gritó. Rompió todo. Y el pueblo cordobés inscribió esa fecha como una de las más importantes en nuestra lucha por la liberación. Nadie pudo dejar de saber qué quiere decir Cordobazo. Allí se puso en práctica la experiencia acumulada en cada enfrentamiento y se dio un salto hacia adelante.
Después se escribió mucho. Salieron los intérpretes del régimen y se polemizó entre las fuerzas del pueblo. Como siempre, la práctica definió la polémica en algunos casos. A Ongania se le vino encima el “tiempo político” que tanto quería demorar en su estilo de conducción por etapas. El estilo de opresión que le dictaba el imperialismo. Allí estaba el pueblo recordándole la imposibilidad de dirigir solo y contra todos. Cuando comenzaron a hablar los “razonables”, esos que hablaron de la necesidad de una apertura —para que nada cambie— quedó claro que el onganiato se había físurado. Terminó por quebrarse después de otro 29 de mayo, al año siguiente, con el “Aramburazo” de los Montoneros.
¿Cómo se hizo el Cordobazo? ¿Qué hay detrás de tanta literatura que circuló? ¿Alguien puede atribuirse su paternidad? Para saberlo no se puede recurrir a la versión que nos dio el régimen; esa que habla de infiltrados, de grupos internacionales y de idiotas útiles. Había que ir y hablar con los compañeros. Con los que allí pelearon, organizaron y triunfaron. Con los que participaron espontáneamente. Es lo que decidió hacer El Peronista y cuyo resultado publicaremos en dos notas. En esta primera, recogemos el relato de un montonero que participó activamente en aquella gesta.

Los antecedentes
“Para hablar del Cordobazo y explicárselo hay que empezar desde 1966, cuando comienza la dictadura de Ongania. Aquí en Córdoba la única fuerza que rápidamente visualiza el contenido de ese gobierno, es el estudiantado. Porque la CGT al principio tenía esperanzas, pensaba que algo podia surgir de allí.
En ese año los estudiantes protagonizan las primeras tomas, el barrio Clínicas comienza a hacerse célebre y se va aprendiendo en la práctica de enfrentar a la policía en las calles. Todo eso, lógicamente, influye decisivamente en las definiciones políticas de las agrupaciones
que nuclean a los estudiantes. Existía el Integralismo, que se va mezclando con la Federación Universitaria Cordobesa, y luego de un período de desmovilización, en el 68 surge la CGT de los Argentinos y se constituye la Tendencia ¡Revolucionaria Peronista. Dentro del peronismo revolucionario existía el MRP y una división de este, el Peronismo en Lucha. Simultáneamente se produce la peronización del Frente Estudiantil Nacional (FEN), sector que después se separará de los que se alian con Guardia de Hierro. También estaba la Agrupación Peronista Lealtad y Lucha, los Comandos Peronistas de Liberación (CPL) y la Juventud Revolucionaria Peronista (JRP).
Es dentro de este esquema político en el que se producen
en el 68 todas las luchas gremiales conjuntas con el estudiantado. Se realizan paros y actos en común que casi siempre terminaban en la toma del Clínicas y replegándonos después hacia las barrancas, una zona de villas y monte donde la cana nunca se animaba a entrar.
Dentro de este proceso hay un acontecimiento importante y que frecuentemente ciertos sectores se olvidan de recordar. Es la primer asamblea gremial que se realiza en Córdoba a partir de Ongania. Empleados de Comercio, Luz y Fuerza y Panaderos logran reunir 500 obreros —no había estudiantes— para tratar problemas reivindícateos. Allí hablan Agustín Tosco (LyF), Ferreira (Empleados Públicos) y Godoy (Panaderos).
Por otra parte, en marzo de 1969 se concreta una reunión de la Tendencia Revolucionaria Peronista a la que concurren todos los grupos, incluidos el MRP, Integralismo y FEN.
Esta es la experiencia que va haciendo el pueblo. Por eso el Cordobazo no fue una cosa loca, sino que se venía gestando en enfrentamientos cada vez más refinados. Bombas Molotov, miguelitos en gran escala, se aprende la técnica de romper vidrieras, incendiar autos… Además, a partir de la muerte de Santiago Pampillón queda mucha bronca y se ve la necesidad de ajusfar las cosas. Aprendíamos cada vez más en los actos relámpagos con los que hostigábamos al régimen, se hacían frecuentes cortes de luz en el barrio Clínicas y se acumulaba
material para cada movilización.
Los activistas sentíamos que todo se ponía cada vez más pesado después de que en Corrientes mataron a Cabral, a Blanco y Bello en Rosario. Por eso una semana antes del 29 de mayo el peronismo revolucionario sacó un panfleto definiendo que la política correcta del momento era enseñar al pueblo a pelear y defenderse; incluíamos allí normas de seguridad, la técnica de formar grupos chicos con un responsable que surgiese del mismo grupo, la necesidad de dejarse guiar por los organismos, dos o tres modelos de
molotov y miguelitos, técnica para romper vidrieras y producir incendios. La gente se devoraba esas cartillas que distribuíamos en los barrios y a nivel gremial, fundamentalmente en SMATA y en la UOM a través de las listas azul y verde, respectivamente.
Había barrios en los que el trabajo desarrollado era importante; Bella Vista, Güemes, Talleres, Comercial y Libertador. En Bella Vista funcionaba un centro asistencial y en muchos de esos barrios se habían preparado materiales porque no “calculábamos que Íbamos a desbordar a la cana y preveíamos el repliegue a los barrios para resistir desde allí.
El FEN y los Comandos Pampillón trabajaban en el barrio Clínicas donde había un desarrollo organizativo muy importante. En ese barrio viven estudiantes provenientes de todo el país.
La “zurda” planteó desde el principio irse a los barrios porque definieron que en el centro no iba a pasar nada. Nosotros sabíamos que el avance de los obreros de SMATA, UTA y Luz y Fuerza iba a provocar cosas serias. Por eso estuvimos en el centro y en los barrios. Después,
muchos de esos grupos se atribuyeron la paternidad del Cordobazo, cuando ni siquiera estuvieron. El Cordobazo no tiene padres, es de todos y va mucho más allá de las agrupaciones y los sectores.

