En la ciudad de San Nicolás fue asesinado el domingo 22 de julio último el militante de la Juventud Perónista local, Benito Spahn. Según relatos de testigos presenciales del crimen, el autor del disparo que le ocasionó la muerte fue Tomás Roberto Cardozo, oriundo de esa localidad y actualmente custodio de José Rucci. Después del asesinato, representantes de la C.G.T. y de la Unión Obrera Metalúrgica de San Nicolás, negaron su relación con el hecho y afirmaron que no existía ninguna vinculación entre Cardozo y sus organizaciones. Sin embargo, Cardozo cumplió para esos dirigentes tareas de guardaespalda -como lo testimonian numerosas fotografías- y el automóvil en que huyó fuego del crimen pertenece a la Unión Obrera Metalúrgica. Benito Spahn y otros activistas del Peronismo de San Nicolás habían sido anteriormente objeto de amenazas y agresiones. Los sindicalistas, que no pudieron imponer para las elecciones del 11 de marzo sus candidatos favoritos, apelan ahora a la violencia para intimidar y acrecentar su poderío. Como lo afirmaron recientemente en una reunión de prensa, utilizando su clásico latiguillo: “impediremos la presencia de comunistas en el justicialismo; lo haremos sea cual fuere el medio que para ello debamos utilizar”.

La muerte de Benito Spahn se produjo mientras participaba de una fiesta organizada por la asociación vecinal del barrio “9 de julio”.
Spahn vivía en esa barriada de San Nicolás, a media cuadra de distancia de Tomás Roberto Cardozo, quien desde hacía meses residía en Buenos Aires, desempeñando funciones de custodia del secretario general de la CGT, José Rucci. Una o dos veces al mes, Cardozo se traslada a San Nicolás —de donde es oriundo— para visitar a su esposa e hijos.
Benito Spahn había resultado elegido concejal suplente por la localidad en las elecciones del 11 de marzo. En su barrio había constituido una Comisión de trabajo por la reconstrucción nacional y colaboraba, a la vez, activamente con la asociación vecinal en la tarea de recaudar fondos y recursos. Facilitaba, incluso, su equipo de transmisión para las reuniones bailables, las cuales se encargaba a veces de conducir.

