Poco antes de las elecciones del 24 de febrero de 1946 tuvo circulación el llamado libro “Azul”, un libelo pergeñado por Spruille Braden con la complicidad del Partido Comunista local para dar “viento” a la Unión Democrática. Fue publicado por la Secretaría de Estado yanqui en la que, luego de sus correrías por la Argentina, Braden se desempeñaba como ayudante. Su cargo inmediato anterior había sido el de embajador de los Estados Unidos en nuestro país, algo que, precisamente, las implicaba y de un modo por demás notorio: la aventura había consistido en anudar los intereses de la oligarquía vernácula con los de la superestructura política liberal y el P.C. de don Victorio Codovilla, contra los de la clase trabajadora, cuyo candidato natural era Perón.
Los dardos tenían por centro, sustancialmente, a este último, al que se caracterizaba como “nazi”, “fascista”, “totalitario”, etc. La maniobra consistía en escindir a la clase media de la clase obrera contraponiéndola a ésta, con los conocidos slogans de “democracia” y “libertad”; de este modo la oligarquía dominante buscaba instrumentar el “colchón” de los sectores medios para neutralizar el empuje revolucionario del peronismo naciente. La patraña “democrática” no dejó de causar impacto en esas capas tradícionalmente confundidas, asimiladas al proyecto colonial, en momentos en que, por lo demás, el esquema aliadófilo funcionaba como fuerte señuelo diversionista.
Lo que se jugaba realmente era —como si ahora saltáramos de pronto al 11 de marzo de 1973 y su ballotage del 15 de abril último— la continuidad en la dependencia o el intento siempre latente de la liberación nacional. En ese entonces la antinomia Dependencia o Liberación tuvo esta otra expresión: Braden o Perón, pero quería decir exactamente lo mismo. Contra la confabulación olígárquica-imperialísta las urnas, finalmente, dieron el triunfo al peronismo, que obtuvo 1.527.231 votos contra 1.207.155 de la Unión Democrática; la diferencia fue de 320.076 sufragios, lo que representaba un 11 por ciento de los votos.
El Libro “Azul” de Braden y del P.C. codovillista fue, con todo, una pieza maestra a los fines de la oligarquía nativa y el imperialismo yanqui, unidos en un mismo propósito de perpetuar el statu quo colonial. La presencia del P.C. local confería el necesario tinte “progresista” y, asimismo, ratificaba la alianza entre las dos super-potencias imperiales durante la guerra. La Unión Soviética y Estados Unidos se disponían a repartirse el mundo, tal como en seguida lo hicieron: un connubio perfecto, que tenía su réplica argentina en la alianza P.C. codovillísta-Braden.
La escasa diferencia de votos lograda por el peronismo el 24 de febrero de 1946 debe evaluarse en este contexto donde la clase media virtualmente en masa siguió los sones de flautistas como Braden, Tamborini, Santamarina y Codovilla que la conducían a su propio precipicio. Del otro lado estuvieron los obreros, los peones de campo —esos lumpen, esos descamisados según los llamaban los esclarecidos dirigentes del P.C.— que se habían pronunciado por la Patria y por su Líder. Una vez más la “alpargata” era dueña de la razón histórica frente a los letrados; una vez más la “Civilización” podía usarse como sinónimo de cipayísmo, en tanto la “Barbarie” se erigía como bastión de la resistencia frente a la descarada intervención imperialista.
La publicación del Libro “Azul” provocó la del Libro “Azul y Blanco”, eficaz refutación donde se ponía al desnudo, precisamente, dicha intervención. Desde el lado de la Revolución del 4 de junio de 1943 y lo actuado hasta ese momento, apuntaba a dejar probada de modo irrefutable la descarada intromisión yanqui y la traición de los sectores “nativos” que estuvieron a su servicio. Nuevamente se había tratado de falsificar la realidad con “mentiras a designio” tal como lo quería el gorila Sarmiento, pero sin haber contado con la lucidez y madurez de una clase trabajadora para la que había llegado su hora y que tenía plena conciencia de ello.
En el Libro “Azul y Blanco” se arrancaba la careta a la mascarada “democrática” a través de la simple enumeración de sus dirigentes más conspicuos miembros del “Círculo Braden”: como en una pantalla aparecen retratadas nítidamente en esas páginas las vinculaciones oligárquico-imperialistas de cada uno de estos personajes, pelucones de la era del fraude todos ellos.
