Uno es peronista y leal. El otro, un burócrata sindical que sólo moviliza a los traidores. El gobernador compañero Jorge Cepernic lo dijo bien clarito:

“Hasta aquí ha hablado el gobernador de Santa Cruz y se ha dirigido a toda la ciudadanía, con exclusión total de nacionalidad, de partidismo o filiación política. Ahora les habla el dirigente peronista que tiene para el pueblo de Santa Cruz, que cree en él, una inmensa responsabilidad.
Nuestro plan de gobierno se ve entorpecido; desde antes de haber asumido la función de gobierno. La responsabilidad que me cabe como dirigente peronista y soldado de Perón, es desnudarme ante los compañeros que me escuchan; es plantearles cuáles son nuestros objetivos en función de gobierno y cuáles son los obstáculos… El obstáculo tiene nombre y apellido. Concretamente, el gobernador de la provincia pide al ciudadano que va a mencionar que tenga la honestidad argentina, por una vez, de declinar el cargo para que la provincia de Santa Cruz avance hacia adelante. No podremos dar un paso más, si no renuncia al cargo de vicegobernador, el señor Encalada…”
Estas palabras eran pronunciadas el 23 de abril, en un mensaje dirigido por televisión a su pueblo, por el gobernador de Santa Cruz, compañero Jorge Cepernic. Apoyado por el pueblo santacruceño, por organizaciones gremiales, por los sectores políticos del peronismo y la Juventud Peronista, Cepérnic dejaba claramente marcada una situación que todo el pueblo de Santa Cruz ya conocía de hecho: la oposición obstinada, pero no incomprensible por sus antecedentes, del vicegobernador Eulalio Encalada a todos los proyectos que el ejecutivo de Santa Cruz ha presentado a lo largo de un año de gobierno para sacar de su estancamiento a la provincia. La segunda en extensión del país, y la primera en despoblamiento. La más austral de la Argentina; la más desprotegida, la más expoliada y la que, potencialmente, es una de las más ricas en recursos renovables y no renovables. Algo que no parece entender Encalada, un pertolero trenzero que recaló en Santa Cruz haciéndose fuerte en Caleta Olivia —la segunda ciudad de la provincia— y, desde allí, aliado con todo el matonaje “importado de Buenos Aires y con otros de la zona”, se ha propuesto como única meta destronar a un peronista que el pueblo eligió. Con sólo un objetivo: el poder económico que, para él y sus matones, puede significar chapar la manija como gobernador.
Al cierre de esta edición de “El Peronista” el conflicto no estaba aún solucionado. Cepérnic y Encalada están en Buenos Aires. El gobernador, con la seguridad y la fuerza que le da el conocimiento del total apoyo popular de su provincia. El vicegobernador, con el apoyo que suelen tener los trenzeros: alianzas inconfesables, relaciones importantes con ciertos figurones encaramados en el gobierno popular. Mientras tanto, en Santa Cruz, el pueblo espera. Con sus organizaciones populares alertas y dispuestas a la movilización inmediata en defensa de su gobierno peronista, frenado y cuestionado sólo por los traidores. Pero, como dijo un compañero, “no les va a ser fácil la traición que intentan. Aquí el pueblo sabe defenderse; organizado y movilizado por JP, JTP, Montoneros, Agrupación Evita, UES y JUP, sabe en que bando y con qué motivos se mueve cada uno. Cepernic tiene por peronista, por honesto e insobornable, el incondicional apoyo de esta provincia postergada”.

