P. y L. — En el marco de las luchas populares, para la comprensión y la ubicación histórica de lo que significó la Resistencia es indispensable conocer al Lisandro de la Torre.
Sobre ello, y sobre usted como protagonista nos interesa su respuesta, partiendo de la circunstancia histórica y política de aquel momento.

S. B. — La lucha que se desarrolló en el Lisandro de la Torre no fue una lucha en defensa de salarios sino en defensa del patrimonio nacional. No sé si habrá habido anteriormente algún acto de protesta, alguna lucha que se desarrollara basada en esos principios; yo como hombre del movimiento justicialista no necesité recibir directivas, ni tampoco los representantes que me acompañaban, directivos, delegados y obreros, para defender el patrimonio nacional, lo cual está consubstanciado con nuestra doctrina justicialista y de hecho el dirigente que dice que es tal tiene que defenderlo. Así, espontáneamente, ante el amago del presidente Frondizi —para mi, traidor a la patria, señor Arturo Frondizi— de entregar las riquezas del país, se dio la respuesta. Fue tan espontánea que el mismo día de enero en que Frondizi, en una reunión que se realizó en Olivos, llamó a los legisladores y les entregó el anteproyecto para que sea tratado el día martes en la cámara de diputados, nosotros organizamos una manifestación de protesta con los 9.000 trabajadores y el pueblo que nos acompañó, ese pueblo maravilloso que siempre está en la lucha, en la liberación total de nuestro país, que se solidarizó de tal manera que éramos miles y miles más. Una gran cantidad de dirigentes, delegados, directivos y afiliados nos introdujimos en el Congreso de la Nación; en cada uno de los bloques hubo una representación nuestra para preguntarle a los legisladores cuál era la posición a adoptar.

P. y L. — Perdón compañero, para la ubicación de quienes no conocen el problema específico ¿en ese momento se estaba debatiendo la cuestión de la carne?
S. B. — La ley de carnes era la entrega del frigorífico L. de la Torre. El art. 1? decía arrendamiento y con prioridad privatizar, entregárselo a CAP, una empresa que considero antinacional, y así la considera todo el mundo, porque a través de los años que tiene en nuestro país ha demostrado que es una empresa antinacional. Detrás de esto, por supuesto, estaba el capitalismo norteamericano. Frondizi necesitaba la ley de carnes para viajar unos días después a Nueva York, necesitaba la ley para que allá los amos tuvieran la garantía de que Frondizi iba a negociar; la CAP era un puente. Fíjese que días antes del anteproyecto me viene a visitar el presidente de la CAP, señor Busquet Serra, y me ofrece dinero para comprar la conciencia de mis compañeros y a la vez comprarme a mi. El resultado lo sabe todo el mundo … la espontánea decisión nuestra de sacarlos de nuestra organización sindical y echarlos como a perros, diciéndoles que la conciencia de los trabajadores no puede comprarla ningún explotador. Ellos decían que nos iban a garantizar las horas de trabajo, que nos iban a dar la dirección y además ofrecían aproximadamente 25 millones de pesos, un millón para cada directivo, cosa que fue rechazada total y espontáneamente por todos los directivos. Como comentaba antes, el martes se realiza la concentración y como había tanta efervescencia fuera y dentro de la cámara de diputados, el señor Gómez Machado (serían más o menos las 12 de la noche) nos reunió en una parte del Congreso, delante de los periodistas y manifiesta que la ley no se va a aprobar hasta que nosotros no habláramos con Frondizi, el Presidente de la República, lo cual ocurriría al otro día a las 4 de la tarde, destacando que la ley de ninguna manera se iba a aprobar porque el presidente lo había llamado por teléfono y le había dado instrucciones precisas para que allí no se aprobara ninguna ley. Realizamos una manifestación desde Congreso a Plaza Once y luego desconcentramos a los compañeros. Los muchachos se fueron pero yo volví al Congreso para hablar con los representantes de los distintos bloques, entre ellos, Perette, Rodríguez Araya y otros más, para que no formaran quorum en caso de que fuera una maniobra. Ellos garantizaron que no. La sorpresa nuestra fue cuando nos retiramos de ahí. Serían las 4 ó 5 de la mañana, yo llego a casa y como hacía varios días que no dormía, me acosté; al rato mi esposa me despierta comunicándome que la ley de carnes se había aprobado. Es decir, que esperaron la desconcentración, que nos fuéramos todos nosotros para aprobar la ley; hasta había ido a aprobar la ley gente inválida llevada con sillas de ruedas.

