Las FF.AA. Uruguayas toman el poder total a pesar de mantener las apariencias permitiendo que Bordaberry mantenga su faja presidencial, teñida en sangre.
Este nuevo golpe militar, con sus propias características, no es casual que provenga de un Atlántico dominado por la dictadura Brasileña. Cuando el sucesor de Pacheco Areco dio su primera conferencia de prensa aludió elogiosamente a la dictadura carioca, diciendo: «mi gobierno seguirá los postulados de la línea política y económica del Brasil». Posteriormente a su regreso del abucheado 25 de Mayo por el pueblo Perónista —declaró ante las FF.AA. de su país, «que debemos estar preparados para defendernos del enemigo externo», aludiendo significativamente a nuestro Gobierno Popular.
La clase trabajadora Uruguaya, a menos de 24 horas del golpe militar, comienza a enhebrar las formas de lucha apropiadas, consciente de que sus aliados naturales se encuentran, en esta etapa, del otro lado del Río y hacia el Pacífico.

Montevideo, 20 horas. El Descamisado llega a destino desde Colonia, montado en un destartalado Chevrolet 1951. «Sí, ustedes se los sacaron de encima, nosotros recién comenzamos», nos dice el chófer, tranquilamente. Luego la conversación se dirige hacia temas de su interés. «Este auto lo pagué 4 millones de pesos oro» (5 millones de los nuestros), y vuelve a decirnos,
«en Colonia todo está tranquilo, es en Montevideo la cosa, claro, esto no va a quedar así».
Esta aparente pachorra expresada por un veterano urbano del volante, en un país cuya oligarquía lo diseñó turísticamente como a una gran estancia frente al mar, la recogió El Descamisado a lo largo de las 12 horas que estuvo en Montevideo.
Los casi 200 kilómetros que separan a Colonia de la capital uruguaya no expresaban el clima de pre-guerra que esperábamos encontrar luego del auto-golpe militar. En Montevideo «la cosa» era distinta. Diarios clausurados, todos, salvo el ultra derechista «El País». La destilería ANCÁP, controlada por los obreros desde las 15 horas, es posteriormente desalojada por
fuerzas militares con gran ostenta ción de tanques, carriers y arma largas. Los fotógrafos son las vícti mas de estos aprendices del Onga niato. Cámaras despedazadas con dueños detenidos. Militares desato rados insultando su jerarquía di élites a todo aquello que no vistiera uniforme.
Las radios en cadena emitiendo comunicados de triste recuerdo para nosotros como argentinos, acompañados por ritmos militares, presagiaban las medidas que estos saltimbanquis uniformados impondrían al pueblo trabajador uruguayo.
A las 21 se dicta el decreto que declara a la convención Nacional de Trabajadores (CNT) disuelta por asociación ilícita, incautados sus bienes y se ordena apresar a todos sus dirigentes. Posteriormente, es de conocimiento público que dirigente obrero que no era «apresado en las próximas dos horas», su lugar era ocupado por sus familiares directos en los furgones celulares del ejército y trasladados a los cuarteles. Un fotógrafo que osó fijar en su lente el dramático equipaje compuesto por mujeres, niños y ancianos, que colmaban estos transportes militares, terminó en una clínica médica con el cráneo rajado por la culata de un M2 de procedencia norteamericana.
Una hora antes de medianoche otro decreto rasgaba los aires, «Normas para la información periodística», traducidas en censura total, por su contenido que dice en sus 5 puntos, que toda noticia, información, versión u opinión, hablada o escrita, «será pasible de las sanciones pertinentes». Dicho de otra manera, se le prohibe al ciudadano uruguayo que ejerza su condición de animal superior, es decir que piense.
Calles desiertas, uno que otro transeúnte rezagado en uno de los tantos boliches que hacen esquina por la avenida 18 de Julio, nuevas entrevistas, charlas con contactos deslizados por colegas de algunos do los diarios clasurados. Llamadas telofónicas saltando de número
en numero hasta encontrar «alguien» que a su vez nos pasaba otro iluminado y así durante media hora hasta que pasadas las 24, «otro alquien» nos señala su ves-timenta y esquina. Una campera marrón nos Identifica. Bajamos la vista, caminamos unos 30 minutos sin levantar la vista. «No tenemos nafta», se disculpa nuestro guía y nos sube, ya fuera del radio céntrico, a un automóvil. Unos quince minutos después llegamos a destino. Luego lo clásico, lo conocido por todo periodista militante: habitación de un departamento, varias personas reunidas, todas entre 25 y 30 años, y gran tranquilidad en las presentaciones. El Descamisado estaba presente junto a dirigentes de la CNT, de la línea representada por la tendencia, algo así como el idéntico de nuestro sindicalismo revolucionario.
A las 4 de la madrugada, con 5º de frío, se inició el retorno, por primera vez desde que habíamos partido, con el estómago puesto en un restaurante, que encontramos providencialmente abierto, a 50 metros del hotel.
A las 7 del domingo volábamos hacia la redacción.
Llegando a Ezeiza. El Descamisado recordó al veterano «tachero» con su instintivo y sensible «esto no va a quedar así» con el otro aspecto de una clandestinidad transmitida y ejercitada por su clase trabajadora moviéndose, silenciosamente, en la organización del contragolpe popular que dará por tierra definitivamente con el sistema imperante. Una imagen desprendida de los labios de uno de los obreros dirigentes nos llenó de alegría: «Para limpiar a los militares, haremos como el tero, que ponen los huevos en un lado y gritan por otro».

  • LA TENDENCIA COMBATIVA DE LA CNT DESDE LA CLANDESTINIDAD
  • «En el año 1967, la CNT ante asamblea general, consignó que en caso de golpe de estado sería declarada la huelga general con ocupación de los lugares de trabajo. Esto sucedió, y la clase obrera ha quedado desguarnecida por la actitud reformista puesta de manifiesto por ciertos dirigentes de la CNT que llevan a nuestra central las contradicciones que viven en el seno del partido político al cual están afiliadas. Más concretamente, el reformismo del Partido Comunista.
    Esta actitud vacilante del P.C., es fácilmente comprobable por los resultados que estamos viviendo con respecto a la toma de establecimientos y a su posterior desalojo pasivo, ante la primera intimación de las FF.AA.», agregó el responsable de la Central Obrera.
    Nosotros, como tendencia de la CNT y con la representación de los gremios más fuertes cuantitativamente del Uruguay, tales como FUNSA, comprobamos que al no bajar una línea correcta frente a tales acontecimientos previsibles, el resultado no podía ser otro que el señalado. Es decir la impotencia ante el desalojo imperativo de las armas. Esta lección la ha aprendido la clase trabajadora y en estos momentos FUNSA es el ejemplo de como debemos organizamos.
    Nuestra posición no corresponde a ninguna actitud anticomunista por cuanto consideramos que estos compañeros están interpretando nuestra consigna de unidad en las bases partiendo de la acción conjunta, pero definiendo aliados y enemigos».

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