Saqueada sistemáticamente por los monopolios imperialistas, IME es hoy un galpón casi desprovisto de maquinarias, donde se trabaja “a pulmón”. Esa fue la suerte que corrió una de las empresas estatales más importantes creadas durante el gobierno peronista. Dirigida actualmente por gorilas, 250 trabajadores acaban de ser cesanteados por la aplicación de la ley de prescindibilidad. Una lucha que sigue conmoviendo hoy a toda la ciudad de Córdoba.

VARIAS semanas atrás, el desprendimiento de un guinche que casi cuesta la vida a tres obreros de IME se convertirla en detonante de una lucha aún no concluida, cuyas alternativas siguen conmoviendo la vida y la actividad cordobesa. Es que el “accidente” —uno más de una larga serie cuyo saldo fue en varios casos la mutilación de algún operario— puso al rojo vivo una situación que se arrastra desde hace casi dieciocho años. Sistemáticamente “variada” en beneficio de los monopolios automotrices, el estado de devastación en que se encuentra actualmente IME —una empresa estatal que depende del Ministerio de Defensa— obliga a los obreros a trabajar en condiciones más precarias que las de algún pequeño taller ar-tesanal. Máquinas anticuadas, sistemas envejecidos, o simplemente el trabajo “a pulmón” acumulan en la planta graves problemas de seguridad, intoxicaciones, casos de sordera y, sobre todo, el desgaste y agotamiento progresivo de los operarios. Un desgaste que parece reproducir el sufrido por la fábrica desde setiembre de 1955.

  • “¡QUE RENUNCIE!”
  • Apenas producida la caída del guinche, los casi 3.000 trabajadores de IME se declaraban en asamblea permanente y se negaban a continuar sus tareas hasta tanto el gerente general Suasnavar no recibiera a los integrantes de la Comisión Administrativa de ATE, presentes en la planta. Fue entonces cuando, en una maniobra cuyo resultado seguramente no anticipaba, Suasnavar ofreció su renuncia ante “la falta de confianza que le demostraba el personal”. La asamblea no sólo aceptó, entonces, el “ofrecimiento”, sino que agregó una lista de otros 16 jefes y gerentes, introducidos en la fábrica por Suasnavar desde mediados de este año. Todos, o la mayoría de ellos, suman a su ineptitud (“una manga de inútiles”, los definen los obreros), antecedentes gorilas y el pasaje por alguna empresa imperialista de la industria automotriz. Evidentes agentes de los monopolios y responsables de buena parte del saqueo a IME, su eliminación resulta necesaria si el Gobierno Popular ha de darse una política de promoción de las empresas estatales. Y quizás en ninguna parte esa acción es más indispensable que en el ramo automotriz, copado totalmente por capitales multinacionales.
    Finalmente, el martes 27, a menos de una semana de iniciado el conflicto y tras haber comenzado las tratativas en el Ministerio de Trabajo, la movilización de los obreros de IME trascendió las paredes de la fábrica en una marcha a la Legislatura y la Casa de Gobierno. Un hecho ocurrido allí —la aparición del hijo de Suasnavar con una banda de matones y portando una pistola 45 JBallester Molina, número 34.468) —revela tal vez mejor que nada en qué medida la camarilla gorila de IME ve peligrar sus intereses con la rebeldía desatada de los trabajadores.
    Luego de sucesivas entrevistas con el Vicecomodoro Di Giacomo, vicepresidente de la empresa, Custodio Ramallo, secretario general de ATE, y los demás miembros de la comisión administrativa no tuvieron nada concreto que anunciar a los obreros de IME. Los directivos —como el propio presidente,-Comodoro de Bwanes— se limitaban a reconocer los problemas, pero alegaban que era imposible realizar inversiones para solucionarlos, puesto que en el futuro la fábrica se trasladaría a una nueva planta. Entretanto, el conflicto seguía concitando la solidaridad de los obreros cordobeses y su proyección se multiplicaba en toda la capital de la provincia. Días después, más de un testimonio recogido por EL DESCAMISADO insistiría en considerar las dilaciones y negativas como una maniobra dirigida a desprestigiar al gobierno de Obregón Cano. Por una parte, los militares, y por la otra, Mauricio Labat (“Hagan quilombo”, habría urgido sospechosamente a la delegación de ATE en el Ministerio de Trabajo Nacional) parecían tener un mismo objetivo.

  • LA LEY DE PRESCINDIBILIDAD
  • Por último, la respuesta de Suasnavar y su pandilla llegó: fue primero la resolución de cerrar la fábrica en vacaciones forzadas y luego desde el lunes 3 de diciembre, 250 telegramas de cesantías por aplicación de la ley de prescindibilidad. Si los despidos —porque de eso .se trataba— fueron una sorpresa para todos, la sola mención a la ley transformaba el asombro en verdadero estupor: “¿Ellos nos aplican la ley de prescindibilidad a nosotros?”
    A la noticia, siguieron asambleas diarias y masivas en la sede de ATE, gestiones en la Legislatura, reuniones del secretariado de la CGT y, el viernes 14, un acto de casi 8.000 personas —activistas y trabajadores de distintos gremios— en solidaridad con los obreros de IME. Juventud Trabajadora Perónista, dirigentes de ATSA, SMATA, Luz y Fuerza y de la propia CGT cordobesa, junto con varias organizaciones políticas, expresaron su apoyo combativo, al grito de “¡IME presente, los yanquis que revienten!”
    Desde dos días antes, el Vicegobernador Afilio López, el dirigente de ATE Custodio Ramallo, el presidente de la Cámara de Diputados de Córdoba, Mario Dante Agodino, el senador provincial Orlando Batistella y los diputados provinciales Héctor R. Castro, Lino Verde Torres e Ismael Aguilera se encontraban en Buenos Aires realizando gestiones para la reincorporación de los despedidos y la expulsión de los 16 cuestionados.
    El conflicto, sin embargo, no ha hallado aún solución definitiva, aunque el Ministro de Defensa, Ángel Robledo, habría aceptado la posibilidad de que —tal como solicitan los trabajadores— se forme una comisión investigadora que estudie el vaciamiento de IME y la intervención que en él tuvieron Suasnavar y Cía. Lo más grave es que en este caso el reiterado comentario “Nos despidieron por peronistas” es una realidad que en Córdoba se ha convertido en una certidumbre.

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