Lo dijo Constantino Razzetti

«Debemos tener los ojos vigilantes. Uno atento puesto en la tarea de la Reconstrucción Nacional. El otro mirando el fusil y vigilando también a nuestro lado para descubrir donde está la tración, donde están los agentes del enemigo. Sepamos impedir que los traidores, los que responden a los intereses imperialistas, frenen el ascenso de la patria en el camino de la Liberación Nacional.»
Una hora después de pronunciar esta advertencia en una cena a la que concurrieron compañeros del Barrio Alberdi de Rosario, militantes de JP de la zona y personajes ligados a la burocracia sindical rosarina, el sábado 13, el compañero Constantino Razzetti era abatido frente a su casa, en San Lorenzo 2674, mientras cerraba la puerta de su auto. Los disparos de quienes lo asesinaron atrajeron a su compañera Nólida Gitrón de Razzetti, que también fue agredida sin consecuencias por los atacantes.
El compañero Razzetti militó desde su juventud junto al pueblo. A través del Partido Unico de la Revolución accedió al peronismo. Fue incansable predicador de la causa del General en la Sección 91? de Rosario. Durante el primer gobierno peronista deshecho los cargos políticos para dedicarse de lleno a la docencia. El boicot gorila y la traición de grupos intelectuales y profesionales habia dejado a la Universidad del pueblo seriamente afectada. Tras años de dura actividad política Razzetti eligió en la docencia su puesto de lucha. Los barrios rosarinos, los trabajadores y los jóvenes peronistas, sin embargo, siguieron escuchando su prédica revolucionaria.
La Fusiladora se ensañó con él. Lo reconoció peronista valioso y lo persiguió y presionó. Fue cesanteado por «incapacidad científica e inmoralidad política». Sufrió 4 meses de cárcel en Rosarlo. Sin embargo no lo quebraron. Jamás pactó, ni abjuró de su fe peronista ni dejó de combatir junto a sus compañeros.
En 1962 fue constituyente por el Laborismo. Su honestidad lo llevó a retirarse junto a su bancada ante la ingerencia prepotente de la gorilada. Anunció entonces el triste destino de esa Constitución. El zarpazo de Onganía habría de ratificar su visión política en 1966.
Durante la dictadura tuvo destacada actuación, junto a los compañeros Zanella, Valenti, Lezcano y otros, en la Comisión de Movilización, expresión organizativa del peronismo combativo de Rosario.
La Comisión, que duró hasta el proceso electoral, se prolonga de alguna manera en la actualidad en el Plenario de Unidades Básicas. En 1969 el compañero Razzetti viajó a Madrid y se entrevistó con el General Perón en representación de su provincia. Para entonces se produjo su distanciamiento con Bonino y Paladino. Un distanciamiento político que, en un compañero indoblegable como él, se convirtió en franco enfrentamiento al paladinismo y a su representante local, el capitán Campos. Se lo quiso comprar con una senaduría provincial, con una diputación nacional. Se fraguó su firma para acusarlo de recibir dinero del P.C. francés. Se lo combatió, ahora desde adentro del Movimiento. Cuando el General desenmascaró la traición los paladinístas se eclipsaron. Quienes habían permitido el paladinismo, quienes no hablan escuchado al compañero Razzetti, se apresuraron entonces a saludarlo, a alabarlo y a felicitarlo por su visión política.
El compañero Razzetti luchó incansablemente por la unidad partidaria. Interpretaba que la falta de organización había posibilitado el 55, que la falta de organización actual era el principal peligro del Movimiento. Pero Razzetti no comprendía a la unidad sin honestidad y lealtad al Conductor, sin la defensa de la clase trabajadora y los postulados peronistas. Sin esas condiciones históricas del peronismo Razzetti no creía en la unidad ni en la organización. Por eso su adhesión a la JP y su admiración por FAR y Montoneros. Veía en ellos una lucidez política y una organización que había posibilitado y asegurado las elecciones de marzo. Para Razzetti la linea de la Liberación Nacional pasaba históricamente por San Martín, Rosas, los caudillos montoneros, Yrigoyen, el General Perón, la Resistencia y las formaciones especiales del peronismo.
El compañero Razzetti fue solidario con la línea política de JP. Defendió a los militantes, entre los que se cuentan sus hijos, frente a los enemigos externos e internos. En los últimos días, ante la campaña desatada contra JP por los agentes del imperialismo infiltrados en el Movimiento, Razzetti sintetizó su valoración de la pureza doctrinaria de la Juventud en la frase «Lo único rojo que tiene la Juventud Peronista es la sangre de los Montoneros».
