La Comisión de Estudios Sindicales está integrada al Movimiento Nacional Peronista a través de las organizaciones de base del movimiento obrero. El siguiente trabajo surgió —como las demás tareas de la Comisión— de las necesidades planteadas por esas organizaciones. En este caso se trató de elaborar algunos de los elementos más importantes de la realidad económico-social del país y la incidencia que tienen sobre la situación de la clase obrera y demás sectores popularos, con el fin de contribuir a un mayor desarrollo político de sus luchas.
Fue concebido para la realización de exposiciones y discusiones con compañeros activistas del movimiento, efectuadas en mayo de 1972. Para la presente publicación se actualizaron las series estadísticas, a fin de posibilitar su análisis hasta la fecha, sin alterar en la fundamental el resto del texto original.

En este artículo se analiza la política de salarios aplicada por el régimen oligárquico-militar desde 1966, mostrando que el peso de la crisis económica que vive el país se descarga sobre las espaldas de la clase trabajadora. Para ello resulta necesario considerar brevemente cómo juega la actual dictadura militar en el funcionamiento de la estructura económica argentina.

  • 1. La política económica
  • “La desigualdad de ingresos no traerá más inversiones que las que sirvan para superexplotarnos; las devaluaciones desplazarán el ahorro hacia la especulación a corto plazo para estar a salvo de las subas de precios internos; las ganancias de los monopolios cuando vuelvan al país serán en forma de préstamos que cargarán la balanza de pagos; la renta se diluirá por mil intersticios de libreempresismo, la estabilización producirá su habitual impacto sobre la economía del pueblo y estabilizará sólo la ganancia de los consorcios; las inversiones que vengan a aprovechar la piedra libre de este régimen que niega la existencia del imperialismo no sólo harán negocios gravosos para nosotros, sino que aumentarán aún más nuestra dependencia, etcétera.
    “Estas no son anticipaciones trágicas que inspire ningún misterioso don de agorería. Todo esto ya ocurrió y volverá a ocurrir.”

    John William Cooke, Informe a las bases, fines de 1966.

    El papel del régimen es el de representar políticamente los intereses del capital monopolista, ligado al capital extranjero. La vinculación entre la oligarquía terrateniente y la gran burguesía industrial —dejando de lado diferencias apenas secundarias— se corona en el dominio que el capital financiero, controlado en líneas generales por el imperialismo yanqui, ha alcanzado sobre el conjunto de la estructura económica argentina.
    La política económica, dentro de los límites que impone la dependencia a la expansión del mercado interno, desde el punto de vista social lesiona fundamentalmente a la clase obrera y demás sectores asalariados, afectando también otros sectores nacionales: propietarios industríales, agrarios y comerciales, sectores profesionales, etc., y agravando más aún la situación económica del interior del país. Simultáneamente esa política económica tiende a la liquidación de la industria privada de capital nacional no monopolizada, facilita la entrega de los recursos naturales, promueve el estancamiento de las empresas estatales, ratifica la sumisión a los organismos financieros internacionales (Fondo Monetario Internacional, Banco Mundial, Banco Interamericano de Desarrollo) entregando la riqueza que se produce en nuestro país a la voracidad del capital monopolista internacional.
    Desde 1966 y a pesar de que al frente del régimen se han sucedido Onganía, Levingston y Lanusse, y en el Ministerio de Economía Salimei, Kríeger Vasena, Moyano Llerena, Dagnino Pastore y Ferrer (hasta que la supresión de la cartera dio margen a que muchos dijeran que la conducción económica quedaba definitivamente en manos del Estado Mayor del Ejército), con las sucesivas modificaciones aparentes de la política económica, una sola resultante surge cuando se considera la política de salarios aplicada: la participación cada vez menor de los trabajadores asalariados en la distribución de la riqueza que ellos crean anualmente en el país. Esta participación cada vez menor se logra mediante los siguientes mecanismos:
    1) descenso de los salarios reales, esto es que con la misma cantidad de dinero el trabajador adquiere menos artículos de consumo para su sustento y el de su familia. Constituye una forma indirecta mediante la cual la patronal logra apropiarse de una proporción mayor de la riqueza creada por los obreros en la jornada de trabajo;
    2) mayor explotación directa de la mano de obra, efectivizada en la exigencia de un mayor rendimiento económico del trabajador, a través de medidas de racionalización sin introducir mejoras técnicas o a través de la extensión de la jornada de trabajo (horas extras);
    3) incremento de la desocupación, que determina la formación de un ejército estable de obreros desocupados, el cual presiona sobre el nivel de los salarios, pues todo intento de lograr su incremento o disminuir la explotación choca con la posibilidad que tienen las empresas de contratar a los trabajadores desocupados. Esta situación se acentúa en aquellos gremios con alto porcentaje de trabajadores ocasionales (estibadores en tareas rurales, peones de la construcción, changarines en frigoríficos, braceros en las cosechas de cultivos industriales —azúcar, algodón—, etc.), ya que la inestabilidad de la fuente de trabajo tiende a dificultar el enfrentamiento con la patronal.
    Acompaña a todo esto un proceso de poda inescrupulosa en las prestaciones sociales y previsionales a cargo del Estado (salud, educación, vivienda, pago de jubilaciones, edad mínima jubilatoria y otros rubros). Al respecto, el desarrollo actual de la asistencia social por parte de algunos sindicatos no compensa de ninguna manera el deterioro que han sufrido las prestaciones oficiales.
    Este trabajo se centra en el análisis del descenso de los salarios reales y considera circunstancialmente los otros aspectos (puntos 2 y 3 citados) que serán tratados con mayor detalle en trabajos posteriores.

