El 17 de noviembre de 1972, cuando regresaba luego de 17 años de exilio al país, el General Juan Perón estaba aceptando un desafío que tomaba la forma de una provocación. El 13 de julio de 1973, al enfrentar la maniobra desplegada por José López y una parte del aparato sindical, contesta a un desafío que se parece también a una provocación.
En aquel momento, al jefe del movimiento peronista le “da el cuero” y su retorno convierte la trampa electoral montada por Alejandro Lanusse —el representante más lúcido promovido por la oligarquía desde 1955— en una victoria popular. En estas circunstancias, el General intercepta el intento de desvirtuar el plan estratégico fijado con Cámpora, según explicara claramente en su mensaje del 13 de julio.

  • LOS ANTECEDENTES
  • No es la primera vez que fuerzas sindicales se oponen a las acciones trazadas por el Comando Superior. Ya en 1964, la total inoperancia de los entonces dirigentes de las “62” esterilizó el esfuerzo emprendido por el General Juan Perón el 2 de diciembre. El Líder había insistido en que concretaría su retorno en el curso de aquel año y no tuvo más respuestas que las débiles desorganizadas concentraciones de la Juventud El poderoso aparato sindical no decretó huelga ni convocó a las multitudinarias movilizaciones que había prometido. Mientras el general era encarcelado en el aeropuerto brasileño de El Galeao y mantenido a fuerza de metralleta en el avión, la “Comisión Organiza-dora de su Retorno a la Patria” enviaba algunos mensajeros a los países limítrofes y recomendaba al Pueblo, desde la sede del sindicato gastronómico de Capital, “no comprar café brasileño” con el fin de boicotear ¡a economía del país que lo había apresado. Algunos meses antes, sin embargo, el Plan de Lucha de la C.G.T. había ocupado por primera vez en la historia de la Argentina todos los estable límenlos fabriles.

  • RODOLFO ARCE Y AUGUSTO VANDOR
  • En esos años la robutez del aparato gremial empalmaba con la lucidez de uno de sus más astutos hombres: Augusto Timoteo Vandor. El secretario general de metalúrgicos, cuyo control de una gran cuota de la rama política del Peronismo aparecía inconmovible, había afirmado: “Si Perón regresa quedará en nuestras manos, porque somos la fuerza mejor organizada del movimiento. Y sobre nosotros recaerá, además, el mérito de haberlo traído. Si eso no sucede, sobre Perón caerá exclusivamente la culpa de un compromiso frustrado”. En efecto, algunos meses más tarde, en la ciudad de Avellaneda, un congreso histórico convocado por ellos, proclamaba la consigna de “estar contra Perón para salvar a Perón”.
    También en aquellos días, la Unión Obrera Metalúrgica postularía para las elecciones en la provincia de Mendoza a un candidato repudiado por Perón: el Dr. Alberto Serú García. Sólo la presencia en el país de Isabel de Perón impediría la concreción de la maniobra, resultando triunfador el compañero Corvalán Nancíares.
    En la Capital, mientras tanto, el ahora diputado nacional Rodolfo Arce, de Necochea, se instalaba en la sede de la UOM para recibir telegramas de adhesión en favor de su candidatura. En su provisorio escritorio, Arce acumuló una lista de telegramas de sociedades de fomento, escuelas, unidades básicas inexistentes, para demostrar a Vandor que el Pueblo de su localidad ansiaba verlo en la Cámara de Diputados. La historia, sin embargo, le fue adversa: nunca ganó una elección en Necochea.
    Los continuadores de aquella política —como el propio Arce— se volverían a reunir el 13 de julio. Antes sufrirían el deterioro de sus organizaciones, cada vez más alejadas del Pueblo y de las movilizaciones de la clase trabajadora. Convertirían sus despachos en locales lujosos, decorados. Vestirían como los representantes de la patronal, esforzándose por cambiar el reloj cuando ellos lo hacían, por frecuentar los “boliches” que ellos recomendaban, por tener en sus gremios los automóviles que ellos usaban. Un periodista sintetizaba la situación contando cómo Rogelio Coria, de la Construcción, pavoneaba ante él su colección de corbatas compradas en Europa.
