Bajo esta inocente sigla, se oculta uno de los más poderosos instrumentos de penetración de la política imperialista. Se trata del FONDO MONETARIO INTERNACIONAL organismo nacido bajo el auspicio de EE.UU. en el año 1944 que se ha convertido en el elemento más activo de supeditación de la política económica de nuestros países en beneficio exclusivo de las empresas monopolistas.
Necesariamente debemos hacer un poco de historia.
El 22 de junio de 1944 se reunió en Bretton Woods una conferencia monetaria para tratar los problemas de posguerra. De dicha reunión participaron 44 países aliados. Durante la guerra la potencialidad económica de los EE.UU. había crecido enormemente, mientras que la de Gran Bretaña había disminuido en forma notable.
El día antes mencionado, se firmó un acuerdo para la creación del Fondo Monetario Internacional. Según el Artículo I, los fines del mismo eran:
a) Promover una cooperación monetaria internacional por medio de una institución permanente que disponga de los medios para resolver consultas y fomentar una colaboración en problemas monetarios internacionales.
b) Facilitar la expansión y el crecimiento equilibrado del comercio internacional y contribuir de esta manera a que se alcancen y mantengan altos niveles de ocupación y de ingresos reales, así como el desarrollo de las fuentes productivas de todos los miembros como objetivo principal de la política económica.
c) Promover la estabilidad de los cambios, mantener relaciones de cambio ordenadas entre los miembros y evitar depreciaciones competidoras.
d) Ayudar al establecimiento de un sistema de pagos multilateral en las transacciones corrientes entre los miembros eliminando las restricciones de cambios que traben el crecimiento del comercío mundial.
Estos enunciados no lograban disimular que, en la práctica y con todo desparpajo, se encaraba la creación de un sistema internacional que permitiera a las grandes potencias, especialmente a los EE.UU. volver a controlar el comercio exterior y establecer al dólar como moneda mundial de pagos.
Es de señalar que de entrada nomás, los Estados Unidos, obtuvieron para sí la mayoría de los votos del F.M.I.
La Argentina y la Unión Soviética permanecieron fuera del F.M.I. Pero a fines de 1955, el señor Raúl Prebisch, asesor económico de la “Libertadora” señalaba en un informe que lo hiciera famoso “Moneda sana o inflación incontenible: La Argentina es el único país de América Latina que no participa en estas instituciones públicas creadas dentro del espíritu de la Carta de las Naciones Unidas (sic). Con ello se ve privada de fuentes muy importantes de crédito internacional destinadas a promover el desarrollo económico y la estabilidad monetaria”.
El 31 de agosto de 1956, mediante el decreto-ley 15.970, se dictó el ingreso de nuestro país al F.M.I. y al Banco Mundial disponiéndose que el pago de la cuota inicial asignada a Argentina de 150 millones de dólares, se efectuara un 25 % en oro y el 75 % restante en pesos moneda nacional. Dichos pesos se deberán ajusfar cada vez que se devalúe la moneda. Así nuestro país ha tenido que aportar permanentemente pesos, para cubrir las devaluaciones.
Tocóle al Dr. Frondizi, firmar el primer acuerdo con el F.M.I. pese a los reclamos populares que indicaban claramente la oposición del pueblo a la conclusión de tales acuerdos.
¿Cuáles fueron los resultados de este convenio, elaborado con el argumento de mantener la estabilidad monetaria? Precisamente en lo que se refiere a la estabilidad, su resultado fue paradójico pues en 1959 la inflación había llegado a su nivel más alto de la historia argentina. Las tarifas de los servicios públicos fueron incrementadas en 150 % para los transportes y 200 % para electricidad, con el mismo cuento de siempre de eliminar el déficit y capitalizar a las empresas. Desde entonces y hasta hoy sigue sucediendo lo mismo.
Se comprometió con el F.M.I. a reducir en un 15 % al personal de la administración pública. Se postergaron obras iniciadas indispensables para nuestro desarrollo económico.
Con respecto a los sueldos y salarios se comprometió su congelamiento por dos años.
Los precios tuvieron absoluta libertad, para jugar con la ley de la oferta y la demanda. Se “congelaron” 10 artículos de primera necesidad.
Todo ello dirigido a provocar una drástica disminución de los ingresos de los trabajadores para volcarlos al sector oligárquico con el pretexto de tecnificación del campo y de incremento de nuestras exportaciones. Mientras se efectuaba esta política de hambreamiento del pueblo, se abría generosamente las puertas a los capitales extranjeros para que, con el cuento de “desarrollar nuestras riquezas” nos esquilmaran más y mejor.
En el acuerdo firmado por Frondizi y el F.M.I. se estableció la eliminación de los acuerdos bilaterales de pago. Como se recordará nuestro país había suscripto dichos acuerdos con las naciones latinoamericanas y con algunos países socialistas que evitaban el uso del dólar como medio de pago.
¿Cuáles fueron los resultados de la aplicación de estos acuerdos?
Como es sabido en los últimos 18 años, con la sola excepción del gobierno del Dr. Illia, todos los gobiernos que debimos soportar desde Frondizi hasta Lanusse, suscribieron acuerdos con el F.M.I. de tipo similar al que hemos descripto precedentemente.
Los resultados están a la vista. Después de quince años de relación con el F.M.I. nuestro país está atravesando una de las peores crisis de su historia. La batalla contra la inflación ha sido una burla, nuestra moneda descendió en más de 15 veces en relación al año 1959. La deuda externa aumentó de 700 millones de dólares a los 7.000 millones, es decir más de 10 veces. El déficit presupuestario que debía haberse equilibrado llega hoy a más de tres billones de pesos.
Se desnacionalizó importante cantidad de empresas e incluso rubros enteros de nuestra economía. Se afectó seriamente el financiamiento y funcionamiento de empresas estatales que debían haber posibilitado nuestra liberación económica.
El F.M.I. no sólo es el qran usurero de las finanzas mundiales, por el alto costo de los servicios que presta, sino que además es la entidad que tiene el mérito de haber presionado a todo el mundo para que cumpliera con una receta cuya vigencia siempre favoreció a las grandes naciones capitalistas, especialmente a los EE.UU. Pero si el papel del F.M.I. en el aspecto económico es usar toda su influencia para beneficiar a las grandes corporaciones imperialistas en detrimento de la soberanía y la economía nacional, su papel en la Ingerencia política de cada país es el de inmiscuirse abiertamente por encima de los órganos auténticos y representativos de cada nación.
Por todas las causas apuntadas precedentemente resulta imperioso no entablar nuevas negociaciones con el F.M.I. y apartarnos inmediatamente de dicha organización, que como queda señalado actúa únicamente en favor de los países imperialistas.

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