¡Esto lo dijo el rector Güemes. Representante de un gobierno peronista)

CASI dos meses atrás, un proyecto de ley presentado por el bloque de Diputados del Frejuli en Neuquén, propiciaba la disolución del cuerpo Antiturba de la policía provincial y la quema pública de todos los elementos utilizados para la represión, el gobernador Felipe Sapag, hizo conocer, entonces, que su gobierno ya habla disuelto esa sección.
El millar de compañeros que el miércoles, último manifestaban en repudio a José Antonio Güemes —designado interventor en la Universidad Nacional del Comahue— pudo comprobar la mentira del gobierno neuquino: la columna, cuyo frente portaba una bandera argentina y otra chilena con crespones negros, fue violentamente reprimida por la compañía antiturbas de la policía provincial, al mando del inspector mayor Andrés Botto. Entre los que ordenaban la represión, se encontraba Raúl Guglielminetti, ex empleado de «Sur Argentino», el diario de Sapag; guardaespalda de Lanusse en sus visitas a Neuquén; figura tristemente conocida —actualmente chofer y custodia de Güemes— que valiéndose de su paso por el periodismo y su trabajo en la policía, se encargaba el miércoles de señalar a los militantes para que «se tes dé caza».
La respuesta que la reacción y el continuismo dieron a los compañeros de Neuquén, en su lucha por la Universidad popular, fue encarnizada. No se recuerda en la ciudad otra represión semejante, ni siquiera en la época de la dictadura, cuando también Sapag gobernaba la provincia. Carros hidrantes, antiturbas, gases lacrimógenos y los conocidos elementos de represión que parecían olvidados, fueron utilizados nuevamente pero con increíble brío por el gobierno de Sapag, dispuesto a apoyar a su amigo Güemes, aunque para ello deba enfrentarse con estudiantes, sectores populares de los barrios y gremios de la CGT provincial que respaldaron el reclamo universitario.
La violenta represión comenzó cuando, al finalizar un acto convocado por las fuerzas políticas provinciales en favor de la reconversión universitaria, se decidió marchar hasta el hotel donde se alojaba el interventor Güemes para expresar el repudio de la población a su gestión. Sin mediar ninguna
provocación, la compañía antiturbas se lanzó hacia los manifestantes, persiguiendo con encarnizado afán a los grupos que intentaban dispersarse.
La respuesta popular fue inmediata: los vecinos abrían las puertas de sus hogares para amparar a los perseguidos, en tanto los heridos eran socorridos por sus compañeros y llevados a clínicas y consultorios particulares, con el fin de evitar su apresamiento.
Sé hicieron inmediatamente barricadas y fogatas en las esquinas más céntricas, mientras se realizaban actos relámpago y corridas en distintos puntos de la ciudad. La adhesión de la población y la serenidad de los compañeros, impidió que el régimen sapagista cobrara víctimas: ninguno de los 19 heridos —algunos de consideración— pudo ser sacado de los sitios donde eran atendidos.
de los sectores populares y en función de la liberación y reconstrucción nacional.
Una Asamblea General multitudinaria repudió la presencia de Güemes como interventor, acusándolo de «reaccionario» y «saboteador del gobierno popular, infiltrado en el Ministerio del compañero Taiana».
Las manifestaciones de repudio del estudiantado y sectores populares, obtuvo singular respuesta de Güemes: su primera resolución como interventor consistió en ordenar el cierre de las cuentas bancadas de la UNC e impedir el suministro de gas y luz al edificio central. Con ello consiguió que los trabajadores universitarios no pudieran cobrar sus salarios y que los estudiantes no tuvieran comedor universitario. El resultado no se hizo esperar: actos de repudio, ollas populares y adhesión de la población que era esclarecida por docentes y directivos de la UNC sobre el conflicto.
El repudio fue tan general que Güemes decidió regresar a Buenos Aires, pero antes, «decretó» la nulidad de todas las actividades universitarias.
La medida fue desconocida por el estudiantado y a solicitud del Comité de Movilización, los decanos asumieron el gobierno universitario, prosiguiéndose los estudios en forma normal. «Pese al apoyo del gobierno de Sapag, cuya trayectoria por las dictaduras de Onganía, Levingston y Lanusse es bien conocida, Güemes no sólo no entró en la Universidad, sino que tampoco pudo frenar su marcha», declaran los compañeros.

