Al cabo de 17 años de lucha el peronismo gestó un día histórico: el 17 de noviembre de 1972 Perón pisó nuevamente suelo argentino. Un dispositivo represor sin precedentes fue montado para impedir el contacto del líder con su pueblo, que masivamente marchó hacia Ezeiza. También rumores de golpes gorilas. Pero esto tuvo sus fisuras. La más importante fue la rebelión de 180 efectivos de la Escuela de Mecánica de la Armada la noche anterior del arribo del general Perón. Días atrás, el Consejo de Guerra Permanente de las Fuerzas Armadas reanudó el juicio contra 12 oficiales y 43 cabos y conscriptos que permanecen presos en las cárceles de la Marina por su participación en el hecho. El contenido de la rebelión y los motivos que la impulsaron nunca fueron revelados con claridad y veracidad. En forma exclusiva, “EL DESCAMISADO” da a conocer el resultado de investigar lo que ocurrió esa noche y la mañana del 17, además de un comunicado hasta ahora inédito: el de la Juventud Perónista de la Armada Nacional.
Indudablemente, algo se sospechaba y temía, porque el 16 de noviembre, a las seis de la tarde, concurrieron a la Escuela de Mecánica, oficiales del Servicio de Informaciones Navales (SIN).
Si bien no se conoce aún la índole exacta de la misión que debían cumplir, se sabe que interrogaron a distintas personas; entre ellas, al guardiamarina Julio Urien, integrante de la Compañía de Reserva Estratégica del Comandante en Jefe de la Armada. Ese cuerpo está compuesto por tropa especialmente entrenada para la lucha antiguerrillera y se lo consideraba una de las garantías más firmes para enfrentamientos que pudiesen surgir en la Capital Federal. Los oficiales del SIN también impartieron una orden precisa: desarmar a la Compañía.
Este hecho, sumado a los momentos especialísimos que estaba viviendo todo el país, va generando en la Escuela un clima tenso que creció a medida que transcurrieron las horas. Hasta que en la madrugada del 17 una determinación actúa de desencadenante: Urien fue detenido.
Inmediatamente, los 180 hombres de su batallón, ocuparon la Escuela de Mecánica. La decisión no fue improvisada, el arresto de Urien se entendió como el comienzo de una acción de los altos mandos de la Marina para impedir el regreso de Perón al país. Ante esa posibilidad, la tropa sublevada había decidido, en discusiones previas, oponerse al intento. Para ello, estaban organizados en comandos que debían cumplir distintas tareas que garantizacen la toma de la Escuela.
Ante los acontecimientos, el Director de la Escuela impartió al resto de la tropa de marinería la orden de reprimir, pero sus palabras no tuvieron eco. No obstante ello no impidió que se generase un intenso tiroteo derivado de la resistencia que encontraron los rebeldes al tomar la guardia, sala de armas y vehículos. En las refriegas murió un cabo de apellido Contreras.
Simultáneamente, habían apresado a suboficiales y tenían como rehenes al jefe y 29 jefe del batallón, a los que intentaron canjear por Urien sin éxito.
Ante la imposibilidad de lograr la liberación de Urien, el batallón en pleno decidió sumarse al pueblo y encolumnarse hacia Ezeiza. Lo hicieron precedidos por uno de los patrulleros tomados, sumándole dos colectivos de la Armada, una ambulancia y automóviles.
Pero minutos más tarde son rodeados por tropas militares comandadas por el general Haroldo Pomar, dispuestas a ejecutar una orden impartida por el Poder Ejecutivo, según se cree: no ahorrar bajas con tal de sofocar la rebelión.
En el seno de la columna comenzó a discutirse la posibilidad de la rendición. Estaban solos en todo el país y su inferioridad de fuerzas era absoluta. En las deliberaciones participaba el Comandante del Batallón, capitán de fragata Iriberri, quien instaba a la rendición. Los cabos se negaban a hacerlo arguyendo que iban a ser fusilados; Iriberri respondió que “la Marina no fusila”. Los sublevados le recordaron otros episodios donde intervino la Armada, que dejaron un grave saldo.
Luego de tensos minutos y respetando un método de discusión horizontal, algunos entregaron sus armas y otros optaron por evadirse; un grupo fue detectado posteriormente en Bahía Blanca y otro en Resistencia.
Ahora están siendo juzgados por un tribunal que preside el general de brigada Ángel Sotomayor, acelerando un proceso que se pretende concluir antes del 25 de mayo próximo. Al margen de una extensa lista de acusaciones, el “delito” que se les imputa se resume en una causa: defender una conquista popular que vieron en peligro; el retorno del General Juan Perón.

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