El gobierno justicialista llega a un mercado de la información totalmente dominado por intereses extranjeros. Estos intereses se expresan en primer lugar a través de las agencias internacionales de noticias; en segundo lugar, a través de las grandes concentraciones de la televisión y la prensa escrita, y finalmente a través de los propios instrumentos que el Estado formó en algún momento para luchar contra ese monopolio de los intereses extranjeros en los medios de información.
Actuar sobre estos medios es muy difícil por que el país ha sido trabajado por la consigna propagandística de la libertad de prensa como máscara de la libertad de empresa que va a movilizarse inmediatamente cada vez que el Estado nacional intente aplicar un correctivo a una deformación específica en esta área. Sin embargo, parece indudable que un Estado nacional y popular deberá actuar. Yo pienso que en esto de la desfiguración de la opinión pública interna, con sus evidentes consecuencias políticas, existe un nivel de enorme importancia que es el do las agencias internacionales de noticias. Específicamente las agencias norteamericanas Associated Press y United Press International. Con esto no quiero decir que las Otras agencias internacionales de noticias sean menos extranjeras que estas dos. Lo que ocurre es que estas dos tienen una facilidad mayor para contribuir a la deformación y desfiguración de la opinión pública interna a causa de que no solamente actúan como agencias internacionales de noticias sino además como agencias nacionales. Son las dos únicas agencias extranjeras que no solamente distribuyen a todos los diarios del país información del exterior sino que distribuyen también información del propio país. Esta situación, para establecer un símil, podríamos compararla con la autorización o la prohibición a las compañías aéreas internacionales para practicar el cabotaje interno. Es decir, que a nadie se le ocurriría darle a Braniff autorización para levantar pasajeros de Córdoba y dejarlos en Mendoza, porque competiría en condiciones desventajosas con las posiciones y posibilidades que tiene Aerolíneas Argentinas. Sin embargo, en materia informativa tanto United Press International como Associated Press están autorizadas y de hecho lo hacen desde hace exactamente 18 años, a recoger información en Córdoba y entregarla a los diarios de Mendoza, a recoger información en Mendoza y entregarla a los diarios de Salta; es decir, el cabotaje noticioso está autorizado siendo que se trata de una actividad que en materia de transporte de carga y de pasajeros está expresamente prohibido.
El cabotaje de información en cuanto a la construcción de la opinión pública es mucho más importante que el cabotaje de los pasajeros y carga. Este cabotaje de noticias tiene un aspecto particularmente peligroso, ya que ni siquiera estas dos compañías norteamericanas son las que realizan la recolección de información, sino que a lo sumo se ocupan de su distribución y su venta. ¿Por qué? Porque existe desde hace muchos años un acuerdo entre la agencia Associated Press y el diario La Nación, por e cual: 1) la agencia Associated Press ocupa oficinas dentro del edificio del diario La Nación en la calle San Martín 320; y 2) la información que envían los corresponsales del diario La Nación salta de la mesa de redacción del diario a la mesa de redacción de la agencia Associated Press. ¿Cuál es la importancia que tiene esto? Es fácil comprenderla: un diario que expresa los intereses agroganaderos, un diario que representa la ideología actualizada de la oligarquía terrateniente de este país, se las ingenia no solamente para llegar directamente como hoja impresa a todas las capitales de provincias, sino que llega a través de la información preelaborada por su redacción y por los canales de la Associated Press a aproximadamente un centenar de diarios del interior, que de este modo ven la realidad argentina a través del cable de la Associated Press como la interpretaron los redactores de La Nación. Esta situación se reproduce casi con la agencia United Press y su viejo convenio con el diario La Prensa.
La United Press no tiene ya sus oficinas dentro del edificio de La Prensa, pero su sociedad es tan firme y estable, y económicamente rentable, como la que la Associated Press tiene con La Nación.
