• 1. La Unidad Nacional
  • El triunfo que significó el regreso del general Juan Domingo Perón a la Patria el 17 de noviembre, fue la expresión del grado de consolidación de las fuerzas del Movimiento Nacional, arrojado del gobierno en 1955. Afianzado el proceso electoral por el retroceso de la camarilla lanussista que no se decidió a desencadenar y afrontar una guerra civil, llegamos al 11 de marzo de 1973, fecha histórica en la que el pueblo desbarató todas las maquinaciones fraudulentas posibles. La renuncia de Perón a la candidatura presidencial significó una concesión al plan de la antipatria y, al mismo tiempo, la medida de la limitación de nuestras fuerzas para definir frontalmente un proceso depurado de condicionamientos y bayonetas. El 15 de abril fue la confirmación de que la reacción nacional e internacional antiperonista se desmoronaba y de hecho se consolidaba el peso histórico del peronismo. El 25 da Mayo conquistamos el gobierno y por tanto, se operó un nuevo repliegue próximo al pánico de la confabulación gorila ante las masas que coparon las calles. El 20 de junio de 1973, en un proceso histórico que marcha a saltos, cargado de avances populares de colosal impulso revolucionario, nuestro jefe regresa a la Patria en un día que concentró en Ezeiza 4.000.000 de argentinos. Pero en el momento que sumábamos al gobierno reconquistado la presencia de Perón y la mayor movilización de masas de toda la historia argentina —y tal vez mundial— estalla el enfrentamiento armado dentro de nuestro propio Movimiento. Un gobierno para la Reconstrucción Nacional, un Movimiento Nacional de liberación de la patria y que comienza a delinear borrosamente objetivos socialistas, necesita articular, en su primera fase, la más amplia Unidad Nacional.
    Las contradicciones internas del movimiento no pueden superarse por métodos violentos a riesgo de su desintegración y ruina en un momento en que el enemigo acecha. Sabemos que son la pandilla asesina y sus mandantes del aparato vandorista —así como quienes se mueven tras ellos— los responsables. Esos fueron, son y serán sus métodos de provocación sistemática, pero no debemos hacerles el juego. Perón el día 21 congela la lucha interna del Movimiento con la exhortación: “Echen en la espalda los malos recuerdos”. No obstante, jamás podrán olvidarse traiciones y crímenes. Y éste es el sentimiento de las masas, no sólo de las tendencias más peronistas y revolucionarias del movimiento obrero organizado por Perón.
    Los objetivos con que Perón retornó definitivamente a la patria pueden haber tenido alguna modificación en cuanto a tácticas y plazos en lo que a personajes hace, luego de la masacre abominable de Ezeiza. Su influencia negativa fue tan decisiva con relación a las tensiones internas del peronismo que han desencadenado efectos y acciones que no estaban en el objetivo de Perón. Se ha dicho que debíamos consolidar las fuerzas ampliando el campo de nuestros aliados, que había que vigorizar las coincidencias con los radicales representantes de capas de la clase media de origen antiperonista, que había que atraer a los sectores vacilantes de la burguesía empresaria nacional que capituló en 1955 y, por último, que las fuerzas armadas tenían las puertas abiertas para sumarse ai proceso de Reconstrucción Nacional.
    En las condiciones concretas que vivimos, sólo Perón puede consumar esta UNIDAD NACIONAL, sin la cual avanzar en la línea de Reconstrucción y Liberación de Patria es imposible. Con una oposición agresiva cerrada en sus intereses de clase, no se puede gobernar, ha dicho Perón, y es imperioso incorporar el radicalismo al gobierno peronista. Ya este objetivo se intentó por varios caminos y sólo habíamos conseguido el indeciso apoyo crítico desde las cámaras de Diputados y Senadores. Sólo con Perón es posible rematar este acuerdo. El papel de las fuerzas armadas ha sido reiteradamente definido por Perón. Se las incorpora al proceso de Reconstrucción Nacional o si constituyen una barrera insalvable para la liberación deberemos plantearnos su reestructuración. Habiendo llegado al gobierno dentro del marco democrático-burgués, la tesis de marginar a las fuerzas armadas, parcialmente en vías de nacionalización, es puro aventurerismo sin bases reales. Si no contamos con las fuerzas armadas, en el actual momento del desarrollo histórico, la estabilidad del gobierno peligra. Perón lo sabe. Y en esa acción de reencuentro se ha empeñado desde su retorno a la Argentina. Hay ya un principio de acuerdo con las fuerzas armadas, como el acercamiento público Perón-Carcagno lo evidencia. La reintegración del grado y uniforme es algo más que una formalidad, o sea, el viraje Movimiento Nacional Peronista-Fuerzas Armadas ha tenido su expresión en el cambio del compañero Cámpora por Perón en la presidencia.