  • 2. La política de salarios
  • En los últimos años esta política fue llevada a cabo con técnicas distintas:
    — congelamiento de salarios con Krieger Vasena.
    — aumentos por ley cuando la reacción popular hizo modificar la técnica precedente.
    — convocatoria de paritarias cuando el régimen necesitó una tregua para reorientar su acción.
    — nuevamente un aumento miserable que no compensa la pérdida del poder adquisitivo del salario.
    Si bien algo cambió formalmente a través de estas modalidades, se conservó lo esencial: el congelamiento de salarios significó una redistribución tan importante del ingreso nacional en perjuicio de los trabajadores que la tarea posterior consistió simplemente en conservarla. Allí se revela la continuidad esencial de la política económica que se aplica en el país desde 1966, versión corregida y aumentada de la que el pueblo viene soportando desde 1955. “Cualquiera que sea el rumbo que la dictadura siga y los cambios de hombres que los diversos incidentes puedan provocar, una cosa será siempre constante en su orientación: ‘su antiobrerismo'” (Juan Domingo Perón, La fuerza es el derecho de las bestias, 1958, pág. 112).
    En este proceso sólo hay un sector favorecido: el de tos grandes propietarios de capital, sean financistas, industriales o ganaderos, especialmente si son anónimos y tienen la sede central en el extranjero.

  • 3. Dependencia económica e inflación
  • En nuestro país, que se caracteriza por presentar un régimen capitalista dependiente del imperialismo, se da un proceso inflacionario agudo y crónico. Este proceso tiene su origen en las características dependientes de nuestra estructura económica. Dicha dependencia es, a su vez, requisito y consecuencia del proceso de expansión mundial de los grandes imperios capitalistas.
    La expansión de los países imperialistas ha Integrado a nuestras naciones en un mercado mundial de mercancías y capitales y les ha impuesto una división Internacional del trabajo, que ha determinado que aquellos se enriquezcan cada vez más a costa de la miseria creciente de los pueblos de los países dependientes. La forma que hoy en día toma la dependencia económica en la Argentina tiene tres características principales: 1) el establecimiento en el país de grandes monopolios (filiales de monopolios extranjeros, principalmente yanquis), que destinan su producción al mercado interno y que, a su vez, monopolizan las tecnologías más modernas de las que existen en el país; 2) el comercio mundial bajo el dominio monopólíco de los países imperialistas; y 3) el endeudamiento con los grandes centros financieros del exterior.
    Estos factores han determinado en nuestro país la constitución de una estructura productiva deformada, por haberse volcado progresivamente hacia ciertas ramas de la producción (automóviles, plásticos, tejidos sintéticos, etc.), que por diversas razones benefician al capital monopolista, contribuyendo además a aumentar la necesidad de importar materias primas y maquinaria pesada indispensable para su funcionamiento. Dicha deformación también se presenta en el agro, cuya producción, además de encontrarse virtualmente estancada desde hace varios años —por motivos que fundamentalmente se originan en la forma de propiedad y uso de la tierra— se orienta esencialmente hacía el mercado externo.
    Es en todos estos elementos, que caracterizan actualmente a nuestra dependencia, donde deben buscarse las raíces del proceso inflacionario.
    En efecto, en primer término, desde 1955 y en especial desde 1958, el control creciente del capital extranjero sobre los sectores básicos y más dinámicos de nuestra economía ha dado lugar a una permanente salida de capital bajo la forma de utilidades, de regalías por el uso de marcas, patentes y técnicas extranjeras y de otros servicios como son el pago de comisiones, seguros, etc., al exterior. Este drenaje permanente de parte de la riqueza generada por los trabajadores argentinos, al descapitalizar al país, provoca al mismo tiempo una elevación de los costos de los artículos producidos internamente.
    En segundo término, el comercio mundial tiene lugar en un mercado internacional monopolizado por los países imperialistas, que a través de diferentes políticas económicas tienden a elevar los precios de sus productos industriales (en especial los de los insumos y maquinaria pesada) cuya importación es exigida por el funcionamiento actual de las economías dependientes como la nuestra, y a reducir los precios de las mercaderías que éstas exportan. De esta manera el comercio mundial se caracteriza por la “desigualdad”: tenemos que comprar cada vez más caro y vender cada vez más barato. Este “mecanismo” del comercio mundial con los países Imperiales implica una permanente pérdida de riqueza y un directo encarecimiento de nuestra producción interna.
    En tercer lugar, desde 1955 los artífices de esta descapitalización permanente, es decir los sucesivos gobiernos representantes de las clases dominantes internas aliadas al capital monopolista extranjero, han recurrido en forma continua a empréstitos del exterior. La tan cacareada “ayuda” externa viene a llenar así el “vaciamiento” creado por el mismo capital imperialista. Pero dichos préstamos originan a su vez nuevas presiones descapitalizadoras e inflacionarias, pues no sólo deben ser devueltos, sino que deben reintegrarse con fuertes intereses. Por otra parte la recepción de dichos prestamos se encuentra casi siempre condicionada a seguir determinadas políticas económicas, como es el caso de tos préstamos del Fondo Monetario Internacional y del Banco Mundial.
    La explotación Imperialista —que se da tanto a nivel interno como externo— al provocar un permanente drénate de riqueza, materializada en dólares que fluyen al exterior, da lugar a un encarecimiento de las mercaderías producidas en el país. Esto es así pues ante la pérdida de divisas (dólares) se ha devaluado permanentemente nuestra moneda, con lo cual se encarecen directamente los materiales importados y los productos en el mercado interno. La suba de estos últimos, como son esencialmente de origen agropecuario y forman parte directa (carne) o indirecta (el trigo para el pan, harina y fidéos, etc.) de la canasta familiar, provoca un encarecimiento simultáneo del costo de vida.
    Los factores mencionados se constituyen en los principales determinantes del proceso inflacionario, el cual viene a ser, entonces, una resultante más de nuestra dependencia.
    Pero es fundamental señalar que el capital imperialista no actúa solo. Las clases dominantes internas, al servirle de puente de penetración y aliarse a sus intereses, se benefician con los mecanismos de explotación y dependencia.
    En esencia las políticas económicas orquestadas por los diferentes gobiernos del régimen desde el golpe gorila de 1955 no han hecho más que alentar la penetración imperialista y profundizar la dependencia por medio de planes de estabilización y austeridad, devaluaciones, congelamiento de salarios, etcétera.
    La inflación persistente que tiene, de este modo, su origen en la dependencia, se ha constituido en un instrumento de dominación del capital monopolista. Por medio de las subas de precios el gran capital consigue apropiarse de una parte cada vez mayor del ingreso nacional. De esta manera la inflación se constituye en un mecanismo de las clases dominantes de ejercer violencia —en este caso económica— contra la clase obrera y demás sectores populares.
    Dentro de este contexto puede verse claramente el carácter secundario de la influencia del pago de salarios a la mano de obra sobre la carrera inflacionaria, aunque en forma reiterada el gobierno y entidades que agrupan empresarios (Unión Industrial, ACIEL, Sociedad Rural) sostengan lo contrario.
    Un trabajo del propio Moyano Llerena, publicado poco antes de su gestión ministerial y que puede corroborarse con cifras oficiales, apoya lo que decimos pues en él aparece que en el valor de venta de los productos industriales los salarios, en promedio, no inciden en más del 12 por ciento.

