Los bombardeos de junio de 1955 nos despertaron, aunque no lo suficiente para frenar a los gorilas, porque dos meses después nos echaban a tiros del gobierno. Lo increíble había ocurrido. El estupor nos envolvía. Durante 10 años ejercimos felices el gobierno y de pronto quedábamos en la calle. Clandestinos, perseguidos, proscriptos. Ni el sindicato ni el partido nos sirvieron para defender al gobierno. En el frente de la CGT se veían sólo persianas bajas.
Nos refugiamos entonces en otros ámbitos: la fuerza peronista se concentró en las fábricas y en la cocina del barrio, junto a la ronda del mate, fuimos creando nuestra resistencia con imaginación y lealtad a Perón. Perón o muerte fue nuestra consigna. “El caño” nace de esas tenidas de pueblo: el fósforo nervioso, la corrida veloz y el estampido corriéndolo a uno se convierten en un ejercicio diario.
El 9 de junio perdimos un montón de militantes y nos dimos cuenta también que por ahí no andaba la cosa. Fue una jornada romántica, pero Aramburu y Rojas fusilaron 32 compañeros. Mano dura para el romanticismo.

Pero nosotros también nos endurecimos. Llenamos el país de caños, las huelgas, el sabotaje la organización clandestina junto a la CGT Auténtica nos sirvieron para jaquearlos. Por eso intentaron las elecciones para continuarse en un civil bendecido por votos. Nosotros, proscriptos, por supuesto. Pero Perón señaló a Frondizi para votar al rival secundario contra el enemigo principal y la maniobra se fue lejos. Demostramos que éramos fuertes.
Frondizi quiso “integrarnos”. Pero ya habíamos recuperado los sindicatos y comenzamos a hostilizar para que cumpliera con ¡o prometido. No cumplió y hubo que pelear. Ante la represión comenzaron las grandes manifestaciones obreras e intensificamos la acción subversiva. Perón aprovechaba cada caño, cada huelga y apretaba, apretaba.
Las sedes sindicales fueron ocupadas por comandos civiles compuestos por radicales, cristianos, comunistas y conservadores; caían en patota. El cadáver de Evita fue robado de la CGT. Los traficantes de cadáveres tardaron 16 años en devolverlo; mientras tanto lo ultrajaron sin piedad. Miles de peronistas llenaron las cárceles. Por el decreto 4161, nombrar a Perón se convirtió en un delito.
Frondizi cayó víctima de sus contradicciones. No pudo ser el guante de seda para la represión militar ni el cerebro de las masas peronistas. Terminó enredado y confuso.
Durante su época el peronismo dio muestra de una garra incomparable. La lucha contra la privatización del Frigorífico Lisandro de la Torre ha pasado a la historia de las luchas populares.
Frondizi quiso calmarnos con elecciones reguladas, pero no soportó la presión de los votos peronistas ni de las botas militares. En marzo de 1962 con Framini como candidato Perón coronó una maniobra que inició siete años atrás: en la Argentina nadie podría aprovecharse del pueblo.
Luego vino Guido, como parche de circunstancias y la represión se acentuó. Felipe Vállese, un militante entre miles es el símbolo de esa época. Fue secuestrado por la policía y no apareció nunca más. Así, luego de quebrarles una vez más a los militares un intento de integración mediante un Frente, se llega a elecciones. Nosotros, proscriptos, por supuesto. Y ganan los radicales mientras nosotros —como los dirigentes interferían las órdenes de Perón— no sabíamos a quién votar.

