Lo primero que debemos considerar es porqué hoy, los cristianos en general, se interesan por la relación entre peronismo y cristianismo. Por qué empiezan a cuestionarse sobre las dimensiones políticas de la existencia.
El proceso empieza, fundamentalmente, en 1943 con la “Divino Afilante Spiritu” en la que Pio XII invita a los cristianos a volver a la Biblia. Y como la Biblia es un libro camal, concreto e histórico en el que se muestra que Dios se revela a los hombres a través de la historia humana (lo que Juan XXIII va a llamar los signos de los tiempos) los cristianos empiezan a interesarse por este mundo.
Después de la gran influencia de Theilard de Chardin, del marxismo, de los grandes profetas de la iglesia contemporánea y de los grandes profetas de nuestro tiempo como Camilo Torres, Helder Cámara, el “Che” Guevara, Marx, Freud, es decir de todos aquellos hombres que se han preocupado por el hombre y por la aventura humana.
Cuando empezamos a volver a la Biblia, empezamos a descubrir que Dios se revela a los hombres a través de la historia, para este descubrimiento también contamos con los grandes documentos de la Iglesia: Concilio Vaticano II, la constitución de Gadium et Spes, la Populorum Progressio y su aplicación para América latina que es Medellín y la aplicación de Medellín en la Argentina, que es San Miguel.
En síntesis, podemos decir que los cristianos, que habíamos privilegiado la relación personal en el amor, empezamos a descubrir que además de esa dimensión absolutamente irreemplazable, los hombres están condicionados; como dice el Papa en la Octogésima Adveniens, determinados por las estructuras en las que viven. Por lo tanto, tengo que amar a los seres humanos y amar las estructuras que contribuyen a que esos seres humanos se realicen como hombres, a que vivan creadoramente. Y debo tratar de destruir o modificar las estructuras que les impiden vivir de esa manera. Y aquí entra todo lo que hace a la dimensión política.
En 1954 aparece ese gran profeta que fue el abate Pierre, del que ya hemos hablado, y ocho años después en América latina Camilo Torres, otro profeta que dirá: “Los que hoy no tienen techo en América latina son legión, por lo tanto, el modo de lograr que esos hermanos míos tengan techo es hacer la revolución.” Es decir, cambiar las estructuras de manera radical y posibilitar que el pueblo acceda al poder.
El año último, cuando fuimos a misionar al Chaco santafecino, por la mañana, se hacían las visitas a las casas para ver si la gente necesitaba ropa y para invitarlos al culto de la tarde. Personalmente pienso que hay una dimensión fundamental de esa misión rural: la de preocuparnos siempre por el anuncio explícito del mensaje de Cristo. No basta sólo con comulgar con los problemas humanos de los hombres. Desde el vamos tenemos que hablar explícitamente del mensaje de Cristo, hablar de que Cristo no sólo viene a liberar al hombre de la enfermedad, la injusticia, el egoísmo… sino que le da la posibilidad de adquirir la dimensión del hijo de Dios. Y esta es una dimensión superhumana, como la llama Theilhard de Chardin, es la dimensión divina.
En esa misión cuando una chica llegó a un rancho una viejita le dijo “a mí qué me vienen a hablar de Dios si me estoy muriendo de hambre”. A los muchachos esto les dolió profundamente porque sentían en carne propia el dolor de los pobres. A la tarde organizamos una reunión con hacheros, vinieron unos noventa y cinco que además era la primera vez que estaban en una reunión y uno de ellos empezó a decir: “yo soy la alpargata del patrón”.
Ni el mejor literato, ni Borges hubiera dicho las cosas con tanta precisión y claridad.
Como cristianos descubrimos entonces que nuestro amor y nuestro compromiso de evangelización tiene dos dimensiones: el amor personal y el amor colectivo. Y esto no es nuevo sino que es descubrir las entrañas bíblicas del mensaje cristiano.
Voy a comentar brevemente el documento “Justicia y pastoral popular” del Episcopado Argentino porque entronca directamente con la valoración del problema social del peronismo.
Este documento me parece que da un enfoque revolucionario del pecado, de qué es la plenitud del hombre para nosotros cristianos. Pero en la Iglesia lo más revolucionario es lo más tradicional, porque después de 2000 años de vida no se ha inventado nada nuevo.
