La misión es clara. Dialogar con las juventudes latinoamericanas. Conocernos. Estrechar filas frente ai enemigo común. Ir dibujando la Patria Grande. Transmitirnos experiencias. Eso es lo que fue a hacer a Panamá la numerosa delegación de compañeros que ya regresó. Es lo que siguen haciendo Güllo, Vidaña, Marzocca y Ventura en México y Cuba. Desde esos países, estos relatos exclusivos del enviado especial de “EL PERONISTA” que acompaña a la delegación.

El miércoles 16 de abril el grueso de la delegación peronista que había sido invitada por el general Omar Torrijos a Panamá retornaba a la patria. Quedaban en el pequeño país centroamericano cuatro compañeros encargados de proseguir con la tarea de establecer contactos con la Juventud latinoamericana: Juan Carlos Dante Güilo y Roberto Vidaña de JP, Mario Marzocca de JTP y José Pablo Ventura de JUP. Siguiendo el plan original del viaje y en cumplimiento de lo establecido con la juventud panameña los cuatro compañeros tenían que seguir viaje: partir hacia México, visitar Cuba y Perú y retornar a la Argentina.

Tras un trabajo intenso en Panamá durante el miércoles y jueves la delegación partió hacia México.
Dentro del plan original México incluía apenas tres días de permanencia. Las tareas a desarrollar eran intensas, la realidad mexicana compleja y se disponía del tiempo justo para cumplir con la misión. La visita se extendió, sin embargo, por una semana. El plan original, que exigía en un tiempo escaso observar un riguroso plan de discusión y profundizaron política con diversos grupos juveniles mexicanos, tuvo que ser alterado por la delegación. Es que la gestión de la embajada del pueblo peronista en la República de Panamá había creado expectativas hasta en las esferas de gobierno mexicanas. Tanto que entre las alteraciones a aquel intenso plan original figuró una entrevista con el Presidente Echeverría, otros contactos oficiales y entrevistas con el periodismo.
La delegación comenzó a trabajar casi inmediatamente de su llegada a México. No sólo había que invitar a la juventud de este país al encuentro latinoamericano, tal cual las propuestas de JP tratadas y acordadas en Panamá, sino que había que mantener contactos y establecer discusiones con los grupos de juventud de México. Y había que acercarse, conversar, preguntar, interiorizarse en las cuestiones fundamentales de los sectores populares del país.
El ritmo y la capacidad de trabajo logrados tras doce días de actividad acelerada en Panamá, rindieron sus frutos en tierra mexicana. A pocas horas de su arribo la delegación de JP ya estaba en contacto directo con los grupos representativos de la Juventud de México, ya comparaba las impresiones recibidas con los conceptos y datos que poseían previamente sobre el país y su pueblo.
Durante el fin de semana se intensificaron las reuniones con grupos de juventud. JP tuvo encuentros con el Movimiento Nacional Juvenil Revolucionario, con el Partido Socialista Popular, con la Confederación de jóvenes mexicanos, los Comités de Lucha, etc. Hubo reuniones con las fuerzas oficialistas, con grupos de cierta oposición formal y también con aquellas fuerzas políticas revolucionarias que están más allá de la influencia poderosa de la estructura política oficial. En todos los casos hubo acuerdos Los necesarios para avanzar en el tratamiento de las propuestas de JP. El eje antiimperialista y de solidaridad latinoamericana sobre el que debían girar las conversaciones, el reconocimiento a los gobiernos y procesos liberadores de nuestro continente y la problemática general de los sectores populares de latinoamérica.
El domingo por la mañana la delegación argentina fue invitada al acto de inauguración de un monumento a Lázaro Cárdenas. Los peronistas se hicieron presentes en este acto de homenaje a una figura importante para el proceso nacionalista y revolucionario de América Latina. Lázaro Cárdenas es un nombre ligado a la recuperación del petróleo mexicano, a una política agresiva frente a los embates antipopulares del imperialismo yanqui y las oligarquías mexicanas. JP, que desde su arribo a Panamá se había comprometido a que su solidaridad con los pueblos hermanos no quedara en palabras, no podía faltar a la inauguración del monumento al hombre que, en cierta etapa, representó cabalmente los intereses de su pueblo.
En el acto estaban presentes las más altas autoridades del gobierno. Entre los oradores estuvo el ex embajador mexicano en Chile, durante el pinochetazo. Tras reseñar la clara actitud de soberanía adoptada por su país durante el gobierno de Cárdenas, el ex embajador trazó un paralelo con la situación actual. Describió puntualmente sus experiencias en el golpe cipayo de Chile, denunció la política de hambre y entrega, de tortura a los militantes del pueblo y de represión a los justos reclamos del pueblo que se esconde tras la pésima poesía “democrática” de quienes han montado uno de los más feroces aparatos de represión y asesinato de América.
Terminado el acto el Presidente de México, licenciado Luis Echeverría, se retiró del palco. Al pasar frente a la bandera y su escolta Echeverría se cuadró y la saludó. Y después se dirigió hacia adonde estaba situada la delegación argentina y le estrechó la mano. Y Güilo, Ventura, Vidaña y Marzocca quedaron invitados para visitar al Presidente en la mañana del día siguiente en la residencia de Los Pinos.