Esos jóvenes peronistas, esa semilla que Razzetti plantó y regó con sacrificio, fueron a saludarlo desde temprano el domingo por la mañana. Con banderas, con cantos, con gritos de guerra. Con el dolor que el pueblo muestra sólo por sus héroes. Todos los sectores del peronismo rosarino se conmovieron por el atentado. Unos lamentaron la muerte del Vicepresidente del Banco Municipal y el profesional destacado. Otros saludaron al compañero caido en la lucha al honesto peronista que rechazó cargo académicos por no considerarse científicamente actualizado, al viejo soldado que jamás bajó la guardia y que predicó la doctrina del pueblo con el ejemplo. Envolvía su féretro una bandera de los Montoneros. La centena de coronas de flores testimoniaban el dolor formal de los peronistas rosarinos; el verdadero homenaje era, sin embargo, la multitud que despedía a uno de los mejores compañeros.
Durante el sepelio se escucharon las voces de todos los sectores del Movimiento. Unos redujeron al soldado peronista que era Razzetti al papel de un Quijote otros leyeron poemas de compromiso, usaron la fraseología gastada de las necrológicas, pidieron calma, mucha calma.
El orador de la Agrupación 17 de Octubre Marcial Martínez fue más explícito: «Cada uno de nosotros debe tener en cuenta que este es el resultado de la «depuración ideológica» que soportamos. Y que esto no va a terminar, de ninguna manera, mientras cada uno de los dirigentes del peronismo no sea electo por las bases». Estos conceptos concuerdan casi textualmente con los publicados en la solicitada del 18 de octubre por la CGT, 62 Organizaciones (3 de Feb.), 62 Organizaciones (Callao), Intervención del P. Justicialista de Santa Fe, Regional II de JP, JUP, FEN, UES y otros.
Razzetti cayó como caen los militantes peronistas. Como Valiese, como Maestre, como Brandazza. Alrededor del crimen se tejen conjeturas; se deslizan versiones; se especula honesta y deshonestamente. Como cuando combatió al paladinismo los infiltrados de hoy también se apresuraron a comprar coronas, a expresar su dolor, a pedir mesura. Porque la muerte de Razzetti provocó conmoción en Rosario. Era un peronista de probada lealtad, no ofrecía flanco para el ataque político honesto, no daba oportunidad para purga ideológica ni caza de brujas. Era mil veces más peronista que los inventores de los documentos misteriosos y los depuradores de organismos. Los hipócritas se sorprenden por su muerte, no se la explican. La justicia busca fantasmas, caras, huellas dactilares, pericias balísticas. El pueblo peronista sabe quién mató al valioso compañero. El orador de JP no despidió a un cadáver histórico, saludó a un compañero caido en la lucha. Fue la voz de quienes compartieron la vida de Razzetti, de quienes fueron sus verdaderos amigos y compañeros. «Nuestro homenaje no será con palabras bonitas o rebuscando el lenguaje sino llamando a las cosas por su nombre, como lo hiciste siempre vos. Como lo hiciste una hora antes de ser asesinado por los falsos defensores de la falsa ortodoxia, los traidores infiltrados en nuestras filas. Nosotros vamos a rendirte nuestro homenaje no acá sino en la calle, en cada barricada, como lo hicimos en los últimos años a tu lado, hasta obtener la victoria total contra los traidores, siguiendo el ejemplo de FAR y Montoneros que siempre llevaste adelante y nos hacias ver. Compañero Razzetti; nuestro juramento es que vamos a seguir tu camino sabiendo que dentro de esa famosa lista negra que tienen los traidores e infiltrados, que ni siquiera han venido porque saben que leeríamos en su frente la traición, estamos muchos de nosotros, pero por cada uno de nosotros que caiga surgirán cien, mil compañeros más que se irán organizando hasta formar el ejército peronista que derrotará y aplastará definitivamente al imperialismo, a la oligarquía y a los traidores que te asesinaron».
Que siga la justicia persiguiendo fantasmas. El pueblo, que despidió al compañero cantando «Razzetti, guerrero; este es el homenaje de tu pueblo Montonero», sabe adonde buscar a los asesinos cuando llegue la hora de hacer las cuentas.

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