Exactamente dos semanas después de concretado el golpe de Estado que disolvió el Parlamento ilegalizó al movimiento obrero organizado e instaló formalmente a los militares en un poder que de hecho ya ejercían desde febrero, la Convención Nacional de Trabajadores del Uruguay (CNT) levantó una huelga que paralizó al país y fue cumplida disciplinadamente por una abrumadora mayoría de la clase trabajadora.
Con fecha 11 de julio, la Mesa Representativa de la clandestina CNT distribuía un “Mensaje a los trabajadores uruguayos” en el cual comunicaba la decisión de suspender la medida Calificaba a la huelga general de dos semanas como “una etapa gloriosa de esta larga
lucha” y aunque admitia que la huelga no había permitido “alcanzar aún la victoria deseada”, indicaba explícitamente que “la batalla debe proseguir, pero se hace necesario cambiar la forma de lucha”.
Se pronunciaba entonces la CNT (en cuyo seno son mayoría los comunistas y minoría otras fuerzas nacionales revolucionarias, como la Resistencia Obrero-Estudiantil, ROE) por una lucha prolongada, citando como ejemplo a la guerra de liberación librada en Viet Nam contra los Estados Unidos.
Las dos semanas que paralizaron al Uruguay fueron, en efecto, una invalorable experiencia política para los trabajadores orientales, que recurrieron de inmediato al paro general ni bien las Fuerzas Armadas concretaron en la madrugada del 27 de junio su previsto golpe de estado, protegido por la cobertura civil del señor Bordaberry.
Papel preponderante en el levantamiento de la huelga jugó el Frente Amplio, afirmándose en medios sindicales combatientes, consultados por El Descamisado, que durante todo el tiempo en el cual se aplicó la medida, las organizaciones vinculadas con el FA (y concretamente el general Líber Seregni, presidente de esa coalición) se negaron explícitamente a autorizar
que los trabajadores desarrollasen formas superiores de resistencia violenta, concretamente contra los medios de transporte que oficiaban —hábilmente instrumentados por la dictadura y la patronal— como eficaces rompe-huelgas.

  • Habla un clandestino
  • El levantamiento de la huelga general se concretó sin haber logrado del régimen la liberación de las varias centenas de detenidos en los días posteriores al golpe. Señalan muchos activistas que la dirección de la CNT “se bandeó” totalmente, puesto que la declaración del paro general por tiempo indeterminado llevaba como bandera la renuncia de Bordaberry, condición sine qua non para levantarlo, pero esto no fue cumplido y la Mesa de Central Obrera hubo de levantar la medida sin que el dictador renunciase y con los compañeros presos.
    “Nosotros no teníamos hasta ahora una situación como la que, por ejemplo, configuran en Argentina los Montoneros y el Movimiento Perónista” nos declaró Hugo Andrés Cores, de 36 años, vicepresidente de la CNT, uno de los fundadores de la Resistencia y quizá entre los más buscados militantes que persiguen Ejército y Policía Afirmó Cores que hasta no hace mucho las fuerzas represivas del Uruguay estaban dedicadas de lleno al combate contra las organizaciones revolucionarias (MLN, OPR-33), pero procuraban evitar combates abiertos contra las masas populares organizadas.
    “La policía uruguaya nunca fue Scotland Yard ni nada por el estilo” prosigue Cores, “pero hasta hace no mucho tiempo ellos trataban de privilegiar el tipo de comisario intelectual, pesquisa. Pero luego de la declaración del estado de guerra interno lo que irrumpieron son los brutos, los tipos que tomaban al sumario como un trámite consistente en agarrar un tipo y “darle” hasta que lo reventaban y tratar de que el detenido dijera yo conozco a tal tipo, que vive en tal lado y entonces irlo a buscar a ese tipo y reventarlo. Asi toda la labor de pesquisa e inteligencia quedó subordinada a la labor bestial de agarrar un tipo y masacrarlo”.
    “Y de golpe la situación que se lee creó era que tenían que reprimir un movimiento muy vasto, como era la CNT y las organizaciones sindicales y una actividad muy dinámica”, afirma Cores. “Entonces, luego de todo ese proceso de enfrentamientos, quedaron frente a frente la clase obrera y el gobierno. Desde las fábricas ocupadas empezó de inmediato una labor hacia las barriadas, ubicadas en los alrededores de Montevideo. Las fábricas mejor organizadas llegaron a estar ocupadas con el 80 al 90 por ciento del personal. Había centenares de trabajadores ocupando.
    Todo esto permite que se exprese en el vecindario una adhesión solidaria, traducida en colectas y víveres para los huelguistas”, informa el militante de la CNT y de la Resistencia Obrero Estudiantil. “La amplitud de los objetivos, tener que dar combate contra tanta gente movilizada, tanta gente reunida, determinó lógicamente una cierta imperfección, una cierta incapacidad en la represión. En definitiva la gente se siguió reuniendo y la CNT siguió funcionando pese a haber sido ilegalizado y sus dirigentes automáticamente clandestinizados, con sus fotos publicadas en los díanos como “buscados”. Al ser tan inmenso, el operativo de represión se vuelve más grosero, más insuficiente. Hubo cosas, claro está, que en principio obraron en contra de nosotros. Nosotros creemos que lo básico aquí es preguntarse por qué la huelga se fue desgranando en definitiva y por qué a 15 días de la huelga se hacía muy difícil seguir sosteniéndola. Es decir, ¿dónde está el origen de la falla?, ¿dónde está la insuficiencia? Es una cuestión que estamos obligados a plantearnos”, comenta Cores.
    “Porque a nosotros no nos basta con que se elogie a la huelga general de los uruguayos en la BBC de Londres como la más larqa que se recuerde…”, ironiza el dirigente de la Resistencia, que pese a estar requerido en forma imperiosa por agentes represivos de la dictadura dialogó pausadamente con El Descamisado durante dos horas en un lugar ubicado en pleno centro de Montevideo.

