El 20 de junio el pueblo argentino rinde el homenaje a su líder; fue el homenaje de un pueblo a un hombre, que no tiene parangón en la historia de la humanidad. Nunca tal cantidad de gente se unió en presencia y grito a saludar a un líder.
Dentro del Movimiento Perónista, uno de los movimientos políticos del mundo con más capacidad de movilización, superó todos los antecedentes.
La Juventud Perónista, junto con los sectores leales del Movimiento, los compañeros del interior y los barrios de la Capital Federal y del Gran Buenos Aires, fueron el alma de esta grandiosa movilización, que marca una fecha extraordinaria en el calendario del peronismo y del pueblo argentino.
También fue la tercera vez que se impide que el general Perón entre en contacto con su pueblo. La primera vez estuvo a cargo de Estados Unidos cuando un oficial del Pentágono fue enviado al aeropuerto de El Galeao en Río de Janeiro para detener la máquina en que viajaba Perón en 1964. La segunda vez estuvo a cargo de la camarilla militar recientemente derrocada con nuestros votos que puso en pie de guerra cuarenta mil hombres para detener al pueblo que venía a saludar a Perón. Y la tercera vez por fin, también intervino la CÍA, con sus infiltrados que tiene dentro del Movimiento Perónista.

  • TEMEN A PERÓN JUNTO A SU PUEBLO
  • La fuerza de la relación líder-masa que impulsa el movimiento hacia la profundización del proceso revolucionario del peronismo es temida por los sectores; antirrevolucionarios que ejercen una práctica de conducción no basada en la movilización sino en las ambiciones personales e intentan heredar el liderazgo del General Perón. Esta trenza ha quedado superada y destrozada cada vez que el pueblo se ha movilizado, y cuando se encuentra físicamente con Perón estos personajes quedan aplastados y desplazados. Durante estos 18 años estos sectores han especulado con la distancia que había entre Perón y su pueblo. Son los mismos que producen la caída del peronismo desde los despachos oficiales, son los que lucraron con el gobierno peronista, los venales, los que hicieron los negociados a la sombra del poder popular, y los mismos que negociaron el poder de Perón desde el 55 hasta ahora pactando con el enemigo, la camarilla militar, traicionando a Perón, al pueblo peronista y a los trabajadores. En el acto del día 20 la cosa estaba perfectamente preparada. A tal punto que se pareció mucho a una emboscada: el objetivo era que Perón no hablara con su pueblo.
    Como ejemplo podemos señalar que en la Comisión de Organización del Acto no había nadie que pudiera garantizar el orden. La Juventud Perónista, la que con mayor capacidad de movilización del Movimiento no fue incluida en la comisión. Algo totalmente absurdo si se tiene en cuenta el antecedente del 25 de mayo,
    cuando fue la Juventud la que dispuso el orden peronista cuando se trató de perturbarlo y la que hizo que el acto fuera una fuerza real y los provocadores fueran inmediatamente controlados, esto sin disparar un solo tiro.
    A diferencia de este acto, no fue la Marina ni los servicios los que fueron instrumentados por la C.I.A. para la provocación. Esta vez se usaron personajes conocidos dentro del peronismo. La organización del acto estuvo destinada a impedir el encuentro de Perón con su pueblo. Esto es responsabilidad de algunos miembros de la Comisión Organizadora, que objetivamente saboteó el orden y la tranquilidad del acto.

  • EL COMPLOT DE LOS GANGSTERS
  • El teniente coronel Osinde estuvo a cargo de una banda armada con armamento pesado. Esta banda tuvo la colaboración de una reflotada Alianza Libertadora Nacionalista, un comande parapolicial denominado CNU (que entre otras cosas tiene comprobada su culpabilidad en el asesinato de la estudiante marplatense Silvia Filler), y los matones sindicales conocidos por todo el Peronismo por su salvajismo demostrado últimamente en el restaurante Niño, y en José León Suárez, en el acto de recordación del fusilamiento hace unos días. Justamente Leonardo Favio reclamó desde los micrófonos a un personaje tristemente conocido, también, Alejandro Giovenco, defensor de Paladino cuando tomó el local del Consejo Superior del Movimiento, cuando Perón echó a Paladino. Estos grupos estuvieron a cargo de la organización y la custodia del palco donde debía hablar el general Perón. Su fuerza de movilización fue nula. Tuvieron que recurrir a numerosos armamentos y gran despliegue de elementos para compensar su déficit de gente. No mueven más que trescientos mercenarios armados. Del otro lado estaba la J.P. con el pueblo, siendo el carácter de la celebración la fiesta popular que esperaba desde hace tantos años.
    Pasando al relato de los hechos. Cuando llegó la columna del sur y quiso incorporarse al acto se entabló el enfrentamiento, el derecho de los compañeros a buscar ubicación era natural. Lo natural es que si no se querían enfrentamientos se hubiera previsto por dónde iba a ingresar esta columna. En todo caso si en la Comisión de Organización hubiera estado la presencia de la J.P., que era quien dirigió la columna, su ubicación hubiera estado establecida.
    Por su parte, Norma Kennedy que escudada en una aparente ortodoxia combativa, que encubre su actitud real de vieja provocadora dentro del Movimiento Perónista, demostró en esta oportunidad una actitud sectaria, siendo la responsable directa de radiar a la J.P. de las tareas de control y organización. Alberto Brito Lima, a su vez como responsable de transportes saboteó sistemáticamente la llegada y el regreso de los compañeros del interior del país, que aún deambulaban dispersos, soportando desde ha ce varios días todo tipo de penurias.

  • LA ENORME TRISTEZA DE UN PUEBLO
  • Lo que ocurrió después fue una masacre pues el armamento pesado que fue exhibido ampliamente por la gente de Osinde desde el palco se componía de ametralladoras, de escopetas Itaka, carabinas Máuser y FAL Hay fotos de este despliegue. Lo sugestivo es que los tiros hayan comenzado, justamente, cuando se acercaba el avión que traía al general Perón. El saldo político para los peronistas es lamentable y sabemos que el general Perón debe sentir profundamente no encontrarse con nosotros.
    Los tres millones y medio de compañeros que llegamos desde todos los puntos del país sufrimos la misma tristeza.
    Pero hasta tanto estas bandas armadas, comandadas por el coronel Osinde, se interpongan entre Perón y el pueblo, estos incidentes estarán permanentemente al día. Durante estos 18 años tuvimos un enemigo identificado en la camarilla militar. En estos momentos nuestros enemigos son también, y quizás con mayor peso, estos sectores contrarrevolucionarios aliados a la CÍA, al sindicalismo traidor y que utilizan a otros sectores del Movimiento como carne de cañón.
    Denunciamos que se desatendió a los heridos, se los golpeó, se los dejó desangrar; que en el Hotel Internacional de Ezeiza se armó una sala de “interrogatorios”, donde se torturó a los compañeros brutalmente, y que en este preciso momento se intenta sacar de los hospitales a los compañeros de J.P.
    Hasta ahora la J.P. ha demostrado una organización puesta al servicio del orden peronista; así quedó demostrado el 25 de mayo y en tantas otras oportunidades donde su verticalidad ha sido absoluta en una práctica de lealtad a las banderas y al conductor de la liberación nacional.

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