P. y L. — Era un congreso donde no había una representación del Movimiento Nacional Peronista.
S. B. — Por supuesto; no había ningún representante peronista ni neo-peronista. Se aprueba la ley e imagínese la respuesta espontánea nuestra. Salimos del frigorífico impotentes; como teníamos a las 4 la reunión con Frondizi llegamos a esa hora de la tarde a Olivos, nos encontramos con un señor de las Fuerzas Armadas que está a cargo de la guardia, y se da el diálogo así:
“—Señores ¿qué desean?
—Venimos para una entrevista con el señor Presidente.
—Ustedes no están entre las personas que tienen audiencia.
—Dígale al señor Presidente que está Sebastián Borro con los representantes de la Asociación Gremial del personal del frigorífico, que teníamos audiencia para las 4 de la tarde.”
Se comunica por teléfono, Frondizi dice que no hay ninguna audiencia. Yo reaccioné violentamente, los periodistas son testigos, “Dígale a ese señor que teníamos una audiencia, que ayer le comunicó el señor Gómez Machado y le ha dicho delante de los periodistas presentes aquí, y ellos son testigos; dígale a ese señor que no juegue con los trabajadores, que la audiencia tiene que concederse.” Frondizi sigue diciendo que no tiene nada que ver, que vayamos a verlo a Allende, que era ministro de Trabajo y a Eleuterio Cardozo, que era en definitiva con el que teníamos que conversar para resolver el problema de la carne.
Con el tiempo nos dimos cuenta que Eleuterio Cardozo era el que había participado en la redacción, junto con Frigerio, de la Ley de Carnes, porque la ley de Carnes tiene otros rubros, otros artículos que establece que hay un beneficio de millones de pesos por el faenamiento, por la exportación, una serie de cosas que hacían que el gremio de la carne se beneficiará con 15 ó 12 millones de pesos mensuales. Entonces a Cardozo le interesaron más los 12 millones que la estabilidad del personal y la defensa del patrimonio nacional. Eso lo ignorábamos nosotros, pero lo supe en una visita que hice a Madrid en el año 60, un año después de la huelga. Pero sigamos. Como ahí en la residencia de Olivos no había otra alternativa, concurrimos luego a verlo al Ministro de Trabajo, y nos recibió Allende.

P. y L — ¿Entonces Frondizi no los recibió?
S. B. — No. Nosotros nos habíamos exaltado un poco, habíamos dicho unas verdades. A Frondizi le habrá interesado un pepino, porque era característico de él ser un desfachatado. Fuimos a verlo a Allende; él no conocía nada del problema de la carne, nos dice la verdad y también que nos comuniquemos con el Presidente a ver lo que pasaba. Nos dio media hora de plazo, fuimos a la Federación de la Carne. Allí hablo con Cardozo y le digo: “Che, ¿qué pasa? Frondizi dice que teníamos que venir acá cuando teníamos una audiencia allá”. Nos contestó: “lo único que sé es que hace un rato vino Coordinación a buscarlos a ustedes.”