Cuando se nos dice que por ser curas del Tercer Mundo queremos cambiar la Iglesia, contestamos que no, que queremos volver a la auténtica tradición de la Iglesia. Es decir, que la Iglesia asuma hoy los mismos valores que asumió la comunidad prototípica para los cristianos. Esa comunidad prototípica en la que todavía resonaba la voz de Cristo. Es decir, la primera comunidad cristiana que vivió en auténtica comunidad de bienes (Hechos de los apóstoles, capítulos 2 y A).
Dicen los obispos: “Afirmamos que el ejercicio de la virtud, de la justicia, se encarna en la vida entera de la sociedad… “No es solo una actitud personal, no basta con darle a cada uno lo suyo individualmente. “El pecado se da siempre en el interior del hombre …”
Esto es muy importante tenerlo en cuenta porque ninguna revolución y económica podrá crear el hombre nuevo que todos buscamos, si simultáneamente no se da la revolución interior. Lo que los cristianos llamamos la conversión personal que es absolutamente irreemplazable.
Eso es lo que dice Mao cuando preconiza la revolución cultural proletaria, dice: no basta cambiar las estructuras. Mao tiene conciencia de la tremenda experiencia soviética donde es evidente que se hizo una revolución económica social, pero no una real revolución cultural ni una real revolución política. El pueblo no accedió al poder, hay una burocracia parasitaria que se impone entre ambos.
Para nosotros, los cristianos, la auténtica revolución cultural significa formar hombres que vivan en función de servicio hacia los otros. Hombres que sean capaces de crear y no como en la Unión Soviética, donde pareciera que el prototipo de hombre que se busca es cada vez más, el hombre consumidor. Es decir, no hay auténtica revolución y Mao tiene plena conciencia de esto, por eso señala (en mi opinión por influencia evangélica, aunque no lo sepa) que la revolución debe estar permanentemente revolucionada.
Nosotros lo sabemos porque sabemos que la verdadera y auténtica revolución se va a dar cuando venga Cristo: en la escatología. Y tenemos que tratar de acelerar la venida del Señor tratando de modificar la tierra.
“…El pecado se da siempre en el interior del hombre…’ Y los obispos dan una definición de pecado que la puede entender cualquier ateo: “Pecar es rechazar el amor e instalar la injusticia (y ahora viene lo novedoso) pero del corazón del hombre el pecado pasa a sus actividades, a sus instituciones, a las estructuras creadas por él.” Y por eso creo que ahora discutimos el peronismo.
Dicen los obispos: “Cuando Dios revela su designio divino como plan para los hombres, la justicia no aparece solo como un don personal —José varón justo— sino como un estado del pueblo. De tal modo que es el pueblo todo quien está en situación de pecado cuando se cometen injusticias, se las consienten o no se las reparan.” Por eso en este momento en la Argentina estamos en pecado grave y no podemos comulgar si en realidad no estamos haciendo algo eficaz, en la medida de nuestras posibilidades, para remediar este estado de injusticia. Una injusticia que se traduce en un índice cada día mayor de mortalidad infantil, de desocupación, y en ese nuevo pecado colectivo de nuestra patria: la tortura.
En la Biblia hay un caso muy concreto, cuando Dios decide acabar con Sodoma y Gomorra porque allí se cometían pecados sexuales contra la naturaleza. No es que todos los sodomenses fueran sodomitas. No. Unos cometían el pecado por vía directa, otros lo consentían o pasivamente lo toleraban. Creo que si en este momento un cristiano no hace algo eficaz para que acabe la tortura en nuestra patria es un cotorturador de sus hermanos, porque en la medida en que no hago algo positivo soy cómplice.
Algunas personas dicen “no soy violento”. Pero la Iglesia siempre justificó la violencia justa y condenó la injusta. Es decir que ser no violento no significa ser pasivo sino significa denunciar la violencia del sistema aceptando que recaiga sobre uno. El cristiano puede o no estar dispuesto a matar —y esto por razones de conciencia, de información o de ideología— o sea a responder o no a la violencia con la violencia que sufre. Pero lo que no puede dejar de ver es que debe estar dispuesto a morir y esto es clarísimo.
