Perón se reunió por espacio de dos horas, en uno casa lindante a la finca de Gaspar Campos, con distintos sectores de la juventud, convocados por las organizaciones FAR y Montoneros. La entrevista había sido resuelta tres días antes entre Perón y los dirigentes Quieto y Firmeních, luego de una charla que ambos mantuvieron el miércoles último. En una semana en la que Perón permaneció solo en su residencia -López Rega viajó a Argel mientras que Isabel Martínez recorría las provincias del interior- se produjeron tres contactos: uno con la Juventud y dos con las formaciones especiales. En la reunión del sábado se decidió llamar a elecciones en la rama juvenil del Movimiento y garantizar una conducción verdaderamente representativa de las bases. Hubo pleno acuerdo en poner todos los esfuerzos al servicio de la reconstruc-cin nacional y Perón ofreció las oficinas que ocupa en la calle Córdoba para permitir los contactos entre los distintos grupos juveniles, cuya primera tarea será confeccionar un padrón amplio y sin exclusiones.

El sábado último Perón dejó la reorganización de la rama juvenil del movimiento en manos de sus integrantes. Fue la decisión más importante adoptada por el conductor desde que utilizó el mote de juventud “cuestionada”. El plena-rio del sábado puso “knock out” a las figuras que, como Yessi pensaban perpetuarse en la conducción juvenil a espaldas del conjunto de los compañeros. Ahora deberá, en un pie de igualdad con los demás sectores, confrontar la opinión de las bases, porque será la masa juvenil quien determinará la identidad de sus dirigentes.
Perón, por propia decisión, acaba de retirar su dedo.
La presencia de Quieto y Firmeních en la reunión legalizó por otra parte la participación de las formaciones especiales en el Movimiento Perónista y puso de manifiesto el rol principal que cumplirán en la reorganización de la rama juvenil, que no significará para la Juventud Perónista, abandonar las otras ramas del movimiento donde actualmente está militando. Además de
Firmenich y Quieto, concurrieron Alberto Molina (Montoneros) y José Lewinger (FAR).

  • ELECCIONES INTERNAS
  • En un plazo aún no determinado se realizarán elecciones en la rama juvenil para elegir sus cuadros dirigentes. La propuesta del general Perón fue aceptada por todos los asistentes, quienes se volverán a reunir en la semana para discutir la confección de un padrón amplio y sin exclusiones.
    Antes de adoptar la resolución, Perón habló durante veinte minutos. El líder aprovechó para exhortar a la acción mancomunada de todos los grupos, señaló las prioridades de la reconstrucción nacional y abundó en ejemplos sobre la situación caótica que atraviesa el país. Advirtió, además, sobre los “que por debajo de las rejas de los cuarteles miran cuando pueden salir” y caracterizó como “amanuenses” de los anteriores gobiernos a la generación intermedia, que está “desgastada”. Luego corrió su silla para atrás —en el
    transcurso de la charla habían llegado más delegados y el lugar quedaba ya un poco chico— y pidió a los visitantes que expresaran sus opiniones.
    El primero en largarse fue el representante de una llamada “Comisión de Agrupaciones Perónistas”, que debió, ante un pedido de los presentes precisar su origen, ya que era desconocido por las demás agrupaciones. El orador se encargó de definirlo a través de su conducción. “Está dirigido por Ramón Martínez, secretario privado de Rucci”, expresó, y con palabras confusas preguntó quien había citado a la reunión “porque había gente que deseaba manejar a la JP”, cuyos nombres ni características reveló. El representante de Rucci, que no habla sido invitado, pedía informes sobre la invitación. Perón estuvo de acuerdo en que “no debía dejarse manejar por nadie”, y la curiosidad del inesperado pareció quedar satisfecha.