¿De qué manera estas agencias desfiguran la opinión pública argentina? La desfiguran en tanto presentan la realidad mundial desde la óptica de un periodista norteamericano situado en cada capital del país. Si uno se aproxima a la teletipo de la Associated Press, por ejemplo, podrá ver que algunos días, lo que sale de la teletipo de la Associated Press de Nueva York durante muchos minutos es la transmisión, juego por juego, del béisbol de la costa Oeste y de la Costa Este de EE.UU. Por supuesto, se trata de una información que los diarios de la Argentina no reciben porque la propia oficina de la Associated Press se encarga de no distribuir. Esto se debe a que la propagación cultural de los Estados Unidos en el caso de la Argentina no ha llegado al campo del deporte. Sin embargo, sobre la base de crear un interés hipertrofiado en el deporte norteamericano se consiguió que países como Cuba y Venezuela llegaran a desarrollar como deporte nacional el béisbol, y estos minutos o docenas de minutos u horas que hace la Associated Press del béisbol de la costa Oeste o de la costa Este se convirtieron en uno de los vínculos más estables de la dependencia de Venezuela o de Cuba respecto de los Estados Unidos. Recuerdo haber estado en La Habana en 1960 cuando, como sanción política contra la Cuba de Castro, el equipo cubano fue expulsado de la Liga norteamericana, y la modelación cultural que en el campo deportivo habían conseguido las agencias noticiosas se reflejó en una crisis de confianza en Ja misma estabilidad del gobierno cubano. ¿Por qué? Porque los cubanos no podían ya participar de esta especie de célula madre del Imperio que era el juego del béisbol. Este es un caso extremo, el del deporte, que lo podemos ver reflejado en el campo de la literatura, del cine, de la televisión. A través de estos canales se introduce la colonización cultural de los países.
¿Por qué medios llegan estos canales a imponerse en el periodismo de un país como la Argentina? Es conveniente tomar aquí la palabra de uno de sus más representativos dirigentes, que escribió un libro que se llama Barreras derribadas. Su autor es Kent Cooper, que fue el gerente general de la Associated Press. Este es un libro curioso porque fue editado por el diario La Nación en 1943, cuando ya hacía muchos años que no editaba libros. Está inscripto en el Registro de la Propiedad Intelectual de la República Argentina en 1943, impreso en los talleres del mismo diario. Este libro apareció pocos meses después de la revolución militar del 4 dejunio de 1943, y su autor explica cómo fue enviado para concretar un contrato con La Nación, del mismo modo que había sido enviado para hacer contratos con otros diarios latinoamericanos. Es conveniente tomar nota de las palabras que utiliza Cooper para explicar el carácter de su misión. Este es el párrafo que le dedica:
“Los Estados Unidos estaban muy ansiosos por suavizar las asperezas que contra nosotros existían evidentemente en la América del Sur, y el Departamento de Estado me sugirió el empleo con honorarios jugosos de los directores de casi todos los diarios principales de esa parte del continente como corresponsales de The Associated Press. Se me dijo también que esos honorarios podían ser abonados aun en el caso de que tales corresponsales no nos enviasen informaciones y que el gobierno reembolsaría los respectivos pagos. Yo observé: Bien, mas eso significa un subsidio; bueno, me contestaron, pero The Associated Press no será sospechada de eso porque su reputación lo impedirá.”
El soborno de las agencias internacionales surge con toda claridad de este párrafo. El libro fue retirado de la circulación por La Nación, quince días después que lo editara. Yo tengo un ejemplar que se salvó de la destrucción.
