General: El peronismo no esta de acuerdo

Y pese a todo esto fue una asamblea popular. Histórica luego de 18 años de proscripción, pero también la más dolorosa. Algo que daba continuidad al Movimiento desde el gobierno y en la lucha desde el llano, se ha roto este 1″ de Mayo en la Plaza: el pueblo no fue consultado por Perón; no nos preguntó qué opinábamos de 11 meses de gobierno. En escasos 15 minutos —con prolongadas interrupciones— expuso lo que piensa de los trabajadores, de sus luchas, de sus organizaciones. Y el pueblo no estuvo de acuerdo, lo expresó a los gritos con sus consignas y cantos, pero sobre todo vaciando la Plaza a medida que el General hablaba. “Finalmente compañeros, deseo que continúen con nuestros artistas que también son hombres de trabajo; que los escuchen y los sigan con alegría”, recomendó. Pese a que en el palco presidencial las caras crispadas denotaban otro clima. La gente tampoco estaba para juergas y se siguió yendo, sin alegría, con dolor, con rabia, con mucha bronca. Entre los palos de los matones a sueldo, que también recibieron lo suyo, y los gases de la Policía de Villar.
Pero vayamos al principio. Esto fue una asamblea popular, aunque el General no se puso de acuerdo con su pueblo. Y, lo que es peor, no quiso escucharlo, dialogar con él. Y todo el aparato represivo y propagandístico que se montó para hacer de esto una fiesta para espectadores pasivos se vino al suelo. Todo fue inútil; el pueblo siguió siendo el actor principal, dijo lo que pensaba y abandonó la Plaza cuando ya todo estaba dicho. “No queremos carnaval, asamblea popular”, coreaban los trabajadores. Y para poder gritarlo vinieron de todo el país, con sus organizaciones verdaderamente representativas, las nacidas en muchos años de lucha, mientras la burocracia llamaba a que los peronistas del interior se quedaran en su casa. Atravesando la campaña de provocaciones v amenazas, la intimidación policial en cada provincia y, por último los cordones de la represión desde la General Paz. Sesenta mil peronistas organizados tras las consignas montoneras llenaron de vida la Plaza hasta ese momento con muchos artistas y escasas personas. Con ellos entraron los trabajadores que querían y conquistaron la asamblea popular. Y los intimidados resultaron los canas y matones, que no supieron para dónde patear ante la marea de los trabajadores que los desbordó.
Perón inició su discurso y después del tradicional “compañeros …” la Plaza se desató al grito de Montoneros. De ahí en adelante el diálogo de sordos: “No me equivoqué ni en la apreciación de los días que venían ni en la calidad de la organización sindical, que se mantuvo a través de veinte años, pese a estos estúpidos que gritan”, amonestó Perón.
Y el pueblo replicó con “se va a acabar la burocracia sindical” y la pregunta con la que los peronistas fueron a la Plaza: “qué pasa General que está lleno de gorilas el gobierno nacional”. A cada párrafo la fractura se agudizó, algo que nunca conoció el peronismo en 30 años de historia. Increíble desencuentro entre el pueblo y su líder, esta vez cara a cara, sin chivos emisarios de por medio, sin cercos ni brujerías. Y tampoco fue la automarginación de grupos esclarecidos; más del 60 por ciento de los concurrentes le dio la espalda al General. La Plaza casi vacía ya no fue insinuar un descontento, sino la afirmación de un desacuerdo, de un rechazo; con dolor, con bronca y tristeza, pero con decisión.