Como es sabido, detrás de la Unión Democrática estaba el grupo monopólico de los Bemberg. En la página 33, se detallan pormenores que hacían a la amistad de este último con los Bemberg, sancionados —casualmente— durante el gobierno de la Revolución del 43, por defraudación de impuestos. Respecto de los dos candidatos de la U.D. Tamborini y Mosca —integrantes del elenco—, sus respectivos “curriculum” muestran que el primero de ellos había sido uno de los inspiradores del movimiento anti-yrígoyenista y era socio del Jockey Club, reducto de la más rancia oligarquía (donde se había consagrado como campeón de “rummy” en 1945); en cuanto al segundo, sus antecedentes “democráticos” lo señalaban derogando la Constitución provincial de Santa Fe en 1921; otra gema: diploma rechazado por el Senado de la Nación “por sus orígenes fraudulentos”. Esta era la pareja presidencial de los paladines de la democracia y la libertad que se rasgaban las vestiduras a cada rato en los altares de la U.D.
Pero ni Braden, ni los Bemberg, ni todos los representantes “nativos” de la antipatria pudieron contra la clase trabajadora argentina.
En la ya citada página 33 se dice textualmente: “Debemos comprender que la presencia del pueblo argentino en las calles de Buenos Aires ha sido una de las más graves sorpresas que conmovieron al espíritu del señor Braden. En efecto, el señor Braden, encerrado en el círculo de sus numerosos amigos vinculados con los negocios de nuestro país, no intuyó jamás tras de ellos la existencia de una masa cuyas necesidades más primordiales iban siendo resueltas por el Gobierno de la Revolución. Sólo supo de los hombres de gobierno a través de ese círculo de resentídos que se amparaban en la embajada norteamericana solicitando su apoyo, casi caritativamente, para salvar las migajas que los decretos revolucionarios restaban a sus inmensas fortunas. Para que el lector tenga una idea de quiénes frecuentaban al señor Braden, tendríamos que reproducir ‘in extenso’ la guía de sociedades anónimas que funcionan en el país y agregar a ella lo más conspicuo de nuestra oligarquía terrateniente y sus elencos políticos. Por nuestra parte, transcribiremos al azar algunos nombres y títulos para que no se nos juzgue malidicentes, recomendando al lector que repare que tales títulos nada tienen que ver, ni tienen relación alguna, con esos problemas de cultura en nombre de la cual los aludidos y el señor Braden se permiten menospreciar al pueblo trabajador, atribuyéndole ceguera de juicio y miseria espiritual.” Y a continuación se daban los nombres de algunos de esos caballeros, nómina en la que figuraban —además de los ya nombrados— Joaquín S. de Anchorena, Justíniano Allende Posse, Pablo Calatayud, Luis Colombo, Félix Alzaga Unzué, Octavio Amadeo, Julio A. Noble, Mariano Castex, Alejandro Ceballos.
Y bien, desde entonces, bastante agua ha corrido bajo los puentes. Y sangre también. Esto no hay que olvidarlo; no por revanchismo sino, estrictamente, por un deber que impone la justicia liberadora. El Libro “Azul y Blanco”, en ese sentido, patentiza reveladoramente la situación de un país colonial llegado al límite en que se juega su sumisión total o la tentativa renovada de liberarse de sus cadenas. Como puede verse, una encrucijada recurrente a lo largo de nuestra historia pero cuyas variantes, en cada estadio, señalan un avance cada vez más significativo hacia el logro del objetivo de la liberación nacional.
Para no remitirnos sino al elemento sintomático que proporciona el llamado “veredicto de las urnas”, tenemos que si el 24 de febrero de 1946 el pueblo trabajador ganó por un 11 por ciento, entre el 11 de marzo y el 15 de abril de 1973 se computa —para no tomar más que las cifras oficiales— una ventaja promedio del 55 por ciento entre las dos vueltas.
Al margen de esto, el Libro “Azul y Blanco” ofrece la posibilidad de trazar ciertas comparaciones, cotejamientos. Si para aquellos días se produjo la intervención desembozada de los Estados Unidos a través de su embajador “increíble”, en el presente no hubo necesidad de ello: la penetración imperialista actuando desde el mismo corazón del gobierno “natíve” ha buscado torcer la voluntad popular para salvaguardar, al mismo tiempo, sus intereses de casta y de clase ligados a los intereses de la metrópoli. La antinomia del 11 de marzo y del 15 de abril admitió también esta formulación: Lanusse o Perón, igual a Braden o Perón, igual a Dependencia o Liberación.
