Cuando dijo «compañeros» la plaza casi se cae.
Cuando habla costado ese instante, esa palabra y que se dijese desde allí, desde ese balcón…
A muchos les corrió un escalofrió. Hubo lágrimas. Abrazos. Otros grítaron; como locos. Y hasta algunos bajaron la cabeza. Ese «compañeros» era —clarito— el final de «la batalla de los 18 años». Y los que estaban en la plaza estaban siendo testigos de la firma del triunfo de esta primera batalla. Y la firma era esa… El compañeros del General desde el Balcón de la Rosada.
Y seguro que la mayoría de los cien mil peronistas que estuvieron el 12 en la plaza sólo hablan imaginado ese encuentro. Lo hablan leído. O se lo hablan contado sus padres, sus tíos. Alguno del barrio. En las charlas de la Unidad Básica, o en el sindicato.
«Llevando el recuerdo de un primer acto en esta plaza, que será el comienzo de muchos otros en los que tendrá la Inmensa satisfacción de tomar contacto efectivo con el pueblo».
Fue claro el General. Este era —definitivamente— un punto de partida. Ahora se comenzaba a vivir lo mejor del peronismo. La historia del peronismo se hacia presenté hoy de nuevo: el encuentro del General con su Pueblo. Y de ese contacto saldrá el curso definitivo que tomará la Reconstrucción y Liberación Nacional.
¿Quién puede afirmar que no se comenzó el diálogo el 12 en la plaza? Ese diálogo de hilos invisibles. Ese diálogo que lleva al Líder a responderle a su pueblo lo que el pueblo le está pidiendo. Y eso sucedió. A lo largo de todos sus párrafos, el discurso del General estuvo lleno de respuestas. Sin papeles. Escuchando a su pueblo y contestándole.
Desde ese «compañeros». Ahí nomás empezó todo.
Le pidió ayuda al pueblo. «A defender esa responsabilidad…»
Exhortó al «concurso organizado». Y esto estaba dirigido especialmente al peronismo.
Y, viendo esa plaza llena de jóvenes peronistas, el General devolvió el homenaje de su presencia con el homenaje de una mención especial.
Y finalmente, seguramente lo más importante. «Los dias primeros de Mayo he de presentarme en este mismo lugar para preguntarle al pueblo aquí reunido si está conforme con el gobierno que realizamos.»
El general ponía en marcha —nuevamente— una práctica largamente necesitada por el pueblo peronista: la práctica de la democracia directa, motor Incorruptible del proceso revolucionario que desde el 45 viene protagonizando el Movimiento Perónista. Costó verlo al General.
Y seguro que por eso es que hubo nada más que cien mil peronistas vivando al general en su regreso a la Rosada.
Fue duro verlo al General desde aquel 20 de junio.
Y la masacre todavía esta fresca en la memoria.
No se lo pudo ver aquel dia.
Ni se lo vio en aquella larga marcha hacia Gaspar Campos cuando —pocos dias después de lo de Ezeiza— la juventud peronista, durante nueve horas caminó buscando al General. Pero no pudo ser. Y después llegó el 31. Aquel día si lo vio el pueblo. Pero lo vio corriendo. No se pudo detener y dialogar con él. Fue a los empujones, tapadas las voces por ese infernal aparato de la burocracia. Ese altoparlante infernal que ponía kilómetros de distancia con el Líder.
SI, a la gente le costó mucho verlo al General.
Porque además se habla largado una campaña muy embromada en el Movimiento. Violencia y mac-cartismo.
Y la gente ya andaba sin garantías. En cualquier lugar y en cualquier momento calan los matones. A asustar, a golpear, a matar. Y, entonces ya costaba más ir a un acto peronista. Porque siempre andaban diciendo estos profesionales del miedo, que se iba a armar.
Esta última semana —sin ir más lejos— el Comando de Organización anduvo recorriendo los barrios asustando a la gente con que en la Plaza de Mayo iba a ver balas. Y entonces muchos prefirieron verlo al General desde un televisor.
Que todo esto es parte de una campaña no cabe la menor duda. Quieren quitarle al peronismo lo mejor que tiene. El pueblo en la calle hablando con el General. SI, como sucedió el 12. Y como va a volver a suceder. Porque ese es el camino correcto que debe transitar el Movimiento. Con el General. Hablando con el General. En un diálogo sin intermediarios.
Claro, son los intermediarios los que arman todo este clima de violencia. Porque se les está terminando el negocio. Y ahora está llegando la hora en que el General y el pueblo se están volviendo a ver.
Por todo esto fue que en vez de
ser medio millón de peronistas, hubo apenas cíen mil.