Dicen los obispos: “Como la vocación suprema del hombre es una sola, la divina…” Creo que lo más importante que nosotros hacemos en la Villa es hacerle tomar conciencia a los villeros de que son hijos de Dios. Y creo que para un hombre tomar conciencia de que es hijo de Dios es tremendamente dinamizante. Porque si soy hijo de Dios no voy a dejar que el patrón me ponga el pie encima. Es una consecuencia lógica.
No me voy a dejar aplastar porque tengo una dignidad. Creo que es muy importante que cada uno aprenda a amarse a sí mismo porque quien no se ama a sí mismo no ama a nadie. Cuando digo amarse a sí mismo no digo contentarse consigo mismo sino que necesariamente supone exigirme a mí mismo.
“Como la vocación del hombre es una sola, la divina…” la misión del hombre es una sola: “salvar integralmente al hombre”. Por eso ya la Iglesia no habla más de salvación a secas. Dice liberación o salvación integral para evitar todo maniqueismo. “En consecuencia, la evangelización comprende necesariamente todo el ámbito de la promoción humana. Es nuestro deber trabajar por la liberación total del hombre e iluminar el proceso de cambio de las estructuras injustas y opresoras creadas por el pecado.”
En abril de 1969, los obispos hacen un diagnóstico de la realidad que actualmente tiene plena vigencia: “Comprobamos que a través de un largo proceso histórico, que aun tiene vigencia, se ha llegado en nuestro país a una estructuración injusta.” Es decir, no es un cambio de hombres o de gobierno sino que es un cambio de estructuras, de sistema. “La liberación debería realizarse en todos los sectores donde hay opresión. En el orden jurídico, en el político, en el cultural, en el económico y en el social”.
En el orden jurídico hay una ley anticomunista que afirma que todo argentino es comunista a menos que demuestre lo contrario. O como el Código Civil, cuya génesis ya he explicado.
En el orden político todos sabemos la marginación en la que vive nuestro pueblo y las dificultades de las corrientes populares para abrirse paso hoy. Basta con decir que el gobierno que tenemos fue elegido por tres personas.
En el orden cultura! hay opresión porque el pueblo y entiendo aquí por pueblo fundamentalmente a los oprimidos, a los trabajadores, no tienen acceso a la enseñanza superior y tienen difícil acceso a la secundaria y aun a la primaria. A veces porque no hay bancos y si los hay, porque los chicos tienen que lustrar zapatos para que la familia aguante. Además de esto nuestra enseñanza es tecnócrata y colonialista, para gente que no moleste, que no incomode el día de mañana y se adecúe a este sistema montado sobre la base del lucro. —
En el orden económico y social, los obispos dicen que nuestra estructura económica es anticristiana y opresora. Primero, porque en lugar de estar la economía al servicio del hombre, el hombre está al servicio de la economía. Segundo, porque lo social está subordinado a lo económico con las consecuencias que acarrea. “La subordinación de lo social a lo económico, impuesta por la acción de fuerza foráneas (podemos nombrarlas: Fondo Monetario Internacional, Banco Internacional de Desarrollo, etc., etc.) sectores y grupos internos de opresión (A.C.I.E.L., Sociedad Rural, Unión Industrial, etc.) que se manifiesta en los desequilibrios regionales (desde que empezó la Revolución Argentina emigraron más de 200.000 tucumanos, y esto en una sola provincia) y en las racionalizaciones que provocan desocupación e inseguridad”.
En el orden social el índice de mortalidad infantil y de desocupación son cada vez mayores.
“Frente a esto qué hay que hacer”, se preguntan los obispos y responden: “El proceso de liberación deberá contener siempre el aporte fecundo de los auténticos valores y sanas tradiciones originadas desde el comienzo de nuestra nacionalidad, que reflejan el sentir y espíritu de nuestro pueblo”.
En el documento pastoral popular se vuelve a hablar de asumir las sanas tradiciones de nuestro pueblo: “La Iglesia debe estar encarnada en el pueblo. Para encamarse e insertarse en la experiencia nacional del pueblo argentino, la Iglesia tiene el ejemplo en la imagen de Cristo. La Iglesia deberá acercarse especialmente a los pobres, oprimidos y necesitados y viendo ella su propia pobreza y renunciando a todo lo que puede parecer deseo de dominio. La Iglesia debe discernir acerca de su salvación liberadora o salvífica desde la perspectiva del pueblo”. La acción de la Iglesia debe estar orientada hacia el pueblo, pero también desde el pueblo mismo. Y creo que esto es fundamental para hacer una valoración del peronismo. Porque una cosa es mirar el peronismo desde los pobres, desde el pueblo, y otra cosa es mirarlo desde la clase media o desde la oligarquía.
