A las 9 de la mañana, la columna Oeste se concentró en Juan B. Justo y Granaderos. Las subcolumnas habían llegado de Morón, La Matanza, Juan Manuel de Rosas (ex 3 de Febrero), Merlo y Moreno. Que formaron una columna compacta. Y entusiasta. “Montoneros, Montoneros”. “Se va a acabar la burocracia sindical”. “Qué pasa, qué pasa general…”. Estos eran loa gritos que más se escuchaban.
—Juntamos mucha gente. —dijo a “El Peronista” un responsable de zona—. A pesar de que tuvimos problemas con loe colectivos. Choferes apalabra dos renunciaron un día antes del acto. Los choferes decían que debían cumplir servicios para Bienestar Social.
Sin embargo, y a pesar de estos inconvenientes, la columna Oeste logró reunir miles de manifestantes. En el trayecto, la columna fue detenida varias veces por patrulleros de la Federal. Después de sortear las “barreras”, se pudo alcanzar el cruce de Juan B. Justo y General Paz. Donde fue nuevamente detenida.
—Para pasar tienen que tener -una tarjeta blanca —dijo un oficial—. Es necesaria la autorización del Jefe de Policía y del ministro de Trabajo.
A pesar de la evidente provocación, los manifestantes permanecieron ordenadamente. Mientras tanto, los responsables de la columna negociaban el paso con el subcomisario Sánchez, de la Federal. Una vez que éste dio el permiso para pasar, los micros avanzaron por Juan B. Justo hasta Corrientes, por donde se dirigieron hasta Pueyrredón. Aquí se detienen los micros, y a las dos de la tarde comienza la marcha hacia la Plaza. A las tres, la columna .arriba al Obelisco. Y éste es un buen detalle para señalar: el numeroso “público” que se había apostado a lo largo de Corrientes y Diagonal Norte (gente mayor, familias con chicos, bastante temerosos por el clima de intimidación que se habia creado), aplaudió a la columna, que se identificaba claramente por sus estribillos y consignas. Desde varios edificios, además, se arrojó papel picado.
A las tres y media de la tarde, la columna ingresó en la Plaza. Avanzó por Rivadavia hasta Reconquista (muy cerca del Banco Nación). La consigna de “Qué pasa, qué pasa general, está lleno de gorilas el gobierno popular”, puso nerviosos a los integrantes de un grupo perteneciente a la JPRA, que se hallaba ubicado delante de la columna Oeste. Pero, al menos en
los primeros momentos, las cosas no llegaron a mayores.
Sí llegaron a mayores cuando comenzó la desconcentración. Cuando las columnas de los peronistas empezaron a abandonar la plaza, mientras el general Perón continuaba con su discurso. Es en esos momentos, que los peronistas de la Oeste (los que estaban más cerca de la JPRA) tienen que soportar el ataque de los matones. Por unos momentos, cunde la desorganización. Y se inicia una corrida, bastante desordenada, por Diagonal Norte hacia la 9 de Julio. Algunos manifestantes deben escapar por Florida. Es en estos momentos, que se ve caer mucha gente (mujeres, en su mayor parte). En la confusión, muchos de los caídos fueron pisados por los que venían detrás.
Los matones de la JPRA continuaban con su agresión (palazos, piedras, “baldozasos”) creando un clima de terror. Algunos compañeros trataron de reorganizar columnas, pero no pudieron.
—Hicimos bien en retirarnos. Que la UOM llene la plaza… Los matones nos corren con palos porque tienen miedo de quedarse solos en la Plaza —gritaba una muchacha que exhibía con orgullo una bandera argentina.
Media hora más tarde, la columna Oeste había logrado reunificarse. Gritando “Montoneros”. Y, “Si Evita viviera sería montonera”. En los rostros había cansancio. Y mucha bronca.

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