La batalla
Cuando cargó la caballería cerca de la UOM, tiran y hay un herido de bala. Al ver sangre, la gente lejos de retroceder avanzo. Llevaban gomeras y bolsitas llenas de tuercas y bulones. La policía se desbanda y avanzamos construyendo barricadas. Cada vez más, porque en otras zonas ocurría lo mismo. Así pasó cuando lo mataron a Máximo Mena, obrero de IKA…. Hasta que se toma todo el centro. La policía había huido y los pocos que quedaban nos decían “no muchachos, con nosotros no”, a pesar de que estaban armados con metralletas.
La gente de las casas y departamentos aportaba de todo. Cajones, carteles, cartones, muebles viejos; aparecen cubiertas por todos lados, además de las que habíamos almacenado. Con gritos se festejaba cada columna de humo negro que aparecía.
En muchos de los objetivos que se destruyeron siempre hubo dirección, compañeros activistas que daban indicaciones, pero esos lugares no habían sido seleccionados previamente sino que surgieron con espontaneidad. Todos hacían referencia a la opresión. El caso de la confitería La Oriental fue particular; de por sí era un lugar vedado a los trabajadores, pero además era ya el mediodía y ta
gente tenía hambre. Se dudó un poco, pero al final alguno arrojó la primera piedra. El incendio más llamativo fue el de la Citroen; se quemaron además del local, 30 coches. Se daban cosas ridiculas, como un tipo que le tiraba a un avión de reconocimiento con un rifle 22. La gente aplaudía desde las ventanas de las casas cada cosa que se hacía, nadie se oponía ni horrorizaba. La presión de la dictadura ya había llegado al máximo. Es cierto que prácticamente no había expresiones políticas partidarias o de grupo. Sí gravitaba la práctica tenida anteriormente y la precisión política para definir correctamente la realidad.