LA AMBICIÓN DE LA MANIJA
Los diversos sectores populares e incluso oficíales, consultados por “El Peronista” en Santa Cruz, coinciden en afirmar que el problema por el que atraviesa la provincia es, fundamentalmente, soportar la total ambición personal de poderío económico que consume al “dirigente” petrolero metido a vicegobernador, Eulalio Encalada.
Su cargo lo coloca también como presidente de la Cámara Legislativa, a la que utiliza para frenar los incontables proyectos que el gobierno ha presentado como primer paso hacia un objetivo primordial fijado por el peíonismo: cumplir con los postulados de un auténtico gobierno popular, elevando las condiciones socioeconómicas de un pueblo que durante 18 años esperó por su gobierno. Y ese gobierno representado por Jorge Cepernic —vale la pena recordarlo— ganó ampliamente con el apoyo del pueblo peronista, en la primera vuelta electoral y sin el apoyo de ningún frente de partidos.
Pero, como recuerdan los sectores consultados, el enfrentamiento existente en Santa Cruz no es de ahora. Subterráneamente, proviene de las luchas internas del peronismo. Cepernic, delegado provincial del partido, encabezó una de las listas en las elecciones internas del justicialismo en el 72. La otra llevaba a su frente a Juan Carlos Beni. Por supuesto, ganó ampliamente Cepernic. Pero es bueno recordar que Beni, actual senador e interventor en Formosa, contó con el apoyo de Hugo Peralta, secretario general de la muy cuestionada CGT local. Peralta ya estaba desde entonces en contra de Cepernic. En realidad, estaba en contra del verdadero peronista, porque el senador Beni cuenta con ciertos antecedentes colaboracionistas con la dictadura militar que no lo hacían potable para el pueblo. Aquí van algunos: abogado, fundador del partido neoperonista “Justicia Social” de Santa Cruz, Beni no tuvo ningún problema para desempeñarse como fiscal de Estado en la intervención federal de 1962 en la provincia; ni de cobrar y actuar como asesor del Ministerio de Desarrollo de Santa Cruz, durante la dictadura militar (en el período 66-68) con el interventor Raynelli. Como tampoco tuvo problemas en “borrarse” totalmente cuando llegaron detenidos a la provinica compañeros peronistas acusados de haber participado en Taco Ralo. Tanto Beni como Boris Gos (actual presidente de los legisladores separados por el Bloque Justicialista; asesor de la dirección provincial de Trabajo en la dictadura), se hicieron los distraídos cuando hubo que defender a los compañeros. Paradójicamente, sólo dos abogados radicales —entre ellos el actual presidente del Bloque de diputados de la UCR— se presentaron a defenderlos.

LA FUERZA DE LOS TRAIDORES
En realidad, la verdadera fórmula que el pueblo apoyaba para Santa Cruz, era Cepernic-Delfín Granero, otro símbolo provincial del peronismo. Pero la presión de las organizaciones gremiales —en aquel entonces las “62” estaban también controladas por Hugo Peralta y otros entre los que se destaca un tal Ludueña, conocido matón de Caleta Olivia— hizo colocar para el cargo de vicegobernador a Encalada. El vicegobernador se “hizo fuerte” en el norte de la provincia, fundamentalmente en Caleta Olivia, con la ayuda de los matones, claro, pero el pueblo está harto de matonaje. Y lo demostró el 8 de mayo cuando por unanimidad de los representantes peronistas y radicales, el Concejo Deliberante de Caleta Olivia, destituyó al intendente del lugar, José María Pagano, al que definen como “un títere de Ludueña y sus pistoleros”. Para reforzar esa actitud y demostrar que las decisiones populares son irrevocables, el pueblo santacruceño se autoconvocó para una gran asamblea que el domingo 12 se reúne en Caleta Olivia. Ella dará —afirmaron— el total apoyo al gobernador Cepernic. Porque los compañeros tienen claro que con lo único que puede contar Encalada en Caleta Olivia es con la fuerza de sus mercenarios.
En cuanto al supuesto ataque a Cepernic por parte del sector gremial, es bueno recordar que el único sector en contra el gobernador, es el del secretario general de la CGT, Peralta. Y no tiene apoyo: como buen burócrata, las bases no lo apoyan; ante su ataque a Cepernic, fue desacatado por 33 gremios que se autoconvocaron recientemente en San Julián, otra localidad de Santa Cruz.