Entonces tuvimos la idea de que Frondizi nos mandaba presos y yo le digo: “Acá da a entender que vos tenes que ver con todo esto, porque no es posible que tenemos que tratar con el Presidente de la Nación un problema y lo derive a vos que sos un dirigente gremial como cualquier otro, pero no de nuestro gremio sino del gremio de Uds.”. Era de la Federación, secretario de la Federación de Carnes, a la cual nosotros no estábamos adheridos; entonces, no hubo nada más que hacer. Fuimos a ver a Allende de nuevo, y ya no nos atendió, es decir que era una maniobra para dilatar todo. De allí fui a verlo a Avelino Fernández, miembro de las 62 Organizaciones, para que concurriera junto con otros compañeros de las 62 a la Asamblea que ya estaba constituida, a la espera de la información que les diéramos nosotros de la reunión con Frondizi. Al informarle a la Asamblea lo que había ocurrido, la reacción fue espontánea, la gente decidió la ocupación del frigorífico Lisandro de la Torre, hecho que ocurrió el día miércoles 14 de enero, más o menos a las 12 de la noche. Se ocupó el frigorífico, pero había que trabajar al otro día, es decir realizar la faena normal. A partir de ese momento comienza el movimiento de los intermediarios, de los influyentes que querían buscarle solución al problema; entre ellos Niceto Vega, Jefe de Policía que era familiar de Frondizi; el señor Fernández, director del frigorífico, buscaban la manera para que Borro conversase con Frondizi, pero ya la ley se había aprobado. Así Níceto Vega se comunica por teléfono conmigo, más o menos a las 2 de la mañana y me dice: “Mire Borro, yo soy intermediario, usted mañana a las 4 de la tarde será recibido por el Presidente Frondizi”. Le digo que es lamentable que me reciba el señor Presidente luego de haberse aprobado la ley. “Bueno, me dice, Ud. sabe que yo estoy trabajando en esto.” Al otro día vamos a Olivos, entramos, conversamos con Frondizi, quien me dice:

—”Ustedes dirán”.
—”En primer lugar, señor Presidente, yo quisiera que en esta reunión estuvieran presentes los representantes de las 62 Organizaciones, a la cual estamos adheridos, hay dirigentes en la puerta; quisiera que pasaran a este recinto para discutir el problema.”
Me contesta que no hay ningún inconveniente e hizo pasar al compañero López, de panaderos, a Jorge Di Pascuale y a Avelino Fernández, además de 7 u 8 directivos de la Asociación Gremial del personal del frigorífico.
Una vez que llegaron ellos, insiste:
—”Usted dirá, Borro”.
—”Bueno, lo que digo yo, señor, es que ninguna investidura, por más grande que sea, tiene el derecho de burlarse de los trabajadores, ni a usted ni a nadie vamos a permitir que se burle de los trabajadores. Usted le ha mentido a los trabajadores junto con Gómez Machado, y yo vengo en representación de esos trabajadores a decirle que esa falsedad no se la vamos a admitir porque nosotros venimos a defender aquí lo que usted entrega. Usted va a viajar a EE.UU. con la ley de Carnes, que la necesitan allá, mientras las manos callosas de los trabajadores se aterran a los barrotes diciendo ‘Patria sí, colonia no’. Quiere decir que es distinta su representación como presidente que tiene la obligación de defender a la patria, a la auténtica representación que tienen los trabajadores y defienden este patrimonio nacional.”
—”Bueno, la historia y el pueblo dirán, la ley es la ley”.
—”Pero bueno, le contesto, la ley se aprobó engañando a los trabajadores. Usted tiene un anteproyecto en el cajón en el cual nosotros le damos soluciones al problema, y a usted le interesó entregar la carne a una empresa privada antinacional, pero no se lo vamos a permitir, usted viajará a los EE.UU., pero va a viajar con el país parado, porque le vamos a parar el país crea o no crea, y eso de que la historia dirá, la historia aquí se escribe también de cualquier manera, yo he leído muchas cosas, y me estoy dando cuenta que al verdad es otra. Y usted habrá leído, lo lamentable de usted es que habrá leído mucho más que yo, tendrá más intelectualidad, pero para traicionar al pueblo y no para defender los intereses del país, y nosotros que somos simples trabajadores, con una mediana cultura, tenemos eso que le falta a usted, conciencia en defensa de la patria, y en cuanto a lo que el pueblo dirá, le propongo, acompáñeme a Mataderos, allí está el pueblo y le va a decir lo que piensa de usted.
—”Bueno, dirá lo que usted dice.”