  • 4. Los salarios y el movimiento obrero
  • Las luchas reivindicativas que el movimiento obrero lleva a cabo tienen por objetivo fundamental —en este plano de luchas “defensivas”— conseguir el aumento de los salarios nominales, así llamados porque expresan en pesos el valor de los salarios sin tener en cuenta el aumento del costo de vida. En otras palabras, esas luchas tratan de restablecer el valor del salario real, manteniendo constante la capacidad de compra. En nuestro país se adoptó como práctica generalizada, después de las conquistas laborales logradas por el peronismo en el poder, la renovación por un período determinado de las convenciones colectivas de trabajo, que comprenden a cada rama de la industria o del sector de servicios, ya sean públicos o privados (transporte, energía eléctrica, etc.), representados por la organización gremial respectiva.
    A través de diversos métodos de negociación, que por lo peneral son la culminación de un proceso de huelga u otro tipo de enfrentamiento entre los trabajadores y la patronal, se establece un nuevo salario nominal. Cuando se trata de conseguir un aumento en el salario nominal, lo máximo que los sindicatos pretenden —aunque pocas veces se logra— es llegar a colocar el salario en el mismo nivel que el costo de vida. Este criterio no tiene en cuenta dos aspectos fundamentales: 1) la pérdida de ingresos acumulada por los trabajadores en el período anterior, ya que un salario nominal estable es acompañado por un costo de vida en alza constante. El nuevo nivel de salarios nominales no recupera esa pérdida. Para recuperar tales ingresos los trabajadores deberían percibir junto con el aumento el importe de los ingresos perdidos; 2) el posible aumento de la productividad, lo que significa que además el salario real debería ser incrementado en la misma proporción en que aumenta la producción por hombre ocupado.
    Desde la caída del peronismo el valor del salario real, severamente deteriorado por la política económica del régimen gorila surgido del golpe de 1955, ha descendido casi permanentemente excepto en determinados periodos en los cuales se produjo una recuperación parcial, pero sin alcanzar nunca los niveles del período 1946-55.
    Desde junio de 1966 y en especial desde abril de 1967, cuando la derrota del plan de lucha de la CGT posibilita la aplicación de la política de congelamiento de salarios, que amplió los términos de duración de los convenios colectivos de trabajo y pretendió fijar aumentos de salarios progresivos, se produce un deterioro permanente del salario real.
    Este retroceso no sólo está vinculado a la política de las clases dominantes sino al tipo de respuesta que tuvo por parte del movimiento obrero. La enorme capacidad de lucha del movimiento obrero, con su organización sindical a nivel nacional creada por el peronismo, no bastó para impedirlo.
    Dentro del enfrentamiento global al régimen, el proceso de lucha por las reivindicaciones salariales hasta el año 1964 estuvo caracterizado por las huelgas por gremios o conjunto de gremios enfrentando a sus respectivas patronales, a fin de lograr conquistas de salarios que posteriormente fueron legalizadas, especialmente cuando a partir del régimen frondizista se consiguió la sanción de la Ley de Asociaciones Profesionales.
    Este tipo de enfrentamiento y luchas contra la patronal se ejercitó también en acciones masivas del conjunto del movimiento obrero, no sólo para frenar medidas reaccionarias de los sucesivos gobiernos (un ejemplo, el paro general contra la ley de despidos en la época de Frondizi —noviembre de 1961—), sino para arrancar medidas de gobierno favorables al movimiento obrero, tal como la ley de salario mínimo, vital y movíl durante el gobierno de lllia.
    El proceso que se inicia con la sanción de la Ley de Asociaciones Profesionales permite paralelamente la consolidación a nivel nacional de una jerarquía sindical, la cual niega a las masas obreras su participación en las decisiones v deja progresivamente de representar sus intereses. Dicha jerarquía se apoya en las concepciones políticas e ideológicas del vandorismo, o sea, lograr por parte del régimen el reconocimiento legal de la estructura sindical para constituir a las direcciones sindicales en un factor de presión cuyo objetivo es conseguir algunas mejoras para las masas obreras, en tanto esto les permita mantener su control sobre ellas.
    La jerarquía sindical apoyó por eso el golpe de junio de 1966 y negoció abiertamente con la dictadura militar. Posteriormente, las medidas de ésta en contra del movimiento obrero (cierre de ingenios en Tucumán, régimen de trabajo portuario, intervención de sindicatos) la obligaron a plantear el Plan de Lucha de 1966, cuya segunda fase fracasó en marzo de 1967.
    En resumen, el proceso desarrollado desde las huelgas metalúrgicas, textiles, etc.. de 1964 hasta la derrota del Plan de Lucha de 1967, significó el abandono progresivo de las movilizaciones masivas de la clase obrera. Los distintos tipos de lucha (paros generales, ocupación de fábricas, acciones callejeras) fueron frenados en la medida que el gobierno afectaba la estructura sindical —ya fuertemente burocratizada— por la vía de tomar medidas de congelamiento y control de los fondos sindicales, suspensión de personerías gremiales, etc. La intervención de gremios pocas veces llegó a concretarse, puesto que las medidas de fuerza fueron levantadas antes, v las direcciones sindicales a nivel nacional dejaron progresivamente de lado la huelga como forma de lucha reivindícatíva. La constitución de la CGT de los Argentinos en marzo de 1968 es un importante intento de lograr que las bases obreras estuvieran verdaderamente representadas en la conducción de la Central de los Trabajadores. Ello implicaba tratar de unificar los enfrentamientos aislados de las bases contra las patronales y el régimen, superando así uno de los aspectos más nefastos de la claudicación de las direcciones sindicales.
    Por otro lado, tal como lo explícita su Programa del 1º de Mayo, las luchas obreras son planteadas como parte de una política global contra el régimen, en la cual debían participar todos los sectores sociales sometidos por el imperialismo y sus aliados nativos.