  • Cómo se produjo el asesinato
  • El baile donde se habría de producir la tragedia se realizó en un local aledaño a la escuela Nº 34 del barrio “9 de julio”. La fiesta transcurrió normalmente hasta las cuatro de la madrugada, aproximadamente. En esos momentos. Cardozo generó una discusión con un asistente de apellido Contreras al que luego de golpear, aplicó un fuerte culatazo en la cabeza.
    Según el hermano de Spahn (ver nía antecedentes de camorrero. Había protagonizado diversas agresiones y tiroteos, razón por la cual la comisión organizadora había prohibido su entrada al local.
    Según el hermano de Spahn (ver recuadro) pudo ingresar finalmente porque concurrió acompañando al secretario general de la CGT local, Antonio Magaldi. El gremialista afirmó posteriormente que no tenía ninguna vinculación con Cardozo.
    Ante la gravedad del incidente protagonizado por Cardozo, los miembros de la asociación solicitaron a los dos policías que custodiaban el local que lo desarmaran y detuvieran. Los policías se negaron a intervenir argumentando que Cardozo “era un amigo y que colaboraba con ellos en la tarea de mantener el orden”.
    Gozando de impunidad, Cardozo se mofó de los presentes y efectuó con su pistola dos disparos al aire. Algunos testigos afirman que entonces daba muestras de hallarse parcialmente alcoholizado.
    Esa situación motivó que los organizadores intentaran comunicarse con la central de policía en demanda de refuerzos. Pero el pedido se frustró poco después, cuando. Cardozo reconoció a Spahn y le descargó dos balazos. El primer balazo se perdió sin herirlo entre las piernas; el segundo lo alcanzó en el pecho: se dobló sobre sí mismo y murió casi inmediatamente.
    Margarita Acosta, esposa del presidente de la Comisión Vecinal y testigo presencial de los hechos, aseguró a El Descamisado que “Cardozo disparó intencionadamente contra Spahn”. “Yo estaba en el mostrador —explicó— pegada al lugar donde se produjeron los disparos, y vi cuando Cardozo saltó sobre el muerto y emprendió la fuga. González y el otro policía que estaban de consignas, lo dejaron escapar”.
    Otros testigos, que no quisieron dar su nombre, afirmaron que los “policías no solo dejaron escapar a Cardozo sino que lo encubrieron, impidiendo su persecución por parte de algunos vecinos”.
    En otra parte de su declaración, Margarita Acosta señaló que “un tal Arce, compadre de Cardozo, le alcanzó un cargador luego de los disparos. Lalo Caballero, un vecino del barrio y obrero de Somisa, puso en funcionamiento el coche. Ninguno de los dos —indicó Acosta— ha prestado declaración ante la Policía”.
    Otro vecino, Luis Díaz, hizo notar ante El Descamisado, que la policía “aún no allanó la vivienda de Cardozo”. Según Díaz, el único allanamiento que él recuerda se realizó hace tres años, cuando “fue acusado de hacer ejercer la prostitución a varias mujeres que vivían en su domicilio”. “Nunca trabajó —dice Díaz— pero tenía un Ford Falcori nuevo y los bolsillos siempre llenos de plata”.
    Luego de haber cometido el crimen, Cardozo se dirigió directamente a su casa, donde volvió a efectuar algunos disparos y dar vivas a Rucci “y la gente qué lo acompaña”. Junto con su familia, abandonó posteriormente la finca.
    Vecinos de Cardozo comentan que dos días después al crimen, personas desconocidas penetraron al domicilio de donde retiraron efectos personales. El Descamisado pudo comprobar que no existe en la casa ningún tipo de vigilancia policial.

  • La J.P. y los amigos de Cardozo
  • La Juventud Perónista de San Nicolás dio a conocer después un comunicado en el que señala a “José Rucci responsable del asesinato”. La declaración juvenil, que califica a Cardozo de “simple pieza políticamente inconsciente”, pone énfasis en que los procedimientos utilizados por la U.O.M. “han reemplazado al aparto represivo de Lanusse”.
    Además de pertenecer Cardozo a su custodia, ¿tiene alguna otra vinculación José Rucci con la muerte de Benito Spahn?
    —Tomás Roberto Cardozo se inició como guardaespaldas de José Rucci entre los años 1967 y 1968. Entonces el actual dirigente máximo de la CGT había sido comisionado por su gremio para colaborar con el dirigente Roque Azzolina, quien se había hecho cargo de la seccional San Nicolás del gremio metalúrgico.
    La filial de Metalúrgicos había sido ocupada por los trabajadores de Somisa luego de un conflicto iniciado unos meses antes. La Conducción nacional del gremio debió intervenir y envió a una comisión presidida por Azzolina, a quien acompañaron Rucci, Mariano Martín, Julián Morena (el dirigente ejecutado en Avellaneda por las Fuerzas Armadas Revolucionarias) y otros.
    Azzolina se fue alejando paulatinamente del control del sindicato, entonces regresan a Buenos Aires, Mariano Martín y Moreno. A cargo de la seccional quedan Rucci, Rodríguez y Mendoza, aparentemente con el aval de Augusto Vandor.
    A los seis meses de inaugurar Rucci la conducción de San Nicolás, la comisión interna de Somisa renunció en pleno por “falta de apoyo del sindicato”. Denis Satagnaro, miembro de esa Comisión y actual concejal del Frente Justicialista, recuerda que “la Comisión había concurrido al gremio a requerir medidas por el despido de varios obreros y los atajaron con: ¿Qué quieren que hagamos, muchachos?, la empresa tiene derecho a hacerlo”.
    Era la época que Onganía comenzaba a apretar los presupuestos ocultos de los sindicatos y una gran parte de gremios abandonaba al Peronismo para acercarse al régimen militar.