  • MAS DISCURSOS
  • Luego hubo una sucesión de discursos. Los hubo concretos, como el de Firmenich, quien propuso confeccionar padrones y encontrar entre todos los sectores “un denominador común” que permita llevar a cabo el proyecto de la reorganización. Diletantes, como el de Podetti, de Guardia de Hierro, quien insistió varias veces en preguntar a Perón cómo debían funcionar los clubes para “las chicas jóvenes”, desconociendo que se trataba de una reunión política y que sus propuestas enredaban peligrosamente la reunión. “Bien intencionados”, como el de Jorge Castelvetti, de la Juventud Sindical, deseoso de corregir lo que, según su opinión, era un error de interpretación sobre la Juventud Sindical, que “sólo busca la capacitación doctrinaria de los trabajadores”, y finalmente, ridículos, como el representante de la Escuela Superior Justicialista, quien pidió permiso, para presentarse y dijo llamarse Daniel Alberto Daicaole. El docente dijo que “en base a un análisis de la realidad, la escuela había reimpreso un trabajo que deseaba ofrecer al general”, cosa que Perón agradeció diciendo que tenia el folleto, pero “lo había olvidado en Europa”. Daicaole agregó entonces que la escuela “no tenía compromisos políticos con nadie” y Perón lo apoyó: “ustedes deben ser cualquier cosa menos políticos”, dijo. Lo que nadie alcanzó a comprender fue la presencia de Daicaole, que después quiso volver a hablar y no lo dejaron.
    También hubo quienes no estaban invitados y entraron “por la ventana”. Tales los casos de Venturino, del Comando de Organización y de la Confederación Nacional Universitaria (CNU). Venturino había llegado con Brito Lima hasta la puerta de la casa, pero finalmente penetró sólo. Como no abrió la boca en ningún momento, su agrupación no estuvo formalmente representada en la asamblea. La CNU, por su parte, habló de “contrabando”. Pero tampoco tocó la política, formulando apreciaciones generales sobre la problemática universitaria.
    En relación con la presencia del CNU y Comando de Organización, Perón y los representantes de FAR y Montoneros habían acordado efectuar invitaciones amplias, que no alcanzaban, sin embargo, a quienes, como los dirigentes de estos grupos, actúan como “provocadores y delincuentes”.

  • LA JUVENTUD SINDICAL NO SE LUCE
  • En la entrevista Perón afirmó que “la unidad de los distintos grupos no implicaba la desaparición de las siglas con que operaba cada organización”. En ese sentido, Perón puso énfasis en diferenciar a los “sellos” de los encuadra-mientos que movilizan realmente.
    Para la Juventud Sindical, sin embargo, este problema es totalmente secundario. Al menos, es lo que expresó Castelvetti, quien confesó que “es posible que su grupo no se haya lucido en las movilizaciones. Lo que sucede —agregó— es que en estos duros tiempos, movilizarse significa una pérdida de dinero para los trabajadores”.
    La interpretación de Castelvetti con respecto a lo caro que resulta la movilización de los trabajadores, contrasta con el poder económico de los sectores sindicales, de los cuales depende la JSP.
    Las Fuerzas Armadas Perónistas “17 de Octubre”, entre tanto, que también participaron de la reunión, proclamaron su identificación con las tareas de la reconstrucción nacional y con las organizaciones hermanas FAR y Montoneros. En su nombre habló el compañero Envar El Kadre.
    La convocatoria de estas organizaciones a la asamblea ignoró, por otra parte, al “Consejo Superior de la Juventud”, “porque no son un grupo —según se explicó— y se representan sólo a sí mismos”. No obstante, asistieron varios de ellos —que no hablaron— llamando la atención de los delegados su conformación, donde aparecieron ex integrantes de la Juventud Federal, ligada al secretario general de la CGT y al estanciero Manuel de Anchorena.
    Más allá de los obstáculos por los cuales atravesó la reunión, es indudable que han sido alcanzados los principales objetivos propuestos por la Juventud Perónista, ya que serán las bases quienes eligirán democráticamente a los dirigentes que las representen. Y cuando ello ocurra, nadie podrá sacar los pies del plato.

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