En el Libro “Azul y Blanco” se hace por demás evidente el papel que el peronismo y Perón reservan al pueblo en su conjunto y a la clase obrera en particular, erigiéndolos en los verdaderos protagonistas del proceso, en tanto el clan Braden y su Unión Democrática —como queda consignado— no contaban con esa irrupción. Por eso la sorpresa de Mr. Braden, tal como se la alude en la ya citada Introducción. Pero para Perón y el peronismo el pueblo, la clase obrera siempre contó en primer término, y la sorpresa en 1973 fue esta vez de Lanusse, quien creyó que el Gran Acuerdo Nacional podía hacerse en una especie de pulseada entre él y Perón, al margen del pueblo trabajador. Pero eso era apostar al absurdo y Lanusse perdió la apuesta, como un Braden cualquiera. No vio o no quiso ver, más bien, que para Perón se trataba de jugar en el tapete de la historia y con el pueblo interviniendo en la partida, y no en la mesa de los fulleros, con las cartas marcadas y el pueblo como invitado de piedra.
Sobre el papel del P.C. “argentino” como eje de la contrarrevolución, aliado al demoliberalismo vernáculo, su deterioro entre 1946 y 1973 se hace también patente. El P.C. del finado don Victorio Codovilla y del todavía no finado don Rodolfo Ghioldí (esto en el sentido meramente físico, por supuesto) aparecía en 1946 como la verdadera “estrella” de la entente manejada por el señor Braden. En 1973, el P.C. apenas cumple un rol de partenaire venido a menos en las filas de la alianza encabezada por los oportunistas, disfrazados de revolucionarios, Alende y Sueldo. Surge también una constante: el P.C. “native”, con uno y otro pretexto, se ubica eternamente en la vereda de enfrente de la clase trabajadora argentina, en tanto saluda alborozado procesos similares en oíros países de Iberoamérica, los cuales admiten como antecedente la experiencia del peronismo en el Poder. Y esto otro: en tanto los P.C. de esos países velan ya en 1946 la lucha antiimperialista que libraba el pueblo argentino desde el peronismo (P.C. brasileño de Prestes, P.C. venezolano de Juan Bautista Fuenmayor, P.C. chileno), el P.C. local se aliaba, precisamente, con el agente imperialista. Y esto ha vuelto a repetirse, porque los que el 11 de marzo de 1973 dividieron el campo político desoyendo el llamado de Perón a la unidad de las fuerzas de la civilidad, le hicieron el juego a Lanusse, es decir a la Dependencia. Después, y es el caso del P.C, no valen los remilgos acomodaticios de las segundas vueltas. El caso es que “de salida” estuvieron otra vez con el enemigo.
El Libro “Azul” de Braden y sus aliados locales —aunque con resultado distinto— tuvo su equivalente en 1973: fueron las solicitadas aparecidas profusamente en diarios y revistas, bajo los rótulos de “Nadie hizo más que Perón” y “Perón te ama” (o algo por el estilo). A la luz de los cómputos de marzo y abril, muchos pensaron que esas ridículas diatribas no hicieron otra cosa que aportar votos al triunfo popular en las urnas. Y no se equivocaron. Tanto, que don Leónidas Barletta exponía días después en “Propósitos” la teoría de que esas solicitadas eran la prueba más irrefutables del “contubernio” Lanusse-Perón. Pero, grotescos aparte, hay otra explicación que, acaso, resulta más aceptable: por una parte, debe considerarse que la reacción, por su misma naturaleza específica, tiende siempre a repetir los mismos gestos, las mismas actitudes, ajena al marco histórico vigente; por la otra, la situación de la clase media con respecto a 1973 es ahora distinta y distinta también —en términos globales— su posición frente al peronismo. Si bien puede apreciarse que en algún caso hubo polarización con signo gorila, el test eleccionario reciente reveía que las distancias se han acortado.
De todas maneras la clase trabajadora, la juventud, afirman su dinámica como una respuesta que hacen rotundamente suya y que va más allá del “veredicto de las urnas” —sin dejar de tenerlo en cuenta— hacia la conquista del Poder total.

