Bolivia es el país de la revolución permanente. Su frágil estructura económica y su particularísima historia política así como esa especial concepción de la vida que posee la milenaria raza de bronce hacen que la tragedia reine en la vida civil hasta límites difíciles de comprender a veces para el hombre de la llanura.
No le bastaba a la historia boliviana contar con una impresionante lista de luchas civiles con incontable número de muertos, debió llegar también a incluir en su crónica el colgamiento de un Presidente (Villarroel) en plena plaza Murillo, en La Paz. No le bastaba a esa historia ni siquiera sus propios muertos, debió agregar además al Che Guevara.
Y como si todo eso no bastara agrega ahora a esta lista que no parece tener fin al Coronel Andrés Selich, aquél a quien el Che escupió en la cara porque lo quiso interrogar (ver recuadro).
Pero, ¿qué está pasando hoy en Bolivia? El presidente Banzer accedió al poder con fuerte apoyo brasileño. No es secreto para nadie que la cabeza del complot que expulsaría del poder al ex presidente Torres estaba en la ciudad de Santa Cruz oriente boliviano próximo a la frontera con Brasil, desde donde recibían armas y dinero. Allí estaba el Estado Mayor contrarrevolucionario integrado por Mario Gutiérrez (falangista, hoy Canciller), Selich y el propio Banzer.
La base de poder de Banzer es la alianza falange-MNR hoy muy deteriorada por la naturaleza antagónica de estos partidos políticos, que sólo por un increíble oportunismo de Paz Estenssoro, otrora líder indiscutido del Movimiento Nacional Revolucionario, pudo concretarse. El deterioro de esa alianza, el rechazo popular a la cruel dictadura proimperialista y la acción silenciosa pero fecunda que realizan en el exilio un importante grupo de revolucionarios, así como también el cambio de relación de fuerzas que se opera en el Cono Sur con el acceso del peronismo al poder en nuestro país, ha debilitado a tal punto la situación de Banzer que ha forzado a éste a buscar su reacomodamiento a la nueva situación y a sus mandantes (la rosca boliviana y el imperialismo) preparar el relevo de la guardia.
Para salvar su pellejo Banzer está dispuesto a mucho, como lo ha demostrado con la liquidación «por accidente» de su otrora socio y agente brasileño, coronel Selich. Pero por más que haga difícilmente satisfaga a sus patrones, los que, con igual ferocidad a la que él suele utilizar, lo desplazarán inexorablemente.
En la hora actual la rosca boliviana y el imperialismo deben dar una imagen distinta a la del sangriento Banzer. Es menester «democratizar» la vida política boliviana si no serán sepultados por la revolución en marcha. Para ello sustituirán sin duda a Banzer por otro dictador de mejores modales e inclusive pueden llegar a prometer elecciones.
Todo esto es bien conocido por los jefes revolucionarios. Uno de los más importantes de esos jefes está en Buenos Aires. Lo ha traído el histórico acto del próximo 25 pero también, seguramente, gestiones secretas tendientes a apurar el paso hacia la toma del poder para el pueblo. EL DESCAMISADO conversó en forma exclusiva con el General Juan José Torres, ex presidente boliviano. A continuación el contenido de esa conversación.

«He venido a Buenos Aires por dos motivos. Para entrevistarme con mis compatriotas, lo que ha sido un éxito. Todos ellos participan de la angustia que tenemos todos los bolivianos de llegar a un proceso de liberación, recuperando el poder para el pueblo».
«El segundo, compenetrarme personalmente de esta alegría del pueblo argentino tan importante para América latina y especialmente para el cono sur».
Distinto al acento malagueño de los cubanos, el castizo español del ex mandatario se esparció por el cerrado ambiente. Señaló las pautas y similitudes históricas entre nuestros dos pueblos. Condenó el poder de las oligarquías del continente y particularizó la entrega total al imperialismo norteamericano, que efectúa el actual gobierno de Bolivia, de las riquezas de su pueblo.