  • 5. Evolución de los salarios reales desde 1966
  • El salario real expresa el poder adquisitivo de los salarios percibidos por los trabajadores, o sea la capacidad de compra que representa el salario.
    El salario real es así una forma adecuada de expresar el valor del salario, teniendo en cuenta el incremento del costo de vida. De lo anterior surge que para conocer la evolución de los salarios reales se necesita conocer la evolución de los dos factores que lo determinan: el costo del nivel de vida por una parte y por otra los salarios nominales.
    a) Evolución de los salarios nominales:
    Para seguir la evolución de los salarios nominales el criterio fue considerar los salarios básicos de convenio pues expresan en pesos lo percibido por la realización de una jornada de trabajo de 8 horas. No se incluyen las asignaciones familiares por dos razones: la primera es que nos interesa establecer la comparación con el salario que perciben todos los trabajadores por la realización de la jornada de trabajo, independientemente de su situación familiar. La segunda es que nos proponemos seguir la evolución de los salarios en un período dado y como las asignaciones familiares no han modificado su proporción respecto a lo percibido por el trabajador soltero, las conclusiones no varían. Tampoco se tuvieron en cuenta los descuentos por aportes jubilatorios, ya que en realidad son un salario diferido cuya función es asegurar el bienestar del trabajador cuando llegue su jubilación. Por esta razón no se tuvo en cuenta la modificación producida en el salario neto percibido por los trabajadores de la industria a partir de enero de 1963 al disminuirse el porcentaje correspondiente a los aportes jubilatorios. Al cobrar lo que debiera ser una parte de su protección futura el obrero se desprotege y en el fondo no percibe aumento alguno de salario. A los fines de simplificar los datos no se consideraron

    PERIODOS Origen del aumento de salarios % de aumento índice de salario nominal
    durante el período
    índice de costo de vida índice de salario real
    Junio 1966
    Marzo 1967
    __ 100 100
    122,0
    100
    82,0
    Abril 1967
    Diciembre 1969
    Ley 17.224
    cong. salarios
    16,4 116,4 123,5
    171,0
    94,3
    68,2
    Enero 1969
    Octubre 1969
    Ley 18.016 8 125,8 163,2
    168,8
    77,1
    74,5
    Noviembre 1969
    Febrero 1970
    Aum. emerg. $ 3.000 10 138,4 170,0
    176,1
    81,4
    78,7
    Marzo 1970
    Agosto 1970
    Ley 18.396 7 148,2 178,0
    186,5
    83,2
    79,5
    Setiembre 1970
    Diciembre 1970
    Ley 18.752 7 158,5 190,5
    222,0
    83,2
    71,5
    Enero 1971
    Marzo 1971
    Ley 18.886 6 168,0 222,1
    230,9
    76,0
    72,8
    Abril 1971
    Agosto 1971
    Paritarias 23,8 208,0 233,0
    263,4
    89,3
    79,0
    Setiembre 1971
    Diciembre 1971
    Ley 19.220
    Aum. $ 5.000
    9,75 228,5 265,8
    308,5
    86,0
    74,1
    Enero 1972
    Abril 1972
    Ley 19.403 15 262,3 324,6
    374,0
    80,8
    70,1
    Mayo 1972
    Setiembre 1972
    Ley 19.598 15 301,6 380,0
    426,7
    79,4
    70,7
    Octubre 1972
    Diciembre 1972
    Ley 19.871 12 337,8 447,2
    510,4
    75,5
    66,2
    Enero 1973
    Marzo 1973
    Paritarias 37 462,8 533,9
    623,3
    86,7
    74,2