Yo he vivido personalmente esa experiencia con plenitud. Yo fui antiperonista hasta los 26 años y mi proceso de acercamiento al peronismo coincidió con mi cristianización. Es decir, en la medida en que descubrí en el Evangelio, a través de la Teología que Iglesia es de todos pero ante todo es de los pobres, como decía Juan XXIII y que Cristo evangeliza a todo sin distinción de personas, pero sí con distinción de grupos y prefiere a los de su propia condición, a los pobres, empecé a mirar las cosas desde otro punto de vista.
Podríamos seguir citando documentos en los que se hace un llamamiento a la acción política. Podríamos citar la “Octogessima Adveniens”, donde al final el Papa dice: “Es un deber de todos los cristianos hoy, entrar en la lucha por transformar la sociedad, o renovar el orden temporal”. Aquí el Papa no hace distinción entre curas, monjas y laicos, sino que dice “todos los cristianos”. Esa es la acción política; la acción que tiende a transformar, a modificar la sociedad. Por eso Santo Tomás dice que la acción política es la más noble de todas las actividades, porque no tiende al bien de uno o de algunos, sino al bien de todos, de toda la sociedad.
Ser cristiano es, fundamentalmente, aceptar a Cristo, creerle a Cristo y creer en Cristo y por lo tanto responderle. La vivencia cristiana supone una obediencia a la fe en el Señor. Y uno le cree a Cristo no por lo que piensa sino por lo que hace… “Ustedes son mis discípulos, si hacen lo que yo les digo…” “No, el que dice Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos sino aquel que hace la voluntad de mi Padre.”
Entonces yo tengo que hacer, tengo que optar en concreto y toda opción concreta está cargada de historicidad y por lo tanto es relativa. ¿En qué reside la diferencia entre lo cristiano y un movimiento político como es el peronismo? Los valores cristianos son propios de cualquier época, trascienden los movimientos políticos, en cambio el peronismo es un movimiento que asume los valores cristianos en determinada época.
¿Cuál es la medida que tengo para darme cuenta de que hoy el peronismo es el movimiento histórico al que yo pienso, debe acceder naturalmente un cristiano para mirar las cosas del lado de los pobres? Y esto no significa que no se puede ser cristiano y no peronista. Lo que sí me parece más difícil es ser cristiano y antiperonista. Aunque en la adhesión a cualquier movimiento político, un cristiano debe siempre mantener una distancia crítica desde la fe. Tiene que revitalizarlo, que no significa minimizarlo. Puede adherir a él pero un cristiano sabe que un movimiento político no va a crear la sociedad perfecta, va a realizar sí determinados valores pero también corre el riesgo permanente de desvirtuar esos valores. Pero puede criticarlo solo en la medida de su participación en el proceso, en la medida en que no esté mirando el partido desde afuera.
¿Cuál es ese juez que me permitirá valorar si el peronismo es hoy la instancia histórica a través de la que me interpela Cristo, a través de la que voy a mostrar mi amor a mi pueblo y a mis hermanos? El juez es la gente, el pueblo, los oprimidos. La categoría pueblo casi coincide con la categoría pobres aunque no la abarque totalmente.
Yo sé por el Evangelio, por la actitud de Cristo, que tengo que mirar la historia humana desde los pobres. Y en la Argentina la mayoría de los pobres son peronistas, para decirlo de manera muy simple.
Aquí tendríamos que hacer una distinción entre el ideólogo y el político.
El ideólogo se maneja con ideas que tienen mucha claridad, pero siempre se refieren al fin que hay que alcanzar, es escatológico. No se refiere a lo que es actual. Un ejemplo serían los que adhieren al ERP o al Partido Comunista. Un militante del ERP, por ejemplo, diría: Todos los hombres son iguales y tengo que establecer cuanto antes sea esa igualdad.” Trata de poner en el presente lo que es del futuro. “Hay que suprimir todas las clases sociales, ya” y ahí surge el problema de los medios a emplear.
