María Antonia Berger, Alberto Miguel Camps y Ricardo Reno Haidar. los tres sobrevivientes de la masacre de Trelew, durante 5 horas, relataron todo lo sucedido a partir de planificar la fuga del penal de Rawson, hasta el frió asesinato en la base aeronaval almte. Zar de Trelew.

  • Capitulo primero, La Fuga
  • Las tres notas de la Patria fusilada que aparecerán a partir de este número es la síntesis de un testimonio grabado a los tres sobrevivientes de la masacre de Trelew: María Antonia Berger, Alberto Miguel Camps, Ricardo Rene Haidar. El testimonio fue recogido en la cárcel de Villa Devoto. La grabación comenzó en una celda del celular segundo a las 21 horas del 24 de mayo y terminó a las 4 de la mañana del 25. Este primer capítulo, La fuga, continuará en otros dos, cuyos títulos son: La trampa y La masacre.
    P.: Se puede hablar de que es una evaluación incorrecta la que determina la operación de Rawson, la fuga?
    Ricardo Rene Haidar: La decisión de realizar la operación en ese momento es muy correcta. Y aún mirándola ahora, retrospectivamente.
    María Antonia Berger: Estaba planteada como una operación más. Una operación de gran envergadura, pero una operación más. Sabíamos que podía producir un «cambio de guardia», como se decía entonces, con todo el retroceso que estos cambios siempre le significaron a la dictadura. Sin embargo yo creo que en aquel momento nosotros so-brestimamos el poder de los militares; pensamos que el GAN era una maniobra del poder militar y que nosotros lo que teñíamos que hacer era desnudarlo. Pero no se veía la posibilidad de revenirlo.
    Alberto Miguel Camps: Y estas operaciones fueron un factor importante en la reversión. Las organizaciones armadas fueron otro de los elementos. Junto con las movilizaciones populares y la conducción del general Perón. Todo eso posibilitó que hubiera elecciones en condiciones que los militares no pretendían. Todo esto hizo naufragar el proyecto de la camarilla militar.
    M.A.B.: Hay otro aspecto de la fuga que yo quiero señalar, lo que significa la posibilidad de rescatar compañeros. En este sentido la operación también era válida, porque daba la posibilidad de recuperar gran cantidad de compañeros que actuarían justamente contra el GAN y dentro de la lucha político-militar.
    R.R.H.: Además los que estábamos allí, estábamos en manos del enemigo: un enemigo poderoso. En aquellas circunstancias las posibilidades de salir en libertad eran totalmente remotas y nuestro compromiso con el pueblo y con la lucha que teníamos que llevar adelante había que cumplirlo. Y para nosotros la única forma de cumplir era concretando la fuga.
    P.: ¿Por que no cuentan cómo fue la planificación; cuándo surgió la idea, cuántos meses llevó la preparación?
    A.M.C.: Para la mayoría de los presos el fugarse es la tarea principal. Por lo tanto apenas se llegó al penal ya se fue viendo las posibilidades que existían. A lo largo de los meses se fueron viendo posibilidades y descartando otras; a veces por irrealizables, a veces porque se incorporaban nuevos elementos que permitían ampliar la cantidad de compañeros a fugarse.
    P.: ¿Cuándo llegan ustedes a Rawson?
    A.M.C.: El primer grupo de presos políticos eran compañeros. Estaban en el penal desde el tiempo del Viborazo. Después vinieron los otros grupos, en marzo y abril del 72, para la época del ajusticiamiento de Sánchez.
    M.A.B.: Son los traslados masivos de Devoto a Rawson.
    R.R.H.: En los días previos a la ejecución de Sallustro. Cincuenta y pico de compañeros. Nos llevaron en un avión «Hércules» de la Fuerza Aérea. Llegamos a ser 250 compañeros.
    A.M.C.: A partir de ese momento se visualiza la posibilidad de tomar el penal y de solucionar el problema de salir de la zona. Ese era nuestro problema, porque eran dos operaciones en una: tomar el penal, por un lado, y asegurar la retirada de más de cien compañeros.
    P.: ¿Cómo se llega a esa suma?
