AL PERONISMO NO SE LO CALLA CON LA CÁRCEL

HACE UN ANO el Pueblo Peronista liberó a sus combatientes. Desmanteló la legislación represiva de la dictadura. Abrió una etapa de liberación nacional que es como decir de justicia social para los trabajadores y todos los demás sectores del pueblo.
Hace sólo un año.
Ahora, seis obreros de Matarazzo son encarcelados por reclamar junto a todos sus compañeros aquella justicia social. Y serán juzgados por la nueva legislación represiva. Seis obreros que son un símbolo porque después siguieron otros 32 de la fábrica Gatic que están entre rejas. Por motivos similares. Y las ocupaciones se suceden, los conflictos, huelgas y movilizaciones ya son cotidianos.
¿Y qué peronista no hizo este 25 de Mayo la comparación con aquél de un año atrás?
Se votó por la libertad de los combatientes, el fin de las torturas y la represión contra el pueblo, por la justicia social. A un año de distancia tenemos nuevamente presos peronistas y torturados, obreros peronistas presos por exigir lo suyo, lo que les corresponde luego de 18 años de explotación gorila, y para colmo juzgados como asesinos.
¿Y qué peronista no llegará a la triste conclusión que aquí hay serios errores en la conducción que lleva adelante este gobierno elegido por el pueblo? ¿Cómo no vamos a concluir que se ha producido una peligrosa y profunda desviación en el proceso de liberación?
Y aquí el eje de esta política es el Pacto Social. Ahí están todas las claves, en especial de los principales errores que hay que corregir para que haya política de liberación.
Pacto social con represión. De eso hablamos muchas veces. Represión porque el Pacto no expresa los intereses de los trabajadores ni de los pequeños y medianos productores y comerciantes. Represión que es el candado con que se lo quiere mantener a falta de apoyo de los sectores interesados en el proceso de liberación. Esto lo dijimos muchas veces: ahora los resultados confirman lo que vinimos sosteniendo. Ahí están los obreros de Matarazzo para atestiguarlo,
los de Gatic, y los que vendrán de no variarse el rumbo. Porque las protestas continúan y ante la prepotencia de las patronales y la burocracia traidora las exigencias se hacen huelga, ocupaciones.
Ahora es necesario agregar otro elemento. En nuestro país, casi todos los proyectos económicos se frustraron por la magnitud del descontento y el cuestionamiento social que generaron. Es que los trabajadores peronistas, su experiencia de lucha, su conciencia, fueron siempre irreductibles. Las cifras, los argumentos redondos de los tecnócratas se estrellaron siempre allí. No fueron razones económicas, en general, lo que derrumbó tantas ilusiones.
Y este Pacto Social corre iguales riesgos. No será una excepción en tanto no dé respuesta al programa que votaron 7 millones de argentinos. Quienes lo conducen, los grandes empresarios argentinos, los principales beneficiados de hoy, no lo serán mañana. Y esta vez, de no modificarse los errores que lo hacen socialmente impracticable, quien cosechará ese fracaso será el imperialismo. También el gran empresariado nacional tendrá que morder el polvo de la derrota. Porque la represión no hace más que aumentar la combatividad de los trabajadores peronistas que no en vano tienen 18 años de resistencia y de lucha.
Y si no veamos lo que sucedió en Matarazzo: los obreros impusieron casi todas sus reivindicaciones; y no es un caso aislado.
Por eso la respuesta que se ha elegido —la represión— pretende ser más ejemplificadora. Y, un poco por ver que el piso se le mueve, pero también con el frío cálculo de quien sirve a sus patrones imperialistas, Otero aprovechó para lanzar su provocación: “Ante el recrudecimiento de actos reñidos con la ley en materia de ocupaciones de establecimientos fabriles… el Ministerio de Trabajo adoptará dentro de su esfera de competencia, las medidas correspondientes ello sin perjuicio de la intervención de las autoridades legales pertinentes, también Con competencia en las situaciones de violencia.” Dicho simplemente: intervención gremial golpeando con la ley de asociaciones