  • Los pasos de José Rucci
  • Rucci desprestigió la Comisión saliente de Somisa apelando a los mismos argumentos que utilizaría en 1973 para difamar a otros peronistas. Los renunciantes eran “troskos”, querían un “gobierno de zurda”, los manejaban los “inmundos comunistas”.
    La firmeza de las denuncias se pondría a prueba meses más tarde, cuando Somisa expulsó a 9 miembros de la comisión interna y otros delegados de planta. El gremio metalúrgico, por supuesto, “metió violín en bolsa” y permaneció totalmente inactivo frente a los despidos. Una cosa era hacerse el machito con los peronistas “zurdos” y otra muy distinta enfrentar a la patronal, que casualmente “limpiaba” a los delegados más combativos.
    A partir de la separación del cuerpo de delegados, Rucci comenzó a formar su propio equipo, con el cual se haría designar al frente del gremio años más tarde.
    La maniobra fue completada apelando a un falso certificado de empleo concedido por la empresa “Protto Hnos”, en la cual, obviamente, Rucci nunca trabajó.
    Sin embargo, lo afirmaban los papeles y con la legalización se hizo designar; mediante elecciones con una sola lista, secretario general del sindicato metalúrgico de San Nicolás, puesto que aún conserva
    “El caballo del comisario corrió solo”, dijeron los integrantes de la impugnada lista opositora, que se volvió a presentar al comicio en años después. Pero una semana antes de las elecciones, echaron de Somisa al secretario general y al adjunto de la agrupación contraria a Rucci. A otros candidatos menores los separaron del gremio y le aplicaron represalias en la empresa.
    Con motivo de la sanción de la ley 18.610 de Obras Sociales, los servicios médicos que brindaba Somisa pasaron a depender del gremio metalúrgico. Como no tenía entonces el Sindicato una infraestructura sanitaria adecuada para la atención de los obreros, los trabajadores iniciaron una huelga que se prolongó durante varios días.
    Un activista de la época, posteriormente despedido de la empresa narró que mientras los obreros aguardaban en la planta el comienzo de una reunión con los directivos de Somisa, en el Hotel “El Colonial”, Rucci efectuaba anticipadamente la reunión, en secreto. Cuando fue descubierto, contestó a los reclamos de los trabajadores con estas palabras: “Nosotros, en Buenos Aires, estamos acostumbrados a estas cosas”.
    Rucci estaba acostumbrado también a usar guardaespaldas. De San Nicolás llevaría dos a Buenos Aires, cuando su gremio lo propuso al frente de la CGT nacional: Tomás Roberto Cardozo y el negro Rocha.