    A.M.C.: Poco después, cuando se ve cómo iba a ser la retirada. De varios planes que había se eligió el de copar el aeropuerto y tomar un avión comercial. El límite de gente a salir estaba fijado concretamente por el número de plazas del avión. Se pensaron en varias posibilidades para la retirada: aviones particulares, copar un avión comercial, la combinación de ambas. Finalmente se optó por copar el aeropuerto y tomar un avión comercial. En lo que respecta al trabajo interno abarcaba observaciones, conocimiento a fondo del terreno, conocimiento del personal de vigilancia.
    R.R.H.: Cuando se asentó la posibilidad de la fuga en base a ese plan, se concretó una coordinación entre las distintas organizaciones político-militares. Es necesario destacar la unidad de acción que hubo desde un principio en las «tres organizaciones que participaron en la fuga: FAR, Montoneros y ERP. Con miembros de cada una de esa6 organizaciones se constituyó un cuerpo de conducción del plan de fuga. A partir de ahí se formó una estructura organizativa que fue previendo con precisión los detalles más Íntimos. Durante un período de un mes estuvimos evaluando las posibilidades, la factibilidad del plan. A partir de entonces vino una segunda etapa en la que se recogieron elementos, observaciones, que necesitábamos para perfeccionarlo. Una tercera etapa fue el montaje de toda esa estructura organizativa y la preparación para llevar el plan a su ejecución, previo simulacro y entrenamiento de todos los grupos operativos.
    P.: ¿Cómo se determinó quienes iban a ser los ciento diez compañeros que salían, cómo fueron seleccionados?
    M.A.B.: Por cada organización. Se determinaron los cupos que tenía cada una y, a partir de eso, cada organización fijo criterios internos para la inclusión de compañeros. Se trata de que todas las organizaciones armadas tuvieran una participación, que no fuera solamente una cuestión limitada solamente a las que pusieran el esfuerzo; que estuvieran todas, en la medida que se los consideraba participantes de la guerra. Se cuidó ese derecho que todos tenían.
    R.R.H.: Se hizo una evaluación en casi todas las organizaciones de cada compañero, contemplando los aspectos humanos y políticos que hacen a la formación integral del militante; incluida su formación política, su experiencia política y militar.
    M.A.C.: Otro criterio fue que cada compañero pudiera ser reencuadrado afuera rápidamente, para que su aporte al proceso revolucionario fuera más inmediato.
    R.R.H.: Cada organización hacía un orden único. Se hacían primero listas por cada organización y luego una lista conjunta. En base a eso no había ningún inconveniente en que si el plan comprendía cincuenta, cien, veinte o diez compañeros, automáticamente quedara establecido quiénes eran los que estaban incluidos.
    P.: ¿Con cuántos días de anticipación el. grupo de responsables da a conocer la operación?
    M.A.B.: La gran mayoría se entera el mismo día.
    A.M.C.: Hay que diferenciar: había compañeros que operaban y los que no operaban; pero realmente a la gran mayoría se les avisó el último día.
    P.: ¿Cómo fue el dia de la fuga, y las vísperas?
    R.R.H.: En los períodos previos hubo una sucesión de reuniones entre las tres organizaciones responsables. Se llegan a largas, larguísimas horas-hombre de reunión, hasta el momento del operativo. Si no me equivoco la primera fecha fue el 6 de julio.
    M.A.B.: Casi ya ni me acuerdo.
    R.R.H.: Yo me acuerdo que tenia un seis. No se había elegido un día especial, podía ser un día cualquiera: se tenían en cuenta una serie de factores externos aunque había condiciones internas que eran también determinantes; por ejemplo, el día domingo había menos personal en el penal. Para el seis teníamos adentro todo listo, pero se fue postergando. Entonces perfeccionamos el plan. Del 6 de julio al 15 de agosto hay un mes y días, en los cuales juntamos nervios, pero también hicimos ensayos, preparamos los materiales, simulacros de operaciones. Bueno, ahí se hicieron las más diversas tareas, desde mecánico, afilador en grado de oficial, hasta costurero.
    M.A.B.: Costurera y costurerita. R.R.H.: Los yugas miraban con atención lo que hacíamos; especialmente en los días previos, aunque no creo que se imaginaran de qué se trataba.