  • Un capítulo del LIBRO AZUL Y BLANCO de Perón (Respuesta al LIBRO AZUL del Departamento de Estado de los Estados Unidos):
    “Braden y la conducta del Partido Comunista”
  • Una de las más graves desviaciones que ha significado la intromisión del señor Spruille Braden en la Argentina, la pone en evidencia la conducta del Partido Comunista. Del estudio de las actividades de esa agrupación política surgen dos conclusiones: i?) El Partido Comunista, que se había caracterizado por su acción contra el imperialismo capitalista y en especial forma contra el yanqui se ha convertido ahora en su mejor intérprete y está decididamente entregado al plan de sometimiento nacional, de entrega total de la economía argentina y de pauperización moral, económica y política de los obreros y campesinos del país, que está cumpliendo el señor Spruille Braden en el Continente y de manera especial en la Argentina. 2º) El Partido Comunista de la Argentina disiente fundamentalmente con los partidos comunistas de otras naciones del hemisferio, contrastando su acción con la doctrina y con la conducta que sustentan los partidos comunistas de Brasil, Venezuela y otras naciones continentales.
    Evidentemente si el Partido Comunista de la Argentina sustituyó su posición contra el imperialismo yanqui con una amplia solidaridad con los intereses, las tácticas y la política de amplia penetración que practica ese imperialismo a través de la actividad del señor Spruille Braden, es por alguna razón de indudable importancia. Es evidente, también, que si el Partido Comunista de la Argentina realiza una acción distinta y contraria a la que sobre el mismo problema tienen otros partidos comunistas de América, entre ellos el del Brasil, que es el más importante, mejor organizado y de mayor expansión, debe atribuirse el desacuerdo y la desinteligencia advertidos a alguna circunstancia realmente seria. Demostraremos, a continuación, con documentos y hechos ilevantables, en qué elementos reposan las desviaciones experimentadas por el Partido Comunista de la Argentina, en qué momento se producen y cómo su actual conducta revela la participación de Spruille Braden en la política interna de nuestro país.
    Vamos a prescindir de viejos recuerdos para demostrar que el Partido Comunista de la Argentina trató de dirigir la lucha antiimperialista, y se opuso hasta hace poco a toda política de absorción económica para cuyo triunfo es previa y necesaria la dominación política y la pérdida, parcial o total, de la soberanía nacional. La fundación de la Liga Antiimperialista, producida a raíz de una escisión de la “Unión Latinoamericana” presidida por el doctor Alfredo L. Palacios, cuando éste se resistía a convertir a esa institución en un movimiento de masas en el cual participaran activamente los obreros, los campesinos, los empleados y la clase media —la pequeña y la media burguesía—, contó con el auspicio del Partido Comunista. Como éste no pudo controlar a la Liga, después de tres años de inútil presión, intentó conquistarla a balazos, aplicando su estilizada táctica de provocación y de intimidación permanentes y penetrando, merced a la violencia, en la asamblea que se efectuaba en la calle México 2070. Después logró apoderarse de la Liga Antiimperialista y a través de ella, el Partido Comunista denunció que la Revolución del 6 de setiembre, en el cual actuaban como figuras preponderantes numerosos políticos que hoy se mueven de acuerdo con los comunistas argentinos y bajo la fiscalización de las mismas instrucciones emitidas por el señor Braden, era un movimiento preparado, organizado y dirigido por el imperialismo yanqui y por la “Standard Oil Co.”. Desde entonces la Liga Antiimperialista se desenvolvió dentro y bajo las directivas emanadas del C. C. del Partido Comunista de la Argentina, hasta que hace tres años desapareció y no se tienen noticias de ella.