El repliegue
Se seguían haciendo cosas pensando que la cana iba a aparecer en algún momento. Pero no venía nunca. Al avanzar la gente va replegándose a los barrios. En el centro ya no había nada que hacer. Además se acercaba la noche, los de Luz y Fuerza habían cortado (a luz y se temían ataques por parte del Ejército que había salido a reprimir.
Esa noche los soldados se enloquecían cada vez que escuchaban un tiro. La mayoría eran 22 tirados al aire. Pero los soldados tiraban para todos lados. Un oficial contaba después que tenía miedo de no salir vivo a causa de los rebotes. En todos los techos del Clínicas había molotov y algunas armas, pero ya se veía que la cosa estaba terminada, el objetivo logrado. Entonces casi no se usó el material.
Es en los barrios donde continúa el hostigamiento a la cana y a la gendarmería. Allí también la gente, además de participar activamente, ponía de todo para las barricadas y se acumulaban piedras para agredir a la represión. También se aloja gente que no puede regresar a su casa. Varias veces se obligó a retirarse a los gendarmes. Cuento que sirve como ejemplo del clima que había, de la decisión con que se actuaba, porque eran la clase obrera y el pueblo los dueños de la calle y la ciudad; ocurrió en el barrio Los Plátanos. Ante una barricada se detuvo un jeep de la Aeronáutica y uno de los soldados apuntó con su fusil al pecho de un pibe; el pibe no sólo no se achicó sino que le gritó “qué querés matarme, tira, tira, hijo de p…”. Lo único que atinaron a hacer fue dar media vuelta y retirarse.
En otro barrio los milicos tienen que refugiarse en la iglesia porque la gente los corrían puteándolos. El pueblo no solo acepta la violencia, sino que después se hace cargo de ella y putea al ejército constantemente, lo apedrea, lo corre…

Las formas de lucha
Resultó claro que el Cordobazo no fue organizado, si bien los gremios coordinaron cosas para llegar al centro e intentar la concentración que se había programado frente a la CGT. Se habían organizado elementos a partir de tener claro que iba a haber enfrentamientos, pero no
se organizó lo que ocurrió. Estuvo presente la experiencia de lucha adquirida hasta ese momento y después se generó un hecho masivo que desbordó las conducciones existentes en ese momento. En ese sentido tuvo una cuota de espontáneísimo muy grande. Es un hecho donde las masas desbordan y las direcciones sindicales no saben qué hacer en un primer momento ante el asombro; después sacaron comunicados y se hicieron cargo de la cosa. Esta es la caracterización correcta y no considerar ai Cordobazo como el principio de la revolución según lo definen algunos grupos de la izquierda no peronista.
A partir de aquí se acentúa la discusión en torno a las formas de lucha correctas. Se acentúan dos diferencias importantes: los insurreccionalistas —es decir, los que ven en el Cordobazo la forma de lucha adecuada para tomar el poder si se generan en todo el país— y los que consideramos imprescindible arribar a formas superiores de enfrentamientos, respetando las posibilidades de levantamientos populares.
Nuestra definición lleva a ia necesidad de desarrollar las organizaciones armadas, consolidarlas como una herramienta imprescindible para poder golpear ai enemigo con continuidad. Los Cordobazos son hechos discontinuos, producidos en circunstancias concretas en las que juegan también la torpeza dejos gobernantes. En ese momento se habían juntado en Córdoba una serie de cosas como el problema de las quitas zonales, el sábado inglés, la creación del Consejo Económico Social, el problema de los trabajadores de UTA, la provocación policial… En estas cosas, además de la responsabilidad dé la dictadura, está la del gobierno provincial encabezado en ese momento por Caballero. Junto a este elemento, fundamentalmente todo lo que planteamos respecto del desarrollo de la lucha popular en Córdoba y la conciencia que las masas tenían de que podían desbordar a la represión.
Pero la continuidad es imprescindible para avanzar sobre el enemigo en todos los terrenos en que este presenta la lucha, incluido el militar como factor decisivo. Por eso nuestra definición acerca de (as organizaciones armadas, mostró que estábamos acertados”.

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