    Claro que no cambiaron sólo sus gustos. También se modificó su conducta hacia el conductor. Hablarían de Perón en términos peyorativos, aunque cuidarían su lenguaje en público. Pero “Perón está chocho”, confesarían en voz baja, insultando por la condena de Madrid a su entrevista con el premier Onganía, que además de andar en carroza por la Sociedad Rural Argentina sabía imponer el saco y la corbata a los gremialistas que hacían antesala para vi-vitarlo.
    Entonces pocos eran los que se animaban a viajar a Madrid, cuidadosos de mantener una cada vez más jugosa “fuente de trabajo”. Es que la normalización de la Central Obrera era complementaria de la futura sanción de la ley 18.610, por la cual los sindicatos inauguraban la administración de los aportes sociales. Miles de millones que habrían de incidir, naturalmente, en su línea política, disfrazada aún de una proclamada ortodoxia peronista que hacía tiempo habían dejado de sentir.
    En ese sentido, cuando arreciaba la congelación dictada por el ministro Krieger Vasena, el secretario de la Federación de Prensa, Manuel Damiano, declaraba luego de mantener una reunión con Onganía que “el presidente había demostrado sensibilidad social” El primer representante de la Revolución Argentina terminaba de rechazar en esa entrevista un pedido de aumento de salarios elevado por la C.G.T…
    Damiano se encargaría de arrojar más tarde otras explicaciones sobre la conducta gremial. En una “sencilla y emotiva ceremonia”, homenajeaban a Francisco Manrique como “el mejor periodista del año”. Los gremialistas ungían a Perón en sus discursos y lo traicionaban reiteradamente en secreto.
    Es que la fuerza sindical ensalzaba por un lado y concretaba mejoras por otro. Claro que esas conquistas no eran precisamente para sus representados. El manejo sindical de los aportes obreros y empresarios para la obra social los llenaría de 150 millones de dólares al año, con los cuales financiarían su silencio y cobardía ante la dictadura militar.

  • EL 17 DE NOVIEMBRE
  • La presencia del General Juan Perón en la Patria culmina una etapa de la lucha por la recuperación del poder popular en la Argentina.
    Meses antes, Alejandro Lanusse había presentado una “primicia” ante sus pares de las Fuerzas Armadas: un agente de los servicios de informaciones había conseguido la Historia Clínica de Perón, depositada en la Clínica Urológica del Dr. Antonio Puigvert, en Barcelona. En la misma se afirmaba que Perón tenía sólo un año de vida. El posterior desencanto de Lanusse se debió a una contramaniobra del “viejo”: enterado por Puigvert que Lanusse quería conocer su salud por un millón de pesetas, encomendó que le falsificara su contenido y que “lo matara” en un breve plazo.
    Detrás de la anécdota, adquiere cuerpo la conducta operativa del General Perón: no poner el pecho a una embestida, sino encaramarse sobre ella a fin de neutralizarla y de aprovecharla simultáneamente para los propios objetivos.
    El retorno del General Perón se produce como estaba previsto por la conducción táctica. Héctor J. Cámpora había reiterado la decisión del conductor de regresar durante el mes de noviembre, pese a las amenazas que contra su vida efectuaban algunos sectores del gorilaje
    Las direcciones gremiales, que conocían la voluntad del conductor por su propia voz, prometen nuevamente una movilización que no concretan y ponen trabas a las comisiones que se preparan para el recibimiento. Además de imprimir alguna cantidad de murales y volantes, los gremios se niegan a realizar otros aportes. Ningún ómnibus ni micro se puso al servicio de la movilización del 17 de noviembre. Incluso sus propuestas apuntaban a lograr el aterrizaje de Perón en otro aeropuerto que no era Ezeiza.
    La movilización masiva del Pueblo se produjo pese a la falta de apoyo de estos sectores, poniendo de manifiesto la capacidad de convocatoria de los cuadros jóvenes, que habían levantado sin titubeos la consigna de Perón Vuelve. Las dudas de los cuadros gremiales corrían parejas con el temor de eventuales represalias si participaban de los hechos. “Los sindicatos no pueden hacer política”, había sentenciado Lanusse, y los dirigentes quizás lo recordaron cuando su imprevista decisión de convocar a un paro nacional el 17 se trastrocó en un feriado- oficial.
    No obstante el cerrado dispositivo de seguridad montado por la dictadura alrededor del aeropuerto, los miles de contingentes peronistas avanzaron hasta casi el lugar del “arribo. Decenas de kilómetros bajo la lluvia, voces que contestaban los ataques represivos sin desfallecer, cientos de compañeros que se anudaban para cruzar, con el agua a la cintura, el río Matanza; corridas, dispersiones y nuevos agrupamientos para seguir por la ruta inédita, ignorada, que culmine en el aeropuerto, rodearon la iniciativa revolucionaria de Perón, cuando tocó después de 17 años el suelo argentino.