  • Necesidad de una respuesta
  • “Porque el golpe de estado —agregan— fue realizado por un sector muy minúsculo de la burguesía, con una base social muy estrecha, y en razón de eso debemos dar respuesta al por qué de la falta de éxito del movimiento”.
    ¿Cuáles son entonces las debilidades o insuficiencias de la huelga?, preguntamos, y la respuesta de Cores fue ésta: “nosotros las atribuimos básicamente a dos temas: la confusión que se estableció al quinto, sexto día entre grandes sectores de trabajadores que participaban, en cuanto a los objetivos de la huelga. Y esto arranca de lo que nosotros llamamos el análisis de la etapa, o sea el momento por el cual atravesamos, que nosotros caracterizamos de resistencia. Es decir, la iniciativa acá la tiene el enemigo, la burguesía monopolice que gobierna con el apoyo de los mandos derechistas y reaccionarios gorilas. Ellos tienen la ofensiva en el país y el movimiento popular tiene que acumular fuerzas resistiendo por medio de la acción directa a todos los niveles, ir desarrollando la conciencia y la organización, ir forjando el poder popular, templando los instrumentos de lucha que le permitan a la clase obrera y al pueblo tomar la ofensiva dirigida a la destrucción del poder de las clases dominantes aliadas al imperialismo yanqui y a la construcción del socialismo. Esto no descarta la posibilidad de desarrollar ofensivas tácticas, pero el periodo en lo estratégico es de resistencia
    “Los reformistas, que son mayoría en el aparato de dirección de la CNT, consideraron que habían plantetaao un proceso de ofensiva popular —continúa hablando Cores— y mostraban como evidencia ¿sel resquebrajamiento «e las posiciones del sistema de dominación las afirmaciones contenidas en los Comunicados 4 y 7, emitidos por las FF.AA. en febrero de este año, cuando dieron su primer golpe Los reformistas llegaron a hablar —en estas circunstancias— de gobierno de “unidad nacional”, de civiles y militares. Ellos valoran positivamente los comunicados de los bandos militares y centran la cosa en las contradicciones que están planteadas a nivel del aparato de dominación. Nosotros decimos: esos comunicados 4 y 7 son un acto demagógico de los mandos militares, que reflejan la irrupción de un nuevo partido, una nueva forma de dominación, que es el Partido Militar, que tiene intereses especificos propios y que es un último intento postrero, por restaurar en el pais un sistema que ya no puede seguir dominando en la forma que lo hacía hasta ahora”.