EL APOYO DE LOS LEALES
Lo que ocurre, en realidad, es que Peralta y los otros traidores, sólo están apoyando.a Encalada también por un proyecto persona} : le interesa a Peralta un ministerio que, graciosamente Encalada le habría ofrecido “si logramos rajar a Cepernic”.
Pero todos los sectores del peronismo, además de la JP, están al tanto del juego; y se juegan a favor de Cepernic. También los gremios integrados en las 62 Organizaciones —donde están los más representativos— están a favor de Cepernic. Y el más numeroso de la provincia, la APAP (empleados públicos) otorga su confianza total al gobernador. La razón de este apoyo es, básicamente, la siguiente frase repetida por los distintos sectores provinciales: “Cepernic es el único que puede llevar adelante a Santa Cruz”.

LAS PRESIONES DE ENCALADA
Encalada se dedicó desde el primer momento a obstaculizar la gestión de gobierno de Cepernic. Los proyectos del ejecutivo enviados al legislativo, todas leyes imbuidas en una clara reivindicación nacional y popular —como el de la expropiación de las 650.000 hectáreas a los ingleses) (ver recuadro)— contaron sólo con el sabotaje de Encalada y los diputados que le son adictos, ocho “ortodoxos”. Para que también quede claro quiénes son los contrarios a Cepernic, los santacruceños recuerdan los antecedentes de algunos de estos “gorilitas ahora metidos a ortodoxos, el principal de ellos es “Tommy” Rodríguez, diputado por San Julián —donde están dos de las tres estancias que el gobierno provincial quiere expropiar—, cuyo mejor antecedente es haber encabezado una caravana que, desde esa localidad, llegó a Río Gallegos para apoyar fervientemente al último gobernador de la dictadura, Fernando García, cuestionado por el pueblo y el gremio más poderoso, APAP. Además están Darío Deocarets, diputado por Caleta Olivia, que es la expresión del matón Ludueña en la Cámara; Boris Gos, el “valiente abogado defensor de peronistas”, como lo ridiculizan en Río Gallegos; Casimiro Pablo Alvarez, que fue intendente de Río Gallegos durante la intervención de Águila, y que entró como diputado con el apoyo de la anterior conducción de las 62, aunque este sector gremial lo repudia en la actualidad. Y más o menos así son los antecedentes de estos diputados que ahora se golpean el pecho declamando una verticalidad y una lealtad a Perón que les sirve de excusa. Por ahora sólo se dedican a ostruir los proyectos de un auténtico gobierno popular. Pero la decisión del Bloque Justicialista de separar a estas “joyitas” se produjo en circunstancias muy especiales. Ocurre que ante el pedido de todo el Bloque Justicialista, Cepernic toma la decisión de separar de sus cargos al gerente y subgerente general del Banco Provincia de Santa Cruz. Claro que el gerente era el ex gobernador de la dictadura, García. Pero la bancada radical decide interpelar al ministro de Economía en relación con esa separación. Mientras los diputados justici alistas piden que, en virtud de que todo el bloque oficial había solicitado esa medida, fuera rechazado el pedido de interpelación, los ocho diputados hacen lugar al pedido radical que pasa a comisión. El bloque justicialista, integrado entre otros por Elsa Irene Martínez, Víctor Carrizo, Orlando Stirnemann, Pablo Ramos y Juan Carlos Rosell, considerando como una grave actitud antipartidaria el hecho, separó del cuerpo a los “ortodoxos”.
Con respecto a las dos huelgas que el gobierno provincial soporta —maestros y bancarios— cabe aclarar que los sectores enfrentados a Cepernic intentan enmarcarlas en el enfrentamiento Cepernic-Encalada, cuando ambas fueron decretadas con anterioridad a que el gobernador pidiera la renuncia de Encalada. La de bancarios, estructurada desde los niveles superiores por la remoción de García. La de docentes —que en muchas localidades no fue acatada— porque de loa 190.000 pesos de sueldo inicial que tiene un maestro en Santa Cruz, se quiere llegar a un mínimo de 400.000, sin escuchar la propuesta de Cepernic que lo elevaria a 290.000 pesos.