La reunión con Echeverría resultó de sumo interés, los variados temas tocados la extendieron por varias horas. Echeverría comenzó hablando del peligro de la dominación imperialista y las diversas formas, algunas sutilísimas, que ésta utiliza para penetrar a un pueblo económica, política y culturalmente. Se refirió luego a la política exterior mexicana, a la búsqueda de mercados y tecnologías ajenas a la esfera del imperialismo, se extendió sobre su Carta de Derechos y Deberes de los Estados, que presentara en el último Congreso de la UNCTAD.
Poco después la delegación argentina le expuso su propuesta del encuentro latinoamericano de juventudes. Le explicaron que el encuentro ya contaba con el acuerdo de la Juventud y del gobierno panameños. Echeverría se interesó vivamente. Se generalizó entonces un diálogo rico sobre el rol de la juventud latinoamericana, la necesidad de la organización y movilización permanente de los organismos juveniles en los procesos claramente antiimperialistas. En ese sentido Echeverría concordó en la necesidad de “jóvenes rebeldes y no jóvenes con mentalidad colonizada que se convierten en paladines del imperialismo, en tecnócratas a los que les importa más el crecimiento de la riqueza abstracta y ficticia que en la necesidad de modificar las estructuras económicas, políticas y sociales que mantiene a millones de latinoamericanos insatisfechos, marginados, postergados”.
Explicó Echeverría que “la juventud mexicana que se ha sacrificado a lo largo de la dura historia de nuestra patria, merece un lugar destacado en la administración y el gobierno del Estado”. Ejemplificó este concepto con algunas medidas que propugna y cumple el actual gobierno. Entre las que citó merecen ser mencionadas la reforma a los límites de edad de los diputados que, de 30 años como mínimo, ha pasado a un mínimo de veinte. También manifestó que el cambio se había producido en materia de política exterior. Que los embajadores mexicanos son en la actualidad hombres jóvenes, hombres decididos a transformar a las embajadas, entes tradicionalmente administrativos, en herramientas políticas.
Durante el transcurso de la reunión se incorporó a ella el embajador peruano en México, Dr. Benavídes Correa, uno de los creadores materiales de la Revolución en su país.
Cuando Echeverría supo que el plan original de la delegación era abandonar México en ese mismo dia. insistió en la necesidad de que el grupo permaneciera en el país durante algunos días más. “No se pueden ir”, decía, “sin conocer el interior de México, sin conocer las necesidades y desvelos de mi pueblo”. La delegación decidió, entonces, permanecer en México.
En un clima ya informal, el grupo conversó sobre los pormenores del viaje. Al enterarse de que los peronistas seguían luego viaje a Cuba les aconsejó no dejar de interiorizarse sobre tres áreas que interesan fundamentalmente al presidente mexicano: la salud, la agricultura y la educación.
Cuando se levantó la reunión los compañeros de la delegación vieron confirmada su certeza de que el encuentro a realizarse a instancias de JP sería de vital importancia para toda la juventud de América Latina. Para practicar su apoyo, Echeverría propuso la formación de un grupo para acompañar a la delegación de JP en el resto de la gira.
Durante los días posteriores a su entrevista con el Presidente mexicano la delegación continuó con sus encuentros con los diversos grupos juveniles. Fue invitada, además, como única delegación extranjera al XII Congreso de la Confederación de Jóvenes Mexicanos.
Los contactos no se redujeron a los núcleos juveniles. En la necesidad de profundizar en el complejo proceso que vive la política mexicana, los miembros del grupo tomaron contacto con todos los núcleos y organizaciones que se mueven en el terreno de la política azteca. Así Mario Marzocca, de JTP, se reunió en repetidas oportunidades con jóvenes dirigentes sindicales para estudiar la situación laboral y sindical de México y estableció, además, lazos firmes para futuras reuniones y acercamientos.
Pablo Ventura, por su parte, tuvo encuentros con grupos universitarios de la capital mexicana. El movimiento estudiantil, prácticamente liquidado tras la impresionante matanza de Tlatelolco en 1968, reaparece ahora en rápido desarrollo. En ese sentido el Presidente intenta un acercamiento difícil a un sector fuertemente sensibilizado por una de las masacres más cobardes de la historia del estudiantado de América latina.
Güllo, Marzocca, Vidaña y Ventura tomaron contacto además, con la situación angustiosa del campesinado de México. Hubo, por ejemplo, visitas a dirigentes rurales, recorridas por algunas regiones del sur de México y conversaciones con campesinos humildes que la delegación llevó a cabo para cumplir con uno de los objetivos generales que animan esta gira por Latinoamérica: reunirse en cada país, en cada región visitada, con los auténticos representantes del pueblo, con los trabajadores, con los compañeros que en nuestra Argentina, en Perú o en México, componen nuestra identidad de Patria Grande.

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