Pasemos de las agencias noticiosas internacionales a su proyección en las agencias noticiosas nacionales. En realidad, la Argentina tiene una sola agencia noticiosa propia, que es un organismo del Estado denominado Telam. Este organismo del Estado, cumplió a partir del año 1955 diferentes funciones, que siempre coincidieron con los objetivos de los gobiernos usurpadores de todo este largo período. Quiero decir que no fueron sus funciones las de informar al pueblo argentino, sino la de desinformarlo, con relación a la realidad política, y se convirtió esta agencia en una dependencia directa de los famosos servicios de inteligencia militar. Estos servicios de inteligencia creyeron que una agencia noticiosa debía ser naturalmente el campo de operaciones de los expertos militares en acción psicológica. Los expertos militares en acción psicológica son una realidad de nuestro tiempo. Lo que ocurre es que al quedar directamente ellos en posesión de los instrumentos de información, consiguieron convertir toda la información procedente de la agencia estatal Telam en una materia sospechosa para los lectores e indeseable para los editores de diarios argentinos, principalmente de provincias, que son su clientela natural. La agencia Telam, sin embargo, conservó respecto de sus competidores, la United Press y la Associated Press, una ventaja —pequeña, pero ventaja al fin—: se trataba de una agencia que daba una visión de la realidad argentina que no había pasado por los moldes ni de una redacción norteamericana ni de un corresponsal de La Prensa de La Nación. A pesar de todo, era una agencia nacional. A esta situación vino a corregirla el gobierno del general Lanusse, cuyo secretario de Prensa y Difusión designó un reorganizador de Telam. Este reorganizador fue el periodista argentino-norteamericano Bernardo Rabinovich, que precisamente traía como antecedente haber estado durante 20 años a cargo de la gerencia general de la agencia United Press. Rabinovich fue designado en Telam por el gobierno de Lanusse porque ofrecía dos garantías esenciales: primero, venía de la United Press International y por lo tanto contaba con la aprobación completa de los monopolios norteamericanos de la información; segundo, era un activista del antiperonismo, lo que había dejado suficientemente documentado en un libro olvidado que se llama Loque no se dijo, editado por Ediciones Gure en 1956, que es una especie de resumen organizado de toda la información antiperonista que Rabinovich elaboró personalmente o recogió de otros periodistas durante los diez años de gobierno peronista. Con estas dos cartas de presentación, la de ser un representante de las agencias norteamericanas, a cuyo servicio trabajó veinte años, y la de ser un notorio antiperonista, Rabinovich se hizo cargo de la dirección periodística de la agencia Telam. ¿Cuál fue la función de Rabinovich en Telam? Es muy interesante analizarlo. Rabinovich actuó sobre dos áreas. La publicidad del Estado es distribuida por Telam, y la información nacional también es distribuida por ella. Su esfuerzo consistió en convertir a Telam, básicamente, en una agencia de publicidad estatal, ya que medíante una ley se unificó en la división publicitaria de Telam toda la publicidad de todos los organismos del Estado.
Analicemos esta primera parte. En primer lugar, un Estado nacional tiene necesidad de propaganda del Estado, naturalmente muy inferior a la que un gobierno colonizado como el de la “revolución argentina” necesitaba. Porque la publicidad del Estado encarada por un gobierno antinacional debe llamarse por su nombre: es soborno al periodismo en todas sus formas. Esto explica los abultados presupuestos publicitarios del gobierno de Lanusse, que son los más altos que se conocen en la historia argentina. Ya se sabe que para endulzar la página editorial de un diario hay que golpearle suavemente en la caja registradora. Esta fue la función que se le encomendó a la agencia Telam.
Simultáneamente Telam debió encarar la reducción de sus servicios, sobre la base de que todos aquellos que no fueran rentables debían retirarse. Rabinovich, que es un experto en la rentabilidad de las agencias noticiosas, puesto que había trabajado veinte años en una agencia subvencionada por el Departamento de Estado, descubrió que Telam era deficitaria para el Estado argentino, y por lo tanto aconsejó su retirada o la restricción de sus servicios. Parece casi redundante hacer notar que cada diario que fue abandonado por Telam por razones de rentabilidad fue ocupado por la United Press o por la Associated Press.