    No exhumemos, sin embargo, antecedentes lejanos. Vamos a consignar la posición adversa del Partido Comunista contra el imperialismo norteamericano, expuesta ruidosamente en los últimos años y en forma especial en 1941, cuando Hitler y la Alemania nazi habían adquirido un mayor poder. En el diario “La Hora”, órgano del Partido Comunista, se publicó el 22 de mayo de ese año un documento sensacional que revelaba la “política cínica, hipócrita, brutal de Estados Unidos”, para utilizar las palabras con que Rodolfo Ghioldi definía entonces a la República del Norte, confundiendo en una misma calificación al imperialismo yanqui, al pueblo norteamericano y al gobierno de Roosevelt. Dedicaba el Partido Comunista esta publicación del diario “La Hora”, “a los seudo-cabildantes que realizaban —entonces se efectuaba el “Cabildo Abierto” organizado por Julio A. Noble, Nicolás Repetto, Américo Ghioldi, Coraminas Segura, González Iramain, Carlos Cisneros y otros—, una gran farsa para reclamar la entrada de la Argentina en la guerra”. La dedicaban, también, “a los obreros socialistas honestos que están engañados por jefes que saben perfectamente que la política norteamericana no es democrática, ni liberal, ni de fraternidad americana, sino imperialista y que sin embargo, se postran a sus pies, con servilismo innominable”. La dedicaban, igualmente, “a aquellos, pocos por cierto, que han acogido la idea de la subprensa” (se referian a los diarios “Crítica”, “La Nación” y otros), de crear ‘El Día Americano’ para subrayar la sumisión a Estados Unidos”. La dedicaban, asimismo, “a los elementos sinceros que puedan militar en ‘Afirmación Argentina’, engañados por jefes vendidos al imperialismo nazi, imperialismo que usa la misma astucia, cinismo, brutalidad, corrupción que el yanqui, que el inglés o que cualquier imperialismo que exista sobre la tierra”. En una edición posterior del diario “La Hora”, el Partido Comunista, bajo el título “Admirable Lección de Hipocresía”, decía a los obreros estas palabras: “Las potencias extranjeras, cuando están desarrollando sus siniestros planes de dominación de la economía nacional, siempre lo hacen entonando himnos hipócritas a la soberanía argentina. Y los ‘patriotas cien por ciento’, que desde adentro proyectan y sancionan leyes contrarias al interés nacional, cuando proceden por indicación o bajo la extorsión del capital extranjero, lo hacen siempre considerando que obran soberanamente. En la actualidad, Estados Unidos presiona diplomática, comercial y militarmente; halaga, promete, compra, amenaza a las Naciones sudamericanas para que entren en su órbita con el cuento oriental de la ‘coordinación de tal defensa continental’. Cuando un gobierno resiste se recurre a mil procedimientos visibles e invisibles para obligarlo a ‘jugar a la pelota’, según la manera ‘realista’ de expresión de Mr. Mangan. Y cuando eí gobierno cede y entra en la órbita yanqui, lo hace considerando que obra como nación soberana. Así salva sus prestigios en el interior y así le conviene mejor al imperialismo yanqui”.
    En el diario “La Hora” del viernes 23 de mayo de 1941, el Partido Comunista de la Argentina equipara el diario “El Pampero” con los diarios que defienden al imperialismo yanqui (se refiere a “La Prensa”, a “La Nación”, a “El Mundo”, a “Crítica”, a “Noticias Gráficas” y a otros muchos, excluido el diario “La Razón” que todavía interpreta en el país los intereses del nazismo y de Hitler). En la primera página afirma, en efecto: “Porque hay que decirlo con toda claridad: en nuestro país, por ejemplo, ‘El Pampero’ no es el único diario pagado con dinero extranjero; existen otros que, como ‘El Pampero’, defienden la causa de la traición nacional pagados con oro de potencias extranjeras, aunque hipócritamente se cubran con la máscara democrática”. En otra oportunidad, también en el diario “La Hora”, sostiene el Partido Comunista, refiriéndose entonces al “Cabildo Abierto”: “Los inspiradores del ‘Cabildeo’ dirán que esa es la opinión personal de un periodista —alude a las denuncias formuladas por Mangan en la revista aristocrática “Fortune” de Nueva York—, o la opinión de un grupo de millonarios que sueñan con la ‘vieja diplomacia del dólar’. Dirán, mentirosos y farsantes que esa no es la política actual de la Casa Blanca, de Roosevelt, de Cordell Hull. A estos vendepatria, a estos quintacolumnistas, para confundirlos les reproduciremos unas interesantes declaraciones de Cordell Hull…”. El diario “La Hora” publica también, el 23 de mayo, esta interesante manifestación: “¿Sería lógico, para enfrentar el peligro que viene de Estados Unidos, entregarnos en brazos de Alemania? Sería una traición. Pues es igualmente una traición querer prevenir el peligro nazi entregándonos al imperialismo yanqui o inglés”.
