La intervención activa de los trabajadores en la historia nacional modificó para siempre el ordenamiento previo a 1945 e iba a impedir la institucionalidad estable de la restauración colonial intentada en 1955. En este artículo escrito dos meses después del derrocamiento de Perón, en momentos en que aviones de combate aterrorizaban barrios obreros como Avellaneda, amenazando con una masacre, vibra ese convencimiento. Los 18 años posteriores de la Resistencia confirmaron para nuestro país la tesis de que los intereses del imperialismo resultan inconciliables con los del proletariado nacional de los países dependientes, o sea que la unidad política y de organización de los trabajadores, a escala nacional, es la columna fundamental de las fuerzas de la Liberación Nacional.
Por su importancia, incluimos este texto inédito (escrito para el periódico El 45, el cual no lo publicó) que anticipaba valientemente el proceso argentino que habría de legrar el retorno de Perón a la patria.

Hablemos con claridad. A dos meses de la caída del gobierno constitucional, el país busca a tientas su rumbo. La pacificación nacional no le entrevé. Y un interrogante sombrío se cierne sobre el destino nacional. A sesenta días del triunfo de la revolución libertadora, que contó con el apoyo de importantes sectores sociales —oligarquía, clases medias, Iglesia y parte de las fuerzas armadas— el panorama es el siguiente: esas fuerzas que antes de la victoria estuvieron unidas tras la consigna de la lucha de la libertad contra la tiranía, por la heterogeneidad y confusión de sus Objetivos económicos, políticos y sociales, manejados desde el exterior, una vez conquistado el poder asisten a un proceso de descomposición ideológica, en el que se conjugan no sólo esos intereses antagónicos, sino concepciones opuestas sobre los fines proclamados por la revolución de 1955.

  • La Revolución Libertadora
  • La revolución encabezada por el general Lonardi ha desatado fuerzas que amenazan su existencia misma, a través de la pugna interna de los grupos militares por el poder, y tras la cual se mueven intereses extranjeros invisibles, en medio de un país desgarrado por el odio entre hermanos, y en consecuencia, desarmado ante lo ofensiva imperialista. La segunda conclusión es que frente a la revolución, cuyos grupos se enrrostran mutuamente errores y traiciones, se levanta otro hecho al que se hace necesario analizar y valorar en toda su importancia nacional. Este hecho está dado por la unidad de las fuerzas vencidas, concentradas alrededor de un partido nacional, y que en la derrota, mantiene vivas las banderas de la independencia económica y la soberanía política.
    ¿Cómo explicar que un partido desalojado del poder por un golpe militar victorioso, convierta simultáneamente a ese partido, en árbitro de un pleito nacional que no podrá resolverse sin su participación? Tal hecho se explica por la presencia de una clase obrera organizada en escala nacional.
    En efecto, las sucesivas crisis del gobierno provisional han girado, directa o indirectamente, alrededor de la Confederación General del Trabajo, y de la táctica a seguir frente a ella. Pero este hecho nuevo, al mismo tiempo prueba que la solución del problema nacional no podrá alcanzarse, sin la participación de la clase trabajadora en nuestra historia. Clase trabajadora argentina, convertida en un factor decisivo, aunque no único, del destino nacional.
    Es indispensable, por eso, examinar las nuevas condiciones creadas por esta presencia de las masas trabajadoras en la Argentina actual, y calcular sobre esta base el desarrollo de los próximos acontecimientos.

  • La clase trabajadora entra en la historia
  • El 17 do octubre de 1945 podrá ser una fecha odiosa para muchos. De hecho lo es. Pero los procesos históricos son más fuertes que las pasiones humanas y los intereses de las clases reaccionarias.
    Esa fecha significa la aparición de la clase trabajadora en el escenario de la historia nacional. Las masas han sido siempre actores de la Historia. Y hoy conocen su misión. Esta es la diferencia entre el pasado y el presente argentino. Quienes pretendan impedir la gravitación de la clase trabajadora argentina en el proceso histórico contemporáneo, imitan al filósofo del cuento, que creía refutar la existencia del mundo exterior con sólo cerrar los ojos.
    Es por eso una utopía reaccionaria, intentar reducir a los trabajadores —como lo proclama el gobierno provisional— a la mera acción gremial. Gremialismo y política son la doble faz de un mismo fenómeno. Es verdad, que una de esas fases, el sindicalismo, importa la defensa de intereses comunes asociados a reivindicaciones salariales. Pero la manifestación de este defensismo económico es siempre política, por ser política la naturaleza del hombre y social la función del proletariado dentro del proceso de la producción y de la lucha nacional.
    No es casual que las clases conservadoras y el socialismo reformista aliado a ellas, sostengan la tesis del gremialismo puro. Esta tesis as defendida, sobre todo, en los países dependientes, justamente porque los intereses de todo proletariado nacional son inconciliables con los del imperialismo opresor.