  • Las acusaciones de la U.O.M. y de la C.G.T.
  • Antes de que Benito Spahn fuera asesinado por Roberto Cardozo, hubo acusaciones y agresiones contra los sectores peronistas de San Nicolás en los cuales él militaba.
    El 18 de junio de este año los integrantes de la Juventud Sindical Perónista de la localidad -caracterizada por la Juventud Perónista como una fachada que encubre la acción de guardaespaldas sindicales— penetró en la intendencia municipal y se acomodó en los palcos del recinto de sesiones. Desde allí pretendieron que la totalidad de los representantes entonara con ellos la Marcha Perónista y acusaron al presidente de la Cámara, concejal Pedro César Marchi, de abandonar al peronismo por pedir silencio. La masiva movilización hacia la sala de representantes fue definida por Marchi como “un intento de copamiento” de la Municipalidad.
    Uno de los activistas de la Juventud Perónista que custodiaba el recinto era Benito Spahn, Alberto Vivianni, secretario del Consejo Deliberante, fue testigo de la agresión que Tomás Roberto Cardozo hizo contra Spahn, a “quien increpó y arrojó una colilla de cigarrillo en la cara”.
    Días antes, el delegado Regional de la CGT, Pedro Magaldi, había acusado al consejal Pedro Marchi y a otros compañeros de “deslealtad e inconducta partidaria”.
    La acusación, que no fue acompañada por ninguna prueba, se repitió el 24 de julio pasado, en una reunión de prensa que Magaldi convocó en la sede central de la CGT para deslindar responsabilidades sobre la muerte de Spahn.
    En esa conferencia, Magaldi dijo que había concejales que estaban “disfrazados de peronistas” y aludió a la supuesta presencia de comunistas en el justicialismo de San Nicolás, amenazando con apelar a “cualquier medio” para detener la infiltración.
    Pesera las vaguedades y las imprecisiones del comunicado (Magaldi afirmó que durante el sepelio de Spahn habló el dirigente Bas del Partido Comunista, cosa que no sucedió) la CGT reiteró la ansiedad por desvincularse de Cardozo, a quien volvieron a separar de la CGT y la Unión Obrera Metalúrgica.
    En la misma reunión con los periodistas, Magaldi advirtió al Interventor del Partido Justicialista de San Nicolás, Dr. Humberto Parigini, acerca de la intromisión de izquierdistas en el peronismo. Parigini, que milita desde 1955 en la rama política del Movimiento Perónista, es a la vez asesor letrado de la CGT y de las 62 Organizaciones locales. Su pecado habría sido brindar la sede del Partido para el velatorio de Spahn, que estaba afiliado con el Nº 202.
    Para la Unión Obrera Metalúrgica, en cambio, Spahn no era militante peronista. Según un comunicado publicado en el diario “El Norte”, de San Nicolás, la UOM “desconoce la militancia política de la persona que perdió la vida (Spahn) y menos aún que pertenezca a la J.P.”.

  • Los objetivos de los amigos de Cardozo
  • Tanto la UOM como Magaldi pretenden con sus declaraciones afectar más la estructura política y municipal de San Nicolás que defender a su empleado Cardozo.
    Pedro Marchi, uno de los concejales cuestionados, opina que el origen del enfrentamiento se remite a la Resolución Nº 1 del Concejo Deliberante, que obliga a la empresa Somisa a tomar nuevamente a los despedidos por razones políticas y gremiales. Entre los cesantes, existiría una gran cantidad de activistas opuestos a la conducción actual del gremio metalúrgico.
    Los hechos, sin embargo, van más allá. La lista de candidatos de San Nicolás fue una de las cuatro que —según se afirma— Rucci robó del local del Partido Conservador Popular, en Paraguay 2021, el día 2 de enero de 1973.
    Venciendo el plazo para la presentación de las listas, intentaron esa misma noche borrar a los representantes designados y reemplazarlos por hombres de su confianza.
    La maniobra, que se realizó luego de ser expulsados del Peronismo Manuel de Anchorena, Alberto Armesto y otros dirigentes partidarios, culminó en el fracaso. San Nicolás eligió a los candidatos designados inicialmente y Rucci no pudo imponer sus favoritos.
    Después de la derrota, sectores ligados a la CGT y al gremio metalúrgico iniciaron una campaña de amenazas contra los representantes electos.
    El 20 de junio, mientras en Ezeiza se desarrollaba la movilización más grande de la historia argentina que culminaría trágicamente a manos del grupo encabezado por el Teniente Coronel Jorge Osinde, un conjunto de personas ingresaba en el domicilio del delegado reorganizador del Sindicato de la Construcción en San Nicolás, Héctor Pedro Quiroga, y procedió a incendiar totalmente las habitaciones. Quiroga está enfrentado a la conducción de Magaldi y según sectores allegados al sindicato, Rucci habría manifestado que “se jugaría el todo por el todo para destrozar a Quiroga”.
    La policía, que no observó a los desconocidos que asaltaron e incendiaron la casa de Quiroga, tampoco investigó a fondo el destino de Roberto Tomás Cardozo, quien según el hermano de Spahn, gritó luego del crimen: “díganles a los muchachos que me busquen en la CGT de Buenos Aires”.
    Es que para detectar el paradero de Cardozo se deberá tener en cuenta las motivaciones políticas del asesinato.

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