    En el periódico “Orientación”, órgano oficial del Partido Comunista, el señor Rodolfo Ghioldi, el jueves 17 de abril de 1941 publica un extenso artículo para denunciar los planes que el señor Spruille Braden está desarrollando en América. Asevera el jefe del Partido Comunista en la Argentina que “en los planes norteamericanos, América latina no saldría de su actual degradación económica, continuaría siendo el abastecedor de materias primas y alimenticias. Con esta diferencia, sin embargo: que pasaría a ser exclusivamente fiscalizada por el imperialismo yanqui. El plan económico panamericano no es otra cosa que el espacio vital exigido por los Estados Unidos. No se trata ya de coparticipación en la explotación colonial, sino del monopolio norteamericano sobre América latina”. Añade el señor Rodolfo Ghioldi poco después: “Alentada por la experiencia de sus conquistas en ocasión de la primera guerra imperialista, la clase capitalista de los Estados Unidos aspira ahora a ganancias mayores. Su apetito ha crecido fantásticamente. Desea la hegemonía mundial, como lo dice Wilkie, y necesita la dirección monopolista sobre América latina”. Concluye el dirigente del Partido Comunista de la Argentina con estas palabras: “Nadie deja de ver, en la guerra desatada por el imperialismo —se refiere a la que ha terminado en 1945—, la salida revolucionaria. Nunca como hoy el fantasma de la revolución atormenta a los dirigentes del capitalismo mundial. La combinación de las insurrecciones proletarias en los países avanzados con los levantamientos nacionales antiimperialistas en los países coloniales y semicoloniales, preséntase como uno de los más probables caminos. Precisamente por ello, los socialistas argentinos, que siempre negaron la existencia del imperialismo, surgen ahora como sus abanderados, los socialistas chilenos como sus instrumentos y el aprismo como su puntal. Hay que frenar y evitar los movimientos antiimperialistas de masas, y ello puede obtenerse únicamente al precio de pasar franca y directamente al campo del imperialismo yanqui. Cuando las cuestiones de la liberación nacional se colocan agudamente y con carácter de inminencia, hay que despojarse hasta de la hipocresía antiimperialista y exhibirse como heraldos del imperialismo norteamericano. Ese camino, es el mismo recorrido por el señor Haya de la Torre desde su consigna ‘contra el imperialismo yanqui’ a su ‘slogan’ actual: ‘Por la alianza con los Estados Unidos’. Las posiciones activas contra el movimiento de liberación nacional conducen inevitablemente, como ocurre en Argentina y Chile, a la alianza con la oligarquía”.
    Muchas son, desde luego, las pruebas semejantes a las expresadas que se podrían acumular para demostrar que el Partido Comunista de la Argentina sostenía, con la virulencia con que acostumbra subrayar su posición, entre otras las siguientes premisas:
    lº) Que Estados Unidos representa, mientras favorezca con la protección oficial el desarrollo de los monopolios financieros, de sus trusts y de sus grupos económicos, al imperialismo capitalista.
    2º) Que esperaba obtener, de la guerra, el control de la economía mundial.
    3º) Que amparaba su política de expansión imperialista en el aprovechamiento cada vez mayor de la materia prima de los países coloniales y semicoloniales, impidiendo que se transformaran en industriales y tratando de mantenerlos dentro de una economía agraria y primitiva.
    4º) Que para obtener la materia prima a menor costo necesitaba que el proletariado de los países coloniales y semicoloniales cobrara salarios cada vez más inferiores y soportara condiciones de trabajo que no influyeran en un mayor costo de la producción.
    5º) Que siendo la guerra de tipo imperialista, todo país que aspirara a mejorar su suerte y que pudiera, como el nuestro, permanecer al margen del conflicto bélico, debía mantener irreductiblemente la neutralidad.
    6º) Que la propaganda de la prensa, practicada venal o desinteresadamente, es tan abominable cuando se practica en favor del nazismo como cuando se realiza en favor del imperialismo yanqui.
    7º) Que debía activarse para realizar, en los países coloniales y semicoloniales, la revolución de liberación nacional una vez que terminara la guerra.
    8º) Que para frenar los movimientos de masas que persigan la liberación nacional, el imperialismo recurre preferentemente a los partidos tradicionales de izquierda de cada país.