Ahora bien, en esto de la supresión de clases, yo como cristiano pienso que si bien desde el punto de vista económico debe haber una desaparición de las clases, sostener la total igualdad de los hombres es desconocer la realidad del pecado. Para mí, cristiano, la plena igualdad sólo se dará cuando venga el Señor y no antes. Pienso que en esto reside el error del marxismo y de los marxistas. Privilegian al hombre económico y se olvidan del político, por eso les es difícil entender el peronismo, que privilegia más lo político que lo económico.
Como privilegia lo económico el marxista afirma la prioridad de la lucha de clases pero desde el punto de vista económico.
El político, en cambio, en lugar de manejarse escatológicamente, maneja las fuerzas existentes. Actúa como quien tiene que tomar decisiones. Por ejemplo, las tres grandes banderas del peronismo —independencia económica, soberanía política y justicia social— son pautas acequibles, como el programa del Frente que propone Perón es un programa mínimo de coincidencias, no es el programa definitivo. Lo escatológico en el peronismo es el socialismo nacional hacia el que tenemos que apuntar, pero la pregunta que hoy se hace el político es: ¿Qué pasos puedo dar ahora para ir implantando el socialismo nacional?
El peligro del ideólogo es el sectarismo que lo lleva a una estructura en el fondo racionalista y lo lleva a separarse de la
realidad.
El peligro del político es el populismo, a veces la utilización de los medios le puede hacer olvidar los fines.
Los cristianos siempre hemos tendido a ser ideólogos, siempre le hemos tenido mucho miedo a la realidad concreta porque es ambigua. Y mientras nos preguntamos si estará bien, si estará mal, el problema ya lo habían resuelto otros. Siempre quisimos la opción pura y perfecta y la política es una cosa sucia que nos obliga a arriesgar, nos obliga a optar con probabilidad. En el fondo la opción política siempre es por el mal menor, siempre estoy eligiendo de esta manera porque el bien perfecto no existe.
En el Evangelio Jesús no nos reprueba por haber optado mal, a menos que nuestra opción nos sea imputable por irresponsabilidad o por falta de preparación, no condena al que usó el talento y no lo hizo fructificar mucho, condena al que guardó el talento, al que no lo quiso, arriesgar, al que por miedo a equivocarse no hace nada.
Ya dije que Dios no elige personas, habla con todo el mundo. Con María Magdalena, con Mateo, con Zaqueo, con los fariseos, con Simón el leproso que era fariseo. Pero sí elige grupos. A los fariseos les dice: “Ustedes son amigos del dinero” y también se las agarra con el Sanedrín, que eran los sacerdotes y estudiosos, el gabinete al que Roma le había dado todo el poder de las relaciones exteriores.
Jesús no prefiere a los fariseos o los doctores, prefiere a la gente inculta. Jesús anuncia, fundamentalmente, la liberación de los pobres. Y de ahí el problema que se le plantea al Sanedrín. “Si éste sigue así, todo el pueblo lo va a seguir, todos van a ir detrás de El.” Y eso que hay que reconocer que los fariseos eran gente popular, un poco los maestros, eran generosos, fraternales, insertada en el pueblo, pero cuando aparece Jesús, el pueblo lo sigue. ¿Por qué? Porque Jesús está con el pueblo.
Cuando los fariseos se referían al pueblo decían “esa gente”, como ahora se dice “esa gente de las villas”. Y esa gente elige a Jesús y es elegida por Jesús.
En otra época, la gente era realista, estaba acostumbrada a proyectarse en el rey, pero ahora eso no basta, el hombre ha tomado conciencia de su dignidad, cada hombre quiere ser responsable, protagonista, quiere poder decidir su destino que puede ser un acto de gracia o de pecado. Para el cristiano hoy se abre un nuevo campo al servicio de la gracia: el acto de decidir políticamente.
El que roba a la gente su derecho a decidir y es el caso de los militares en la Argentina, está en pecado porque les roba el derecho de santificarse al elegir.
Para poder santificarme, para poder realmente crecer en el amor a Dios y a mis hermanos, tengo que servir con capacidad creadora. No debo renunciar a mi derecho a decidir y tengo que hacerlo con fuerza aunque sin odio.
