La primera vez había sido para impedir la ubicación de sectores militantes en las proximidades del palco oficial: no pudiendo soportar el avance de una columna de la Juventud Trabajadora Perónista, comenzaron a disparar a mansalva contra sus integrantes. Luego, exasperados en el ejercicio de la violencia, decidieron suspender el acto y se ocuparon de incendiar automóviles, bajar a balazos a los que permanecían sobre los árboles, linchar a despavoridos compañeros que corrían para salvar sus vidas. Pero su última acción puso en práctica un procedimiento sub-humano: algunos miembros de la “Comisión de Organización del Regreso del General Perón a la Patria” secuestraron a ocho manifestantes y los trasladaron al Hotel Internacional de Ezeiza, donde fueron torturados.
Víctor Raúl Mendoza, Luis Ernesto Pollizón, José Britos, Juan Carlos Duarte, Alberto Formigo, Dardo José González, Juan José Pedrazza y José Almada son los nombres de las víctimas de una demente escalada represiva. La causa: un organismo cuya concepción policial del Movimiento Perónista le hizo justificar los más aberrantes procedimientos. Ocho peronistas que debían confesar su presunta relación con el “E.R.P., los bolches y Agustín Tosco”. Siete de ellos eran simpatizantes de la causa peronista y desconocían por completo los conflictos internos. Incluso uno fue detenido solo por llevar en la campera un escudo deportivo parecido a una insignia política de izquierda. El restante era un dirigente de la seccional Dálmine-Siderca del sindicato metalúrgico. Algo que seguramente no quiso creer el negro Corea, apodo del guardaespaldas de José Rucci a quien se identificó como principal responsable de los castigos.

  • A la mañana en Ezeiza
  • Nadie podía imaginar, obviamente, que ocurrieran sucesos tan graves. En horas muy tempranas; sin embargo, se hablaba de un probable “intento de copamiento” del acto por parte de “elementos infiltrados”. La versión, proveniente del sector sindical, aseguraba que la custodia estaba preparada para responder enérgicamente a la maniobra.
    Alrededor de las diez se observaba en el Aeropuerto de Ezeiza una extraordinaria cantidad de periodistas mezclados con legisladores, dirigentes políticos, sindicalistas, peronistas de última hora e invitados especiales. Aunque el tema obligatorio se refería a la hora del aterrizaje del avión también se comentaban un incidente armado ocurrido en la madrugada, los precios excesivos en las confiterías y las cantidades de personas que alcanzarían a movilizarse para festejar el regreso.
    Quince habitaciones permanecían reservadas en el Hotel Internacional para el estado mayor del teniente coronel Osinde, a quien acompañaba Norma Kennedy.
    Según las informaciones difundidas por la oficina de prensa oficial la nave debía descender a las 16 horas. Por esa razón, los contingentes empezaron a trasladarse después del mediodía hacia la terraza del espigón internacional. En esos momentos arribaron el vicepresidente, Dr. Vicente Solano Lima, el secretario general del Movimiento Perónista, Juan Manuel Abal Medina, el hijo mayor del presidente de la República y el asesor presidencial para Asuntos de la Juventud, Juan Carlos Dante Gullo. También se hicieron presentes distintos gobernadores y los ministros del Poder Ejecutivo.
    A las 15.45 la Banda de la Fuerza Aérea se acomodó en la pista,

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