—”No, el pueblo dice lo que siente y yo también digo lo que siento porque yo también soy pueblo, así que vayase a EE.UU., entregue la riqueza del país, el pueblo le responderá. Pero tenga la plena seguridad de que el pueblo argentino va a respaldar esta lucha heroica en defensa del patrimonio nacional. Usted va a viajar con el país parado (iba a viajar el sábado), entonces Avelino Fernández toma la palabra y dice: Mire, Presidente, yo estuve en la asamblea ayer y esto va a tener consecuencias graves.

P. y L. — ¿Cuántas personas había en la asamblea?
S. B. — Nueve mil personas, por unanimidad se resolvió la ocupación. Avelino Fernández, por haber visto la reacción de la gente, la espontaneidad, le dijo a Frondizi eso de las consecuencias. Frondizi le contestó: “Mire mocito, por lo que he sufrido, porque tengo más edad, no me pueden intimidar sus manifestaciones”. Entonces retomé yo la conversación: “¿Por lo que sufrió usted? Qué pudo haber sufrido, si cualquiera de los que está aquí ha pasado meses en las cárceles del sur del país por defender la patria, por ser idealista y usted habrá estado preso 48 horas por haber agarrado una tribuna o insultar a Perón, a Evita o difamar. ¿Que tiene más edad? Fíjese este señor Rivas tiene mucha más edad que usted y con el silencio ha demostrado que tiene más seriedad, no se puede hablar de la manera que habla usted. (Fernando Rivas era el Secretario de Cultura de nuestra Asociación Gremial, un hombre correcto, de lucha). Y sigue Frondizi: “Bueno, en definitiva la solución estará cuando yo vuelva de EE.UU. Pero con la base de que la ley es la ley.” Le digo: “Pero con esa base vayase a EE.UU. y quédese allá, qué me viene con el planteo ése, lo que pasa es que es característico en usted tener esas actitudes contra el pueblo, pero el pueblo le va a dar la posición fija, firme de lo que piensa sobre usted.” Bueno, la discusión fue breve. Yo no había conversado nunca con él, fue la primera y última vez que lo hice. Me pareció que si bien tenía una capacidad extraordinaria, la utilizaba para el mal y con una desfachatez terrible, es decir, que no tenía la responsabilidad de un gobernante del pueblo.
Se terminó así la reunión, no había más que tratar; lo saludamos y Barilari le dice “que tenga un feliz viaje”. Fíjese cómo cambian las personas al verlo al presidente. Cuando veníamos en la camioneta, este mismo muchacho Barilari decía: “Por qué no se caerá el avión y éste juntos”, y ahora le deseaba feliz viaje.
Quizás en estos momentos me olvide de otros detalles, por los años, pero la intención de él era comprar nuestra conciencia, mandó a otros señores y después en su despacho quizo hacer aparecer que la ley era una cosa justa. Lamentablemente hoy el pueblo está pagando las consecuencias de la entrega del Lisandro de la Torre. Se entregó no sólo el frigorífico, que se lo vendieron a la CAP en 380 millones, de los cuales pagó el 10%, y a los 15 días el gobierno, la cámara de diputados, apoyó una subvención de 500 millones a la CAP, que jamás pagó.
Y ese frigorífico vale miles y miles de millones, porque tiene 50 cámaras frigoríficas que no hay en toda América, se podían faenar 9.000 vacunos diarios, 3.000 ó 4.000 cerdos, 5.000 lanares, además tenía todo el campo, 30 cuadras hacia abajo, hacia el sur, tenía también hornos . . . El resultado está a la vista: una empresa antinacional, explotadora, un campo de concentración, aumentaron las horas laborables, se suprimieron conquistas sociales, funciona actualmente con un personal de 1.500 personas, de 9.000 que había, no se faenan cerdos ni lanares, al personal que trabajaba en playas cuando no tenía otra cosa que hacer, lo obligan a trabajar de albañiles, una serie de cosas, y los dirigentes no respondieron a la altura de los acontecimientos, me refiero a los que sucedieron a nuestra conducción.
