LOS GRANDES TRAIDORES A LA PATRIA
Jorge Rafael Videla, Emilio Massera y Orlando Ramón Agosti, al cabo de casi tres años de dictadura militar, pueden estar seguros que se han ganado el puesto que nuestra historia tiene reservado para los grandes traidores a la Patria. Han de quedar en las páginas en que el Pueblo escribe sus memorias y guarda sus enseñanzas, como los integrantes de la Junta Militar responsable del mayor genocidio popular y de la más reaccionaria agresión económica contra los intereses nacionales, en favor de la oligarquía y los monopolios imperialistas; para lo cual han contado con la inestimable ayuda del oligarca extranjerizante y explotador Ministro de Economía, Martínez de Hoz.
Actuando en nombre de las FFAA, y por mandato de las mismas, desarrollaron la más profunda, extensa, sangrienta y antinacional ofensiva para restaurar los intereses oligárquicos y monopólicos que se encontraban amenazados por la crisis económica y política.

INSTAURARON LA MAS BRUTAL Y PODEROSA DICTADURA
Durante 1975 alcanzaron su máxima expresión los elementos de lo que caracterizamos como la crisis definitiva del capitalismo dependiente en la Argentina. Definitiva por cuanto, en la medida que no se transforma a fondo la estructura económica y política del país, no existen posibilidades de una salida estable; solamente es dable esperar las permanentes recaídas en cada vez más profundas y prolongadas crisis coyunturales.
El estancamiento y caos económico, que generaba a su vez un convulsionado panorama político, dejaban margen para dos grandes alternativas: o se a-vanzaba en resolver la situación a favor de los intereses nacionales y del pueblo trabajador, o el enemigo habría de hacer lo propio en defensa de los suyos. Al no haber margen para los pequeños recambios o recomposiciones, se imponía una solución expeditiva y a fondo.
A partir del Rodrigazo en julio de 1975, la generalización de la lucha de los trabajadores contra la política económica del gobierno dejó planteada con claridad estas dos alternativas.
Por un lado, el gobierno de Isabel, lejos de resolver la crisis en favor de los intereses del Pueblo apoyándose en él, era enfrentado por los trabajadores movilizados y se debatía en la inoperancia y la descomposición institucional. Simultáneamente, y como parte de esa misma situación, la intensificación y generalización de la lucha sindical y de las organizaciones revolucionarias ponía la semilla de la recomposición del poder popular, que en el mediano plazo podía resolver la crisis a su favor; este proceso se desarrollaba dentro del propio peronismo, que enfrentaba la crisis política interna a partir de la movilización de los trabajadores y en el marco de la consigna de nuestra querida compañera Evita: el peronismo será revolucionario o no será; que significaba en concreto la posibilidad del salto cualitativo del propio movimiento, institucionalizando la hegemonía y conducción de la clase obrera ya no solamente por su peso numérico y potencia de lucha, sino por la existencia de una vanguardia que ejerciera la conducción del movimiento con una estrategia revolucionaria. Los Montoneros habían dejado de ser los muchachos, para adquirir la estatura de posibilidad concreta del propio movimiento de dar un salto de calidad y transformarse en peronismo revolucionario que Evita puso como alternativa a su fracaso y desaparición.
Por otro lado, el golpe militar que se estaba gestando en esos momentos aspiraba a dotar a la oligarquía y los monopolios de un instrumento adecuado para recomponer la situación a su favor. Contaban con una ventaja estratégica, ya que la muerte del General Perón y el fracaso del gobierno de Isabel dejaba al campo popular sin columna vertebral alrededor de la cual rearmarse rápidamente, en tanto que las FFAA y los monopolios contaban con un proyecto estratégico para lograrlo.
Con las banderas mentirosas y reaccionarias a que nos tienen acostumbrados los gorilas vendepatrias, el 24 de marzo de 1976 las FFAA lanzan su o-fensiva contra los corruptos y los subversivos, lenguaje con el cual los milicos designan a los integrantes del gobierno de Isabel y a las “fuerzas organizadas del campo popular.
Hoy, a casi tres años del golpe militar, la magnitud de los crímenes y la destrucción de la economía nacional protagonizados por las FFAA y la Junta en particular, sólo tienen explicación si los vemos como las consecuencias de la resolución violenta, por parte de la oligarquía y los monopolios, de la crisis económica y política que puso al país al borde de una salida revolucionaria que debía ser ahogada a cualquier precio.