    En la marcha esforzada hacia Ezeiza no hubo brazaletes de la Juventud Sindical, ni de la C.N.U., ni de los resucitados comandos de la resistencia. Para enfrentar las bombas de gases y las balas de la represión sólo los “muchachos” y “algunos viejos”, que desde la noche anterior concentraban su ansiedad, su esperanza y su coraje en los barrios de la capital y del Gran Buenos Aires. Los “troskos”, como ahora llama Osinde a los miembros de las formaciones especiales, tomaban ubicaciones estratégicas, concentrados en distintos barrios para salir a defender a Perón si era necesario. Una tensa vigilia en armas, alrededor del Aeropuerto de Ezeiza, contrastaba con los saltitos de José Rucci, quien corría a dar amparo con su paraguas al General Juan Perón. Para los trescientos invitados del aeropuerto, decenas de miles de manifestantes en las calles y centenares de combatientes en las casas para defender la integridad de Perón.
    Ante la pregunta insolente del jefe de la base de Ezeiza (¿VA A BAJAR, SEÑOR?), el General contesta: “Y si no, ¿para qué hemos venido, m’hijo?” Luego en el hotel derrocha iniciativa, humor, a la vez que una inmensa tristeza por no poder abrazar a su Pueblo. Por esa razón se niega a hablar con los periodistas; antes debe tomar contacto con sus “grasitas”. Su intransigencia con la dictadura, por otra parte, es total: Ezequiel Martínez, enviado junto a Edgardo Safan para entrevistarlo en nombre de la Junta de Comandantes en Jefe, es recibido en el hotel por el doctor Héctor Cámpora. Perón no tiene nada que hablar.
    Un cerco armado se tiende alrededor del hotel, luego que Perón decide ir a su domicilio. Cámpora se manifiesta allí entero y decidido. Apoya todas las decisiones de Perón y denuncia los hechos a todo el periodismo. Su coraje voltea la historia de los “rezos a la virgen”, cuando estaba detenido en Rawson el año 1956.
    En una reunión previa al retorno, el Consejo Superior había obligado a Julio Romero, actual gobernador de Corrientes, a admitir que sostenía tratativas con Lanusse. De esta manera, comunica que hay un solo canal para negociar con la dictadura impidiendo la proliferación de los “contactos militares” de los grupos sindicales del Movimiento.
    Claro: los dirigentes dudaban del retomo de Perón. El aceitero Estanislao Rosales, del cual dicen que en Ezeiza el 20 de junio se quedó ronco al grito de “Patria Perónista”, no estaba entonces muy seguro y, por las dudas, mantenía relaciones con el coronel “Vermichelli”, que meses antes había viajado a Madrid. Rosales informaba de las reuniones en Madrid entre el General y los sindicalistas. Una actitud precisamente no contradictoria con la “parálisis” gremial del 17 de noviembre.
    Mientras, el teniente coronel Jorge Osinde, delegado militar de Perón, mantenía con los cuadros militares una fluida relación. Empezó proponiendo desviar el avión hasta la ciudad de Carrasco y terminó consiguiendo una batería antiaérea alrededor de Gaspar Campos, cuando repetía por su cuenta “del trabajo a casa y de casa al trabajo”. Es que para Osinde, encargado de la seguridad de las casas, más importante que la presencia del Pueblo era el aislamiento físico de Perón.
    Orgánicamente, la respuesta del Movimiento no fue la que se necesitaba. Incluso, a poco de crearse, fueron desmontadas las Comisiones de Movilización, un instrumento idóneo para recuperar desde los barrios la movilización que las circunstancias exigían.
    Un papel principal en la movilización para el retorno del General Perón lo constituyó el accionar de la Juventud Perónista. Los jóvenes habían levantado la consigna “Luche y Vuelve”, y el estribillo se contagió al conjunto del Movimiento. Sus efectivos, ocupados intensamente de la campaña, estuvieron a la vanguardia de las movilizaciones, poniendo a prueba un dispositivo que se incrementaría cualitativamente durante la campaña electoral.
    ¿Qué caracterizó la posición de estos sectores sindicales? Principalmente la reticencia, el escepticismo e inclusive la abierta oposición al operativo.

