HUBO UNA ÉPOCA en la pre historia de la humanidad en que los prisioneros de guerra no tenían ningún valor y las tribus les daban distinto destino, según los casos. Unos los liberaban, si es que sus enemigos ya habían sido suficientemente golpeados como para no constituir peligro, otros los asimilaban, cuando no había grandes diferencias de por medio y otros, por fin se los comían, al no tener otra cosa con que paliar el hambre.
Tuvieron que transcurrir muchos siglos hasta que se desarrolló la agricultura v con ella la productividad del trábalo, con lo que el trabajo de un hombre podía aportar para algo más que su simple manutención. Así, cuando un hombre trabajando pudo producir un excedente del que otro podía aprovecharse nació la esclavitud. Los prisioneros dejaron de ser liberados, asimilados o digeridos para pasar a convertirse en esclavos.
Otros siglos transcurrieron y el desarrollo económico hizo nacer el capitalismo que no se conformó con proletarizar a sus propios pueblos: la esclavitud comenzó a surtir de mano de obra barata a las grandes plantaciones de algodón y tabaco en Norteamérica, de café y frutas en Sudamérica, especialmente en el Brasil. Fue entonces cuando Portugal, hace de esto cinco siglos, se convirtió en la principal potencia esclavista del mundo (tras la que se escudaba la democrática Inglaterra). Los audaces marinos lusitanos organizaron verdaderos “safaris” de negros en el África. La caza, tráfico y comercio de esclavos pasó a ser una de las “industrias” en que los portugueses descollaron. Triste privilegio del que todavía no se ha desprendido pues sigue siendo hoy día la potencia colonialista más rapaz, anacrónica y despiadada.
Desde 1930 regía ese país un régimen fascista de gobierno que haría las delicias de Onganía, Pinochet, López Rega y Llambí: sin congreso, sin más partido político que el oficial, con sindicatos estatizados, con censura hasta en los avisos clasificados y con una policía política que haría morir de envidia al mismísimo comisario Villar.
Más de cuatro décadas de Estado corporativo, autoritario, fascista y policial, lograron que el país se sumiera en la pobreza, con la más baja tasa de crecimiento económico de toda Europa y manteniendo a más del 30 y, del pueblo en el analfabetismo.

LA GUERRA COLONIAL
Claro que si los colonialistas portugueses estaban dispuestos a continuar explotando a sus colonias por los siglos de los siglos, los patriotas de Angola, Mozambique y las Guineas llamadas portuguesas hace trece años resolvieron combatir por su libertad y dieron nacimiento a una larga guerra de liberación, que hoy está dando sus frutos.
Como siempre y como en todas partes donde se lucha contra la opresión, primero se trató de ocultar esa lucha, después se motejó a los combatientes populares de “delincuentes” y “terroristas”, para finalmente ir admitiendo la existencia de un movimiento de liberación fuerte, extendido y en creciente desarrollo. A medida que la lucha popular se desarrollaba, llegando a liberar dilatados territorios, el régimen fascista redoblaba sus esfuerzos bélicos y aumentaba su presupuesto militar, con el desembozado apoyo de la NATO (Organización del Atlántico Norte, capitaneada por los yankis) y la repulsa de los pueblos del mundo. Solamente la existencia de un conflicto como el de Vietnam y el menosprecio de la “civilización occidental” por nuestros hermanos de raza negra, puede explicar que esa épica lucha no fuera más conocida. Se conocieron sí, una que otra denuncia de torturas, se condenó el vil asesinato de Amílcar Cabral (el revolucionario que descollara en la Tricontinental), pero poco se supo de esos guerrilleros que partiendo de las más modestas operaciones fueron pertrechan d o s e arrebatándole sus armas al enemigo hasta convertirse en verdaderos ejércitos de liberación nacional, capaces de enfrentar incluso la fuerza aérea, como pueden testimoniarlo los tripulantes de los dos bombarderos derribados el 20 de abril último por efectivos del Frente de Liberación de Mozambique (FRELIMO).
Justamente el desarrollo de la guerra popular en las colonias hizo agudizar la crisis del régimen en la metrópoli. Ya desde fines del año pasado se rumoreaba sobre descontento en las fuerzas armadas. Como suele ocurrir siempre en los ejércitos derrotados, cundía el desánimo y la deliberación.
El general Spínola publicó en febrero pasado su libro “Portugal y el futuro”, cuya principal afirmación era la de que en las colonias ya no era posible una victoria militar, por lo que había que dar paso a una “solución política”. Viniendo tales palabras de quien más eficazmente había dirigido la represión, no podía dudarse que los movimientos de liberación ya podían considerarse victoriosos.