    M.A.B.: Era realmente un ejército que se estaba preparando.
    R.R.H.: Eran doce o trece grupos operativos.
    M.A.B.: Y la disciplina que tenían los compañeros, independientemente de las organizaciones a que pertenecieran, porque eran equipos mixtos. Se evidenciaba un trabajo político muy homogenizador, un clima político muy bueno, pese a que participaban organizaciones con diferencias políticas.
    R.R.H.: Así se motivó la discusión de temas muy importantes, como la confluencia entre Montoneros y FAR, y la relación con organizaciones no peronistas.
    M.A.B.: Doce horas por día discutíamos. Había un grado de elaboración muy grande ante la perspectiva de que íbamos a salir. Y queríamos salir homogeneizados entre nosotros y con una posición clara hacia las otras organizaciones, las peronistas o no peronistas. El trabajo político que se venía haciendo, creo que posibilitó la fuga porque sin ese trabajo político no hubiese sido posible. Si la fuga era y fue posible, fue también posible por eso. No sólo a todas las condiciones militares que hacen a la planificación. Sino sobre todo a las condiciones políticas.
    P.: Es decir: fue un hecho politico-militar.
    M.A.B.: Sí, es la demostración de que en un hecho político-militar, lo uno no está desvinculado de lo otro.
    R.R.H.: Se llegó a un grado muy grande de integración, aun siendo compañeros de distintas organizaciones. Por la práctica, en la que las tres funcionó la disciplina, la organización y los principios de conducción militar. En ese sentido fue una identificación muy grande; después de la masacre, ninguno de nosotros podía hacer una distinción entre un compañero del ERP, de Montoneros, de las FAR, caído ahí, el 22 de agosto. Y allí tuvo que ver, como dice María Antonia, la discusión política. De resultas de eso, de la discusión conjunta, por ejemplo, entre las FAR y Montoneros salió el documento «Opiniones sobre los problemas centrales de la guerra revolucionaria en esta etapa» que luego se le dio el nombre de «El Balido», porque en Rawson todos los días comíamos carne de cordero.
    P.: Bueno, volvamos a Rawson, entonces.
    M.A.B.: El día X, era conocido por muy pocos compañeros. Cuando informamos cuál es el día, se decide establecer un comando unificado: cesaban todos los vínculos orgánicos y se respondía a ese comando, que reemplazaba a la coordinadora de las organizaciones que intervenían.
    R.R.H.: Había un responsable de la operación, un segundo y demás.
    A.M.C.: A partir del mismo día de la operación, cesaron todo otro tipo de actividad y solamente funcionaban los grupos operativos, afinando los últimos detalles. Bueno, ya prácticamente estábamos por salir.
    R.R.H.: Resulta que cuando ya se iba acercando la hora, había un montón de recomendaciones como llevar calzoncillos largos porque hacia frío, días antes había nevado.
    A.M.C.: Por si uno se perdía por ahí.
    R.R.H.: Ir bien calzados, bien bañaditos; limpios. No ir con el estómago lleno. A mediodía, para colmo, llegó un asado de carne de vaca, como nunca habíamos comido. Comimos, poco: había gran tensión en los momentos previos, como en cualquier operación, sumado a un mes de expectativa.
    M.A.B.: Había un grupo que eran los felices sin preocupaciones y los felices con preocupaciones, que eran los que estaban enterados de la operación.
    R.R.H.: En los momentos previos a la operación, cada cual estaba caracterizado, o se preparaba según las funciones que tenia que cumplir. Me acuerdo que el Gallego —Mariano Pujadas—, tenía unos biqotazos enormes y lo veo aparecer en la celda sin bigotes, era una figura totalmente desconocida.
    MAB.: Vino y le decimos: «¿Vos quién sos?». «Soy Mariano». «No».
    R.R.H.: Se hicieron hasta corbatas. Hermosas corbatas hechas por nosotros.
    M.A.B.: Y nosotros tejiendo pullovers.
    R.R.H.: Pullovers negros, de cuello alto que era parte del uniforme que utilizaba el personal de Institutos Penales.
    A.M.C.: Y boinas también.
    R.R.H.: Y los escudos blancos que llevan. Se arreglaron trajes de oficiales del ejército. Cintos, cartucheras.