profesionales y cárcel a rolete usando la nueva legislación represiva.
Así es como la ley que se promulgó para poner coto a la ultraizquierda, a partir de los hechos de Azul, termina aplicándose contra los trabajadores peronistas. Esta es la verdadera pata de la sota. Esto es lo que los diputados de JP no estuvieron dispuestos a avalar. Por eso renunciaron a sus bancas.
A la ultra se la derrota con el pueblo movilizado, dando respuesta a sus legítimas aspiraciones. Esta es la más formidable defensa que puede tener un gobierno elegido por 7 millones de votos. Atrincherarse en la represión, conducida y ejecutada por los comisarios López Rega, Villar y Margaride es distanciarse del mandato del 11 de marzo, es atentar contra la unidad de las fuerzas populares.
Muchos hechos señalan, lamentablemente, que —hasta ahora— se eligió el último camino. Primero, ante lo de Azul, se prohibió la movilización en defensa del gobierno y contra la legislación represiva. Después, la policía reprimió a los peronistas que reclamaban la libertad del negro Quieto, dirigente Montonero. En Córdoba siguen encarcelados seis compañeros por defender la legalidad ante el botonazo de Navarro. Antes del primero de Mayo se apresó y torturó a Alberto Camps, Eusebio Maestre, Luisa Galli y Rosa María Pargas.
En síntesis, se golpea e intenta dividir a las fuerzas organizadas del peronismo que impulsan el programa votado el 11 de marzo. Se quiere acallar con cárcel y palos los reclamos de los trabajadores, columna vertebral del Movimiento Peronista.
Por último, la lucha contra el desabastecimiento, se desata contra los pequeños y medianos empresarios en vez de combatirlo donde se genera: en la oligarquía y las empresas monopólicas.
En definitiva se sigue una política que socava las fuerzas que impulsan la liberación y apuntala las de la dependencia.
El Pacto Social, así enlazado a la ley de Asociaciones Profesionales y a la legislación represiva une las tres patas de una política dirigida contra el proceso de liberación nacional. Y no será la cúpula que expresa a los grandes empresarios nacionales la que se lleve los laureles de este proceso. Mucho menos cuando se producen aciertos en la política exterior que son otros tantos incentivos para la reacción imperialista. Aguijoneando al coloso yanqui, y al mismo tiempo desorganizando y fracturando a las fuerzas populares, no resulta muy difícil predecir el futuro, avizorar un nuevo setiembre de 1955.
Y esto es lo que hay que impedir a cualquier costo. Porque no se trata de jugarla de brujos sino de luchar por revertir este proceso.
Por eso resulta absurdo criticar de apresurados a los obreros de Matarazzo, a los de Gatic, de Propulsora, a los maestros, los bancarios y tantos otros; mucho más el intentar reprimirlos.
En primer lugar porque no hay gobierno peronista si no hace lo que el pueblo quiere y en segundo término porque no hay liberación nacional si quienes están interesados en ella no son el sustento organizado del gobierno y, en última instancia, su principal defensa.
Por lo tanto lo que hay que reformular es el Pacto Social y no —demostrando que no se ha aprendido nada del pasado— pretender borrar por decreto o a palos la conciencia y organización de los trabajadores y el pueblo peronista. Si no, todo saltará por los aires.
Quede claro entonces que lo que le criticamos los peronistas al Pacto no es que sea un camino muy lento, sino que no es el camino. Le criticamos que no sea peronista.
No se puede olvidar que los 7 millones de votos no son sólo un número, cantidad, son también un mandato y una fuerza poderosa cuando se les da respuesta cotidianamente. Hoy, a un año de gobierno popular, ya no tenemos esos 7 millones de votos. Y, sin ninguna duda, hacen y harán falta.

MIGUEL LIZASO

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