La misión Gelbard a los países socialistas puede considerarse como exitosa. No sólo por los acuerdos comerciales, que son muy importantes, sino por las derivaciones políticas entre las que descuella el anuncio del viaje del general Perón a Moscú. En países como la URSS los éxitos suelen medirse por consideraciones de carácter formal: el lugar que un dirigente ocupa durante un acto, el tamaño de las fotos que se publican, la importancia de sus acompañantes y hasta el tiempo que determinados funcionarios otorgan en sus audiencias.
Gelbard fue recibido por Breznev en una entrevista que tuvo un desarrollo inusualmente largo y los otros dignatarios soviéticos no le fueron en zaga a Breznev en sus coloquios comerciales. Los diarios moscovitas le dedicaron 4 columnas de su primera plana y la televisión le hizo lugar en sus principales programas informativos, que se transmiten en cadena a toda la URSS.
En lo específicamente económico sobresale el crédito, por un equivalente a 600 millones de dólares con destino prefijado a obras hidroeléctricas. La adquisición de maquinaria y equipamiento para la represa hidroeléctrica del Salto Grande, que se desarrollará en forma conjunta con el Uruguay, la terminación de El Chocón, la construcción del complejo Alicurá en la provincia de Río Negro y de dos estaciones termoeléctricas en La Plata y Rosario permitirán DUPLICAR LA PRODUCCIÓN DE ENERGÍA PARA DENTRO DE TRES AÑOS. No resulta fácil cuantificar la importancia que estas obras tendrán para el desarrollo económico del país, aunque se puede decir que —en su esfera específica— serán de una importancia excepcional.
Se considera que la Comisión Comercial argentino – soviética, instituida como consecuencias de este viaje y que ya comenzó a funcionar, concretará aportes soviéticos para la explotación de carbón, petróleo, siderurgia y química pesada. Por otra parte, la Argentina exportará a la URSS algunos ramos que contienen alta tecnología, y además carnes, arroz, frutas y jugos concentrados. En lo que hace a la carne, tiene trascendencia por cuanto significa diversificar mercados, o sea contar con nuevos mercados que puedan suplir los problemas que se susciten en otros, como los que en la actualidad están surgiendo con el Mercado Común Europeo.
Entrar por Moscú ha significado no sólo entrar a la URSS, sino por su puerta introducirse al conjunto de Europa Oriental. Las posteriores escalas en Polonia, con importantes acuerdos en materia pesquera y en Checoslovaquia, que es uno de los países industrialmente más desarrollados, no hacen sino confirmar la magnitud de la apertura iniciada.
Pero no debe descuidarse el otro aspecto de estos convenios comerciales.
Uno de los aspectos buscados por todo el accionar oficial es la reactivación económica, a la cual apuntan, fundamentalmente, los acuerdos de exportación firmados con los países socialistas.
Y acá parece claro que la reactivación podrá lograrse, pero a costa de uno de los objetivos definidos como fundamentales por el gobierno nacional —y así esperado y exigido por los trabajadores—, la redistribución de ingresos.
Esto es así porque para que las empresas decidan invertir debe tener aseguradas condiciones mínimas: quienes les compren y que esto sea a precios rentables.
La exportación es una forma para ello. La otra, por la cual están peleando hoy la gran mayoría de las empresas —sobre todo las de segunda línea que no pueden participar de los negocios de exportación— es el aumento de los precios.
Ambas formas atontan contra la redistribución de ingresos.
El aumento de precios ya se sabe por qué. Y la exportación porque resta productos del consumo interno. Sobre todo si se trata, como en el acuerdo firmado con la URSS, de bienes de consumo masivo como la carne, el arroz y las frutas. En su primer gobierno, el general Perón había definido que antes que la exportación —de la cual se benefician sólo un puñado de empresas que participan de, ese negocio— debía asegurarse el abastecimiento del mercado interno.
De lo contrario se estaría financiando o subsidiando el desabastecimiento de la población.

EL VIAJE DE PERÓN
Cuando allegados al general, como el comisario López Rega, hacían trascender noticias sobre un inminente viaje a Brasil, se conoció imprevistamente la aceptación de una invitación efectuada por los gobernantes de la URSS para viajar a Moscú. Indudablemente, el general Perón se orienta en su política exterior a buscar apoyo, para encontrar espacio político dentro del juego de las grandes potencias para su proyección latinoamericana.
El viaje a Moscú ni es un simple tour propagandístico ni constituye una adhesión al socialismo. Es nada más ni nada menos que una apertura de gran estilo en el campo internacional, reconociendo la existencia de la política mundial de las grandes potencias. Lo triste es que un anuncio de tal magnitud se viera ensombrecido por la noticia de que Perón recibirá ai carnicero Pinochet, cuando éste pase por nuestro país en su viaje hacia el Paraguay.

