• EL PUEBLO TIENE LA PALABRA
  • Muchos antiperonistas e incluso algunos peronistas creen que nuestro Líder y nuestro movimiento “corren con ventaja”. Ese es el modo de explicar un fenómeno increíble: que el pueblo haya seguido al peronismo y a Perón por encima de todas las contingencias. Como en esas carreras mágicas de los dibujos animados —pero como nunca pasa, en cambio, en la realidad política concreta de un país— el pueblo y Perón se han ido encontrando y han ido venciendo todos los obstáculos que se oponían a su total identificación, que es sinónimo de triunfo popular.
    Quienes creen que se trata de una suerte de milagro buscan una explicación afirmando que Perón ejecuta una “táctica pendular” y que tiene una habilidad política genial. Combinando esa táctica de constante equilibrio con su enorme eficiencia como conductor —dicen ellos—, el General opera el “milagro”. La verdad es bien distinta de como la imaginan estos teóricos, salvo en une cosa: Perón es verdaderamente un conductor genial.

  • EL GENERAL Y SU PUEBLO
  • Pero Evita decia: “Muchas veces pienso que si el General Perón hubiese nacido en otro lugar del mundo no hubiera podido manifestarse lo extraordinario de su genio, porque le hubiera faltado un pueblo como el argentino para conducir”. Y también decia nuestra Abanderada: “Humildes obreros lo han comprendido a Perón como no lo han comprendido los que se creían cultos, y con eso han demostrado los obreros, los hombres humildes de nuestra Patria, que eran hombres superiores”.
    Ese es el primer dato de la realidad que explica el supuesto milagro: el pueblo —los obreros en primer lugar— comprendieron de inmediato (con la razón pero también con el corazón, como quería Evita) que lo que Perón les proponía era la primera oportunidad histórica de asumir un papel protagónico en la conducción del pais y poder luchar así por la liberación de la Patria y por su propia liberación de quienes los explotan.
    En cuanto a Perón, supo amalgamar toda su sabiduría en materia militar con la experiencia política que adquirió al frente de la lucha y elaboró así un proyecto estratégico que se regia por un único y fundamental mecanismo de control: la voluntad popular.

  • LAS VARIANTES DEL GORILISMO
  • Asi, la supuesta “pendularidad” de nuest’o Lfder no significaba otra cosa que respetar la decisión del pueblo. Se produjo entonces ese insólito fenómeno de comunicación Pueblo-Perón que funcionó aún a miles de kilómetros de distancia y con un continente o un océano de por medio. Mientras el pueblo se sintió derrotado y aplastado y luego, cuando comenzó a organizar la resistencia contra la dictadura liberal, después del golpe de 1955, Perón condujo una acción frontal de absoluta intransigencia, para intentar derrocar el régimen fusilador. Se soportó entonces la persecución más violenta, y el intento de destrucción física e ideológica de todo lo que el peronismo representaba. La lucha era desigual, sobre todo después que los gorilas “dejaron saltar” el golpe del 9 de junio, para fusilar y encarcelar a todos los militares que defendían la restauración del gobierno popular, y lograron así aislar totalmente al Pueblo de las Fuerzas Armadas.
    Cuando se pudo lograr un resquicio de legalidad, Perón y el Pueblo trataron de aprovecharlo al máximo: fue el momento en que se votó por Frondízi. Aunque el acuerdo entre el peronismo y los desarrollistas no fue cumplido por éstos, que traicionaron al pueblo y finalmente perdieron el gobierno ante un nuevo golpe, la experiencia sirvió para demostrar que sin el apoyo peronista el pais no podía ser gobernado: las mayorías no podían ser marginadas, no sólo por una cuestión de principios, sino porque eran capaces de resistir y de luchar —como lo hicieron también contra Frondizí— hasta impedir que ningún grupo minoritario pudiera ejercer realmente el poder.
    El gobierno radical de Arturo Illia intentó soslayar al peronismo de otro modo. El Pueblo volvió a resistirse, encabezado por los trabajadores, y el neogorilismo se vio obligado a intentar una nueva experiencia de mano dura: fue la llamada Revolución Argentina. El hartazgo de la falsa democracia creó al principio —como en cada nuevo experimento político— una cierta expectativa. Tanto el Pueblo como su Líder abrieron un compás de espera que no se prolongó demasiado: la entrega al imperialismo, la persecución al pueblo y, como siempre, la intención de dividir y destruir al peronismo se parándolo de su Líder— volvieron a aparecer como el contenido profundo del nuevo ensayo.