    9º) Que cuanto más cerca se colocan los países de la liberación nacional, más abierta y crudamente ciertos partidos tradicionales de izquierda se colocan a su servicio y se convierten con mayor franqueza en los sostenedores del imperialismo yanqui.
    10) Que toda posición activa contra los movimientos de liberación nacional adoptada por los partidos tradicionales de izquierda, los conduce a la alianza con las oligarquías locales, en las cuales se sustenta el imperialismo yanqui para tu desarrollo y predominio.
    El esquema que describimos, en consecuencia, demuestra, con las propias argumentaciones expuestas por el Partido Comunista de la Argentina, que esta agrupación política, como el socialismo y la Unión Cívica Radical (Mesa Directiva), están sirviendo al imperialismo yanqui. Demuestra, también, que el imperialismo yanqui, según la previsión del Partido Comunista de la Argentina, se sirve en nuestro país de los partidos tradicionales de izquierda. Demuestra, finalmente, que el Partido Comunista de la Argentina, en su trayectoria desde el antiimperialismo al imperialismo, se ha colocado al frente del movimiento de sumisión, al grado de que además de servirlo, propicia, como ha quedado demostrado por las declaraciones que formulara y en especial forma por la conferencia que en el último Congreso del Partido pronunciaron Victorio Codovilla, Arnedo Alvarez y Rodolfo Ghioldi, una alianza con la oligarquía específicamente representada por el Partido Conservador. La consigna comunista de “Unidad Nacional”, en cuyo seno las fuerzas oligárquicas puedan actuar con los demás partidos, y la relación existente entre el Partido Comunista de la Argentina y los conservadores más recalcitrantes, no ocultan a la opinión pública la inmensidad de la alianza y según las propias palabras del señor Ghioldi, cuando acusaba en 1941 a Haya de la Torre señalando que “las posiciones activas contra el movimiento de liberación nacional conducen inevitablemente a la Alianza con la oligarquía” (Orientación, abril 17 de 1941), confirman la doble traición del Partido Comunista de la Argentina: contra la liberación nacional y por la entrega al imperialismo, y contra las masas trabajadoras y por la alianza incondicional con la oligarquía. También evidencia la situación actual, siguiendo siempre las palabras del señor Ghioldi, que la capitulación de los partidos tradicionales de izquierda y de masas y su decidida conversión hasta constituirse en instrumentos del imperialismo yanqui, se ha operado tal como lo había previsto y que en la misma forma APRA en el Perú, los partidos Radical (Mesa Directiva), Socialista, Demócrata Progresista, Comunista y Concentración Obrera, están sirviendo plenamente y a satisfacción los designios imperialistas. Entre ellos, por otra parte, existían rencores y repulsas tales y tan grandes eran las diferencias dialécticas y tácticas que los separaban, documentadas todas a través de treinta años de mutua acusación y de impugnaciones recíprocas, que no había posibilidad alguna de que se unieran alguna vez, como no fuera gracias a la imposición dictada por un amo común. El imperialismo, pues, al colocarlos a su servicio, ha realizado en la Argentina, con la cooperación de todos los partidos tradicionales, el milagro del “Frente Nacional”. Comunistas, socialistas, conservadores, radicales (mesa directiva), antipersonalistas, concentraciones, demócratas progresistas y otros grupos electorales menores, trabajan juntos detrás del mismo mostrador y sirven al mismo patrón.

    La explicación de la desviación comunista
    ¿Qué razones, sin embargo, han inducido al Partido Comunista de la Argentina a entregarse al imperialismo yanqui; a bregar por el sometimiento de las masas trabajadoras, poniéndolas a merced de los grandes monopolios y del régimen de explotación local; a luchar, inclusive, contra el aumento de los salarios, renegando de aquel principio de que “una mala posición táctica entraña asimismo desviaciones teóricas” expuesto por el mismo señor Rodolfo Ghioldi (La Internacional, setiembre 27 de 1924)?
