La política de Unidad Nacional que orienta el compañero General Perón, es en lo esencial justa, y se corresponde con las necesidades de ampliar las bases de sustento del Gobierno representante del pueblo.
La consigna de “Liberación o Dependencia” con la que se dio la batalla política que nos llevó a la reconquista del Gobierno y a repatriar a nuestro Jefe de su injusto exilio, debe orientar toda la etapa de lucha por la Reconstrucción y la Liberación Nacional. Ganar para la causa nacional todas las fuerzas susceptibles de ser unidas en un frente único para la Reconstrucción Nacional, neutralizar los vacilantes y aislar el pequeño núcleo de las clases burguesas interesadas en servir a la dominación colonial es una necesidad prioritaria impostergable.
Nada podrá construirse en la Argentina fuera de la Unidad Nacional. La obtención de la hegemonía de la clase trabajadora peronista sólo puede construirse dentro de la Unidad Nacional. Una estrategia de construcción del socialismo según las modalidades concretas de nuestra propia realidad, sólo se puede desarrollar dentro de una línea de Unidad Nacional.
La experiencia de nuestro pueblo, expresada esencialmente en la lealtad de la clase obrera con el peronismo y con Perón, es una evidencia que “en una lucha de carácter nacional, la lucha de clases toma la forma de lucha nacional”.
Siendo la Revolución Colonial y sus luchas de Liberación la principal fuerza de lucha por la liquidación del sistema capitalista imperialista, la solidaridad, apoyo y aprendizaje mutuo es un deber de lealtad para con nuestra propia lucha. El presente trabajo del “gran Mao”, constituye un ejemplo de la forma en que un gran movimiento de liberación pudo resolver con éxito el problema de la “Unidad Nacional”.
Comité de Redacción

  • La ayuda y las concesiones deben ser positivas, y no negativas
  • Para una cooperación a largo plazo es necesario practicar la ayuda y las concesiones mutuas entre todos los partidos que forman el frente unido; pero éstas deben ser positivas, no negativas. Debemos consolidar y acrecentar nuestro propio Partido y nuestro ejército, pero al mismo tiempo debemos también apoyar la consolidación y el crecimiento de los partidos y ejércitos amigos; el pueblo debe reclamar al Gobierno la satisfacción de sus demandas políticas y económicas, pero al mismo tiempo debe apoyar al Gobierno, por todos los medios posibles para llevar adelante la resistencia al Japón; los obreros deben pedir a los dueños de las fábricas que mejoren su situación, pero al mismo tiempo deben trabajar con ahinco para ayudar a la resistencia contra la agresión japonesa; los terratenientes deben reducir las rentas y los intereses, pero al mismo tiempo los campesinos deben pagar las rentas y los intereses, y unirse todos contra la agresión extranjera. Todos estos principios y orientaciones son de ayuda mutua; son principios positivos, no negativos ni unilaterales. Lo mismo podemos decir de las concesiones mutuas. Cada una de las partes debe abstenerse de socavar a la otra y de formar grupos secretos en el seno de otro partido, de su gobierno o de su ejército; en lo que a nosotros se refiere, esto significa que no formamos grupos secretos en el seno del Kuomintang, de su gobierno, o de su ejército, de modo que el Kuomintang pueda estar tranquilo a este respecto, en beneficio de la lucha contra el Japón. Esto es precisamente lo que significa la frase “abstenerse de hacer una cosa con el fin de poder hacer otra”. Si no hubiéramos reorganizado el Ejército Rojo, ni cambiado la administración política en las zonas rojas, ni abandonado la política de las insurrecciones, no podríamos realizar ahora una guerra, a escala nacional, contra los invasores japoneses. Al hacer concesiones en aquello, logramos esto; por medios negativos hemos obtenido resultados positivos. “Retroceder para saltar mejor”, es precisamente leninismo. Considerar las concesiones como algo puramente negativo es inadmisible para el marxismo-leninismo. Se han dado casos de concesiones puramente negativas, como por ejemplo la teoría de la colaboración entre el trabajo y el capital propugnada por la II Internacional, que entregó al enemigo toda una clase y y una revolución entera. En China, Chen Tusiu y, después de él, Chang Kuo-tao, fueron capituladores; hay que oponerse enérgicamente al capitulacionismo. Por nuestra parte, toda concesión, retroceso, vuelta a la defensiva o suspensión de la acción, ya sea con respecto a los aliados o a los enemigos, debe ser considerado como parte del conjunto de la política general revolucionaria, como un eslabón indispensable de la línea revolucionaria general, como un fragmento de una marcha en zigzags. En una palabra, tienen un valor positivo.