  • Foco, masas y revolución
  • Cuando el dialogo deriva hacia los problemas que plantea a la revolución uruguaya el foco guerrillero puro (Tupamaros) o la lucha de masas reformistas ‘PC’. Cores dijo a El Descamisado. Si el curso del alto 1972 demostró en nuestro país la caducidad, la inviabi-itúaa de ímposiDUidad del foquis-roo, aigo que quede palmariamente demost/aoo para procesar exitosamente el asafto a toder our-gues. cao Que la larga huelga a la
    que hemos asistido en estos dias demuestra a su vez las limitaciones que el movimiento de masas tiene si no se encara la lucha en ese frente armónicamente integrada con otros niveles de combate, también imprescindibles. La huelga general duró 15 días, algo que en nuestro país implica las dificultades en abastecimiento de petróleo, energía eléctrica, el cierre de los bancos, de la atención médica. En fin, una conmoción importante y una demostración concluyente de la capacidad de pelea de nuestra clase obrera y nuestro pueblo. El Partido Comunista y otros grupos reformistas —que en la crisis de febrero habían dado un voto de confianza a los militares sembrando la confusión, alentando falsas y paralizantes expectativas— no tuvieron más remedio que enfrentar la situación. La presión que venia de las fábricas, el ejemplo de los sindicatos combativos, la solidaridad popular, permitieron que a pesar de la dirección mayorita-ria de la CNT (en manos del PCU) se desarrollara una respuesta importante y la huelga durara 15 dias”.
    Entonces, cabla la pregunta: ¿qué critican ustedes la dirección o la concepción de la huelga? Cores responde con rapidez: “Claro, no caben críticas triviales, la única critica que cabe es estratégica, de fondo, a la linea global del PC, y básicamente a lo que tiene que ver con el problema de la violencia organizada del pueblo y sus destacamentos de combate”.
    Las palabras del dirigente clandestino ofrecen la posibilidad, para los argentinos, de exhibir un brillante análisis, que enmarca más de un lustro de luchas en el vecino país Del foquismo encarnado
    por el MLN a las grandes luchas desarmadas. O sea: los fusiles sin el pueblo y el pueblo sin fusiles. Una especie de curiosa antítesis por la cual han atravesado los uruguayos. Nuestro Líder, el general Perón, le decimos a Cores, llama a la galvanización de ambas variantes, a la estrategia de conjunto, la guerra integral, o sea el proceso prolongado, a largo plazo, en el cual intervienen todas las formas de lucha: militares, políticas, económicas, psicológicas, diplomáticas.

  • El futuro inmediato
  • ¿Qué piensan los resistentes uruguayos sobre las perspectivas abiertas luego del levantamiento de la huelga general y el aparente fortalecimiento de la dictadura? Lo básico, según Cores, es en lo que tiene que ver con la acción de masas reanudar la actividad de las organizaciones sindicales, que seguirán siendo la columna vertebral del movimiento popular. “La clase obrera uruguaya tiene un alto grado de organización y conciencia, ha hecho una práctica importante y la seguirá haciendo” sostiene.
    Para Cores, la tarea numero uno del momento es “encontrar a través de la lucha por objetivos pequeños, comprensibles por la masa y alcanzables por la lucha, la reactivación de la lucha sindical, combatiendo el colaboracionismo de clase y el amarillismo”. La segunda, afirma, es “darle cauce orgánico y perspectiva política al sabotaje espontáneo de las masas. Nosotros estamos convencidos que esto se va a producir inevitablemente, o sea echar pa’atrás, hacer las cosas mal. protestar de alguna manera, aunque sea en forma individual. Ante eso nosotros tenemos que levantar una perspectiva finalista, una perspectiva de partido, revolucionaria, que conjugue la acción directa de todos los niveles a través de los adecuados instrumentos”. La tercera es —siempre según las declaraciones del militante clandestino—, “propender a una confluencia con los distintos sectores que estén contra la dictadura, con el objetivo fundamental de derribar este gobierno e instaurar una apertura que restaure las libertades”.
    Cores recordó en este punto el acuerdo hecho por las dos principales fuerzas opositoras, el Frente Amplio y el Partido Nacional. Menciona especialmente el último punto de dicho pacto, el cual pide la renuncia de Bordaberry, la instalación de un gobierno provisional, la convocatoria a una Asamblea Constituyente y Legislativa, destinada a crear las bases para “una nueva institucionalidad”. Esa plataforma, piensa Cores, en términos generales es un avance, y jerarquiza al documento como positivo al no plantear la vuelta al Parlamento anterior, ni la vigencia de la Constitución ahora aniquilada. En función de eso, Cores indicó que no es rechazable de plano la idea genérica de constituir un Frente de Resistencia Nacional. “Este tiempo que se ha abierto tiende a demostrarnos que entre la dictadura y la clase obrera van desapareciendo los intermediarios”, concluyó.

