• La única verdad es el Pueblo
  • Que las 20 verdades del justicia-lismo resultaron una auténtica síntesis de las ideas, los métodos y los objetivos del Movimiento Nacional Perónista no cabe la más mínima duda: si no fuera así, no se hubieran convertido casi todas ellas en consignas de lucha y no hubieran vuelto a ser ahora premisas básicas para la reconstrucción y la liberación nacional. Perón promulgó las 20 verdades exactamente 5 años después de la revolución popular del 17 de octubre de 1945. Desde aquella celebración de la máxima fecha peronista de 1950, cuando el General las leyó al pueblo desde los balcones de la Casa de Gobierno, ellas pasaron durante 23 años la prueba de la realidad, que es la única verdad.
    Por eso es que la verdad número 18 es la que define hoy de modo más cabal al justicialismo y como tal figura al pie de cada proclama peronista: “Queremos una Argentina socialmente justa, económicamente libre y políticamente soberana”. Por eso es que la visión peronista del país quedó fijada con mayor sencillez y precisión que nunca en la verdad número 20: “En esta tierra lo mejor que tenemos es el Pueblo”. Por fin, la definición tajante de lo que el justicialismo aspira a hacer de nuestra sociedad, eliminando todo género de explotación, quedó tan gráficamente expresada en la verdad número 12. Allí Perón ejercitó una vez más su capacidad para proponer la liquidación de todo un sistema apoyado en los privilegios con una visión positiva creadora: “En la Nueva Argentina los únicos privilegiados son los niños”.

  • UN PUÑADO DE VERDADES
  • EL DESCAMISADO cree que en este particular momento de la vida del país, cuando la llegada de nuestro líder al gobierno marca el comienzo de una nueva etapa de la lucha por la liberación, es imprescindible para todos los peronistas volver sobre las 20 verdades para reencarnarlas en todo el movimiento. Enriqueciendo y profundizando esas veinte consignas con otros textos y documentos del peronismo encontraremos una guía segura para consolidar la unidad de nuestro movimiento y para galvanizar el gigantesco frente de liberación aue se va conformando alrededor del liderazgo de Perón, con la responsabilidad histórica de reencauzar la lucha de toda la patria latinoamericana contra la dominación imperialista.
    Como punto de partido, tal vez convenga recordar antes que naja que los peligros que la empresa de liberación sufrió entre 1945 / 1955 —y que finalmente determinaron su caída— son hoy los mis-nos que entonces. Si en un cierto
    sentido las condiciones internacionales han mejorado —el Tercer Mundo, preanunciado por Perón, surgió y adquirió un extraordinario peso— en otros aspectos corremos tantos o mayores riesgos que antes: el cerco tendido por el imperialismo apenas éste se apercibió de la imposibilidad de impedir la llegada de Perón al gobierno fue vertiginoso: entre el 25 de mayo último y este 12 de octubre —menos de 5 meses— los militares gorilas se apoderaron del gobierno de Uruguay y Chile, para completar así un anillo proimperialista que comenzó a engarzarse desde Brasil a través de una estrecha alianza de los militares cariocas con los de Paraguay y Bolivia.
    En un mensaje enviado desde Madrid en junio de 1965, el General Perón describía el cerco sobre su primer gobierno, que hoy se reproduce} “La República Argentina —decíar— precursora en la lucha por la liberación, consiguió ser justa, libre y soberana desde 1945 a 1955, mientras duró el gobierno peronista, pero aislada entre países cipayos e infiltrada por el ci-payismo vernáculo fue victima en 1955 de las fuerzas internacionales coaligadas y volvió a ser reco-lonizada”.
    Además del cerco latinoamericano, hoy también abunda el “cipayismo vernáculo”, infiltrado en la Argentina quizá con más poder aún que hace dos décadas.

  • LA PRUDENCIA NECESARIA
  • Como cuando Perón aconsejó a todo el movimiento, en un momento crítico —1968, con la dictadura militar instalada y una peligrosa apatía popular que por cierto duró poco tiempo— y cerró sus palabras con una estrofa de Martín Fierro, hoy conviene volver sobre esas 20 verdades tomando en cuenta esos mismos versos: “Y les doy estos consejos que me ha costado alquirirlos porque deseo dirigirlos pero no alcanza mi cencia hasta darles la prudencia que precisan pa seguirlos”.
    Para conocerlas y analizarlas mejor, las 20 verdades pueden dividirse en cuatro capítulos. Uno de ellos se refiere al movimiento y apunta a la democracia directa como su base esencial. A través de ese grupo de verdades se marca el objetivo del peronismo y sus características básicas como movimiento político.
    El segundo capítulo refleja la visión que tiene el peronismo de la sociedad en que se mueve: el papel del trabajo como única fuente de signidad. Se llega al extremo de asignar condición humana únicamente al que trabaja. En ese sentido, se acentúa la responsabilidad individual ante el conjunto de la comunidad, de modo tal que cada uno debe estar incorporado al aparato productivo: el poseer bienes no puede ser motivo de ningún privilegio y el hecho de no trabajar, de no producir, es ya un privilegio inaceptable.
    La forma de ser del justicialismo integra el tercer capítulo. Como entiende el peronismo la política y
    en que se diferencia de los clásicos partidos liberales; de qué modo se milita dentro del movimiento y cuál es la escala de valores que rige esa militancia.
    Por último, la mayor cantidad de verdades se integra en el cuarto capitulo, el que describe, con extrema síntesis, qué pretende hacer el peronismo con el país, cuáles son sus metas y el camino o método que adoptó para tratar de imponerlas. La verdad número 18 —la de la patria justa, libre y soberana— aparece como síntesis de ese conjunto de verdades.

  • LA “FILOSOFÍA” PERONISTA
  • Restan dos últimas verdades, que son a su vez una síntesis del planteo político de todas las anteriores y una síntesis “filosófica”, la famosa verdad número 20, que antepone al pueblo por sobre toda otra consideración. De algún modo, esa verdad número 20 cierra la paráoola abierta por la primera ver. dad: lo mejor que tenemos es el pueblo, culmina la serie que se abrió cuando el General Perón comenzó a leer, con voz grave aquel
    17 de octubre de 1950 la verdad número uno: “La verdadera democracia es aquella donde el gobierno hace lo que el pueblo quiere y defiende un sólo interés: el del Pueblo”.
    Como dicen los viejos jugadores de truco, “A ley de juego, está todo dicho”. Envido y truco. Las 18 verdades que transcurren entre la primera y la última quedan encerradas en esa pinza que les fija un marco inmutable: el Pueblo —lo mejor que tenemos —es siempre el que decide.
    Pero es que, precisamente, las 18 verdades que quedan en el medio establecen una condensación del pensamiento popular. Son la quintaesencia de los deseos del Pueblo que un año después de escuchar desde la Plaza de Mayo las 20 verdades les puso una histórica firma: en noviembre de.1951 Perón obtuvo el 62 por ciento de los votos, imponiéndose abrumado-ramente a la fórmula Balbin-Fron-dizi. Algo nunca visto. Nunca visto hasta el 23 de setiembre último, cuando Perón volvió a lograrlo.
    El 21 de junio, luego de regresar a la Argentina definitivamente, Perón lecordó al pueblo las 20 verdades. Tres meses después, el pueblo volvió a ponerles su rúbrica con el 62 por ciento de los votos.

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