Nuestro hermano pueblo nicaragüense vivió 50 años sufriendo y combatiendo al grito de ¡Patria Libre o Morir! para poder gritar todos juntos un día y esa vez ya para siempre ¡Viva Nicaragua Libre!
Hemos tenido el honor y el privilegio histórico de poder compartir solidariamente algunos aspectos de los tramos finales de esta heroica lucha de liberación y hemos tenido la inmensa alegría de vivir, junto a nuestros compañeros sandinistas, el emocionante final de esta gesta libertaria que tanto nos ha hecho recordar los momentos en que el pueblo movilizado de nuestra Patria gritaba multitudinariamente «Se van, se van, y nunca volverán».
Sin embargo en nuestro país los militares gorilas volvieron y con más salvajismo que antes, la reacción oligárquico-imperialista se reinstauró con increíble y criminal violencia en 1976. La heroica resistencia de los trabajadores y el pueblo argentino, encabezada y conducida estratégicamente por nuestro Partido Montonero, ha logrado agotar y desorientar el impulso y la estrategia iniciales de la dictadura; luego de tres duros y sacrificados años recién estamos en condiciones de iniciar nuestra contraofensiva popular.
En el mismo año en que nosotros iniciamos la contraofensiva popular nuestros hermanos nicaragüenses, bajo la conducción estratégica del Frente Sandinista de Liberación Nacional, finalizaban su ofensiva insurreccional contra la dictadura ya legendaria y aparentemente inamovible de la familia Somoza. En este mismo año se produjo la insurrección iraní que acabó completamente con la dinastía imperial de los Palevi.
Esta sucesión de coincidencias no tiene por cierto nada de casual, pero tampoco tiene nada de caprichoso ni de ninguna mágica y secreta conspiración mundial, como seguramente interpretan los aprendices de brujo que piensan, no se sabe bien con qué parte del cuerpo, las políticas reaccionarias al servicio de las minorías explotadoras.
Hay una razón de fondo que explica las actuales revoluciones populares en diversas partes del mundo: la crisis mundial del imperialismo lo pone en una situación de debilidad relativa en la que ya no puede, como lo hacía hace algunas décadas, intervenir militarmente como gran gendarme omnipotente del mundo, que lo mismo ponía sus «marines» para asesinar pueblos dignos, que invertía miles de millones de dólares para apoyar a los regímenes cipayos que se le subordinaban.
Ante esta situación de debilidad imperialista para conservar por la fuerza todos sus dominios en el mundo, los pueblos heroicos y capaces de luchar a muerte por su liberación pueden derrotar a las oligarquías nativas, por poderosas que sean, ya que el «gran amo» no está en condiciones de socorrerlas como antaño.
Así entonces, 1979 en tanto final de una década de hambre y represión, particularmente para América Latina, es el preludio del cambio, del inicio de una nueva década que estará signada por el heroísmo y la lucidez política de aquellos pueblos que sean capaces de comprender que es necesario y posible pasar a la contraofensiva para conquistar la liberación nacional y social.
Cotidianamente los hombres y mujeres de nuestro pueblo se levantan maldiciendo la lacra de la dictadura criminal, antinacional y antipopular que padecemos, pero muchos de ellos, en vista de nuestra experiencia anterior, al final de la jornada se hacen dos grandes preguntas: ¿Cómo podemos hacer para quitamos de encima esta dictadura brutal?, y ¿cómo haremos para que luego de que se vayan no vuelvan nunca más a imponer con sus fusiles el hambre, el terror, la mar-ginación y la proscripción de las mayorías?
Las experiencias de Irán y Nicaragua, para no abundar en otros ejemplos históricos, nos permiten extraer importantísimas conclusiones.
Tanto Irán como Nicaragua tenían, en relación a sus dimensiones geográficas y de población, grandes ejércitos pertrechados e instruidos con sofisticados armamentos y técnicas provistos por el imperialismo y sus aliados; ejércitos enormemente más poderosos que cualquier organización militar irregular que pudieran tener sus respectivos pueblos.
Tanto Irán como Nicaragua eran, en sus respectivas zonas geográficas, países de mucha importancia para la geopolítica de los EEUU; justamente por sus ubicaciones geográficas el imperialismo los había pertrechado con ejércitos poderosos, comparados con los de los países vecinos, para que pudieran cumplir, llegado el caso, el papel de ejércitos gendarmes dentro de sus áreas y al servicio de los intereses imperialistas.
Tanto en Irán como en Nicaragua los gobiernos imperantes eran dictaduras salvajes que reprimían sin ningún escrúpulo cualquier intento popular de conquistar mejoras sociales, económicas o políticas, que asesinaban a cualquier militante del movimiento popular que se organizara para resistir contra la entrega y la explotación.
Sin embargo a pesar de tanto poderío, a pesar de tanta capacidad militar para sembrar el terror masivamente, tanto en Irán como en Nicaragua las dictaduras reaccionarias se desplomaron completamente; los millones y millones de dólares en armas que el imperialismo puso en sus manos quedaron desparramados por las calles conquistadas por el heroísmo popular.
Nosotros mismos hemos vivido en Managua la experiencia de recoger del piso los implementos bélicos de algún ex omnipotente asesino de la Guardia Nacional que tiró su uniforme y sus armas para poder huir más velozmente sin ser identificado.
En esta realidad impresionante y maravillosa es que corresponde buscar la respuesta a aquellos dos interrogantes que planteábamos más arriba. La experiencia demuestra que ninguna dictadura, por poderosa que parezca, es capaz de soportar la combinación explosiva constituida por la movilización insurreccional de las masas trabajadoras, la sublevación de todo un pueblo, combinada con la lucha armada guerrillera de una vanguardia revolucionaria surgida y amamantada de la propia historia nacional, de la propia experiencia histórica de las luchas populares de su país.
Sabemos que no hay dos revoluciones ¡guales, que la historia, la cultura, el desarrollo económico y las condiciones políticas internas y externas de Irán o de Nicaragua son muy distintas a las de nuestro país. Pero estas mismas circunstancias valen también para diferenciar la situación de Irán de la de Nicaragua y sin embargo ambas revoluciones tienen la misma combinación de insurrección de masas con lucha armada realizada por organizaciones que no se copiaron de ningún modelo extranjero, sino que se nutrieron de su propia historia nacional.
Bajo estos mismos principios estamos nosotros iniciando ya nuestra contraofensiva popular, con nuestra experiencia montonera que tiene más de 160 años de historia, con nuestra propia experiencia de insurrecciones obreras peronistas de los últimos 30 años.
Hace ya mucho tiempo que hemos aprendido una consigna que hoy, los pueblos de Irán y Nicaragua, nos reafirman con sus luchas triunfantes: «Sólo el Pueblo salvará al Pueblo».
Hace muchos años también que el Gral. Perón nos enseñó que «El año 2000 nos encontrará unidos o dominados». La solidaridad continental que ha despertado la insurrección sandinista, nuestra propia solidaridad y participación junto a nuestros hermanos nicaragüenses nos obligan y nos empujan a triunfar en nuestra contraofensiva para que el año 2000 nos encuentre unidos y liberados.

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