REVOLUCIÓN EN PORTUGAL
El 25 de abril, un movimiento gestado en los niveles medios de las fuerzas armadas portuguesas derrocó al gobierno presidido por Marcelo Caetano, liberó los presos políticos en la metrópoli y en las colonias (a excepción de los guerrilleros prisioneros), eliminó la censura de prensa, posibilitó la libre acción de los partidos políticos, disolvió la policía política y encarceló a sus componentes.
El pasado de Spínola, sus ideas registradas en el libro mencionado y las declaraciones efectuadas pidiendo a los patriotas de las colonias que depongan las armas para después negociar la “autonomía”, prueban que en la cúspide del movimiento existe un sector dispuesto a no soltar las colonias. Ese sector pretende que Spínola juegue el papel que De Gaulle quiso jugar frente a Argelia: negociar una relativa independencia llamada “autonomía”, que haría integrar a las colonias una federación junto a Portugal, colocando a la garra imperialista un guante de terciopelo. Spínola, que no pudo ser el general de la victoria fascista, pretende convertirse en general de la retirada ordenada una retirada que dure largos años mientras se posibilita que los capitanes ‘de la industria y de las finanzas se apoderen del control de los denominados “territorios de ultramar”.
Pero también existe un fuerte movimiento de oficiales jóvenes, suboficiales y soldados que, hastiados de tanta ignominia, pretenden algo más que un cambio de máscara, tal como lo expresaron en sus desfiles del primero de mayo junto al pueblo. En vísperas de constituir el gobierno civil, en el que seguramente participarán 1 o 2 partidos socialistas y comunistas, arreciaban las conjeturas sobre el enfrentamiento entre las dos alas de la junta militar. La piedra de toque, el tema que dilucidará todas las posiciones, será la cuestión colonial. Los auténticos antifascistas sabrán comprender que “un pueblo que oprime a otro pueblo no merece ser libre”.

COMBATIR Y NEGOCIAR
Agostinho Neto, jefe del M.P.L.A. (Movimiento para la Liberación de Angola) hizo saber que su movimiento exige: 1) Ser reconocido como único representante del pueblo angolés, 2) La independencia inmediata y completa y no por etapas, 3) retiro inmediato de las fuerzas portuguesas del frente y su reclusión en cuarteles, 4) Paso de las labores de policía al MPLA.
El FRELIMO. de Mozambique, también exige la independencia inmediata, mientras su dirigente Moisés Machel anuncia una “ofensiva general”, destacando que no considera enemigos a los blancos que viven en la colonia si no están integrados a la “maquinaria represiva”, aclarando que muchos blancos participan activamente junto a sus hermanos negros en la lucha por la liberación.
Por su parte, Fofana Cheik, coordinador de los movimientos revolucionarios de Guinea, también reclamó la “independencia total e inmediata”, agregando que “Portugal no podrá ser un país democrático, ni se podrá creer en su voluntad democrática, mientras existan las colonias en África”. Está claro entonces que los patriotas rebeldes no solo no entregarán las armas, sino que tampoco las envaselinarán. Como ayer los vietnamitas, negociarán pero al mismo tiempo seguirán combatiendo, pues ha sido el combate duro e incesante el que los ha puesto en el sendero de la victoria.
La caída del régimen en Portugal ha sido positiva, pero se convertirá en revolución solamente cuando triunfe un sector de las fuerzas armadas, junto con las organizaciones populares. Y la señal de su triunfo será la aceptación de la liberación de las colonias sin ningún tipo de condiciones.

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