    las quitas zonales. En este caso, aunque el salario bruto sea distinto para los trabajadores de diferentes regiones del interior, al no existir variaciones significativas durante el período considerado y como sólo interesa seguir la evolución, no se las tomó en consideración.
    Para considerar la evolución de los salarios nominales se tuvieron en cuenta 45 gremios, que incluyen prácticamente todos los de la industria manufacturera y a todos los ligados al sector de servicies (ferroviarios, electricidad, transporte, etc.). No se consideraron los trabajadores agropecuarios ni otros gremios vinculados a industrias regionales del interior por falta de datos.
    Para esta consideración de los salarios nominales ce construyó un número índice. Un número índice se obtiene dividiendo, en este caso, el valor en peses del salario básico de convenio correspondiente a distintos períodos por el valor en pesos del salarlo básico de convenio del período que se toma como base de comparación. El número índice correspondiente al período base es 100. Por ejemplo, si se obtiene un aumento de salarios del 10%, el número índice para el nuevo período es 110. Si para el período subsiguiente se obtiene un aumento del 5 %, el número índice estará dado por la siguiente operación: 100 + (110 x 5) / 100 que nos da como resultado un índice 115,5.

    La evolución del índice de salarios nominales desde junio de 1966 se puede observar en la tabla y en el gráfico correspondientes, apareciendo señalado el porcentaje correspondiente de aumento, así como el momento en que se produce.

    b) Costo del nivel de vida:
    Debemos aclarar que en la Argentina no existe un solo nivel de vida. El nivel de vida de un individuo, de una familia, está directamente ligado a su ubicación social, a la clase social a que pertenece. Así los sectores privilegiados de la sociedad argentina disfrutan de un nivel de vida que les permite atender no sólo a su subsistencia sino satisfacer todos sus goces personales, inclusive aquellos que parecen más provocativos e irritantes: viviendas fastuosas, servidumbre, artículos de lujo, etc. Este elevado nivel de vida sólo es posible sobre la base de la explotación a que son sometidos la casi totalidad de los trabajadores. La miseria de los más es la necesaria contraparte de la opulencia de unos pocos.
    Por debajo de estos sectores minoritarios hay una pirámide de base muy ancha donde se encuentra ubicada la mayor parte del pueblo argentino, condenado a un nivel mínimo de subsistencia, que escasamente le permite el mantenimiento físico de la familia cualquier situación de emergencia lo condena al hambre y a la desesperación. Además se dan situaciones cada vez más extendidas y comunes, donde aún no se puede alcanzar ese nivel mínimo de subsistencia; es un nivel de pobreza, de miseria, caracterizado por la falta de alimentación, con su secuela, la desnutrición; la falta do vivienda y la aglomeración en condiciones infrahumanas en villas miseria o en los ranchos del interior, con insuficiencia de ropas y abrigo, expuestos al castigo do las enfermedades.
    En resumen, para la mayoría del pueblo argentino está totalmente vedado el mínimo nivel de comodidad que implica disponer de una vivienda cómoda y de ingresos suficientes para afrontar no sólo los gastos co muñes de alimentación, ropas y atención médica, sino además tener un excedente para gozar de vacaciones, atender a la satisfacción de las necesidades culturales, etcétera.
    Ahora bien, en un sistema social como el nuestro, las estadísticas para evaluar este nivel de vida no se basan en el nivel mínimo de comodidad que mencionamos, sino que el nivel de vida adoptado comúnmente es aquel que da la suma de artículos (alimentos, ropas, etc.) y de servicios (vivienda, asistencia médica, etc.) mínimos para asegurar sólo la subsistencia.
    Por costo del nivel de vida se entiende la cantidad do dinero necesaria para que en un determinado período (un mes) se atiendan las necesidades de consumo de una familia obrera integrada por un matrimonio y dos menores en edad escolar.
    La inexistencia de datos de otras fuentes exige la adopción de los índices oficiales; se emplearán los del Instituto Nacional de Estadística y Censos. Se determinó así, en organismos dependientes del gobierno, un presupuesto básico o canasta familiar, correspondiente a un nivel de vida mínimo para asegurar la subsistencia, en base a una encuesta efectuada en 1960.
    Corresponde aclarar que esos índices son falsos y responden a la necesidad de justificar la política económica del régimen. Entre otras graves deficiencias, pueden señalarse los siguientes:
    — Considera una familia tipo (matrimonio y dos hijos en edad escolar) que en realidad no es la familia obrera que todos conocemos, generalmente integrada por más de dos hijos;
    — la encuesta que sirvió de base fue confeccionada para familias de obreros que trabajan y viven en la Capital Federal, excluyéndose a aquellos que si bien trabajan en la Capital Federal viven en el Gran Buenos Aires y constituyen la inmensa mayoría;
    — sólo tiene en cuenta los precios de los artículos en la Capital Federal y no los precios corrientes en el cinturón industrial y en el interior del país (es sabido que en muchos rubros, como por ejemplo en alimentos envasados y vestimenta, los precios en el interior o en el cinturón industrial son relativamente más altos que en la Capital Federal).
    Otro aspecto a remarcar es que en la actualidad la proporción del salario necesaria para poder cubrir los gastos de alimentación —siempre en un nivel de subsistencia— es mucho mayor que en 1960, debido a oue los precios de los artículos alimenticios se han incrementado en mayor proporción que los de otros rubros. La FAO, organización dependiente de las Naciones Unidas V que está dedicada a investigar los nroblemas de la alimentación en todo el planeta, ha estimado que cuando se hace necesario destinar más del 50 % de los ingresos a la alimentación se trata de una situación “deficiente” o “crítica”. Sabemos que en este momento en nuestro país son más que numerosas las familias que tienen que destinar alrededor del 75 % de sus ingresos para alimentarse.
    De la misma manera que en el caso de los salarios nominales, se construye un número índice para seguir la evolución del costo del nivel de vida. Se procede dividiendo el valor en pesos del presupuesto básico (canasta familiar) en distintos períodos por el valor en pesos de la canasta familiar para el período que se toma como base de comparación. Aquí, para junio de 1966 (como período base) el número índice es 100.