  • EL “MILAGRO” PERONISTA
  • Siempre el Pueblo y Perón, de un modo simultáneo, “sincronizado” —con el cerebro y con el corazón—- aparecían identificados entre si’, cuando se presentaba una oportunidad de salir a la faz pública a utilizar cada “intervalo” de la lucha para destruir públicamente las mentiras y las calumnias lanzadas dia tras dia por todos los medios de difusión contra el peronismo; cuando se cerraban todos los caminos y se volvía a la resistencia y a la lucha, con todos los medios disponibles, organizándolas cada vez con mayor eficacia y poder.
    Asi se ganaron tantas batallas —algunas a primera vista parecían perdidas— durante dos décadas, hasta arribar al triunfo popular de este año de 1973. Que es apenas el punto de partida de una nueva serie de batallas, para atajar los constantes ataques del imperialismo, para controlar cada vez una mayor porción del poder, para llegar a producir una transformación revolucionaria que impida todo nuevo golpe contra el pueblo, que sea absolutamente irreversible.
    Esa identificación absoluta entre el Pueblo y Perón es lo que los políticos profesionales —acostumbrados a perseguir un objetivo personal y a responder a intereses de sector— no pueden comprender y tratan de deformar bajo el mote de “pendularidad”. Esa supuesta “pendularidad” reflejó los cambios tácticos, los sucesivos enfoques con que el Pueblo enfrentó a sus enemigos, con realismo, buscando siempre el flanco débil del adversario, sin rigideces, sin caer en las interpretaciones ideologistas que todo lo resuelven con un esquema —que tan pronto explican el proceso como dirigido por el sionismo o el Vaticano, el marxismo internacional o la sinarquia, la masonería o los rosacruces— y que así ocultan el papel concreto de las grandes potencias que se reparten el mundo y del imperialismo, que establece el dominio militar directo o la penetración política, económica y cultural de los países sometidos.

  • LO QUE NADIE PUDO ROMPER
  • El Pueblo y Perón lucharon siempre juntos. De allí que las 20 Verdades hayan marcado desde los comienzos del peronismo —porque ellas se fueron gestando desde el primer dia y hoy mantienen su vigencia— que el interés del Pueblo era su única guía. Desde la primera Verdad (“La verdadera democracia es aquella donde el gobierno hace lo que el pueblo quiere y defiende un solo interés: el del Pueblo”) hasta la última (“En esta tierra lo mejor que tenemos es el Pueblo”), casi no hay una verdad que no se refiera directa o indirectamente al único sometimiento que el peronismo admite: el de los dictados populares.
    La segunda verdad recuerda que el justicialismo “es esencialmente popular” y por eso rechaza a todo “círculo político” que es, por definición, antipopular. La tercera advierte que quien trabaja para un caudillo o círculo político es justicialista “sólo de nombre” por cuanto el verdadero peronista sólo sirve a los intereses del pueblo y por lo tanto “trabaja para el movimiento”.
    Como lo hemos visto en la serie de notas que culmina con la presente, una serie de verdades rescata como esencia del Pueblo
    a la clase trabajadora. Otro grupo de ellas define la escala de valores del peronismo, que pone a la Patria en primer término, ya que a su vez la Patria no es —como lo ha dicho Perón— un mero paisaje de montañas y ríos sino el conjunto de los hombres que trabajan en ella. Están también las que definen la doctrina peronista, que va en busca de la justicia social, la independencia económica y la soberanía política, precisamente porque son las tres consignas que el Pueblo argentino levantó como bandera de lucha.
    Y la verdad número 19, que describe al país cuando era conducido por Perón: “Constituimos un gobierno centralizado, un Estado organizado y un Pueblo libre”.

  • EL GORILISMO INFILTRADO
  • Ese vinculo tan estrecho e indestructible es tan vital para el peronismo —que es como decir para la Argentina— que ahora se desató dentro del propio movimiento una batalla inspirada por los enemigos del justicialismo para quebrar la simbiosis Perón-Pueblo. Ese intento, continuación de todos los que se hicieron desde el gorilismo durante 20 años, fue renovado por pretendidos peronistas el 20 de junio en Ezeiza y en cuanta oportunidad hubo luego, después que aquel primer retorno del 17 de noviembre de 1972 probó, en la calle Gaspar Campos, que la reunión del Pueblo con Perón seguia siendo la llave del proceso revolucionario, la pieza maestra del “milagro” peronista.
    A tal punto llegó esta nueva conspiración, que el 12 de octubre en la Plaza de Mayo se juntaron decenas de miles de peronistas, pero no estuvo el pueblo masivamente, como un solo hombre, como había estado en Ezeiza el dia de la masacre. Dirigentes traidores, que supuestamente fueron “elegidos” por los obreros pero a quienes los obreros ni escuchan ni siguen, sólo actúan ahora como “tapón” para separar al Pueblo de Perón.

  • UN AÑO PARA CADA VERDAD
  • En menos de dos meses entraremos en 1974: será, precisamente, el vigésimo año de lucha del peronismo desde que fue arrojado del poder en 1955. Tenemos 20 verdades y 20 años de lucha para enfrentar a nuestros enemigos. Es como si cada verdad justicialista hubiera necesitado de un año de sufrimiento y combate por la liberación, para haberse grabado de modo indeleble.
    “Yo lo he perdido todo, pero nunca luché por nada mío —decía Perón en 1956—. Hoy, que poseo sólo lo que llevo conmigo, me siento más libre y más feliz. Sólo me interés lo que ha perdido el pueblo que hay que reconquistarlo de cualquier manera con el pueblo mismo: ese es el objetivo de nuestra lucha y, no teniendo nada nuestro, lo podremos defender mejor y con más decisión”.
    En esta lucha no vence el que tenga mayores medios de fuerza —decía también— sino mayor voluntad de vencer y más perseverancia para lograrlo”.
    El imperialismo tiene mayor poder, pero nosotros seguimos con la misma voluntad de vencer y la misma perseverancia para lograrlo. Tenemos 20 verdades por escudo y un año de lucha por cada una de esas verdades, como prueba de nuestra voluntad de vencer.

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