Cuando terminamos la reunión concurrimos a la asamblea y yo expliqué textualmente lo que había pasado. La asamblea resuelve, además de mantener la ocupación, la huelga por tiempo indeterminado. Cuando se realiza eso, Niceto Vega, el Jefe de Policía, se molestó porque consideraba que se alteraba el orden. Me cita a su despacho a eso de las 5 de la tarde del viernes 16 de enero, me manifiesta que él consideraba que se estaba alterando el orden y que en el gremio, en la Asamblea, se había debatido el problema con la participación de comunistas y socialistas. Yo le dije: “Al gobierno de Perón se le ha criticado mucho que no aplicaba la democracia sindical, cosa que no comparto, pero si no hubiera sido así, yo la aplico, porque en nuestra asociación va a hablar todo aquel que tenga un carnet que diga ‘afiliado’, sea comunista, socialista, radical, lo que sea y usted sabe muy bien que en el frigorífico el 90 % es peronista y no me venga a mi con que hablan los comunistas; esa es la argumentación que tiene usted ahora para aplicar la represión y querer castigar a los trabajadores. Si habló un comunista, a mi no me interesa, el comunista puede hablar, yo lo voy a defender y voy a defender al socialista, al radical, al peronista, a todo el que sea. Si usted no practica la democracia la voy a practicar yo; como dirigente gremial voy a hacer lo que me corresponde, con la representación que tenga y con las resoluciones que toma el gremio.”
Ahí terminó la reunión; nos fuimos a las 62. A las 10 de la noche nos llamó Valdovinos, y ahí presente estaba Birme, que era un dirigente bancario colaborador del Ministerio de Trabajo que estaba con Allende. Me dicen que ellos después de analizar el problema, así se expresó Valdovinos, habían resuelto declarar ilegal la huelga y me llamaban a mí para conversar. Yo le dije aproximadamente esto: “Es lamentable que usted me diga que analizaron el problema; usted no sabe nada de lo que pasó con la huelga en el Lisandro de la Torre, porque a usted lo habrá llamado Frondizi de Olivos y le habrá dicho hay que declarar la huelga ilegal, y Usted me llamó para que yo le firme una ilegalidad. Usted está loco si cree
que se la voy a firmar; esto es lo más legal que se puede hacer: defender el patrimonio nacional. Si usted es cómplice de Frondizi quédese con Frondizi, no me venga a mí con esto. Terminó así la conversación, volvimos a las 62 y a eso de las 2 de la mañana (estábamos en reunión plenaria permanente) me llaman del frigorífico Lisandro de la Torre, diciendo que el señor Larroude, de la Subsecretaría de Defensa, quería hablar conmigo. Llamo por teléfono a Larroude, quien me estaba esperando en su despacho y me dice que concurra allí con los dirigentes del gremio. Le insistí que los dirigentes de las 62 iban también, aunque él prefería lo contrario. Al fin a esa reunión nos acompañó Avelino Fernández, Jorge Di Pascuale, Amado Olmos y el muchacho López. Estaba el señor Larroude con un grupo de militares de distintas armas, veo a uno de civil, lo saludo, y él me dice: “Antes de movilizar a los ferroviarios y a los petroleros los llamé. . .” Le interrumpí: “Ustedes nos quieren movilizar. . . si es así, háganlo ya. Ustedes se creen que nos van a intimidar y vamos a levantar el paro. Usted que es de las Fuerzas Armadas —no, yo no soy de las Fuerzas Armadas, dice Larroude—. “Ah, bueno, como es el Subsecretario de Defensa, perdóneme, pero a ustedes señores, que les han legado un uniforme, y están escuchando en silencio a este señor que dice que va a movilizar a los trabajadores, ustedes tienen que servir para defender la soberanía de la patria y son cómplices de permitir que se entreguen las riquezas naturales, en este momento se va a entregar lo que es la esencia de lo que es la carne, mercado, frigorífico, todo, y ustedes con su silencio son cómplices. Señores