  • EL RETORNO DE GÜEMES
  • El 5 de setiembre, Güemes. apareció nuevamente en Neuquén con una novedad: al parecer no había renunciado y seguía siendo el interventor.
    El Comité de Movilización, máxima instancia política en la reconstrucción universitaria del Comahue, convocó a una Asamblea General, resolviéndose la toma de la Casa de Estudios y el nombramiento provisorio del doctor Néstor Spángaro, como rector de la UNC.
    Entretanto, Güemes daba a conocer a través del diario de la familia Sapag, «Sur Argentino», una

  • UNA PRESENCIA IRRITANTE
  • El enfrentamiento viene de lejos. Comenzó exactamente los primeros días de agosto cuando, luego de renunciar el interventor Salvat, llegó a Neuquén el asesor del Ministerio de Cultura y Educación de la Nación, José Antonio Güemes, designado interventor en la Universidad Nacional del Comahue. Una de las primeras manifestaciones de Guarnes —que se enorgullece de pertenecer a la Cruz de Malta y ser «Caballero», del Santo Sepulcro— fue decir públicamente: «Que los negros se vayan a sus barrios, al Comité me lo paso por el sobaco». El interventor, se refería al Comité de Movilización integrado por delegados barriales, gremios, legisladores, docentes, no docentes y estudiantes que, a través de un proyecto de reconversión universitaria, elaborado en conjunto, se propone lograr una universidad al servicio resolución por la que declara «nulas y sin validez todas las actividades académicas que se desarrollen en las dependencias ocupadas y durante el plazo que dure dicha ocupación». El vocero oficialista «Sur Argentino», en la misma edición, comparaba la actitud del ERP 22 en Buenos Aires con el conflicto universitario del Comahue. Para el diario, «la matoneada del ERP» tenia puntos en contacto con «el ideario trotskista de un grupo de aventureros con la camiseta peronista y sucios antecedentes penales». Asi calificó el diario de los Sapag a estudiantes, legisladores y bases barriales que resisten el nombramiento c Güemes.
    Güemes instaló en Roca —distante 45 km de Neuquén— el rectorado, mientras pedia la intervención policial para defenderse del continuo hostigamiento de universitarios y población.
    Por otra parte, se sucedían las adhesiones a la designación de Spángaro. El Poder Ejecutivo y la Legislatura en pleno de Río Negro, expresaron su disconformidad con el retorno de Güemes, adoptando igual Criterio la totalidad del Frente Justicialista de Liberación en Neuquén, los partidos políticos de ambas provincias, las Facultades, Institutos, Escuelas Superiores y Centros Regionales de la Universidad del Comahue, a través de actos y asambleas repudiaron a Güemes, en manifestaciones y marchas en las que fueron quemados ejemplares de sur Aiycnu..u j niunc co con la fotografía del interventor.

  • «QUE NO SE NOS SUBESTIME»
  • Además de considerar a Güemes como «hombre de Sapag y, por ende, identificado con su política continuista», los compañeros califican a Güemes como «reaccionario inepto que no garantiza ninguna política de revolución y reconstrucción universitaria». Con la designación de Güemes —reclaman— «se subestima a la Universidad del Comahue desconociéndose su proyecto de reconversión universitaria en marcha y contratándose las legítimas aspiraciones del pueblo». Porque para los universitarios del Comahue resulta claro que «ni Güemes ni los matones del sapagismo, soportan que el pueblo se haya adueñado de la UNC». Por eso «las cesantías, por eso la represión.» El enfrentamiento en Neuquén tuvo por lo menos un saldo positivo: el viernes llegó a la ciudad el doctor Rubén Gómez, asesor gremial del Ministerio de Cultura y Educación, enviado por Taiana como veedor y con facultades de interventor. Lo que, en síntesis, significa el fracaso de Güemes «quien pese a contar con la complicidad de otro asesor del Ministerio en Dueños Aires, un tal capitán Anzorena, que se encargó de bloquear la comunicación directa con el compañero Taiana, no pudo lograr su afán continuista en la Universidad del Comahue», afirman los militantes neuquinos.

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