El radicalismo, por obra y gracia de un general Juan Carlos Onganía, que define drásticamente la lucha entre azules y colorados, recibe el poder de los militares, que finalmente se lo arrebatarán dos años y medio después. Triste regreso de los radicales al gobierno. Sacados en el 30 por los militares, aquellos que supieron convocar a las mayorías populares y ser campeones del sufragio universal, recuperan el gobierno con un 23 % del electorado, mientras los fusiles controlan a la mayoría proscripta que vota en blanco.
Arturo lllia busca la negociación con el “participacionísmo” peronista; incluso les da vía libre para llegar al Congreso Nacional mediante elecciones para renovar cámaras que el peronismo gana cómodamente. Los sindicalistas ya en franca claudicación de lealtad a Perón y los políticos reformistas que ven en el parlamentarismo la panacea de la liberación, hacen “buena letra” en el Congreso.
Todo este periodo es utilizado por los grandes sectores en pugna: cúpula militar vs. Pueblo-Perón para recomponer fuerzas. Dentro del peronismo Perón lucha contra la alternativa independiente que se gesta desde el vandorismo. Onganía junta fuerzas mientras mira torvamente la incapacidad y la atonía presidencial. Perón combina dentro de los márgenes posibles la presión y el hostigamiento. ES Retorno es la culminación de un año grandioso en movilizaciones obreras y del activismo peronista. Con el Plan de Lucha, surgido desde las usinas del vandorismo y ejecutado por lo mejor de las direcciones primarias, la ciase trabajadora demuestra que está dispuesta a movilizarse por la más grande raívindicación de los trabajadores: la bandera de Perón. Pues es bajo ese signo que Vandor logró impulsar jornadas extraordinarias donde los trabajadores peronistas con las ocupaciones de fábricas, el control de la producción, los ensayos de dirección y los pedidos de nacionalizaciones marcaron la posición no sólo antipatronal sino anticapitalista y antimperialista de los obreros peronistas. Pero eran dos fines distintos. La negociación desde el despacho sindical agotó la experiencia.
Perón se decide a retornar, quizá en el momento en que el sindicalismo ha alcanzado sus más altos niveles de claudicación independizándose de Perón.
Illía recurre al Pentágono para detener a Perón antes que llegue a la Argentina. El avión en que venía el general fue detenido en Rio Janeiro y rodeado por tropas que tenían como asesor operativo a un oficial norteamericano.
El entente entre el gobierno y la dirección vandorista impidieron la respuesta popular al regreso del líder. Copados los canales organizativos, los dirigentes se interponen entre Perón y su pueblo… Como en 1955 deambulábamos confundidos y sin organización.
Con esto, Vandor queda al descubierto. Lo mismo ocurrirá con su falsa opción, José Alonso, presentado como la versión “dura” del participacionísmo. Perón sabe que de ambos se encargarán las autodefensas del Movimiento.
Illia es cercado por Perón, perturbado por la visita de Isabelita, por los movimientos de Perón y cae confundido y sin entender, el 27 de junio de 1966. Onganía le manda una compañía de gases para que le deje libre el despacho.

Han fallado todos los intentos de enmascarar la naturaleza del poder. Al generalato se le acabaron los civiles que le sirvan de pantalla y tuvieron que dar la cara; Autoritario, solemne y omnipotente Onganía asumió la responsabilidad.
Proscribió no sólo al peronismo sino a toda expresión política e impulsó a la ilegalidad total. Resurgen con él las primeras formaciones guerrilleras, “especiales”, como las denomina Perón.
Fue la respuesta a su alianza descarada con él imperialismo yanqui que se muestra con Adalbert Krieger Vasena en el manejo económico del país.
En esta reacción antimperialista, el pueblo peronista va dejando en el camino sus primeros mártires. Santiago Pampillón es fulminado en una calle cordobesa cuando las fuerzas populares comienzan a tomar la iniciativa. Todo estalla en 1969 y alcanza su pico en mayo, con el cordobazo.
También desaparecen los aliados de Onganía: Vandor y Alonso terminan sus días también a balazos. El cordobazo no se conforma con voltear a Krieger Vasena, el impulso sigue y barre más tarde con Onganía que cae sin pena ni gloria, olvidada ya su omnipotencia. Y nacen también en esta época las organizaciones armadas, como tales vinculadas más estrechamente con las acciones de masas y La conducción del Gral. Perón. Estas formaciones que señalan un método de lucha de valor estratégico y en ese tiempo táctico constituyen para Perón un polo de hostigamiento tremendo para el régimen de los generales. Combinadas con las movilizaciones populares e insertadas definitivamente en el peronismo, agregan a la lucha un elemento definitivo para la liberación nacional y social.

