Alfredo Stroessner acaba de asumir por otro período, la presidencia del Paraguay. Dos hechos -significativos- se destacaron en la ya rutinaria vida política del dictador: mientras que Brasil enviaba una delegación de primera línea, la Argentina retiraba la suya en un evidente gesto de desagrado. Lo que hay detrás de estos dos gestos es la presa de Itaipú que Paraguay le ha entregado a los brasileños poniendo en real peligro nuestra soberanía. El General Perón ha comenzado a mover sus piezas. Enfrente, tiene un gobierno entregado y corrompido: la dictadura de Stroessner; y a Brasil, ejecutor frío de las órdenes que provienen directamente de Washington. El proyecto imperialista para acorralar nuestro camino hacia la liberación ya está en marcha.

Para Alfredo Stroessner la ceremonia que se celebró en esta capital el miércoles pasado ya no guarda ninguna sorpresa. General del ejército que dedicó la tercera parte de su vida a conducir con mano de hierro a esta pequeña y empobrecida nación mediterránea que palpita en el corazón de la Cuenca del Plata, Stroessner inició el 15 de agosto un nuevo periodo de gobierno, determinado por las peculiares «elecciones» celebradas en febrero último, cuando su Partido Colorado (oficialista) se adjudicó —según se dijo— el 84 por ciento de los votos.
Pero el hecho central de la jornada del miércoles pasado no fue en absoluto el ya rutinario gesto del veterano dictador, sino el marco internacional en el cual se desarrolló. Sólo uno de los grandes vecinos entre quienes sobrevive Paraguay desde hace un siglo, el Brasil, se hizo presente con una delegación al nive1º de Mayor importancia. Los brasileños enviaron a su talentoso canciller, Mario Gib-son Barboza, al frente de una nutrida y calificada delegación. Argentina, por su parte, retiró a último momento a su canciller, Alberto J. Vignes, dejando simplemente al embajador de Buenos Aires ante Asunción, el historiador José María Rosa, como titular de la misión.
Para Stroessner el acontecimiento producido por Argentina no es pequeño. El jefe de estado más antiguo de todo el hemisferio americano, sólo superado en el mundo por el generalísimo Francisco Franco, de España, gran parte de su supervivencia al frente de una dictadura implacable consistió en formular con inteligencia un astuto equilibrio entre Brasil y Argentina.
La ausencia del canciller argentino Vignes fue resuelta en Buenos Aires por el general Juan Perón, luego que se hizo evidente que la diplomacia brasileña aprovecharía el traslado de Gibson Barboza a Asunción para firmar con su colega paraguayo Raúl Sapena Pastor los documentos protocolares que ponen en marcha el gigantesco proyecto hidroeléctrico de Itaipú, una represa llamada a modificar sustancialmente los esquemas geo-politicos de la Cuenca del Plata y en consecuencia los de Sudámerica.

  • EL «GRIFO» DEL PARANÁ
  • Luego de la sostenida «escalada» brasileña hacia Paraguay, para la diplomacia argentina era excesivo asistir a los festejos del nuevo periodo presidencial de Stroessner mientras Asunción daba los toques finales a un acuerdo que termina por supeditar integramente al pais con la diplomacia expansionista del Brasil.
    La construcción de Itaipú confirma los designios hegemónicos que prevalecen en el régimen militar institucionalizado en Brasil hace ya nueve años. Itaipú no sólo se convertirá en una poderosa fuente
    de energía hidroeléctrica para abastecer las crecientes necesidades que afronta el impetuoso y deformado desarrollo industrial del Brasil meridional (Río Grande del Sur, San Pablo, en general toda la ubérrima «pampa gaucha»), sino también en una llave maestra, un verdadero «grifo» para controlar casi unilateralmente todo el curso inferior de las estratégicas aguas del Paraná.
    Argentina cuestionó en reiteradas oportunidades la manera en que Brasil vino llevando adelante su proyecto de Itaipú, fundamc:i-talmente porque violaba la legislación internacional que regula todo lo referente a las aguas internacionales, aquellas —por ejemplo— en las cuales un país no puede modificar desde el curso superior de un río aquello que suceda en el curso inferior del mismo.
    Tres de los principales partidos opositores, que sobreviven exiguamente en el opresivo clima dictatorial del Paraguay, se volvieron a declarar rotundamente adversarios del proyecto Itaipú, tal cual lo manejó el canciller Sapena Pastor. La democracia cristiana, el Partido Revolucionario Febrerista y los liberal-radicales, afirmaron que la represa hidroeléctrica «constituye una virtual cabecera de puente para un eventual dominio brasileño de la economía del Paraguay». Tal criterio es compartido por los comunistas paraguayos y demás formaciones revolucionarias que se
    mueven en la más absoluta clandestinidad.

