1º de Mayo: ¿Quién ganó? ¿Quién perdió?

Cada día que nos alejábamos del 1° de mayo y cada día que nos veíamos con más compañeros, iba creciendo la importancia de lo que pasó en esa Asamblea sin acuerdo entre Perón y el Pueblo. ¿Quien salió ganando con ese enfrentamiento?
A fuerza de responder tantas veces a la presunta: ¿qué pasó? hecha por tantos compañeros: fuimos comprendiendo que los hijos del 17 de octubre habíamos completado una historia iniciada en ese mismo lugar ese día. Los trabajadores y el pueblo que se reafirmaban peronistas, convocados por Perón este 1º de mayo, habían cambiado algo en estos casi 30 años. ¿Qué cosas habían cambiado?
A lo largo de esta editorial vamos a intentar contestar estas dos preguntan.

Quién salió ganando con ese enfrenamiento, entonces.
Este gobierno, el gobierno de Perón, fue elegido por el voto mayorítario de los trabajadores y el pueblo argentino que buscan la liberación. Y que no quieren la dependencia.
El poder de Perón, a su vez, nace de su relación con las masas.
Y las masas lo llevaron al gobierno para hacer la liberación. Si se deteriora la relación de Perón con las masas —como ocurrió este 1º de mayo— la que gana, entonces, es la dependencia.
Quien sale fortalecido de este deterioro es nuestro principal enemigo: el imperialismo yanqui. Porque la fuerza multitudinaria que debía tener Perón y su gobierno y en la que puede apoyarse para una política de liberación, se ha resquebrajado.