    A.M.C.: No vale la pena nombrarlos a todos. La operación tenía prevista dos anuncios, dos señales que confirmaban que estaba todo listo dentro y fuera del penal. La primera era a las 16 horas; la segunda a las 18. RRH: La hora estaba determinada por el momento de partida del avión de Buenos Aires. Era el indicador para dar la primera señal. Que fue a las 16.20.
    P.: ¿Y el otro a las 18?
    M.A.B.: Que llegó a las 18.22. Ya se estaba por levantar la operación, porque el lapso de tiempo que duraba, tenia que ser calculado en relación a la hora de salida del avión, la operación adentro del penal demoraba su tiempo y el traslado del penal hasta el aeropuerto y la toma del aeropuerto, era otro tiempo. Así que no se podía pasar de un determinado margen, era otro tiempo. Así que no se podía pasar de un determinado margen; si no, nos quedábamos sin el avión. Por eso casi se levanta, empezó a último momento.
    A.M.C.: Fueron los momentos de más tensión.
    R.R.H.: Todos éramos concientes del riesgo que se corría. Valorábamos que de encontrarnos en un lugar desguarnecido donde tuviéramos que enfrentar a las fuerzas de represión, era segura una ejecución, una masacre, ahí, en el campo.
    P.: ¿Cuántos efectivos tenia el asentamiento represivo?
    R.R.H.: Sumando las tropas de Trelew y las que estaban asentadas en Rawson, era alrededor de 1.000. Infantería de Marina y 200 hombres de Gendarmería.
    A.M.C.: También había un pelotón de unos 60 hombres del ejército a dos cuadras del penal.
    R.R.H.: En fin, todo esto hacia que los momentos previos a la operación fueran muy largos. La señal tenía que llegar a las 18; se esperó hasta las 18:05, luego hasta las 18:10. No pasaba nada. Hasta las 18:15 y tampoco. Hasta las y dieciocho las y veinte, y hasta y veintidós.
    M.A.B.: A las y veinte ya se levantaba y entonces se dijo: «Bueno, cinco minutos más». Y en esos cinco minutos llegó la señal.
    R.R.H.: Se largó sobre la hora. Ya estábamos en el límite de la flexibilidad.
    P.: ¿Cuánto tiempo duró la operación adentro?
    M.A.B.: Creo que en total no Dasaron de 10 a 15 minutos, porque cuando se van, son más o menos las y treinta y cinco.
    R.R.H.: Primero hubo cinco minutos que perdimos en la iniciación, por que se extravió una llave. Desde las seis y media, hasta las siete que se fueron los compañeros de la vanguardia, es media hora o veinticinco minutos. A las siete menos cinco, se habrían ido.
    A.M.C.: Pienso que el copamiento debe haber durado entre 10 y 15 minutos. Después hubo minutos de espera, por el problema de que no entraban los camiones. Pero el penal ya estaba copado.
    R.R.H.: El grupo que iniciaba la operación, partió del último de los pabellones. A partir de ahí fue una sucesión de toma de puestos. Se tomaron concretamente cuatro puestos, que controlaban respectivamente dos pabellones cada uno. A medida que se iban tomando, se reemplazaba al personal del penal por compañeros nuestros. Después seco- . pó la sala de biblioteca y un aula que quedaba a la izquierda del pasillo central.
    M.A.B.: Hasta llegar al centro neurálgico, que era todo el pasillo de Dirección, donde estaban las oficinas y, sobre todo, la sala de armas. Porque hasta ese momento era todo personal desarmado el que se reduela.
    R.R.H.: Primero se tomaba la sala de armas, en la cual había alrededor de 20 guardias armados. El copamiento se hizo con la participación de un compañero que estaba vestido con un uniforme de capitán del ejército. Previamente, al subir a la sala de armas, se copó una pequeña salita de guardia que hay junto al hall de entrada al penal; allí había dos guardias también armados. De la salita de guardia, por una escalera, hasta la sala de armas. Ahí se irrumpió. Todos se quedaron inmovilizados.
    M.A.B.: Simultáneamente se copa la conserjería. Allí se produce un enfrenamiento.