LOS PELIGROS DE LAS SUPERESTRUCTURAS
De la misma manera que en política interior no bastan los acuerdos con las dirigencias de los partidos para sentar una verdadera alianza antiimperialista, en política exterior no son suficientes los acuerdos y maníjeos con las grandes potencias para sustentar una acción independiente.
Los países árabes son un claro ejemplo de lo que es una política exterior que pretende ser independiente y que no tiene sustento en el plano interno. Pocos países han recibido en el mundo tanto apoyo como Egipto, por parte de la URSS. En lo económico, la construcción de la represa de Assuan, y en lo militar la dotación de todas sus fuerzas armadas con los más sofisticados pertrechos, entre ellos la fabulosa red de misiles antiáreos, no fueron suficientes para que Egipto pudiera continuar la guerra contra Israel cuando las grandes potencias se pusieron de acuerdo y se terminaron los abastecimientos masivos.
La guerra entre Israel y Egipto-Siria terminó cuando se concretó a sus espaldas un acuerdo entre las grandes potencias. Egipto que no podía movilizar efectivamente a su pueblo porque en lo interior rigen todavía las más arcaicas relaciones sociales, dependía para la guerra fundamentalmente de la ayuda exterior. Si se pretende cimentar una política exterior independiente solamente aprovechándose de las diferencias entre las grandes potencias, se estará siempre a la merced de los acuerdos entre aquellas, que existen y se hacen sentir aún a costa de los pueblos coloniales.
Claro que cuando, como en el caso de Vietnam, todo un pueblo se siente consustanciados con la política desarrollada por sus dirigentes, y la lucha contra el enemigo exterior corre pareja con la liquidación de las injusticias en lo interno, el apoyo de terceros es sumamente útil. Lo de afuera es bueno, es necesario, pero no es lo más importante. Si se cuenta con un pueblo unido, clarificado, sin enemigos a sus espaldas, la lucha por la liberación puede desarrollarse aún sin apoyo externo, arrebatándole las armas si fuera necesario a nuestros propios opresores.
Pero cuando se carece de ese sólido frente interno, ni los SAM 7 ni los MIGS ni los AK sirven para nada.

LA HORA DE LA VERDAD
En estas cosas, más tarde o más temprano, llega la hora de la verdad. Ya en otras épocas el general Perón abrió puertas hacia el bloque soviético. La exposición industrial de la URSS en Buenos Aires terminaba de levantarse en 1955 cuando los gorilas perpetuaron la Revolución “libertadora”. Justamente, si se continúa con una incrementada corriente de intercambio con los países socialistas, si se siguen recibiendo créditos (que por sus condiciones distan mucho de ser imperialistas), si la dependencia del país hacia los yanquis se ve amenazada de verdad, entonces habrá llegado el momento en que la conspiración imperialista, unida a la oligarquía interna, se haré sentir con toda su fuerza.
Los mismos que hoy cantan loas al gobernante “equilibrado” no vacilarán en montar una campaña e infamias y cargándole el sanbenito de comunizante atropellarán contra el gobierno elegido por el pueblo. Será el momento en que se verá que ni los comisarios Villar, Margaride y López Rega servirán para nada, que los burócratas al estilo Miguel y Otero que tan útiles suelen ser para lograr que el pueblo no dialogue con Perón y le diga sus verdades, serán absolutamente inútiles para movilizar trabajadores y que la burguesía que se aprovechó del Pacto Social para enriquecerse como nunca, estará presta a saltar de bando en búsqueda de nuevos negocios.
La soberanía reside en el pueblo y solo el pueblo puede enfrentar con éxito a la agresión imperialista. Lo hemos dicho una y mil veces y no nos cansaremos de repetirlo mil veces más. Y si se gastan cantidades millonarias en altoparlantes para acallar la voz del pueblo en Plaza de Mayo, si miles de policías son movilizados para oponerlos al pueblo, si diarios, radios y canales de televisión reciben indicaciones precisas de deformar la verdad de lo ocurrido entre Perón y las más legitimas expresiones populares, mientras se toleran los manejos internos de los monopolios, entonces será muy difícil convencer a los trabajadores de salir a la calle a pelear por su gobierno. Si todo esto se hace mientras se asesina a Chejolán por el “delito” de ir a reclamar sus derechos ante López Rega, se llama a que “truene el escarmiento” contra los combatientes populares y se incita a los parapoliciales a cometer todo tipo de atentados, cuando se produzca otro 16 de setiembre estaremos en las mismas condiciones de 1955.
Política exterior y política interior no pueden marchar separadas mucho tiempo. Una y otra tienen sus propios tempos, pero también se encuentran umbilicalmente ligadas. Los enemigos de fuera tienen sus socios adentro, que son tanto más peligrosos porque podemos confundirlos con los nuestros. No es difícil luchar contra un enemigo que porta su propia bandera, se enfunda en su propio uniforme y da vivas a su propia patria. Pero la confusión campea cuando pelean contra nosotros enarbolando nuestra bandera, vistiendo nuestro uniforme y vivando nuestra patria. Por eso, la lucha antiimperialista pasa por la lucha contra los monopolios imperialistas clavados en el cuerpo de nuestro país como sanguijuelas que le chupan la sangre. Y esto solo es posible con la organización y movilización popular.

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