«La caída de mi gobierno popular no podía haberse efectuado sin el apoyo directo de las fuerzas más reaccionarias de Brasil y EE.UU. Guiados por las agencias que EE.UU. tiene desparramadas por el continente y con la complicidad de una pequeña minoría de militares, que todos conocemos, cumplieron el objetivo que se habían propuesto, derrocarme. Otras causas inmediatas a este hecho, podemos verlas en las contradicciones creadas en el territorio nacional, por las medidas revolucionarias adoptadas por mi gobierno. Tales como la recuperación total de las riquezas que fue y es la única forma de llegar a una independencia total. Es decir, devolverle al pueblo boliviano, lo que le pertenece».
Siempre moderado, rechazando un cigarrillo, continuó diciendo pausadamente: «Durante mi gobierno no hubo manifestaciones estudiantiles en contra, hoy no se puede decir lo mismo». Refiriéndose a los trabajadores bolivianos, dijo: «Si bien no tuve ningún ministro obrero en el gobierno, puedo decir que toda la clase trabajadora estuvo con nosotros. Basta recordar el significado y sus derivaciones cuando la creación de la conocida Asamblea Popular, promovida por las bases y alentada por nosotros».
Encajado dentro de un desmesurado sillón de cuero, susurró: «Los militares en mi país se dividen en dos, el pueblo y los oficiales. La educación de estos últimos es netamente apolítica. Este tipo de formación no puede sino servir a los intereses antinacionales. Nosotros dispusimos de muy poco tiempo para cambiar este estado de cosas. Algo hicimos, los resultados se verán muy pronto».
Enjuiciando severamente el anticomunismo imperante en las fuerzas armadas de su país, agregó: «La intensa campaña orquestada desde que ingresan como cadetes a la escuela militar, hace que los oficiales interpreten toda medida popular como una enajenación a potencias extracontinentales, a todo postulado de liberación».
Evitando abrir juicio político sobre el «accidente» acaecido al coronel Andrés Selich, dentro de su natural tono monocorde, pontificó, que «aún tratándose de un enemigo, prefiero no hablar para no profundizar el dolor de sus familiares». Luego de esta respuesta marginal, se volvió al tema de su corto y convulsivo mandato presidencial.
«Nosotros hacíamos una revolución de liberación manteniendo nuestras propias características. Queríamos hacer de nuestro país, una nación políticamente soberana, económicamente libre». Ante esta similitud con los postulados del Justicialismo, se le insinuó sobre la no movilización orgánica de las masas, durante su mandato. Y la relación de esta ausencia estructural, con su caída.
Hombre de reacción inmediata pero cauteloso, respondió: «En realidad el pueblo actuaba militantemente a favor del proceso y le daba el máximo de su respaldo, tanto en el sector minero, como los obreros en las fábricas y la masa campesina. En aquella oportunidad el pueblo boliviano no se expresaba a través de los dirigentes políticos, y la burocracia sindical desviaba hacia sus propios fines las inquietudes de las bases».
Al expresar su tesis con respecto a su violento desplazamiento, apuntó: «Nuestra caída significó también la muerte de cientos de bolivianos. Lo que se hace muy difícil es que el pueblo pueda hacer frente a una fuerza correctamente organizada poderosamente armada, sin contar con los medios necesarios para este tipo de situaciones». Agregó que «en realidad debo repetir, casi enfáticamente, que el pueblo boliviano participó activamente de mi gobierno, también lo defendió. Incluso puedo definir que el 21 de Agosto el pueblo cayó junto con el gobierno».
Con un dejo menos fatalista, se pasó al rol de las izquierdas, concretamente, en la Asamblea Popular que funcionó durante su gobierno. La señaló como equivocada «por cuanto pretendieron copiar con moldes, experiencias realizadas en otros países, en vez de dar un respaldo efectivo al gobierno. Se pretendía con la Asamblea, crear un poder dual. Algunas de estas organizaciones, integrantes de la mencionada Asamblea Popular, lo único que dieron, fue su apoyo crítico». Las insinuaciones sobre los aspectos positivos en este tipo de sostén, quedaron flotando junto con la densidad del humo de cigarrillos consumidos a fondo.
Pasando al segundo motivo de su visita. Más relajado, aclaró, «Para la Argentina, el retorno del Peronismo al poder, significa la oportunidad de emprender definitivamente el camino de su liberación. Este triunfo, de todo el pueblo argentino, es el mejor homenaje a su conductor y líder, al General Perón. Espero poder personalmente expresar mis saludos al presidente elector Dr. Héctor J. Cámpora».

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