El 17 de octubre de 1945 el pueblo decide. Descubre un hecho concreto: un hombre lo interpela y lo interpreta y el pueblo comienza a santificarse, a liberarse al decidir.
Hay un artículo muy interesante del padre Dri en la revista Envido, número 5, “Peronismo y marxismo trente al hombre” donde pueden advertirse claramente los valores cristianos del peronismo.
El padre Dri critica al marxismo como una ideología del centro, como una ideología que surge en Europa, una ideología racionalista, que tiende, como ya dije antes, a privilegiar sobre todo lo económico-científico. Aunque eso de científico habría que ponerlo entre comillas, porque hay que ver si realmente es científico, o si es mitificación de la ciencia. Y dice que en los grandes movimientos liberadores, como por ejemplo la revolución cubana, la revolución china y el movimiento peronista, se tiende a privilegiar el proyecto humano, la valoración del hombre, de lo nacional y de lo religioso.
Así, por ejemplo, la muerte del “Che” provoca el siguiente juicio de Perón: “Hoy ha caído en esta lucha como un héroe, la figura más extraordinaria que ha dado la revolución en Latinoamérica. Su muerte me desgarra el alma. Es un ejemplo de conducta, de desprendimiento, de espíritu de sacrificio, de renunciamiento…” Y no hay nada de científico en este juicio, es un juicio ético. “…la profunda convicción en la justicia, de la causa que abrazó y le dio tuerza, el valor y el coraje que hoy lo eleva a la categoría de mártir.”
Toda esta terminología es netamente cristiana.
Y en su obra Conducción Política había dicho Perón varios años antes, hablando de los movimientos revolucionarios: “Estos movimientos triunfan por el sentido heroico de la vida que es lo único que salva a los pueblos, y ese heroísmo se necesita no sólo para jugar la vida todos los días o en alguna ocasión, por nuestro movimiento, sino para luchar contra lo que cada uno lleva adentro, para vencerlo y hacer triunfar al hombre de bien.”
Y el “Che” precisamente decía que el hombre nuevo se dará cuando en cada nombre la vida cotidiana se trasmute en heroísmo. Cuando cada hombre viva heroicamente sus instancias cotidianas. Pero esta es una visión del hombre más ideológica que política. Es negar la existencia del pecado original. Pero hay que tender a eso sin descuidar la realidad que el peronismo siempre asume.
Por eso dice el padre Dri: “El peronismo es una filosofía de la vida, simple, práctica, popular y profundamente humana.” Evidencia claramente la primacía del hombre sobre las estructuras. Por eso Perón afirma que el problema en la Argentina es netamente político. El Partido Comunista, en cambio, va a decir que el problema es netamente económico.
Para Perón “la verdadera democracia será aquella donde el gobierno hace lo que el pueblo quiere y defiende un solo interés, el del pueblo”. La característica exclusiva del peronismo es la de servir al pueblo y además obedecerle. Y precisamente en Cuba y en Argelia, cuando se hace la revolución no se trata antes que nada de cambiar la propiedad y los medios de producción, sino que lo primero que hace es crear un proyecto político liberador. Por eso, personalmente pienso que la primera lucha por la liberación de nuestro pueblo está dada por esta opción: dependencia o liberación nacional. En esta lucha por la liberación nacional no se tiene que dar, necesariamente, la lucha de clases. Pueden entrar en ella no solo los obreros, los estudiantes, sino inclusive los empresarios con sentido nacional. Creo que después sí va a venir la cosa entre los empresarios y los obreros, en un segundo tiempo. Es decir, una sociedad en la que se realicen plenamente los valores cristianos, será una sociedad sin empresarios. Los roles subsistirán, pero no la relación de dependencia deshumanizante. Tuvimos una reunión con empresarios cristianos y coincidían plenamente con nosotros. Nos quedamos bastante mal al ver esa coincidencia tan total, pero en la segunda reunión se empezaron a aclarar más las cosas y a coincidir menos.
Como a lo mejor un hombre de la Iglesia a pesar de ser Cardenal, puede ser evangélico. Pero no es cosa que de suyo me ayude a mí a la vivencia cristiana.