Y este hecho, guste o no, es lamentablemente el suceso trascendente de la jornada. Más allá de que el General se haya jugado por la burocracia sindical, como lo venía haciendo cada vez con más energía en los últimos meses. Perón perdió la calma, llamó a la represión. Nada que ver con la Unidad National que delineó esa mañana en el Congreso. “Por eso, compañero, esta reunión en esta Plaza, como en los buenos tiempos, debe afirmar la decisión absoluta para que en el futuro cada uno ocupe el lugar que corresponde en la lucha que, si los malvados no cejan, hemos de hacer”. Fue un llamado a la represión, a la guerra interna, porque la gran mayoría de los trabajadores dio media vuelta y se fue; los únicos que aplaudieron a más no poder fueron los de la pesada sindical y las 18.000 personas que arrastraron. Y esto no pasaba en los buenos tiempos cuando el líder llamaba a la lucha contra la oligarquía con aquel cinco por uno.
Pero será una represión que sólo podrán bancar los aparatos represivos y el matonaje de los sindicatos, porque la voluntad popular que se expresó este 1º de Mayo dijo que no. Y esa voluntad popular es insoslayable para un gobierno que quiera expresarla. Hace hoy 20 años que en este mismo balcón y con un día luminoso como éste, hablé por última vez a los trabajadores argentinos”, evocó Perón al inicio del discurso. Agreguemos nosotros lo que afirmó precisamente en aquella oportunidad: “He dicho muchas veces que el gobierno no tiene otro soberano que el pueblo. He dicho muchas veces que cuando el pueblo se equivoque, el gobierno se va a equivocar con el pueblo. Y he dicho también que nosotros, como gobierno, no estamos para discutir las decisiones del pueblo, sino para hacerlas cumplir al pie de la letra”.
Esto es lo que fuimos a buscar los peronistas este 1º de Mayo. Y no lo encontramos. Y Perón cometió el error de olvidar lo que él mismo nos enseñó: gobernar no es mandar, es persuadir.
Además, el final de la asamblea popular demostró que no se puede llamar infiltrados a quienes expresaron la voluntad mayoritaria de los concurrentes. Porque para que los haya, tiene que haber un mar en el que sólo sean un frasco de tinta. Pero en la Plaza se retiró el mar y quedó el frasco de tinta. Por eso la consigna que cobró fuerza en ese momento: “Conformes General, conformes los gorilas, nosotros a luchar”. Y la única verdad es la realidad. Y esta realidad no nos puede alegrar, pero tampoco podemos dejar de constatarla en toda su peligrosidad. Porque aquí gana el imperialismo. Los monopolios y la oligarquía que durante 18 años de proscripción y lucha intentaron permanentemente dividir al pueblo de su líder, bu-rocratizar al Movimiento Peronista, convertirlo en un partido político domesticado. Y en este 1º de Mayo ha sido un grave error suyo, General, lo que ensanchó esa brecha que siempre buscaron los enemigos del pueblo. Esta brecha, a la hora definitiva de defender el gobierno, no la llenará ni la policía ni las Fuerzas Armadas ni la burocracia sindical, como quedó demostrado aquel 16 de setiembre de 1955. Ahí sólo contará el pueblo, el pueblo organizado. Con las organizaciones que gestó en los años de lucha, sin los dirigentes que lo traicionaron.
Y esto lo saben muy bien los trabajadores, por eso, pese a todos los obstáculos y provocaciones, fuimos a llenar la plaza para dialogar, para que el pueblo dijese lo que pensaba, para que decidiese. Pero no nos engañemos, una cosa es que los trabajadores en su gran mayoría se hayan ido al no ser escuchados y muy otra es que le regalemos el peronismo a los burócratas que quieren desnaturalizarlo. Porque la esencia revolucionaria del peronismo es el pueblo movilizado y participando en las decisiones de su gobierno y de su Movimiento. Y nosotros seguimos reafirmando que por eso somos peronistas. Y por eso seguimos reivindicando el proyecto de liberación nacional votado por el 80 por ciento de los argentinos el 11 de marzo, o sea la unidad nacional encabezada por los trabajadores. También por eso rechazamos la guerra civil que sólo favorece a los intereses de la dependencia.

MIGUEL LIZASO

Tags: , ,