De este modo, estas dos agencias consiguieron una cosa importante: como la división publicitaria de Telam reforzaba la caja registradora de los diarios, los diarios de provincias se encontraban en mejor situación para pagar los servicios, pero no los servicios informativos de Telam sino los de la United Press y de la Associated Press. Es decir, que con una mano el Estado argentino entregaba fondos a los diarios argentinos del interior a través de Telam, y con la otra las agencias norteamericanas se llevaban los fondos de esos mismos diarios argentinos, en pago por el suministro de información nacional. Nos encontramos ahora en un punto en que, después de una síntesis del problema, se aconsejaría: primero, retirar a las agencias norteamericanas del control que tienen de hecho sobre la información nacional, y segundo, convertir a Telam en lo que esencialmente debe ser, es decir, una agencia informativa, que se limite, pero que eso sí lo cumpla plenamente, a informar al país sobre lo que su gobierno hace. Como no se trata de un gobierno usurpador, sus actos no son clandestinos. Por lo tanto, no deben ser desfigurados con operaciones de acción psicológica ni con tergiversaciones propagandísticas.
Si pasamos del campo de las agencias noticiosas al de la prensa escrita, podemos, por supuesto, encontrarnos con intereses de tipo más clásico y tradicional, entre los cuales tenemos que mencionar al de los dos diarios más grandes de la mañana, La Nación y La Prensa, cuyas características son sobradamente conocidas, aunque valdría la pena revisarlas someramente. Una característica del diario La Nación es que sus gerentes a veces se intercambian los cargos de gerente del diario con los cargos de gerentes de la corporación Bunge y Born. La familia Mitre ha repetido reiteradas veces que nunca ha perdido el control de la totalidad de la masa accionaria del diario. Esto es sólo relativamente verdad, porque pertenece ya a la historia del periodismo argentino el famoso episodio en que don Jorge Mitre vendió su paquete accionario a Otto Bemberg, quien luego, invitado por la familia Mitre a reintegrar el paquete accionario, aceptó hacerlo recuperando los fondos que había invertido.
En el caso del diario La Prensa, la situación es prácticamente la misma que existía cuando el primer gobierno del general Perón decidió actuar sobre dicho diario entregándolo a la Confederación General del Trabajo. Sus posiciones son públicas, incluso existe un trabajo que registra su línea editorial, que ha sido editado por el sindicato Luz y Fuerza, y que en definitiva muestra el aspecto ideológico del diario, al que se podría agregar una larga descripción de su comportamiento financiero. Existe un testimonio que vale la pena recoger, y que es el de Joe Alex Morris, gerente general de la United Press Internacional, que en un capítulo completo recuerda la importancia que tuvo para la United Press International el haber llegado a ser socio de La Prensa. Es un capítulo que tiene un interés muy actual: Morris comenta la primera clausura de La Prensa, que fue en 1944, y dice: “Sin embargo, la orden de cierre en la Argentina fue un golpe abrumador. La agencia tenía en ese momento 190 diarios clientes en América latina, pero la Argentina era su principal fuente de ingresos, y Buenos Aires su centro de operaciones en Sudamérica”.
En realidad, este diario que llegó a proporcionarle a la United Press 500.000 dólares anuales de utilidad, fue la base de la expansión de la United Press International, no en la Argentina sino en toda América latina. El mismo Morris dice después, comentando el traspaso del control de
La Prensa a la Confederación General del Trabajo:
“El cierre de La Prensa privó a la United Press de recaudaciones de alrededor del medio millón de dólares anuales.”
Esta relación entre La Prensa y la United Press International se ha mantenido viva y activa. Además existe un aspecto particular, relacionado con la industria del papel. La Prensa, editorialmente se opone a la edificación de una industria nacional del papel de diario porque sus intereses, como lo probó la comisión parlamentaria que en 1951 constituyó el Senado de la Nación, están estrechamente ligados con la industria papelera del Canadá y por lo tanto su principal interés consiste en mantener la importación e impedir la producción nacional de papel de diario.

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