CEPERNIC: PERONISTA INSOBORNABLE
Según explican los compañeros de Santa Cruz, hay un gran orquestador de la campaña en contra de Cepernic. Se trata de un tal Rodolfo Rosemberg, puesto por Encalada con un suculento sueldo, como jefe de Prensa o un “título” similar, en la Cámara de Diputados de la provincia. Circulan las más variadas versiones acerca de Rosemberg: desde que tiene antecedentes policiales a que estuvo estrechamente ligado a los Servicio y a la CÍA en la dictadura. Incluso, que sigue ligado a ellos. Lo cierto es que Cepernic, no quiso utilizar sus “servicios profesionales”. Ahora lo utiliza Encalada. El gobernador asumió con toda responsabilidad su compromiso, como gobernante y como peronista. Como suele decir: “No voy a defraudar la expectativa del pueblo que me dio su confianza, que esperó 18 años para tener el primer gobierno peronista de Santa Cruz. No podemos ser un gobierno más. Y si no iniciamos, por lo menos la reivindicación de esta postergada provincia, ni vale la pena ser gobierno”. Por eso está claro para los auténticos peronistas que hay que sacar todos los obstáculos que pretenden ponerse a Cepernic. Fundamentalmente los malintencionados. Encalada es el principal de ellos.

EL VIAJE DEL DELEGADO JUÁREZ
Juárez, delegado normalizador enviado por el Consejo, desde hacía cuatro meses estaba ausente de Santa Cruz. Llegó repentinamente el 4 de mayo. En el aeropuerto lo esperaba el gobernador Cepernic. Pero se equivocó fiero el delegado: no eran bandas armadas las que estaban junto al gobernador, como afirmó después. Se trataba nada menos que de delegaciones de la policía provincial, la Federal y de Aeronáutica ; que habitualmente están en el aeropuerto. Todos coinciden en asegurar: “A lo mejor fue cierto que Cepernic le dijo: «Vayase Juárez que usted no es persona grata aquí». Y si fue cierto, un aplauso para el gobernador. Porque este Juárez no es desconocido en la provincia. El fue responsable de que el peronismo tuviera dos listas cuando vino para las elecciones internas del 72; es un trenzero prepotente que nunca entendió que el pueblo eligió a Cepernic como gobernador, no a él. Tampoco entiende, igual que Encalada, que esta provincia va a ser gobernada por el gobernador que el pueblo mayoritariamente eligió”.
Lo que resta es conocido: Encalada viajó a Buenos Aires para trenzar; busca el apoyo de Martiarena y del Consejo Superior.
Cepernic, invitado por Llambí, también viajó. La cosa, ahora, es quien triunfa en esto que es el futuro de Santa Cruz. O el ma tona je traidor. O el verdadero, insospechable y leal peronismo.
Encalada, ex cabo de música en la banda del Ejército a quien definen risueñamente como “más derecho que gancho de carnicería” y de cuya trayectoria peronista nadie se hace eco en Santa Cruz, donde sólo se lo conoce como “trenzero”, “traidor”, “oportunista”.
O Cepernic. Un insobornable peronista, viejo criollo santacruceño que mantuvo inclaudicables las banderas peronistas en Santa Cruz desde 1955 hasta el momento, asumiendo la histórica esencia revolucionaria del peronismo, del pueblo. En definitiva, como dicen las pintadas de la JP, esto va a ser, para Santa Cruz, “Liberación o dependencia”.
Y queda claro que esto no es sólo una consigna: es una realidad que los sectores populares y leales del peronismo van a defender hasta las últimas consecuencias.

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