¿Y qué cosas cambiaron este 1º de Mayo?
El hecho fundamental es que después de casi 30 años, por primera vez no hubo acuerdo entre Perón y las masas. Y para entender esto conviene ver algunos hechos que caracterizan a lo que pasa hoy en el Movimiento Peronista.
Así, por ejemplo, hay que señalar dos hechos que se complementan: uno que la Plaza no estaba a la altura de lo esperado, no solamente de la burda propaganda de la comisión organizadora que preveía millones, sino de la experiencia peronista de las últimas grandes movilizaciones como el 20 de junio y el 26 de mayo. Más aún si se tiene en cuenta que era la primera vez, después de 19 años, que Perón se reunía con el Pueblo en la plaza para convalidar su política de gobierno.
Pero si la cantidad no fue la esperada, fue más llamativo aún que los asistentes en su gran mayoría concurrieran encolumnados. El mayor número correspondiente a las diversas agrupaciones conducidas por los Montoneros y un número mucho menor en las columnas de las organizaciones sindicales y de las distintas agrupaciones adheridas a la política de la JPRA.
Y esto habla de que los asistentes fueran, en su gran mayoría, activistas. Es que en etapas de avance de las masas éstas se expresan por sí mismas, como ocurrió el 25 de mayo y el 20 de junio. En épocas de retroceso, como la que se inicia con la masacre de Ezeiza, las masas son expresadas por los activistas.
Por eso es falso afirmar que en la Plaza de Mayo no estuvo el Pueblo, y no estuvo la clase trabajadora. Por qué entonces habría que creer que los activistas son una rara especie humana que se cría y desarrolla en invernaderos. Los activistas son parte de ese Pueblo, son parte de esa clase trabajadora, son quienes los expresan en su nivel más alto de conciencia y es imposible separarlos.
La presencia del activismo y la escasa participación del conjunto de compañeros peronistas no encuadrados hablan de otras dos razones: 1º) La política desmovilizadora del gobierno, con su permanente y sistemático ataque a todas las formas de organización popular, y 2º) la falta real de motivos para que los compañeros que no son militantes concurran.
La política del gobierno no genera las adhesiones suficientes como para que el conjunto de los compañeros se sienta interesado en movilizarse para expresarlo. La convocatoria oficial de “Conformes General” no fue compartida por los trabajadores y el pueblo para que estos quisieran movilizarse y expresarlo públicamente.
Como contrapartida la mayor presencia que se da es en aquellos que justamente pedimos que se corrija la política en el gobierno y en el movimiento. Esto significa muy concretamente el casi nulo papel movilizador de la burocracia que así, y cada día con mayor fuerza, se ve reducida a su expresión del aparato superestructural.
Y aquí encontramos la causa de porqué está defendiendo a punta de pistola sus aparatos.
El vandorismo que siempre se movió entre su coincidencia con los intereses imperialistas de las empresas que les garantizaban sus millones y su poder y la necesidad de hacer buena letra dentro del Movimiento; con la llegada de Perón al Gobierno quiere hacer coincidir las dos cosas, se quiere apoderar del Movimiento y desde allí
servir al imperialismo. Y esa es su batalla. Pero a medida que va sorprendiendo que pierde el Movimiento —porque no tiene representatividad—, tiene que acudir a la violencia para mantener sus puestos. no sólo en los sillones de los sindicatos, sino su poder en el Movimiento. Y esto es así porque si pierde a éste —al poder en el Movimiento— quedará reducida a lo que realmente es: una burocracia irrepresentativa que defiende los intereses de los capitalistas y los imperialistas.
Lo que pasó entonces en la Plaza fue la expresión más clara de la fractura en el Movimiento Peronista. Y esto expresa a su vez la inexistencia actual del Frente de Liberación Nacional. Porque no puede existir un FLN con el Movimiento Peronista fracturado, ya que éste es la columna vertebral del Frente por albergar en su seno al conjunto de la clase trabajadora.
Y lo que pasó en la Plaza fue la ruptura de la verticalidad de Perón. Y esto no ocurrió porque se retirara la mayor parte de los asistentes, sino precisamente por lo que motivó esta retirada: la ruptura —por primera vez en casi 30 años— del diálogo entre Perón y las masas. Porque la verticalidad nace precisamente de allí: del diálogo con las masas que al expresar allí sus intereses y encontrar también allí una respuesta positiva a su planteo, asumen la verticalidad ante quien las representa.
Y esto que se planteó en la plaza con los activistas presenta un serio riesgo a nivel de las masas: el riesgo de que se dé una fractura en las masas.
Y aquí se presenta el riesgo de dos desviaciones: la que desvaloriza y no toma en cuenta la experiencia histórica y de lucha del Movimiento Peronista y la de creer que quienes nos retiramos de la Plaza somos todo el Movimiento Peronista.
Ni la una ni la otra. El Movimiento Peronista sigue siendo la única forma de avanzar por el camino de la Liberación Nacional hacia la construcción del Socialismo Nacional.
En cuanto a la representatividad del Movimiento Peronista, esta fractura encuentra que la mayor parte del activismo está identificada con los intereses del pueblo y de la clase trabajadora y el proyecto de Liberación; y son elementos minoritarios del activismo, vinculados a la burocracia sindical, los que se encuentran del otro lado.
Frente a esto es que nosotros nos proponemos la más amplia discusión en las masas para superar así las diferencias secundarias que se dan dentro del campo popular. Porque esto es lo que no quiere el imperialismo, que pretende fracturar a las masas.
Porque no quiere esto el imperialismo es que su punta de lanza, la burocracia vandorista, sus sectores aliados en el gobierno y sus bandas parapoliciales, recurren al asesinato, a la intriga y a la mentira. Porque pretende convertir diferencias que son secundarias en principales y así fracturar a las masas. En ese marco se inscribe, por ejemplo, el asesinato del compañero Padre Mujica a manos de sus bandas armadas.
Lo que se plantea ahora, entonces, es qué pasa a partir de la fractura; fractura que beneficia al imperialismo.
Porque acá, de todos modos, hay cosas que rescatar porque significan avances en el campo del pueblo.
La organización de las columnas, muchas de ellas venidas de las provincias má3 distantes; la retirada espontánea y masiva de esas mismas columnas, asumida inmediatamente por la conducción de todas ellas, habla de un nivel de conciencia y organización que hasta ahora no se había alcanzado. Habla de una conducción centralizada que representa los intereses de ese conjunto de columnas y agrupaciones que se hicieron presentes en la Plaza para lograr que se retomara el rumbo de este gobierno popular. Y esa conducción fue ejercida por la organización Montoneros.
Es a partir de allí, de esa lealtad a los intereses de los trabajadores y el pueblo peronista que debe comenzarse la recomposición del Movimiento Peronista.
Y aquí aprendimos dos cosas. Dos cosas que significaron una derrota y un triunfo. Porque la ruptura del diálogo con Perón fue una derrota del pueblo y un avance del imperialismo. Pero allí mismo, e íntimamente ligado, hubo un triunfo. La lealtad expresada por el conjunto mayorítario de los asistentes venidos de todas partes del país significó la posibilidad concreta de recomponer el Movimiento Peronista sobre la base de esa misma lealtad.
Esto es un triunfo sobre el imperialismo.

Miguel Lizaso

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