Cuando la Junta Militar concibe el golpe sabe perfectamente que para desarrollar el plan de Martínez de Hoz se hacía necesario aniquilar a las fuerzas organizadas de los sectores que serían destinatarios de la agresión económica, la clase trabajadora en particular. Era imprescindible quitar la posibilidad de resistencia al avance monopólico, partiendo de los antecedentes de la reconocida capacidad de lucha de la clase obrera peronista, para contar con posibilidades de éxito en el terreno económico. Era necesario desarticular las fuerzas progresistas y revolucionarias para allanar el terreno de la depredación monopólica.
Por eso hoy es posible encontrar un equivalente entre el desastre económico que dejan para nuestra Patria estos tres años de Martínez de Hoz y la saña represiva de que hicieron gala los militares argentinos. Ambos aspectos son complementarios y parte de una misma estrategia.
Para disponer de posibilidades de éxito en esta ofensiva depredadora, las FFAA empeñaron todas las fuerzas que fueron capaces de reunir, avanzaron con la máxima profundidad y despliegue posible, y buscaron acortar los plazos desarrollando una guerra corta y tremendamente sucia. Es difícil encontrar hoy un militar argentino que no esté seriamente comprometido con los horrendos crímenes que sufrió nuestra Patria, de la misma manera que todo el Pueblo sabe que esos crímenes se cometieron en salvaguarda de los intereses de los monopolios y la oligarquía.

PERO LA HEROICA RESISTENCIA TRIUNFO
Inmediatamente después del golpe, nuestro Partido convocó al Pueblo Argentino y a la clase trabajadora en particular, a la resistencia activa y nos pusimos al frente de ella. Se trataba de detener la más gigantesca ofensiva, en la que el enemigo tenía empeñadas todas sus fuerzas pero contaba con poco tiempo para alcanzar sus objetivos; si lográbamos pararlos tendríamos en nuestras manos las cartas del triunfo.
Eramos concientes no obstante que oponerse al avance enemigo sólo sería posible imponiéndonos un alto costo. Estaba en juego algo más que un recambio institucional, o una modificación relativa de nuestra situación. Si el enemigo alcanzaba sus objetivos con suficientes fuerzas como para consolidarlos posteriormente, nuestra Patria quedaría sumida en la más ignominiosa dependencia económica y política, y nuestro Pueblo sometido a la más feroz explotación.
La consigna que lanzamos fue clara: ganar miles de pequeños combates. Si hoy recorremos estos tres años, podemos decir con orgullo que el enemigo no ha podido avanzaren ningún terreno sin encontrar una enconada resistencia; que las posiciones que alcanzó no las pudo consolidar, y que el tiempo y la fuerza que perdió le son ahora fatales.
El congelamiento de los salarios, el despido de los trabajadores de la administración pública y empresas estatales, la destrucción de las organizaciones sindicales, el freno a las movilizaciones, la ejecución de los atroces crímenes contra nuestro Pueblo, todo encontró en la Resistencia Sindical y Popular y la Resistencia Armada una verdadera muralla, sólida e infranqueable.
En cada hecho de esa Resistencia encontraremos dos aspectos complementarios: la defensa de las reivindicaciones inmediatas y la generación de cada uno de los múltiples hechos que la cubrieron de gloria. En cada huelga desarrollada por los trabajadores se fue rompiendo la política salarial de la dictadura, defendiendo un nivel mínimo de sus ingresos, al par que enfrentaban toda la política económica de Martínez de Hoz. Cada acción militar contra la patronal o las fuerzas represivas producía un efecto inmediato y se sumaba a la Resistencia Sindical construyendo una verdadera trinchera que se oponía al avance de la dictadura militar. Cada acción de las queridas Locas de Plaza de Mayo arrancaba una migaja de las fauces represivas, al par qué fue abriendo el espacio político, logrando el reconocimiento y ampliando la fuerza que hoy tienen esas abnegadas mujeres.
Todos sentimos, con una mezcla de rabia y dolor, las inmensas pérdidas sufridas. Cuando los Montoneros lanzamos la estrategia de defensa activa ante el avance de la dictadura, poniéndonos al frente de ella, sabíamos que el grito de ¡Patria o Muerte! cobraría una dramática realidad. Pero sabíamos que era el camino que paradógicamente le ahorraría a la clase trabajadora y al Pueblo mayores sufrimientos en el largo plazo: era el precio que siempre la liberación le impone a los pueblos en la sangre de sus mejores hijos.