  • La perspectiva en la fabrica
  • Llevamos la intensa y rica problemática planteada por Cores al seno de una fábrica tipo en la cual existe una fuerte concentración industrial. En FUNSA. donde se fabrican neumáticos, calzado y artículos vanos de goma. El Descamisado eludió las patrullas de las Fuerzas Conjuntas y pudo así entrevistas a dos compañeros trabadores clandestinos, dos exponentes típicos del combativo proletariado oriental.
    Uno de ellos, conocido por sus compañeros por el apodo de “El Choclo””, ha sido reiteradamente torturado por militares uruguayos. En él se aplicó básicamente el ya famoso “submarino”. Consiste en ésto: un individuo es atado con fie-lis de cuero a una tabla de madera del tipo de las viejas tablas para lavarropa, que tiene la medida de un cuerpo. Con la cabeza hacia abajo, la tabla es hundida en un gran tonel lleno de orin, mierda, basura, puchos de cigarrillo, aguas servidas, donde ya han vomitado varios torturados. La cosa se repite 10, 12 veces, con los ojos vendados.
    Cuando en algunas guarniciones no existe la picana, se aplica cable directo a los testículos del detenido. Esto en todo el Uruguay, concienzudamente hecho, aplicado y conducido masivamente por las Fuerzas Armadas del pais contra decenas de miles de uruguayos “El Choclo”, que ha sufrido lo indecible por su pueblo y por su clase, nos aclara: “y yo no soy de los que más ha recibido, hay muchos que sido torturados con más salvajismo todavía”.
    Similares experiencias combativas nos cuenta El Moco”, apodo ele otro dirigente de FUNSA. que también está requerido por las Fuerzas Conjuntas y sin embargo merodea la fábrica, se ve con sus compañeros, sigue peleando.
    De la fábrica nos trasbordan en vanos vehículos y de este modo llegamos hasta el relugio donde la solidaridad de los trabajadores protege de la requisición militar a
    Washington Pérez, uno de los “duros” de FUNSA, principalísimo dirigente —junto al ahora encarcelado León Duarte— de los trabajadores de esa empresa. Con un va-sito de vino, “el perro” (como lo llaman) nos recibe y contesta así nuestras preguntas: “Nosotros votamos contra el levantamiento de la huelga general decretado por la mayoría de la CNT. Pensamos que eso debía ser discutido y aprobado por las bases. No teníamos, luego de 15 días de lucha abierta contra la dictadura, garantías mínimas, como ser las libertades de los compañeros detenidos y la devolución de los locales sindicales allanados. Creemos que el conflicto fue levantado sin ningún tipo de condición. En eso influye decisivamente de que no estén representadas todas las corientes en la Mesa Representativa de la CNT. oarticularmente aquellas más combativas. Los únicos tres sindicatos que votaron contra el levantamiento del paro fueron los trabajadores de la Salud, los empleados de la Bebida (ambos influidos por el Movimiento 26 de Marzo, pro Tupamaro) y FUNSA (de la ROE).

  • Un país en guerra
  • Los testimonios son contundentes. Tortura, muerte, represión. Este es el rostro de Bordaberry y sus oficiales entrenados en Panamá, gente toda (incluyendo el presidente) que habla portugués y admira el autodenominado “modelo brasileño”. Frente a ellos un pueblo sufrido, hambreado y por muchas razones heroico. Militantes silenciosos que se mueven en una difícil clandestinidad, miles de prisioneros castigados aguardando su libertad en largas noches invernales. Uruguay, sin embargo, palpita de esperanza.

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