Las famosas leyes económicas, de las cuales se ha hablado tanto, son leyes que a lo mejor hoy hay que criticar desde las bases, porque el principio que las fundamenta es falso, porque es el principio del lucro. Cuando el gobierno dice que aumenten los salarios, los empresarios dicen que ya no pueden aumentar un peso más, porque, claro, los 800.000 pesos de sueldo que ellos tienen son intocables. Porque nadie se pone a Cuestionar la tajada que, desde ya, se supone corresponde al empresario.
La valoración del hombre que se hace desde el peronismo, es una valoración que pone siempre el acento en los valores éticos, sin ios cuales no se puede llevar adelante el proyecto liberador. Y así Evita dice, por ejemplo, que las cuatro virtudes fundamentales del pueblo, son: generosidad, sinceridad, desinterés y ante todo humildad. Nosotros, intelectuales, vemos las cosas de Evita o de Perón, y nos parecen demasiado simples; decimos que no tienen consistencia ideológica, porque claro, esa gente habla como el pueblo, no habla como nosotros, intelectuales que tenemos ideas claras, precisas y a menudo bastante abstractas.
Dice Evita: “Ningún justicialista debe sentirse más de lo que es, ni menos de lo que debe ser. Si se sobrevalora pasa a ser oligarca, si se disminuye no sirve para la construcción de la nueva Argentina.” Es decir, tiene que tomar conciencia de su dignidad. “El peronista nunca dice “Yo, dice Evita, dice ‘nosotros’, y ese nosotros es el pueblo, porque no hay nada más importante, y es el derecho más grande, que el de sentirse pueblo.” Por eso Camilo Torres, les decía a los estudiantes: “Ustedes tienen que ascender a la clase popular.”
Recuerdo cuando discutí con un coronel sobre el plan de erradicación de Villas, que hoy habría que llamarlo plan de radicación porque después de cinco años, en la zona de Retiro, que al comienzo tenía 30.000 personas, hoy hay 50.000. El coronel me decía: “A la gente de las villas hay que llevarlas a una vivienda transitoria porque no están en condiciones de vivir en casas definitivas”. Y yo le dije que ojalá nunca adquirieran nuestras pautas culturales, que mantuvieran su cultura original sin contaminarse con la nuestra, porque a lo mejor visto desde el Evangelio pueden tener mucho de rescatable.
“Ah, pero los negros en la época de Perón plantaban repollos en la banadera y tomaban agua del bidé.” Pero ¿en qué lugar del Evangelio se dice que no hay que tomar agua del bidé? Yo doy un ejemplo muy grosero, pero tenemos una serie de pautas que son así. Y ellos no son “como uno”, gracias a Dios. Lo que no significa, por supuesto, que no tengan sus vicios. No es cuestión de mitificarlos, pues en todo ser humano existe el pecado, pero yo diría que hasta los pecados de la gente humilde y del pueblo son más normales. (Cuando se agarran una borrachera lo hacen con Crespi y no con whisky importado). Lo que no quiere decir que no haya que combatirlo. El cristiano o el sacerdote, en contacto con cualquier grupo humano, en la medida que empiece
por la autocrítica y luche por su conversión personal siempre tendrá que ser interpelador y crítico. Y el cristiano peronista tendrá que criticar, permanentemente, al peronismo.
Hoy la evangelización supone dos dimensiones: la dimensión concreta e inmediata, yo tengo que ayudar a este hermano mío que sufre hambre, o que sufre soledad, y tiene tristeza, yo tengo que acompañarlo, amarlo profundamente y ayudarlo a encontrar un sentido a su vida, que yo como cristiano sé que recién va a ser pleno cuando descubra a Jesucristo, cuando descubra la visión trascendente de la vida. Y hay otra dimensión, que es la dimensión estructural. Porque vive integrado en estructuras que pueden ser liberadoras u opresoras.
Veamos qué pasó históricamente con el peronismo en estas dos dimensiones.
Con respecto a la primera, la gran novedad del peronismo, que comienza a gestarse a comienzos del año 1944 desde la Secretaría de Trabajo y Previsión, es que Perón empieza a entender las necesidades bien concretas e inmediatas: las reivindicaciones de la clase trabajadora enfrentando las duras críticas del Partido Comunista que dice que eso es, en el fondo, quitarle a la clase trabajadora la fuerza revolucionaria. Esto lleva, además, a que algunos vayan a las villas y piensen “hay que exacerbar el hambre del pueblo para que desesperado…”. Dicen esto porque nunca pasaron hambre. Es una forma de despreciar al pueblo.