Porque esta guerra sucia no la inventamos ni la quisimos nosotros. Esta guerra nos la impusieron la oligarquía y los monopolios, la instrumentaron los militares traidores y la sufrió el Pueblo en su conjunto. Con la misma alevosía con que Martínez de Hoz ponía en manos de la oligarquía y los monopolios todos los instrumentos para que consumaran la depredación y consolidaran la dependencia, los militares asesinaban en sus cuarteles a los mejores militantes de la clase trabajadora, de nuestro Partido y Movimiento y del Pueblo en general, que se oponían activamente a la entrega de nuestra Soberanía.
La compensación a ese enorme esfuerzo está en haber detenido la ofensiva enemiga. La dictadura militar arriba a su tercer año en el poder con sus fuerzas seriamente desgastadas, corroídas por sus contradicciones internas, con las manos ensangrentadas y con posibilidades de enfrentar un juicio popular. Han perdido totalmente la iniciativa, y no logran articular una estrategia de recambio que los saque del pantano de una guerra interna perdida. Al haber empeñado la totalidad de sus fuerzas, ya no tienen reservas a las que recurrir para rehacer o sostener la ofensiva. Los tiempos se han agotado sin que hayan logrado alcanzar y consolidar los objetivos principales que se propusieron. Los pasos que dio Martínez de Hoz para aniquilar la economía nacional y poner los resortes fundamentales en manos de la oligarquía y los monopolios financieros internacionales, amenazan en convertirse en un poderoso e incontenible reflujo; ya que al no poder consolidar las posiciones ocupadas, y fracasar la dictadura en el aniquilamiento de las fuerzas organizadas de la Resistencia, el plan del oligarca criminal y vendepatria Martínez de Hoz es una fuente inagotable de oposición y resistencia, que crece incontenible y amenaza al conjunto de la dictadura militar.
Estas afirmaciones son absolutamente reales, y se pueden demostrar de la simple lectura de los acontecimientos más destacados. Si hoy el Jefe de la tenebrosa Escuela de Mecánica de la Armada Emilio Massera la juega de genio político poniéndose en la actitud de opositor a la Junta, de la que formó parte hasta hace poco, no es porque haya triunfado precisamente; con su actitud no hace más que reconocer el triunfo de la Resistencia, y lo que pretende es desvirtuarla capitalizando él la derrota de la Junta, además de poner distancia con los crímenes de los que es tan responsable como sus hasta ahora colegas. Mientras Videla, ayer Comandante del Ejército y Jefe de la Junta y hoy Presidente sin poder, concurre a una cena con los políticos para darse aire, su Ministro del Interior insiste en que no se dará participación a los causantes de la actual crisis, precisamente esos políticos. Estamos en enero de 1979 y todavía no se ha producido la designación de los mandos de las FFAA, porque es casi imposible encontrar dos generales que tengan la misma opinión sobre el conjunto de la crisis y la estrategia para superarla, y nadie tiene la fuerza suficiente como para imponerse sobre el conjunto. Nos pusieron al borde de una guerra fratricida con Chile, llevados por la irresponsabilidad y el aventu-rerismo de quienes, pisoteando la Soberanía Popular durante tres años, se disfrazan de militares patriotas para dismular los fracasos de la guerra que desarrollaron contra el Pueblo. Martínez de Hoz es repudiado por prácticamente todos los sectores económicos, al par que su anunciado 60 por 100 de inflación para 1978 se transformó en casi 170 por 100 (o sea que se equivocó en sus pronósticos en un 180 por 100), el Producto Bruto Interno decreció un 3,5 por 100 respecto del año pasado, etc.
En un panorama como éste, nadie puede decir que la dictadura esté consolidando sus triunfos, ni mucho menos que se apresta a seguir avanzando.
Por su parte, la propia Resistencia se ha consolidado. Al generalizarse la oposición de la casi totalidad de los sectores manteniéndose activa la Resistencia Sindical y Popular y la Resistencia Armada, gana en extensión y fuerza. Al operar sobre un enemigo debilitado y cada vez más disperso, gana en la relación de fuerzas. Y por sobre todas las cosas, al haber frenado la ofensiva en que los milicos empeñaron todas sus fuerzas, tenemos a nuestro favor la misma ventaja que actuaba en nuestra contra cuando dieron el golpe: el enemigo pierde día a día la posibilidad de generar un centro de gravedad que se constituya en el punto alrededor del cual acumular fuerzas, en tanto que el campo popular tiene todas las posibilidades de lograrlo.

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