  • El movimiento sindical argentino
  • Por esta causa, la organización de los trabajadores en escala nacional, como en el caso argentino, es la mejor defensa del país. Y esto explica la tendencia de los partidos reaccionarios y pequeñoburgueses, a dividir las organizaciones obreras centralizadas por Perón, a fin de mediante esta táctica, debilitar los frentes antiimperialistas nacionales de base popular liberadora, particularmente en América latina.
    La Confederación General del Trabajo —y tal fue el objetivo central de la revolución que derrocó a Perón— para muchos debe ser destruida o por lo menos debilitada, por aquello de que muerto el perro se acabó la rabia. Pero los trabajadores argentinos, aunque sufran derrotas parciales, no entregarán esa unidad del movimiento sindical, pues esa unidad de los trabajadores implica la defensa de ellos, no sólo como clase productora, sino de la industria nacional, es decir, de la economía y la soberanía argentinas.
    Esta intervención activa de los trabajadores argentinos en el proceso histórico, no ha caído del cielo. Es el efecto de la transformación operada en la Argentina de los últimos diez años, vinculada al creciente proceso industrial. Tal cambio, a su vez, ha modificado para siempre ordenamiento político del país. Dicho de otro modo, el orden político, en la Argentina, depende hoy de la clase obrera organizada Se entiende así que la amenaza de desarticulación de la economía a través del Plan Prebisch haya co vulsionado al país. A quienes propugnan el retorno al pasado, con la vuelta al campo de los trabajadores industriales, conviene recordarles que, en realidad, están preparando en la actual contingencia mundial y nacional, las condiciones necesarias de una revolución social más avanzada que la que representó Perón.

  • ES peronismo como partido nacional
  • El gran partido que agrupa a los trabajadores argentinos no se lo puede disolver con decretos. Pues ese partido, que en su momento concilio a las diversas clases sociales contra el imperialismo angloyanqui, hoy sigue representando, frente al avance de las fuerzas antinacionales del pasado, la voluntad nacional al servicio del país.
    Se equivocan quienes piensan que a los trabajadores argentinos se los puede reducir a la mera actividad gremial; se engañan si subestiman el heroísmo de las masas que se hará cada día más patente; yerran quienes creen posibles anestesiar la conciencia histórica de los trabajadores.
    Este error de perspectiva —y de clase— explica el fracaso de una campaña periodística a la que millones de argentinos asisten con vergüenza, destinada a borrar la influencia de Perón en las masas. La importancia de Perón es proporcional a los odios y adhesiones de clase que encarnó y encarna, en un momento de la: liberación nacional. Lucha que venía del fondo de la Historia Nacional. Y el error consiste en creer que destruida la imagen desaparecerá la lucha de las masas contra la opresión extranjera.
    Además, 1945 libró a vastos sectores populares de la miseria, de la humillación cívica y moral. Ni la miseria será aceptada sin cruentas luchas, ni la humillación sufrida con la resignación de antaño. La Revolución Nacional de 1945 fue simultáneamente económica y política. Fue una revolución de masas. De ahí su fuerza. El hombre argentino se sintió reconciliado con la tierra. Y es abominable que esa prensa amarilla, dirigida desde afuera, acuse de esclavos a millones de argentinos por haber votado libremente a un hombre que concentró la voluntad defensista y nacional de la patria. No son esclavos esos trabajadores argentinos. Son hombres libres. Y es por eso, que el destino nacional gira alrededor del movimiento obrero organizado por Perón. Quien pretenda gobernar el país, sin comprender este hecho gigantesco y nuevo, actúa al margen de la Historia, y al ignorar al proletariado nacional prepara, como ya se ha dicho, una revolución más avanzada que la que representó Perón. Por eso, el 17 de octubre de 1945 no puede ser extirpado de la Historia Argentina.