Y la fiesta tampoco fue completa para los cien mil. Porque se inventaron otra más para impedir que el contacto con el pueblo fuese total.
Ahora se inventaron una casilla blindada.
Muchos de los que estuvieron allí, ni siquiera lo pudieron ver al General. Los que no pudieron «pescarlo» cuando apareció por el costado de esa casilla, ya no lo vieron más.
Y se notó que al General no le gustó ni medio. Pero «razones de seguridad» casi lo empujaron adentro.
Claro en cuanto lo escucharon decir «compañeros» se olvidaron de todo.
De las amenazas, de que iba a haber tiros, de la casilla, de la nueva técnica de envenenar con café y jugos de fruta, de esa maldita casilla… se olvidó de todo el pueblo. Ya estaba de nuevo con el General Perón.
Y esa era la cosa. 18 años, muertos, torturados, familias destrozadas, hambre, marginación, lucha, organización, triunfo. Perón estaba aquí. Y ahora era la hora de empezar a marchar juntos. El pueblo con el General. El General con el pueblo.

  • «PARA TOMAR CONTACTO EFECTIVO CON EL PUEBLO
  • «Compañeros: hay circunstancias en la vida de los hombres en las cuajes uno se siente muy vecino a la providencia. Para mi, esas circunstancias se presentan cuando tengo la inmensa satisfacción de contemplar al pueblo. Y a esta inmensa satisfacción va unida la tremenda responsabilidad que representa el servir digna y lealmente a ese pueblo.
    «Por ello, para mí la presente circunstancia en que estoy frente a ese pueblo, que siento tan profundamente en mi corazón, es un acicate para dedicarle hasta el último aliento para servirle, y pedirle que me ayude: para pedirle a ese pueblo que me ayude a defender esa responsabilidad manteniéndose en paz, unido y solidarlo, cumpliendo cada argentino la misión que recibirá para la grandeza de la Patria y la felicidad del pueblo.
    «SI yo hubiera pensado solamente en mi capacidad de realización, no habría aceptado esta responsabilidad. Pero cuento con la que el pueblo argentino ha de poder realizar en esta Patria que todo lo merece, y por la cual cada uno de nosotros está obligado ante el destino a trabajar, precisamente día y noche, para resolver los problemas generales.
    «Es precisamente esa profunda fe que tengo en el pueblo de la Patria la que me ha impulsado a aceptar la responsabilidad de conducir al país. Y en ello espero que todos los argentinos, de cualquier matiz político que sean, comprendan que en la paz que podamos mantener y en el trabajo fecundo que debemos realizar, está precisamente ese destino que tenemos la obligación de defender.
    «Por eso a todos los argentinos, y especialmente a los peronistas, les exhorto a que pongamos desde mañana mismo toda nuestra actividad al servicio de la reconstrucción de nuestra Patria, para que desaparezcan las necesidades primarias que todavía pueden observarse a lo largo y a lo ancho de ella.
    «Cada uno de nosotros tendremos en el futuro un trozo de responsabilidad si esas tareas no se realizan. Yo y el Gobierno hemos de poner todo nuestro empeño, pero necesitamos que el pueblo argentino ponga el suyo, porque nadie hoy puede gobernar el mundo sin el concurso organizado de los pueblos.
    «Compañeros: finalmente quiero dedicar algunas palabras a nuestra Juventud.
    «A esa juventud que es nuestra esperanza, quiero que le llegue nuestro más profundo cariño, junto con la exhortación más sincera de que trabaje y se capacite. Porque los jóvenes serán los artífices del destino con que soñamos. A ellos hemos de entregarles nuestras banderas, convencidos de que por sus valores morales han de llevarlas al triunfo para la grandeza de la Patria y la felicidad de nuestro pueblo.
    «Finalmente, quiero decirles que durante este gobierno que hoy se inaugura, y siguiendo la vieja costumbre peronista, los días primero de mayo de cada año he de presentarme en este mismo lugar para preguntarle al pueblo aqui reunido si está conforme con el gobierno que realizamos.
    «Les agradezco a todos los compañeros que han venido hasta esta plaza, histórica para nosotros, a ofrecerme la inmensa satisfacción de su presencia. Pueden estar persuadidos de que para mí no existe una satisfacción y una gloria mayor que contemplar la cara de este pueblo que es lo único que labra la grandeza de la Patria.
    «Y ahora, como ha sido siempre usual en nuestros tiempos, les pido a todos una desconcentración tranquila y en orden, llevando el recuerdo de un primer acto en esta plaza, que será el comienzo de muchos otros en los que tendré la inmensa satisfacción de tomar contacto efectivo con el pueblo.»

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