de las Fuerzas Armadas, movilizan, asesinan, persiguen, y ustedes con este silencio, que es lamentable; la bandera argentina tiene que tener el orgullo de tener hombres en las Fuerzas Armadas que defiendan a la patria, al pueblo”. Le puedo asegurar que ninguno de esos de las Fuerzas Armadas dijo una palabra, parecía una junta militar con uno en el medio que determinaba. Hablé 20 minutos, la verdad es que me emocionaba y puse tanto énfasis que podía pensar que me podían mandar preso. Pero fíjese que lo que estaban tratando era demorar Ta reunión, porque mientras estábamos hablando ahí iban los tanques para el Lisandro de la Torre, iban las tropas para ocuparlo. Habló después Olmos, Di Pascuale, Saavedra, dirigente del frigorífico, habló una cantidad de gente con la misma decisión mía, con la misma altura, con el mismo patriotismo y esos señores de las Fuerzas Armadas y ese mismo señor Larroude nada, no contestaban nada. No conocía a nadie físicamente; sé que eran hombres de las 3 fuerzas armadas. Decían que eso lo manejaba Raimúndez, a quién conocí mucho después. No creo haberlo visto en esa reunión, pero era el Subsecretario de Guerra y él me confesó que había determinado por orden del Presidente de la República el envío de las tropas, y que uno de los que manejaba un tanque era el que después fue jefe de policía, Cáceres Monié; esto me lo dijo el señor Raimúndez a mí y lo ratificó públicamente.
Cuando volvemos a la sede de las 62, serían las cuatro de la mañana, me comunican del frigorífico que ya los tanques estaban rompiendo los portones y estaban ingresando en el frigorífico. Claro, me habían estado alejando del lugar donde yo podía ser el hombre, sin jactancia ninguna, que podía conducir.
Acá se ha hablado mucho de que la huelga fue manejada por fulano, mengano, no, la huelga la han hecho los trabajadores del frigorífico por decisión unánime y espontánea a la cual se adhirió todo el pueblo argentino, al que le tenemos que agradecer eternamente, no hay ninguna duda. Se paralizó el país, eso es claro, pero que la huelga la hemos hecho todos los trabajadores del frigorífico con la adhesión del pueblo, también es claro. Nadie manejó nada; que hubo colaboración de gente política, de W. Cooke, de otra gente, de otros compañeros que se han sumado, de la Universidad, la Facultad de Derecho, Ciencias Económicas, estudiantes, empresarios, todo el comercio de mataderos, no hay duda, pero la huelga se realiza por la injusticia que se comete con la entrega del patrimonio nacional y con una espontaneidad tal que yo no me puedo olvidar jamás de eso. Después que entraron los tanques y que el personal fue desalojado, la mañana siguiente al 17, en todo el pueblo de Mataderos, en 40 cuadras a la redonda, había barricadas hechas por ancianos, mujeres, pibes, se paraban tranvías, coches, era una ciudad abierta, eso era terrible.

P. y L. — Compañero, nos interesa también conocer su experiencia en la cárcel.
S. B. — La experiencia que he tenido en la cárcel, habiendo estado en ella bastante, es la siguiente: la cárcel templa a los hombres idealistas, templa a ¡os hombres que tienen principios y doblega a aquellos que están en otra cosa. Yo he conocido la cárcel por primera vez en mi vida en 1956, en febrero, por segunda vez el 9 de junio, luego al fin del 56 hasta el 57 en Río Gallegos, donde la compartí con el grupo que pudo fugarse, Jorge Antonio, Cámpora, Kelly, Espejo y otros tantos, William Cooke también; luego estuve en Las Heras, Devoto, departamentos de policía, allí usted conoce quien es auténtico porque en la adversidad es donde se conoce a la gente. En la cárcel conocí a gente que mantuvo sus principios, su idealismo, su lealtad a la causa y he visto a otros que la han desvirtuado. Precisamente aquellos que en el gobierno de Perón estaban usufructuando cargos y perjudicaban al pueblo.