    La derogación de hecho de la cláusula del 25 de agosto de 1972, y la liquidación del Programa de los 5 Puntos de la logia de los generales lanussistas, implica, con el aval de los mandos de este ejército, desandar el camino que abrió el golpe entreguista de setiembre de 1955. Es un hecho que Perón ha capitalizado fuerzas para su política, al ganar a amplios sectores de las fuerzas armadas profesionales, en particular la aeronáutica y, ahora parcialmente al ejército. Por tanto se ha logrado, en parte, la neutralización de los militares profesionales de corte “apolítico” que es la masa principal de la oficialidad, mientras que el antiperonismo irreductible, representado por la camarilla lanussista del ejército y el grueso de la Marina, es aislado y debilitado como fuerza antinacional, destinada al aniquilamiento a medida que la marcha hacia la liberación se afirme y atraiga a los militares.
    Para quienes nos hemos propuesto interpretar el pensamiento de Perón, esta línea de amplia Unidad Nacional y pacto en gestación con las Fuerzas Armadas, no puede sorprender. Tal política nacional está expuesta en los documentos y actos de Perón. Sus llamamientos no han caído en el vacío. Allí están los hechos. El Ejército se nacionaliza bajo la presión formidable de las masas conducidas por un militar de la talla patriótica de Perón.
    Los modos de ejecución, los instrumentos que ha utilizado Perón dentro del Movimiento, el sacrificio transitorio de militantes honrados y la relativa congelación táctica de determinadas tendencias internas pueden quizá desorientar en lo inmediato a los peronistas revolucionarios y a las bases mismas del peronismo, pero dentro de la estrategia global de la liberación son justas. La euforia de la victoria del peronismo, de modo especial en las masas trabajadoras, base social del poder de Perón, nos dan una evidencia más de que si había que movilizarse para llevar a Perón a la Casa de Gobierno, en pocas horas millones de pechos y brazos de la clase obrera y la juventud y otros sectores del pueblo ganarían las calles de la Patria.
    Los poderes visibles e invisibles que son enemigos de la Unidad Nacional, en especial, el imperialismo yanqui, han sufrido una derrota catastrófica en el doble plano nacional e internacional. Avanzar en esta dirección, construyendo un eje revolucionario continental, es la meta dentro de la Unidad Nacional que Perón consolida con notable firmeza política y visión nacional del problema mundial.

  • 2. La posición del ejército profesional
  • Sin dudas, el ejército de Carcagno no es el mismo que el de Lanusse. La derrota y crisis de la camarilla militar proimperialista la obligó a retroceder, dando paso a los mandos que buscan coexistir y llegar a un acuerdo, aún inestable y más allá de sus intenciones últimas, con el peronismo y con Perón. Si en alguna medida Perón es un prisionero de este ejército, no es menos cierto que este ejército es, a su vez, un prisionero del pueblo, que reconoce a Perón su único conductor.