    A.M.C.: Cuando se daba la voz de alto a cualquiera de los integrantes de la fuerza represiva y la orden era acatada, no pasó nunca nada. Dicho de otra manera: cuando hay resistencia por parte de ellos, no queda otra posibilidad que hacer fuego, considerando que es personal armado. Los guardias que estaban armados recibieron la orden de rendición y se resistieron haciendo fuego. El copamiento de la conserjería, era determinante de las posibilidades de salida, la responsabilidad de los compañeros era grande, si se quería salir había que asegurar ese copamiento. Después se tomaron algunos puestos de vigilancia, los que daban hacia el frente: el resto quedaba con personal del penal porque no tenían visión directa. Los puestos que daban al frente, si; podían ver perfectamente ¡ la entrada de los camiones que tendrían que haber venido a buscarnos.
    M.A.B.: Todo salió como se esperaba, salvo la parte de los vehículos.
    R.R.H.: Para completar el copamiento, nos falta decir que inmediatamente después que se toma la sala de armas, se realiza el copa-miento de los puestos 1 y 11 de la pasarela. También de lo que se llamó talleres que eran galpones de dos cuadras donde estaba asentado el personal de retén, doce o quince guardias armados en condiciones de entrar en acción si no eran dominados.
    P.: ¿Cuántos hombres fueron reducidos?
    R.R.H.: Haciendo una estimación muy gruesa: sesenta, setenta personas.
    A.M.C.: Puede ser, porque las previsiones fueron superadas en muchos casos: donde se pensaba encontrar cinco, habfa diez o quince.
    P.: ¿Cuándo salen se encuentran con que no tienen los vehículos para irse?
    A.M.C.: Tomado el penal, se hacia una señal e ingresaban cuatro vehículos: una camioneta, dos camiones y un auto. El único que ingresa es el auto; el compañero que entra nos informa que los vehículos están y que vienen para el penal. Se llaman taxis, de todas maneras. Cuando se ve que se empieza a hacer demasiado tarde, se decide que parta el grupo de vanguardia hacia el aeropuerto, para asegurar su copamiento.
    M.A.B.: También salen para buscar los camiones y mandarlos enseguida.
    A.M.C.: No los encuentran, en cambio se cruzan un par de veces con un patrullero que le da la voz de alto, a lo cual un compañero que está vestido como oficial del ejército, contesta haciendo la venia, y siguen.
    M.A.B.: En el auto iban siete compañeros.
    A.M.C.: Los demás siguen esperando a los camiones. Llegan los taxis de la zona; se los hace ingresar, se reduce a los conductores. Como los camiones no llegan se decide iniciar la retirada, porque ya había habido problemas en la conserjería.
    M.A.B: Estábamos a dos cuadras del Ejército y rodeados por un barrio de oficiales del penal: no era el mejor terreno.
    A.M.C.: Además a las 19.30 se realizaba el cambio de guardia, empezaban a llegar los celadores en reemplazo de los que estaban adentro. Entonces se decide empezar la retirada en los tres vehículos. Para eso se respetó la lista de que hablábamos antes, la lista de prioridades. Sube un total de diecinueve compañeros. A esa altura, se daba por fracasado el intento de una fuga masiva, que era el plan máximo de la operación.
    M.A.B.: Eso siempre se había hablado. En toda operación pueden producirse imprevistos; el criterio era que se fuera siempre la mayor cantidad de compañeros posible. Pero siempre, aunque se fueran solo algunos, era también importante.
    A.M.C.: Se da la orden de marchar hacia el aeropuerto. Salen en caravana un Valiant y dos Falcon; los manejaban los propios dueños, porque ninguno de nosotros conocía la ruta como para hacerse cargo del volante. Salimos a las 19:20 y llegamos a las 19:45. Me acuerdo que llegamos al aeropuerto y escuchamos el despegue del avión.
    M.A.B.: No sólo eso, sino que se lo vio. Yo por lo menos lo vi.
    A.M.C: Eso suscitó bromas después, cuando estábamos en la base, antes de la masacre. Decíamos: «¿Aviones? Aviones hay muchos», copiando una propaganda de un tipo que pierde un avión, pero por otros motivos.

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