  • EL 15 DE DICIEMBRE
  • En ese día se realizó el congreso del Partido Justicialista para elegir los componentes de la fórmula presidencial El plenario señaló las tendencias concurrentes al proyecto presentado por el Dr. Héctor J. Cámpora, quien a la vez había recibido instrucciones precisas del General Perón, y las que plantearon “ortodoxamente” la candidatura de Perón. Entre estos últimos se encuadraban los representantes gremiales, no por defender al líder (Rogelio Coria, el portavoz sindical, había declarado hacía algún tiempo que él “acataba la doctrina pero no a Perón”), sino por asumir una postura oportunista. Entonces se conocía la decisión del General Perón de renunciar a la candidatura (estaba en la ciudad de Asunción del Paraguay) y su anuencia para la postulación de Cámpora.
    Se afirma, incluso, que alguno de ellos sugirió, ante la necesidad de presentar en dos días el nombre del candidato, la posibilidad de la proscripción de la fórmula. El repudio gremial a las conclusiones del congreso alcanzó también a la agresión física contra Cámpora. Cuando se retiraba, la custodia de José Rucci se abalanzó contra el delegado personal de Perón y lo encañonó, acusándolo de servir al “trotskismo”. Ante la firme actitud de Cámpora, quien los enfrentó decididamente, golpearon salvajemente a parte de los delegados de la reunión.
    La otra inquietud del ala sindical consistía en lograr que los congresos provinciales lanzaran sus propias candidaturas para las gobernaciones, cámaras y concejalías. El objetivo era reducir la disputa a términos provinciales, donde finalmente podrían imponer un mayor peso a las designaciones. Entre los que suscribían la posición de los sindicalistas sobresalía Norma Kennedy, quien después tendría gran responsabilidad en los sucesos de Ezeiza, y Victorio Calabró, un dirigente metalúrgico que proviene de la antigua UCRI, hoy Movimiento de Integración y Desarrollo, era en un tiempo único secretario de la Unión Obrera Metalúrgica que ascendió sin comulgar con el peronismo— y que durante el último mes luchó revolucionariamente por conseguir la conducción de tres instituciones de la provincia de Buenos Aires: el hipódromo (los “burros”), el casino (los “mangos”) y la policía (“la impunidad”).

  • LOS SUCESOS EN MADRID
  • El último 29 de abril, en una reunión realizada en Puerta de Hierro, un conjunto de desprestigiados activistas rodeó al General Perón para alzar sus críticas contra Rodolfo Galimberti y Juan Manuel Abal Medina. Los denuestos llegaron al propio compañero Cámpora, que asistía también al debate.
    Al finalizar, López Rega hizo deslizar la posible renuncia de Galimberti a su función de consejero juvenil del Movimiento y la oficializó al día siguiente frente a la prensa sin que el renunciante tuviera noticias de ello.
    En esa reunión habían participado Jorge Osinde, Norma Kennedy y Manuel Damiano. Los primeros fueron encargados por José López Rega de la organización del acto para el retorno definitivo de Perón. El objetivo, con todo, era “limpiar a Abal Medina y debilitar a Cámpora”, fue cumplido a medias.

  • EZEIZA: 20 DE JUNIO
  • A las 1340 del 20 de junio, el puesto instalado frente al hotel de Ezeiza informó al palco oficial sobre la presencia de un par de automóviles con leyendas de FAR y MONTONEROS.
    Comenzó desde ese momento un acoso sistemático a la movilización que sólo terminó con el último balazo. A las 14.05 el mismo puesto comunicó que se aproximaba a la parte trasera del palco una columna de 2.000 personas con carteles de las Fuerzas Armadas Revolucionarias. Cinco minutos después, se advirtió sobre otra columna portando los mismos carteles. Otra indicación de un avance similar se produjo a las 14.25. Esta vez el grupo era de 10.000 montoneros.
    Minutos más tarde, cuando estos manifestantes llegaron al palco, fueron recibidos a balazos. Los hombres de Jorge Osinde apretaron el gatillo. Los del general Iñiguez —en las trasmisiones— dieron la señal. Con medios modernos de comunicación, con toda clase de armas acopiadas en los días previos. Con la misma alevosía con que mataron a los compañeros en Trelew o en el basural de José León Suárez.