    c) Evolución de los salarios reales:
    De la misma manera que para los salarios nominales y para el nivel del costo de vida, en este caso conviene utilizar los números índices para seguir la evolución de los salarios reales. Para calcular el índice del salario real se divide el índice del salario nominal r,or el índice del costo de vida v se lo multiplica por 100. El índice del salario real aparece representado en el gráfico siguiendo su evolución mensual desde junio de 1966 a marzo de 1973. lo mismo que para los dos índices anteriormente mencionados.
    La primera conclusión importante que surge de observar el gráfico mencionado es que mientras el costo de vida aumentó en un 623,3 %, los salarios sólo aumentaron alrededor del 426,8 %. Esto refleja parcialmente el hecho de que durante dicho período el salario real, salvo algunas oscilaciones de corta duración, se mantuvo por debajo del índice 80 con respecto al valor 100 que tenía en junio de 1966, o sea que el poder adquisitivo del salario se mantuvo deprimido en un 20 por ciento.
    Para nuestro análisis es importante subdividir estos años del régimen oligárquico militar en diferentes períodos.
    En el primero, que va desde junio de 1966 a marzo de 1967, durante el gobierno de Onganía y teniendo como personero en el Ministerio de Economía al socio de Alsogaray, el aceitero Salimei, se observa un deterioro progresivo del salario real debido al permanente alza del costo de vida.
    El segundo período que consideramos comienza al producirse la derrota del plan de lucha de la CGT, cuando toma la conducción económica el representante directo de los monopolios internacionales, Adalbert Sully Krieger Vasena. Su primera medida en materia salarial presenta dos aspectos:
    a) otorgar un aumento por ley en forma escalonada —de acuerdo con los vencimientos de los respectivos convenios colectivos— para los diferentes gremios, con distintos porcentajes para cada caso, pero que respecto del conjunto de la clase trabajadora representó un aumento del 16,4 %. Esto no alcanza a compensar el deterioro provocado por el aumento del costo de vida en el primer período, por lo cual el salario real, al iniciarse este segundo período, no retoma el índice 100 sino que apenas llega al 95 por ciento;
    b) el aspecto más importante es que se congelan los salarios hasta fines de 1968. En contraposición a esto, el gráfico muestra que durante los primeros meses de aplicación de la política de congelamiento de salarios el costo de vida siguió en permanente ascenso, con lo cual el salario real descendió en forma constante hasta alcanzar un valor de 75 a comienzos de 1968. En esta época se realizó el publicitado “acuerdo de precios” entre el gobierno y los monopolios. Estos últimos pudieron trasladar a sus precios los aumentos de salarios y los mayores costos derivados de la devaluación de marzo de 1967, pero se comprometían a no continuar aumentándolos, recibiendo en cambio un fuerte apoyo crediticio y exenciones o desgravaciones impositivas.
    El punto clave de la política económica del régimen oligárquico militar consiste en provocar la reducción del poder adquisitivo del trabajador a un 75 % del que poseía en junio de 1966, produciendo una acentuada redistribución del ingreso nacional en favor del sector más monopolizado de la economía, representado principalmente por el capital extranjero.
    En 1968 y durante los primeros meses se observa una estabilización relativa del costo de vida, pero el salario real de los trabajadores continúa severamente deteriorado. Esta estabilización relativa se logró por la vía de controlar los precios agropecuarios, especialmente de la carne, impidiendo que influyeran demasiado sobre la canasta familiar, a la par que se favorecía a los grandes intereses exportadores (frigoríficos como Swift, intermediarios como Bunge y Born, etcétera).
    Como una prueba bien clara de que el aumento de salarios no es el factor determinante de la inflación, se observa a partir de agosto y durante los últimos meses de 1968 —todavía con salarios congelados— que nuevamente comienza a ascender significativamente el costo de vida.
    En enero de 1969, en el marco de la misma política, se otorga un aumento del 8 % que sólo compensa parcialmente el alza registrada en el costo de vida durante los meses previos. Sin embargo, el salario real de los trabajadores de ninguna manera se modifica: sigue estando alrededor del índice 77.
    La reacción popular manifestada cabalmente en el Cordobazo y posteriormente en el Rosariazo golpea fuertemente la política económica del régimen, obligándolo además a desprenderse de Krieger Vasena y a conceder el aumento de emergencia de noviembre de 1969.
    Con este aumento de emergencia comienza un tercer período en el cual la firmeza con que el régimen sostenía su política salarial se afloja. Se produce por pri mera vez, desde abril de 1967, una recuperación relativa del salario real y éste alcanza el índice SO. Como vemos, las mínimas concesiones salariales sólo pudieron ser arrancadas por la fuerza popular.
    Es en este período cuando comienzan a manifestarse signos de resquebrajamiento de la unidad de los sectores dominantes; por otra parte, cada vez más amplios sectores sociales se definen enfrentando la política económica del régimen.
    La caída de Onganía ya estaba próxima y el último intento de retornar a la política de congelamiento de salarios lo promueve Dagnino Pastore, pretendiendo después de los aumentos otorgados en marzo de 1970 mantener fijos los salarios hasta fines de 1971.
    El cuarto periodo se inicia en jumo de 1970 con la caída de Onganía: el régimen, golpeado por la reacción popular, otorga los aumentos de setiembre de ese año, ya con Moyano Llerena —ex asesor de Krieger Vasena— en el Ministerio de Economía.
    La continuidad de esta política económica en el plano de los salarios está rota. Ya no podrá repetirse la óptima situación que habían alcanzado los monopolios durante la gestión de Krieger Vasena: mantener el salario real depreciado durante un periodo prolongado de manera tai que les fuera posible planificar sus actividades a largo plazo, sobre la base de una ganancia segura. El recurso que adoptan ahora es trasladar permanentemente a los precios los sucesivos aumentos de salarios que el régimen otorga ante la presión popular, con el objeto de mantener e inclusive incrementar su tasa de ganancia.
    Es el segundo Cordobazo, con la resultante caída de Levingston, el que termina de desarticular la política salarial, iniciándose un quinto periodo. Este se caracteriza por la búsqueda de una tregua política a fin de neutralizar la acción de los sectores populares. Se intenta reducir su capacidad de movilización y resistencia a través de la integración del peronismo, o sea del movimiento nacional de masas, ai aparato institucional del régimen, convirtiéndolo en un partido político que no afecte los fundamentos económicos y sociales del sistema actual y cuya conducción no responda a las exigencias de las luchas del pueblo. El régimen sigue fracasando en esa tarea.
    Por primera vez desde 1967 se convoca a las paritarias para la discusión de los convenios colectivos de trabajo en los términos de la ley 14.250. Este cambio no fue logrado por la acción claudicante y traidora del azo-pardismo sino por las movilizaciones populares, que teniendo su eje en el interior del país, rompen una y otra vez los esquemas del régimen oligárquico militar. El salario real se recupera significativamente alcanzando un índice de 90.
    Sin embargo, el proceso que se abre posteriormente en el marco de una inflación galopante y donde el régimen se ve obligado a conceder sucesivos aumentos para evitar una reacción popular de más envergadura muestra claramente que conseguir aumentos en los salarios nominales no basta: hay que controlar la política económica para producir un cambio decisivo en su orientación que permita satisfacer las necesidades de las masas trabajadoras. “No se nos oculta que la verdadera transformación que debe operarse en las relaciones entre patrones y obreros no debe basarse en ia política de los salarios, o mejor dicho en los aumentos de los salarios, que pueden perderse con tanta o más facilidad con que se logran. La verdadera protección de los trabajadores se encontrará en una organización potente y efectiva …” (Juan Domingo Perón, discurso del 6 de agosto de 1944).