P. y L. — Compañero, como antiguo militante del movimiento sindical peronista, quisiéramos saber cómo ve al vandorismo.
S. B. — Con respecto al vandorismo le puedo decir lo siguiente: Augusto Timoteo Vandor, un hombre muy pícaro, de mucha intuición, cuando comenzó a tomar las riendas del Movimiento tenía en su contra alguna gente leal, entre quienes me encontraba. Peleábamos contra Augusto T. Vandor porque él estaba tratando de formar su equipo, su organización no precisamente para defender a Perón y al peronismo, lo que quería era heredar la conducción de Perón, haciendo aparecer allá por el 59 que Perón estaba chocho, de que era un hombre que ya no daba más, que no podía conducir. Ellos se consideraron los políticos herederos del Movimiento, y querían llevarnos a otro terreno; además Vandor en forma oficiosa hacía reuniones con los militares, con los empresarios, con los gobernantes de turno llevándoles lo que nosotros debatíamos y discutíamos. Fíjese que precisamente los que no fueron a la cárcel eran ellos. Vandor, creo que desde que yo lo conocí debe haber estado un mes en la cárcel, por la huelga del frigorífico. Allí sí actuó bien, y habrá estado en el 55 un par de meses, pero luego jamás, en todos los gobiernos dictatoriales sucesivos, gobiernos que estaban contra el pueblo, y ellos no sufrieron las consecuencias que sufrieron otros muchachos honestos. El vandorismo es un molde hecho por Vandor que ha quedado. La gente que lo maneja ahora no tiene la intuición ni la picardía de Vandor aunque crean que pueden controlar la cosa, pero estoy convencido de que eso ya termina en el país. Ya ha terminado, por más dinero, por más propaganda, aquí en el Movimiento hay un solo líder que se llama Perón.

P. y L. — Compañero, el general Perón ha afirmado en la Hora de los Pueblos, que entre las formas de infiltración que se dan en el Movimiento está la de aquellos dirigentes sindicales que son fácilmente captables e instrumentabas por el imperialismo en nuestro país, ¿usted qué puede decirnos al respecto?
S. B. — Lamentablemente nosotros tenemos un déficit en la conducción sindical, hoy ese déficit se llama comunmente la burocracia sindical. No hay ninguna duda que lo que dice el general Perón hay que ratificarlo. Quien deja el país en 1955, sufre difamaciones, calumnias, exilio y a los 18 años vuelve cuando quiere él y es presidente, ha demostrado que es un genio de tal naturaleza que sus manifestaciones y sus hechos son de tal magnitud que no se pueden poner en tela de juicio. Hay déficit en la conducción sindical y gente que sirve al imperialismo, gritan “Viva Perón”, pero hacen todo lo contrario de lo que el peronismo necesita, gritan justicia social y están explotando a los trabajadores; no hay ninguna duela que lo que dijo Perón es la realidad y se refiere a esos dirigentes.

P. y L. — Compañero, el Lisandro de la Torre marca un hito en el proceso, en la lucha por la liberación nacional, pero hay otras dos grandes fechas que están presentes en la historia del Movimiento, son el 17 de Octubre y el Cordobazo.
S. B. — El 17 de octubre es la reacción del pueblo para rescatar a su líder, para restituirlo al gobierno y sacarlo de las garras de la oligarquía. El 17 de octubre fue la jornada histórica de un pueblo que rescata a su Coronel, a su líder, quien le había dado la esperanza de que tuviera una dignificación total. El Cordobazo es otra lucha que se produce en el 69, 10 años después de la huelga del frigorífico, es una lucha que no puedo calificar de más brava, de más trascendencia que la del frigorífico, pero sí una lucha auténtica de pueblo, donde dirigentes gremiales conducen acompañados por el pueblo, y cuando el pueblo ve que hay gente que conduce y da ejemplo, lo acompaña, ese es uno de los resultados de nuestra huelga del 59 y resultado de la huelga del 69, de mayo, con el famoso Cordobazo, las dos fechas históricas.