    Es innegable, por tanto, que existe un proceso gradual de nacionalización en las fuerzas armadas regulares, que han determinado este giro lento pero comprobable ante el peronismo. El ejército ensayó todos los medios para desintegrar al peronismo y, en última instancia, a la clase obrera y acabar con Perón por aquello de muerto el perro se acabó la rabia. Desde la deserción al juramento de lealtad al gobierno elegido por el pueblo en 1955, los fusilamientos, el CONINTES, la proscripción, el neoperonismo, el participacionismo, etc., todo fue probado. El fracaso está a la vista. La liquidación del plan continuista de los 5 puntos de la camarilla lanussista fue el último de estos fracasos con el cambio correlativo de la mentalidad política del ejército y sus mandos. Hoy, la actitud de los militares sería más bien, esta: si no podemos destruir al peronismo, debemos aliarnos a él. Esta posición pragmática y confusa conlleva de hecho el abandono del campo antinacional, es decir antiperonista, para intentar un giro defensivo hacia posiciones nacionales, evidentes en la oficialidad joven aún poco esclarecida pero orientada críticamente contra los militaros más antiguos.
    En efecto, es necesario tener presente que los actuales mandos del ejército se oponen al desarrollo revolucionario del peronismo. El acuerdo con Perón se presenta como la alternativa del mal menor. El peligro que los militares conservadores pretenden conjurar es la radicalización de las masas del peronismo revolucionario, que se orienta en una estrategia global hacia el poder político apoyado en el pueblo y no en las instituciones caducas del colonialismo. Una de las exigencias de los militares es que se controle la creciente conciencia revolucionaria del movimiento obrero en las bases, la Juventud Peronista, las formaciones especiales y en los funcionarios del gobierno afines a la tendencia revolucionaria. Adecuándonos tácticamente a las condiciones del presente, cuya primera etapa es la Unidad Nacional, sin interferir la conducción de Perón, es nuestro deber, a fin de apuntalar esa conducción y esa gran estrategia nacional, consolidar el peronismo revolucionario de bases ante cualquier enemigo.
    Hay otra especulación, oculta pero actuante, en la política de los mandos militares: heredarlo a Perón. Apostando a la muerte del Jefe de nuestro Movimiento, confían en sucederlo, encaramando a un militar capaz de orientar un proceso de masas al que imaginan, con simplicidad suicida, carente de conciencia revolucionaria, pero al que, paradójicamente, temen por esa misma conciencia revolucionaria.
    En suma, generales hay muchos. Perón hay uno solo. Al Movimiento Nacional Peronista, nadie le regaló nada en estos 18 años de Resistencia en todos los frentes y por todos los medios. El peronismo es suficientemente poderoso como para desalentar la contrarrevolución, y fundado en esa misma fuerza, no rechaza a militares que se incorporen a la lucha nacional, pero descalifica toda jefatura por decreto.
    Las luchas que deberemos librar para consolidar nuestra Liberación habrá de desenmascarar a los que intentan una ilusoria maniobra de frenar la revolución y “heredar a Perón” y atraer fraternalmente a quienes son capaces de poner sus armas al servicio de la causa del pueblo.

  • 3. La maniobra del vandorismo
  • El aparato vandorista comprado, protegido y utilizado por el sistema, conserva aún una férrea organización burocrática y el sentido de la oportunidad, al ponerse al frente de la campaña pro Perón Presidente, y al usar ahora la consigna “Perón al Poder”, pretende aparentar una capacidad de movilización que en rigor carece de bases reales fuera de los fondos sindicales al servicio de una gigantesca propaganda. El vandorismo ha demostrado reiteradamente su incapacidad de movilización, y a su odiosos métodos de corrupción y entrega de la causa obrera, se ha agregado últimamente la conspiración criminal del 20 de junio en Ezeiza.
    Resulta claro que el vandorismo se apropió de la bandera de los trabajadores y el pueblo, al agitar la consigna de Perón a la presidencia, y libró de este modo, la batalla interna por el predominio económico y político de ios sindicatos —intentando proyectarse también al control del aparato estatal— que es, en verdad, el objetivo buscado. Así como en el pasado estuvieron contra Perón con el argumento de salvarlo a Perón, y de rebote, poder alzarse con el peronismo obrero, hoy cambian de máscara pero el fin es el mismo, tal como en el pasado promovieron el neoperonismo, cultivaron la benevolencia de la camarilla lanussista o se aliaron a los monopolios norteamericanos. Perón lo sabe y el vandorismo sabe que Perón lo sabe. Han debido reincorporarse al peronismo porque no lo pudieron romper desde afuera y en esta forma aparecen de nuevo como peronistas con Perón, marcando el paso junto al pueblo que lo llevará inexorablemente a la presidencia, en el grandioso camino de la liberación y de la constitución Estado-Nación autónomo.