  • 6. La distribución del ingreso nacional
  • El Producto Bruto Interno (PBI) es una medida de la riqueza que se crea anualmente en el país. El PBI expresa el valor de todas las mercaderías y servicios (transporte, comercio, salud pública, etcétera), producidos y vendidos en el curso de un año. Del valor total del PBI, una fracción se destina al consumo (compra de alimentos, vestimenta, medicamentos, útiles escolares, etc.) y otra a la inversión (compra de maquinarias, construcción de edificios e instalaciones industriales).
    Desde otro punto de vista, el PBI se reparte por medio de los ingresos que la clase trabajadora recibe bajo la forma del salario y el conjunto de las clases propietarias —sean industriales, terratenientes, financistas o comerciantes— como ganancia. La forma de ver cómo se reparte la riqueza creada anualmente en el país es analizar qué porcentaje del ingreso nacional ha recibido la clase trabajadora y qué porcentaje las clases propietarias: es decir, la forma en la cual se ha distribuido ese ingreso nacional entre los salarios v las ganancias.
    Hay cuatro factores que influyen especialmente en la distribución del ingreso nacional:
    a) la cantidad de mano de obra ocupada en el año;
    b) el salario promedio de la clase trabajadora durante ese año;
    c) el PBI y
    d) los precios de las mercaderías y servicios.
    En la medida en que el PBI y los precios aumentan más que la ocupación y los salarios, será mayor la proporción del ingreso nacional que pasará a manos de las clases propietarias. Esto es así, pues si el PBI crece más que la ocupación, significa que ha aumentado la productividad por obrero ocupado, lo cual —en caso de no ser acompañado por un aumento similar en el salario real— da lugar a una transferencia de ingresos hacia las clases propietarias. Aun cuando el PBI y la ocupación crezcan en proporción similar, es decir que no se modifique la productividad, el descenso de los salarios reales indicará que el ingreso nacional se vuelva en mayor proporción a las clases propietarias. Eso es lo que sucedió durante la permanencia de Kríeger Vasena en el Ministerio de Economía.
    Si el salario real se mantiene o aumenta pero la productividad aumenta en mayor proporción, también entonces se benefician los sectores propietarios. La única forma de conseguir una participación mayor de los trabajadores en el ingreso nacional es que los salarios aumenten en mayor proporción que el aumento de la productividad. Esto sólo se puede lograr medíante una planificación económica con sentido nacional, cortando las ataduras con el imperialismo y recobrando los sectores básicos de la economía, lo cual a su vez depende de que el Movimiento Nacional, con la hegemonía de la clase obrera, tome el poder, como condición para la existencia de una verdadera justicia social.
    Las políticas salariales, junto con las medidas de racionalización e incremento de la productividad, impulsadas fundamentalmente por el sector monopolizado de la economía, han dado lugar desde 1955 a una violenta caída de la participación de los trabajadores en el ingreso nacional.
    En efecto, entre 1950 y 1955 los trabajadores participaban con un 45,7 % (promedio) del ingreso nacional, frente al 38,6 % (promedio) entre 1956 y 1969, y el 37,9 % en 1971.
    Según cálculos recientes, basados en una publicación del Banco Central, la caída de la participación de los trabajadores en el PBI, ocurrida entre 1955 y 1969, le produjo a la clase trabajadora, con relación al promedio de su participación en el quinquenio 1950-1955, pérdidas de ingresos por m$n 5.479.064,5 millones de pesos de 1969. Esto significa casi 1.000.000 de pesos por trabajador ocupado o sea, aproximadamente, algo así como dos años de salarios computando en pesos de 1969 los ingresos medios anuales de los trabajadores.
    A partir de 1969 se acentúa la caída de la participación de los trabajadores en el ingreso nacional. Entre 1967 y 1969 se produjo un aumento relativo del PBI, acompañado por una disminución de la tasa de desocupación, lo que determina la existencia de un pequeño incremento de la productividad por hombre ocupado. Si se hubiese mantenido el salario real la situación de los trabajadores no hubiese empeorado, pero —como vimos anteriormente— en este período se produjo un descenso importante del salario real, lo cual determinó una reducción significativa de la participación de los trabajadores en el ingreso nacional.
    En el período posterior, o sea desde 1969 y especialmente durante el año 1971, el índice del salario real permanece en promedio aproximadamente a iguales valores que en el período previo, pero el aumento notable de la desocupación conduce a una distribución del ingreso nacional mucho más desfavorable para la clase trabajadora. En el cuadro 1 se puede observar cómo cambia la participación de los trabajadores en el ingreso nacional.
    Sobre la base de estas cifras, puede mostrarse que las políticas salariales aplicadas desde 1967 han dado lugar a que los trabajadores perdieran, a causa de la disminución de su participación en el ingreso nacional desde dicho año, una suma que asciende —en pesos moneda nacional de 1971— a 1.214.038 millones de pesos, lo que implica una pérdida m$n 185.900 por trabajador ocupado en 1971, es decir, más de tres meses de salario computado el salario medio anual de los trabajadores para ese año.