En el libro El peronismo y sus causas, en el capítulo que se llama “Viraje del movimiento obrero”, su autor, Rodolfo Puiggrós, enumera las realizaciones de Perón.
Dice Perón: “Cuando llegué a la Secretaría de Trabajo en 1945, el primer pedido que recibí de los obreros fue la anulación de un decreto del año 43, en el que se establecía para las asociaciones gremiales, un régimen de tipo totalitario. El primer decreto que firmé desde la secretaría fue la derogación de ese reglamento”.
Y luego enumera las realizaciones. Voy a dar algunos ejemplos más.
“La primera consigna de la Secretaría de Trabajo y Previsión fue cumplir las leyes obreras, leyes que en lo sustancial eran obra de los legisladores socialistas, pero que no se aplicaban, o se aplicaban a medias. A los discípulos de Juan B. Justo les resultaba intolerable que un coronel recién llegado a la problemática social, impusiera y vigilara la estricta observancia de la jornada de ocho horas, de la ley de accidentes de trabajo, del pago de horas extras, de las reglamentaciones sanitarias en talleres y fábricas. Hasta en las lejanas Salta y Jujuy, en cuyos ingenios y minas, cualquier tentativa de organización sindical era castigada con la expulsión y a veces la muerte, hasta en los quebrachales de Chaco y los yerbales misioneros, donde se compraba la vida del mensú, llegaron los inspectores y se instalaron las delegaciones de la Secretaría de Trabajo y Previsión. La ley de asociaciones profesionales, que concede personería gremial al sindicato mayoritario del gremio.” Y por eso fue bombardeada por los comunistas y después por la Revolución Libertadora.
El estatuto del peón de campo, desde el bando del gobernador intendente de la provincia de Buenos Aires del 30 de agosto de 1815, que condenaba a todo individuo de la campaña a servir a un patrón, no se había legislado sobre ese sector de los trabajadores. El Estado peronista era la antítesis del Bando de Oliden y superaba todos los proyectos socialistas, dice Puiggrós. Había algo más que sueldo mínimo, alimentación adecuada, habitación sana y decente, descanso dominical, seguridad e higiene, atención médica, vacaciones, indemnización por despido, ya que destruía el antiguo paternalismo del estanciero, la antigua jerarquía de clases de la campaña, y el neón recibía además el instrumento legal de defensa de sus derechos. La garantía de la Secretaría de Trabajo y Previsión de que serían respetados. La ley 21665 de jubilaciones: Las jubilaciones existían solo para algunos pocos gremios.
“Y precisamente la objeción de los comunistas y socialistas era que frenaba la combatividad de la clase obrera. Darles jubilación frenaba y mataba su espíritu revolucionario.”
“El Instituto de Remuneraciones que llevó a la práctica lo siguiente: el aguinaldo, vacaciones pagas, pagos hasta 6 meses por enfermedad, indemnización por despido y fallecimiento, aumentos de salarios. Los tribunales de trabajo: fijaban las reglas de procedimiento y agilizaban los trámites, el fuero laboral, el descanso semanal y aguinaldo para el servicio doméstico, etc., etc.”
Y bastaría ahora añadir un balance hecho por un antiperonista —Carlos Fayt— en su libro La naturaleza del peronismo, sobre las impresionantes realizaciones del gobierno del general Perón.
Yo estaba en Cuba, cuando leí un trabajo estadístico de las realizaciones del gobierno de Perón, y les digo que Perón en dos años hizo más que la revolución cubana en diez, en cuanto a las realizaciones.
Con respecto a la otra dimensión, la estructural, es todo lo que va apuntando en la vivencia del Movimiento desde 1955 para acá y que ya se fue gestando durante el gobierno de Perón, en el sentido que la clase trabajadora empezó a sentirse gente, empezó a sentirse protagonista y esto, con la incorporación además del estudiantado y de otros sectores al peronismo, produjo la evolución que lleva a una profundización del peronismo. Lo reivindicativo asciende desde la tercera posición, desde un capitalismo justo por decirlo así, a un socialismo nacional.

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