Perón ha descompuesto el poder en tres áreas: el aparato del Estado, (gobierno), la sustentación económica y el aparato militar. Esto, ateniéndose al esquema de poder de sus enemigos: la oligarquía interna y el imperialismo.
Algo para tener en cuenta, pues a la recaptura de estos tres sectores Perón les da también un tiempo. Recuperar el gobierno perdido en 1955 le llevó a Perón 17 años, durante los cuales la resistencia por hostigamiento impidió a quienes lo derrocaron ejercer el poder, aunque lo tuvieran.

Luego de la victoria del 11 de marzo, el conductor del peronismo inicia la segunda etapa: sustentación económica para el gobierno conseguido, a la par de lograr por alianza eliminar oposición seria en el sector civil. En plena tarea lo sorprende el anuncio del Consejero Juvenil llamando a constituir las milicias. Sin duda que el espanto pudo haber conmovido a los sectores aliados internos, reagrupado a las fuerzas militares y dado banderas a los sectores gorilas de las FF.AA.; a la vez que cierta ráfaga helada habrá corrido por las cálidas relaciones establecidas por el jefe del movimiento con los sectores de capitales independizados del imperio yanqui.
Galimberti se adelantó a dos etapas con su anuncio y su cabeza política rodó, en consecuencia. Esta sanción fue necesaria y justificada. La acción de un sector afectó el dispositivo general de la conducción. Un regimiento se adelantó demasiado y el comandante —como dicen los cubanos— mandó parar.
Sin embargo, veinticuatro horas después de su defenestración, Rodolfo Galimberti era llamado al despacho del general y se entrevista con él durante una hora y media. Una actitud de Perón sin antecedentes históricos. Nunca un funcionario de la conducción del movimiento, luego de ser desplazado fue recibido de inmediato por Perón; sólo el tiempo —a veces muy largo— abrió las puertas de la casa del general a algún antiguo colaborador desplazado. Esto, cuando la falta no implicaba la traición. En el código peronista se traduce como un gesto deliberado de Perón que indica una corrección a la política expresada por Galimberti, pero de ninguna manera una desautorización a la concepción de esa política.
«Una buena concepción es la base del triunfo; pero en la ejecución está el arte.» Galimberti ha ejecutado mal una buena concepción y ha sido corregido por el maestro.
Galimberti no puede ser separado del contexto que él expresó. Por esa razón, un profundo estado de deliberación interna conmueve hoy a amplios sectores de Juventud Peronista y a lo que se llamó en una mala comodidad del lenguaje «la tendencia revolucionaria».
Por otro lado, no sólo lo negativo salta de la discusión impulsada por el Consejo Nacional de la J.P. compuesto por los siete delegados regionales.
El salto que va desde las tradicionales organizaciones de J.P., nucleadas en montón detrás de caudillos muchas veces elementales en sus planteos constructivos (algunos de los cuales subsisten) a las organizaciones territoriales asentadas en los barrios y en frentes específicos, han modificado al sector mas activo del peronismo merced a la llamada hasta ahora «tendencia revolucionaria».
Empero, se nota que esta practica fue afectada por el mal manejo en los carqos de super-estructura. Evidentemente, cuando Galimberti es nombrado Consejero Superior del Peronismo, no representa sino a una fracción minoritaria de la J.P. y aún «la tendencia en su conjunto divide fuerzas con Guardia de Hierro al que califica de reformista. Desde el acto del 9 de junio del año pasado, en que esta relación de fuerzas se evidenció, hasta el ultimo acto donde dirimieron en número ambos sectores en la cancha de Argentinos Juniors. Guardia mantenía su caudal, mientras que «la tendencia» sextuplicó su potencia cuantitativa Un salto importante que tiene sus causas en una propuesta política mucho más aceptada por la juventud que la de sus oponentes.

LA SUPERESTRUCTURA
Con el nombramiento de Galimberti y Licas-tro como consejeros superiores, los sectores más ortodoxos del Movimiento peronista y concretamente la juventud obtienen por primera vez cargos en la cúpula peronista. A la falta de experiencia se aqreqó una coyuntura difícil y la afluencia al peronismo de grandes sectores sociales hasta ayer influidos por la izquierda con que se adorna el sistema.
Por eso es natural que se cometan errores Que se confundan roles y que el poder de Perón se mal utilice. Este período de ejercicio superestructural culmina con la destitución de Galimberti y es revisado activamente por los cuadros para sacar de allí un aporte para el futuro. La superestructura expresa a Perón en cada uno de los frentes en que él divide el Movimiento para conducirlo. Tratar desde allí de qenerar un poder personal o de sector lleva indefectiblemente a la destitución. La elección de los hombres para representarlo es la elección de la política que más cabalmente exprese al frente.
«Dejémosles hacer a los jóvenes, démosle el lancio —como dicen los italianos— Total más errores de los que cometimos no van a cometer; si no fíjese en el país que les dejemos», sentencia Perón en Reactualización doctrinaria. Pero, ojo: también la juventud tiene su cuota de errores. Saber asumirlos, modificarse y aportar sobre ellos es condición para asumir ese bastón de mariscal que Perón nos ha colocado en la mochila militante.

La Autocritica
El sondeo ha dado un punteo de la actual discusión en el seno de la J.P.:
No puede separarse la conducta de Galimberti de la del resto del peronismo revolucionario; aunque la carga personal y las características del ex consejero juvenil hayan acentuado los errores cometidos.
El petardismo, la declamación verbal y la arrogancia juvenil «revolucionaria» fueron acentuando una línea de conducta que terminó por interferir en la conducción estratégica del general Perón, que sancionó no a la revolución, sino al revolucionarismo.
En el plano de la lucha interna, se desplazó el eje de la contradicción principal de lo ideológico a lo generacional. Del entontamiento correcto de revolución y reformismo, se pasó a la glorificación de los jóvenes como garantía revolucionaria. Ser viejo era —casi— antirrevolucionario. Parecía que la liberación pasaba por «la tendencia» y no por el peronismo en su conjunto.
El máximo error de Galimberti es haber confundido su rol: de ser el funcionario del movimiento que representa a Perón ante la Juventud Peronista, se convirtió en vocero de «la tendencia» ante el propio Jefe del Peronismo. La costumbre de conducción del general indica que ha alentado la dinámica de la discusión interna y jamás ha sancionado a ningún sector por su propuesta política. Desde la alternativa independiente propuesta por el «Peronismo de Base», hasta la conspirativa de Guardia de Hierro y el «Tras-vasamiento Generacional» conviven sin atención especial. Aunque algunas veces, como la dilatada espera en Madrid para ser recibidos y la poca deferencia por parte de Perón en el caso del viaje de Alejandro Alvarez y Roberto Grabois, marquen la opinión del general ante la propuesta del «trasvasamiento generacional» de Guardia.
La «tendencia», al identificarse como tal, fue prendiendo su política a esta falsa denominación. Se tendenció y dejó de expresar al conjunto del Movimiento, precisamente cuando Perón le otorgó una holgada confianza como vanguardia, no de la Juventud Peronista, sino de toda la juventud argentina.

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