    He aquí, la explicación. Ninguna revelación más importante podría formularse en estos momentos. Si se reconstruyen y articulan denuncias serias, cuya verificación se está activando, llégase fácilmente a la conclusión de que el Partido Comunista ha pactado con el imperialismo yanqui por intervención del señor Braden, ante quien el señor Gustavo Duran, su agregado civil en la Embajada de Estados Unidos y secretario privado antes, durante y después de esa época, ha intercedido más de una vez. La participación del señor Duran en la alianza entre el Partido Comunista de la Argentina y el imperialismo yanqui no puede ser objeto de grandes dudas, sobre todo si se recuerda que, por una parte, el señor Duran se vinculó al señor Codovilla durante la guerra española, cuando ambos eran oficiales de enlace entre unidades sovietizadas del ejército republicano y la Embajada de la URSS, y por la otra, es la persona de confianza del señor Braden. Lo cierto es que el Partido Comunista habiendo abandonado sus viejas ideas y participando en la lucha en condiciones contrarias al pueblo argentino, de abandonar su actual posición se pondrá en evidencia, una vez más, a través de sus hondas y graves contradicciones. Y lo cierto es también que el Partido Comunista de la República Argentina, arrasado por el nuevo movimiento de liberación nacional y de justicia social que encarna en las masas que confiaron a la Revolución su destino, ha pactado con los más grandes y encarnizados enemigos de la Nación y de su pueblo para tratar de impedir que se cumplan los postulados del 4 de Junio.

    Orientación y táctica distintas de otros partidos comunistas
    Se explica, por lo expuesto, que los Partidos Comunistas de América disientan con la conducta del Partido Comunista de la Argentina. No han intervenido en pactos como el denunciado, no hubiesen intervenido en ellos, sin duda, más respetuosos de la doctrina propiciada y menos dispuestos a claudicar ante el imperialismo yanqui contra el cual están luchando. En Brasil, en Venezuela, en Cuba y en otras naciones hondamente sacudidas por la tensión imperialista de los consorcios y los monopolios norteamericanos, Partidos Comunistas expresan su repudio a la política de Braden. A las reiteradas manifestaciones del señor Prestes, que denuncia, entre otras cosas, la preocupación que suscita la acción del imperialismo yanqui al promover una guerra ontre Argentina y Brasil con posibilidades de extensión en el resto del hemisferio meridional, deben unirse las afirmaciones del señor Juan Bautista Fuenmayor, ya citado secretario general del Partido Comunista de Venezuela, quien dijo en Caracas, al inaugurar el 27 de enero último la convención partidaria, estas palabras: “El imperialismo norteamericano tiene choques en toda América latina con el imperialismo británico, especialmente en la Argentina, lo cual constituye la verdadera razón de la política antiperonista de Spruille Braden”. Estas declaraciones demuestran que para justificarse en su política de claudicación absoluta ante el imperialismo yanqui, el Partido Comunista de la Argentina pretende denunciar al coronel Perón como representante del imperialismo británico. El pueblo argentino sabe que se trata de otro infundio. A falta de mejores razones que expliquen su sometimiento, el Partido Comunista de la Argentina transmite, al extranjero y a América, absurdas patrañas. Pero no interesan las patrañas que no interpretan la verdad y a las cuales la verdad destruye totalmente. Lo útil y lo definitivo es que con el pacto celebrado con el señor Braden, el Partido Comunista de la Argentina demuestra a los Partidos Comunistas del continente que está luchando en el mismo frente del imperialismo yanqui, para sostenerlo, para facilitarle su expansión y para asegurar la dominación sin condiciones de las masas laboriosas de América.
    Finalmente, unas palabras más sobre este interesante y triste capítulo. Spruille Braden, por los elementos que se han consignado y por la copiosa información que al respecto le han proporcionado sus propios organismos, entre ellos la “Asociación de Difusión Interamericana” instalada en la avenida Roque Sáenz Peña 567, sabe perfectamente que el Partido Comunista de la Argentina bregó por la neutralidad, que acusó de “vendepatrias” y de “quintacolumnistas” a los que pretendían la ruptura de relaciones con la Alemania nazi, que llamó subprensa a la que defendía y tramitaba la ruptura de relaciones y denunció el origen venal de las campañas que en tal sentido realizaban con insistencia sospechosa. Ni aun los auténticos espías del Eje, dijeron tanto como los miembros del Partido Comunista de la Argentina en favor de Alemania y para alentar a los argentinos que no ocultaban su interés en que el país permaneciera neutral, “al margen del conflicto bélico”, como dijo el ex canciller José María Cantilo, gran amigo e intérprete del señor Spruille Braden, al saludar el 20 de enero de 1940 a su colega del Brasil, doctor Osvaldo Aranha.