  • LA EXPANSIÓN BRASILEÑA
  • En la primera semana de agosto, el matutino demócrata cristiano de Montevideo, ahora, reveló el texto completo de una conferencia pronunciada hace algunos meses en Brasil por el geopolítico Paulo Henrio da Rocha Correa, perteneciente al partido oficialista ARE-NA, y en la cual este individuo proclamaba que Uruguay debía ser anexado al Brasil. Rocha Correa indicó en su discurso, que mereció un comentario oficial del canciller uruguayo Juan Carlos Blanco, caracterizando esa opinión como «monstruosa», que dicha anexión atendería a «los intereses históricos» de ambos pueblos. Este hecho, que luego no pasó a mayores, revela las fuerzas políticas que se mueven en Brasil, acentuando los planes expansionistas del régimen brasileño.
    Pero lo que mayor irritación ha provocado en Buneos Aires, y fundamentalmente en el general Perón y en su círculo íntimo, es la des-fachatada grosería con que Alfredo Stroessner ha supeditado sus márgenes de independencia a la prepotencia brasileña. Sin embargo, tal irritación no logró ocultar la negligencia manifiesta con que Argentina abandonó una relación de buena vecindad hacia Paraguay, saboteando expresamente las exportaciones de este país hacia Buenos Aires y provocando de tal modo un desplazamiento sensible de Asunción hacia el Brasil. Dicho desplazamiento fue hábilmente capitalizado por el régimen de Brasilia, que por su parte desarrolló una sistemática política de marcha hacia el oeste, caracterizada por: a) colonización de la gigantesca e inexplorada región del Amazonas, mediante acuerdos bilaterales con Perú, Ecuador y Colombia, y recurriendo abiertamente a una brutal presencia norteamericana; b) estrategia de aproximación hacia el Pacto Andino, un bloque subregio-nal identificado con posiciones marcadamente antiimperialistas; c) violenta y terminante penetración de Bolivia cuyo régimen militar instalado en 1971 obedece íntegramente a la «filosofía brasileña del crecimiento».

  • LAS DEFENSAS ARGENTINAS
  • Todo parece indicar que el proyecto Itaipú habrá de seguir su marcha, más allá de los gestos airados de la diplomacia argentina. Se trata de una obra que generará cerca de 11 millones de kilowatios, a distribuirse —teóricamente— por partes iguales entre Paraguay y Brasil; pero será este último país quien consumirá el 90 por ciento del monto energético, ya que Paraguay no tiene mercado interno para darle uso.
    Trascendió días pasados que una represalia argentina podría consistir en la instalación de una linea de radares en la frontera con Paraguay, para perjudicar abiertamente al formidable contrabando industrializado que alimenta las arcas del régimen de Stroessner.
    Pero el reaseguro estratégico que neutralizaría los efectos perniciosos de Itaipú para Argentina y la Cuenca del Plata sería la concreción de otros dos proyectos, las represas de Corpus y Yacyretá-Apipé, en los cuales se hallan interesados Asunción y Buenos Aires. Estas dos obras se deberían levantar agua abajo de Itaipú, pero el proyecto de Corpus —en el cual Argentina se halla particularmente interesada— podría quedar anulado de acuerdo al modo en que se concrete Itaipú. O sea: si Brasil presiona para reducir el caudal fluvial desde Itaipú, puede llegarse a que Corpus se torne improductivo. Adecuadas negociaciones argentino-paraguayas pueden limar los detalles hostiles que Itaipú asume para el gobierno de Buenos Aires. En tal caso, Itaipú-Corpus pueden sumar una capacidad generadora de entre los 17 y los 18 millones de kilowatios. Con referencia a Yacyretá-Apipé, los estudios están avanzados y el acuerdo parece inminente: el proyecto demandará un costo de los 1.300 millones de dólares.
    El polo de desarrollo creado por la energía que fabricarían Itaipú y Corpus determina un círculo con radio de 1.000 kilómetros, ámbito en el cual unos 55 millones de sudamericanos ocuparían 4 millones de kilómetros cuadrados vitales para todo el hemisferio.
    Pero esta perspectiva se inscribe dentro de un cuadro de desarrollo armónico y justo para todas las partes, filosofía que no comparte el régimen brasileño, obsesionado por acumular reservas estratégicas de todo tipo (transportes, vías de comunicación, combustibles, minerales, energía, recursos naturales agropecuarios) que lo conviertan en super-gendarme del continente.

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