    En una etapa como la presente debemos incorporar, o bien neutralizar, a fuerzas políticas provenientes de la burguesía y del campo antinacional (Confederación General Económica, clase media radical, Fuerzas Armadas, etc.). En este período florecerá el antiperonismo que existe larvado dentro de nuestras propias filas. El aparato vandorista cumplirá este papel. Utilizará su poder burocrático organizado para consumar sus fines y hacer converger al campo imperialista a las fuerzas vacilantes que pueda arrastrar del peronismo, plan inalcanzable que sólo podría concretar en el supuesto de la desaparición de Perón.
    La destrucción del peronismo revolucionario es para el vandorismo una cuestión de vida o muerte. Una feroz campaña macartista, estimulada por las clases conservadoras tradicionales y con la protección del imperialismo yanqui, le permitiría mantener su maltrecho aparato burocrático a la espera de la abierta traición al país y a la clase obrera.

  • 4. Hacia la unificación del peronismo revolucionario
  • Estamos en vísperas de una nueva era en la historia argentina. Es la del gobierno de la Unidad Nacional del general Perón. Nos encontramos ahora en una fase intermedia en la que el Jefe del Movimiento procura arribar a la unidad de las fuerzas del campo del pueblo y atraer a las propias Fuerzas Armadas a la sagrada lucha de liberación nacional.
    En un gobierno encabezado por el general Perón, la línea de unidad de la clase obrera alrededor de Perón nos posibilitará centralizar la actividad revolucionaria y afirmar las bases del sindicalismo combativo, soporte a su vez del peronismo revolucionario.
    En las presentes condiciones, ante la subsistencia del vandorismo y de un ejército en que sus miembros más lúcidos vacilan entre la liberación y la dependencia, es imperioso alcanzar el más alto grado de unidad del peronismo revolucionario, y pasar a la defensa activa de las posiciones conquistadas por el martirio del pueblo. Sin enredarnos en las trampas y provocaciones que nos tienda el enemigo debemos declarar el estado de alerta generalizado para contrarrestar toda maniobra de copamiento. Luchar por la más estrecha unidad del peronismo revolucionario, esclarecer a los activistas para llegar a la movilización organizada de las bases, son consignas permanentes. No hay que retroceder ante el vandorismo y sus aliados en ningún frente, y deben denunciarse sus maniobras, desgastar sus fuerzas y agitar a las bases. Pronto el peronismo de base habrá de pasar a la ofensiva. Han sido las masas peronistas y los activistas del peronismo revolucionario quienes derrotaron a la dictadura militar. Somos la única garantía ante las provocaciones y el zarpazo gorila o ante la traición de adentro y la confabulación extranjera.
    Sólo un peronismo revolucionario unificado permitirá crear estructuras representativas de una democracia popular que canalice las aspiraciones y necesidades de las masas sin burocracias serviles. El programa de argentinización económica que gradualmente se prepara, necesita ser profundizado y reorientado hacia la nacionalización de los sectores claves de la economía en manos del capital imperialista, desenmascarando a sus manifestaciones clandestinas como el frigerismo, una de las expresiones más hipócritas y venales del entreguismo infiltrado entre los aliados del Movimiento Nacional Peronista, y aun en el peronismo mismo.
    Con el gobierno de la Unidad Nacional del general Perón la clase obrera peronista y el resto de las corrientes y organizaciones del peronismo revolucionario y del pueblo crecen y se van preparando las condiciones para su invencible unificación final. Esa organización revolucionaria nutrida en las exigencias de las masas está cerca. Debemos tender sin descanso a su desarrollo, consolidación y victoria, como nos ha enseñado el propio Jefe de nuestro Movimiento: “Sólo la organización vence al tiempo”.

    Por la unificación del peronismo revolucionario. Por Perón Presidente de la Unidad Nacional.
    Comité de Redacción