P. y S. — Compañero, usted acaba de protagonizar un episodio realmente trascendente en lo que hace a la política nacional, cuando un funcionario designado ya por el gobierno popular al frente de la intendencia de Buenos Aires tiene un conflicto con los trabajadores y usted se transforma en el líder que conduce ese enfrentamiento ¿a qué se debe la solidaridad que recibe del resto de los trabajadores municipales?
S. B. — Es por lo siguiente: yo entiendo —así lo entendemos todos los que tenemos un poco de criterio— que la función pública no puede estar manejada por locos ni deshonestos. El señor Debenedeti es un loco y además deshonesto, por lo tanto ese señor teniendo un cargo en el que fue designado no por el general Perón sino por otra persona, lo ha utilizado para preparar la contrarrevolución en nuestro Movimiento teniendo a su lado elementos negativos y con otra mentalidad. Así que este señor, que ya conocíamos en el año 50, habiéndoselo hecho renunciar en aquel momento por esa misma actitud, insiste en este momento y con las mismas manifestaciones, con los mismos hechos, con la misma irrespetuosidad maneja la cosa pública. No tiene sentido humano, trata a todo el mundo con una desfachatez e insensibilidad tal que la gente de la Municipalidad estaba esperando que alguien lo enfrentara, y me tocó a mí como podía haber sido cualquier otro. La persona que tiene autoridad moral no le puede permitir a ningún loco ni deshonesto que lo lleve por delante; la gente sabía lo que Debenedetti era, pero faltaba alguien que lo enfrentara para que reaccionase. Es una reacción del pueblo que quiere justicia. Y si el Movimiento Peronista está en el gobierno, lo menos que puede hacer es justicia y como no se estaba haciendo justicia, se estaba explotando, se estaba persiguiendo, el pueblo se adhiere, no a Borro, sino a sí mismo, para desalojar de ese puesto a quien agravia a Perón, para ubicar a un señor que para mí es un auténtico representante de las Fuerzas Armadas.

P. y L. — La enseñanza sería que el pueblo, verdadero depositario de la soberanía nacional, no requiere de instrucciones ni siquiera de su propio conductor para saber cuándo debe actuar en defensa de los intereses de la comunidad.
S. B. — Por supuesto, cualquier hombre que pertenece a nuestro Movimiento, vamos a hablar del Peronismo en este caso —porque hay gente que no pertenece al Peronismo y nos apoyó— tiene que saber qué es patriotismo, conciencia, nacionalismo, solidaridad, humanismo. Cuando no se practica eso, no necesitamos que el general nos indique qué tenemos que hacer con un loco o con un delincuente, tenemos que actuar nosotros directamente, porque no podemos estar consultando al general Perón cada acto de nuestra vida. Es decir tenemos que actuar con la honestidad necesaria, y un acto de estricta justicia fue sacar de ese puesto al señor Debenedetti a quien el presidente Lastiri lo quería mantener. Es decir que ahí se han tomado dos medidas, una sacarlo a Debenedetti, otra demostrarle al Presidente de la República de entonces, que esa medida de ratificarlo a Debenedetti era impopular e incorrecta.

P. y L. — Fue una forma de auténtica democracia, compañero, el proceso de Reconstrucción y Liberación Nacional requiere de la participación de la clase trabajadora.
S. B. — Es la base en este proceso de liberación nacional, es la columna vertebral de la revolución, es ella la que va elaborando además la grandeza del país, el futuro, y fíjese que la clase trabajadora argentina, no la componen solamente aquellos que dicen que son los mayores, porque nosotros tenemos la auténtica juventud que es trabajadora también, no la fabricada juventud sindical, que se acordó en el 73 que hay una juventud, cuando en el 55 no. La auténtica juventud argentina es trabajadora y está adherida y se suma a esa clase trabajadora, a las bases. Lamentablemente tenemos un déficit de dirigentes, aunque tenemos muchos también que son honestos; si hay un déficit es por algunos burócratas, pero tenga la plena seguridad que es el auténtico trabajador en sí, el mayor, el mediano y el joven, el que va a conformar ese proceso de liberación nacional que en definitiva dará el triunfo final.

P. y L. — Muchas gracias…