    Año % Participación porcentual de los
    trabajadores el ingreso nacional
    1950 46,4
    1951 44,5
    1952 46,5
    1953 46,0
    1954 46,9
    1955 44,1
    1956 41,8
    1957 40,5
    1958 41,7
    1959 35,2
    1960 35,3
    1961 38,1
    1962 37,4
    1963 36,6
    1964 36,5
    1965 38,1
    1966 41,0
    1967 42,2
    1968 40,9
    1969 39,9
    1970 39,6
    1971 37,9

    Esta brutal transferencia de riqueza, que benefició principalmente a los sectores monopolizados de la clases propietarias, nos indica que el peso fundamenta de la crisis del sistema económico social imperante e el país se descarga sobre los trabajadores. Las mayoría populares, marginadas desde 1955 del poder político sufren así un régimen de creciente superexplotación y miseria.
    La Argentina agotó prácticamente hace ya una década al cabo del gobierno desarrollista de Frondizi, durante el cual el imperialismo continuó apoderándose de los recursos básicos de la economía, las posibilidades que podía darle un desarrollo capitalista dependiente. El proceso de entrega se ha acentuado con la dictadura oligárquico militar, atando aún más el país al dominio imperialista, que impone a nuestra economía un crecimiento vegetativo pobre y estrecha el mercado interno.
    La concentración del poder económico tiene como una de sus consecuencias la pauperización de los sectores intermedios de la sociedad, lo cual los acerca a la clase obrera y los lleva a compartir su forma de lucha. (La combatividad de los maestros, bancarios y empleados públicos es bastante elocuente.)
    Dentro del movimiento obrero, columna vertebral de las mayorías populares, se ha comenzado a pasar a la ofensiva en algunos de los frentes desde 1968 y a despecho de los dirigentes legalizados por el régimen. A partir de las movilizaciones que permitieron arrancar concesiones, se comienza a proponer la conquista de poder político.
    Los objetivos estratégicos inmediatos del movimiento obrero, canalizados a través del peronismo, radican e la organización de la lucha a largo plazo para la conquista del poder, única forma de asegurar la independencia económica de nuestra patria, como pilar de su soberanía política, en el marco del socialismo nacional.

    Comisión de Estudios Sindicales

    LISANDRO BARRY, OSVALDO CASAS, RAMÓN BONSOIR,
    GUSTAVO CRAGNOLINO, MARIO R. DOS SANTOS