  • La compatibilidad de la lucha nacional y la lucha de clases
  • El principio fundamental del frente unido consiste en apoyar una guerra a largo plazo por medio de una cooperación a largo plazo; o en otras palabras, subordinar la lucha de clases a la actual lucha nacional de resistencia al Japón. De acuerdo con este principio, la independencia de los partidos y de las clases, es decir, su independencia y autonomía dentro del frente unido, deben mantenerse; los derechos imprescindibles de los partidos y de las clases no deben ser sacrificados en aras de la cooperación y la unidad, sino que, por el contrario, hasta cierto límite deben ser defendidos; sólo así puede facilitarse la cooperación, sólo así puede existir lo que se llama cooperación. En el otro caso, le cooperación se convertiría en una amalgama a expensas del frente unido. En el período de lucha nacional, la lucha de clases toma la forma de lucha nacional, lo cual muestra la compatibilidad de las dos luchas. Por un lado, las demandas políticas y económicas de las clases, durante un cierto período histórico deben basarse en la condición de que no se rompa la cooperación; por otro lado, todas las demandas de la lucha de clases deben satisfacer las exigencias de la lucha nacional (esto es, para la resistencia contra la agresión japonesa). Así se vuelven compatibles la unidad y la independencia dentro del frente unido, la lucha nacional y la lucha de clases.

  • “Hacerlo todo a través del frente unido” es erróneo
  • El Kuomintang, partido en el poder, no ha permitido hasta la fecha que el frente unido tome una forma organizativa. Con mucha razón dijo el camarada Liu Shao-chi que si lo que se llama “hacerlo todo a través” significa a través de Chiang Kai-shek y de Yen Si-shan, entonces eso sólo sería el sometimiento unilateral de una de las partes a la otra y en modo alguno “a través del frente unido”. En la retaguardia enemiga, como no es posible “hacerlo todo a través”, no nos queda otra solución que actuar de manera independiente y autónoma, basándonos en las cosas con las que el Kuomintang ya está de acuerdo (por ejemplo, con el Programa de la Guerra de Resistencia y de la Reconstrucción Nacional). O, calculando con que el Kuomintang estaría de acuerdo, actuar primero y pedir el asentimiento después. Así, por ejemplo, la creación del cargo de responsables administrativos y el envío de tropas a la provincia de Shantung nunca se hubieran realizado si hubiésemos recurrido antes a ese “a través”.
    Lo que ocurre en China es que el Kuomintang priva de iguales derechos a los demás partidos políticos y trata de obligar a todos estos partidos a someterse a sus órdenes. Si, al lanzar esta consigna, queremos decir que exigimos que “todo” lo que hace el Kuomintang debe ser realizado “a través” de nuestra aprobación, sería imposible y ridículo. Si deseamos obtener la aprobación previa del Kuomintang para “todo” lo que fuéramos a realizar, entonces ¿qué vamos a hacer si el Kuomintang no está de acuerdo? Como la política del Kuomintang consiste en limitar nuestro crecimiento, no tenemos el menor motivo para lanzar semejante consigna, que no sirve más que para atarnos de pies y manos. En la actualidad hay cuestiones sobre las cuales debemos conseguir la previa aprobación del Kuomintang, como es la de ampliar tres divisiones para formar tres cuerpos de ejército dándoles la denominación correspondiente; esto es, pedir primero la aprobación y actuar después. Otras cosas hay que debemos hacerlas primero e informar después al Kuomintang, como, por ejemplo, ampliar los efectivos de nuestros ejércitos a más de 200.000 hombres: esto es actuar primero y pedir luego la aprobación. Hay también otras cosas, como la convocación de la Asamblea de la Región Fronteriza, que, por el momento, debemos hacer sin pedir la aprobación, en la creencia de que el Kuomintang no la daría por el momento. Pero también hay otras cosas que por el momento ni vamos a hacer ni a pedir la aprobación para realizarlas, cosas que, si se hicieran, comprometerían toda la situación. En resumen, no debemos ni romper el frente unido ni atarnos de pies y manos; por eso, la consigna de “hacerlo todo a través del frente unido” no debe ser lanzada. Si la consigna de “supeditar todo al frente unido” se interpreta como “supeditar todo” a Chiang Kai-shek y a Yen Si-shan, entonces esto también es un error. Nuestra política es de independencia y autonomía dentro del frente unido, una política orientada a la ver necia la unidad y hacia la independencia.

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