Ante el crecimiento de la organización popular, las grandes movilizaciones y la búsqueda permanente de respuesta a la represión total de Onganía, el régimen decide un recambio. Aparece Levingston a ofrecerse como militar populista, pero dura poco; el proyecto ya estaba agotado. Lanusse es el gran hacedor de un engendro que tuvo como laderos a Arturo Mor Roig y Jorge Paladino. Se trataba de seducir al peronismo sin Perón y embretarlo en elecciones condicionadas.
Perón tomó las riendas y articulando el dispositivo lanzó al Movimiento contra ese Gran Acuerdo Nacional. Una a una fue derribando las aspiraciones de Lanusse: no hubo ni triunfo del continuismo, ni acuerdo para cogobernar con los generales, ni imposiciones. Para peor: Perón volvió; pese a ese asunto de que “no le daba el cuero”.
La lucha contra Lanusse se caracteriza por el gran contenido organizativo desde la base que se plantea el Movimiento. Prácticamente las movilizaciones, así como las acciones montoneras son dirigidas desde el seno del Movimiento siguiendo la intención de conducción de Perón. Muchos compañeros quedaron por el camino, otros están en la cárcel y esperan la amnistía y el indulto del gobierno popular. Si hubo un once de marzo, si hay diputados, senadores, gobernadores y Presidente peronista, es porque ha habido muertos y porque hay presos. Todo el movimiento en su conjunto, con la conducción de Perón es el dueño de este triunfo. Pero más que ninguno esos que dejaron sus vidas y su libertad. Honor para los muertos, libertad para los presos.
Hemos aprendido mucho en estos años. Hemos aprendido sobre todo que a nuestro enemigo no se lo vence nunca mientras tenga algún poder. Junio de 1955, setiembre de ese año, nuestra desorganización, nuestra dura lucha para recuperarnos son experiencias inolvidables pero para aprovechar. En 1955 también estábamos en el gobierno, también Perón conducía y nos parecía que todo estaba bien, que éramos invencibles. Sin embargo, de un zarpazo, por la fuerza nos echaron.

¿Qué pasó?
¿Cómo un pueblo puede ser barrido de esa forma?
El voto fue nuestra arma para definir el triunfo. Pero hubo que pelear mucho para conseguirlo. Ahora en el gobierno, preparémonos para defenderlo, porque ellos, todavía tienen el poder.
Perón y su pueblo han recuperado el gobierno. Costó 18 años.
La experiencia de esta larga batalla nos ha mostrado la verdadera esencia de nuestros enemigos. Pegan duro y sin piedad y sólo ante la fuerza aflojan.
Así fue posible arrancarles las elecciones; frente al pueblo de pie no pudieron condicionarlas como querían y tuvieron que entregar el gobierno cuando las ganamos. Pero esto no es el poder, es sólo una parte de él. La lucha por el poder continúa.
Se inicia una/ época de reconstrucción donde’ el pueblo ha de darse una participación activa en las tareas de gobierno. La movilización ha demostrado ser nuestra mejor arma táctica, producirlas ahora en apoyo de las medidas que aseguren la liberación nacional y social es tarea de la militancia surgida en esta lucha. La lealtad con Perón es la lealtad con las banderas del pueblo; su conducción la que el conjunto sigue y su palabra es la voz doctrinaria del peronismo.
La organización del Movimiento Perónista pata defender el gobierno oes Frente Justicialista y la firme voluntad de vencer, son las condiciones de la etapa. El gobierno ha de ser una de las bases para construir una herramienta adecuada que nos permita vencer definitivamente a nuestros enemigos que son los del pueblo y los de la Patria.
Evita, decía que la traición se esconde muchas veces detrás de una mano tendida o de una sonrisa y que la conspiración contra el pueblo no descansa. Eso se demostró en 1855.
Que hoy nos encuentre alertas, organizados. Porque ahora, sabemos.
No nos van a tomar desprevenidos como en 1955. ¡Perón o muerte!

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