    El mismo juego siniestro se repitió dos horas después. Los equipos de Iñíguez comunicaron la presencia de una columna con consignas de la Patria Socialista (era la columna sur de la Juventud Perónista); los de Osinde los ametrallaron al llegar.
    Después de los tiroteos, mientras el general Iñíguez se dirigía a Olivos para saludar al General, según dijo “La Prensa” del día siguiente, una docena de activistas del C.O.R., de la Escuela de Conducción Política y de los grupos de Lala García Marín aguardaban frente 3 la Casa de Gobierno.
    No había previsto allí ningún acto político y sin embargo a las 20 hs. se habían juntado con ellos unas 2.000 personas. De boca en boca se afirmaba que Perón estaba prisionero, se alentaba al público para tomar la Casa Rosada, se esparcían versiones sobre una conspiración trotekista. Los canales de televisión informaban sobre “grandes masas” que avanzaban sobre Plaza de Mayo.
    Naturalmente, quienes dirigían las maniobras sabían perfectamente que ello era falso, que Perón ya estaba con presidente Cámpora en la residencia de Olivos.
    El brigadier Appicella, jefe de la S.I.D.E. informó entonces que los grupos del ERP avanzaban sobre la sede el Poder Ejecutivo. El origen de esa versión aparece en el misterio, por así decirlo, aunque es seguro que no fue confrontada con la opinión del oficial del único patrullero policial que vigilaba la actitud de los manifestantes.
    Alfonso Cuomo y José Rodríguez, hombres del C.O.R. y guardaespaldas de Segundo Palma, secretario general de la Unión Obrera de la Construcción, entraron entonces a la Casa de Gobierno, cuyas guardias hablan sido reforzadas, vieron las ametralladoras y los soldados dispuestos para defenderla y emprendieron la retirada.
    Antes, en el Hotel Internacional de Ezeiza donde Jorge Osinde había instalado su Cuartel General, se había “detenido” a ocho manifestantes al acto de Ezeiza y propinado una brutal paliza.
    Las torturas, detenidas en parte por la presencia de Leonardo Favio, hablan cedido a una conferencia de prensa. Cuando Favio iba a comenzarla, le sugirieron discutir los temas previamente. Después del interregno, el director de “Juan Moreim” repitió que el culpable de los hechos era el Dr. Esteban Righi, Ministro del Interior.
    Las denuncias contra Esteban Righi y Héctor José Cámpora se multiplicaron en los días siguientes, en una campaña destinada a culparlos de una Matanza de la cual los responsables eran los mismos que impulsaban las acusaciones.

  • EL GOLPE DE LÓPEZ REGA
  • “La renuncia de Cámpora fue un trabajo nuestro que hemos hecho sin consultar al líder justicialista”, afirmó, el 14, el Ministro de Bienestar Social, José López. El secretario privado de Perón formuló declaraciones al retirarse de la finca de Gaspar Campos y agregó “que no tenía idea” sobre la fecha en que habrían de realizarse las elecciones.
    La confesión de José López sobre la autoría del golpe contra Héctor Cámpora y la misteriosa ignorancia sobre cuándo se efectuaría la compulsa electoral, fueron confirmadas por el secretario general de la C.G.T. Interrogado por los periodistas luego de culminar el 13 el “Plenario de Gaspar Campos”, José Rucci dijo que el hecho “estaba perfectamente concebido”.
    Momentos antes, en un dramático intento por legalizar lo que llamaron “el pedido del pueblo de Perón Presidente”, siete micros habían avanzado bajo una tina llovizna hasta la residencia. Los semi vacíos ómnibus de la Unión Obrera Metalúrgica habían comprobado la respuesta popular al agónico llamado de movilización lanzado por el aparato sindical. Eran cuatrocientas personas que disputaban las ventanillas de la derecha (por ese lugar se vería la casa) mientras el negro Corea intentaba desde la vereda coordinar las consignas voceadas por los manifestantes.
    Dejaban atrás una espera de casi dos horas, que se interrumpió cuando Duarte, quardaespalda de la seccional Saavedra de la U.O.M. recibió desde la finca la orden de dirigir con su Dodge Potara la entrada de los micros.
    Policías de la provincia de Buenos Aires, personal de la custodia, camiones afectados a los canales de televisión y una treintena de periodistas fueron los testigos de la ronda que se repitió varias veces a fin de aparentar un mayor despliegue de gente.

  • LAS DECLARACIONES DE ARCE
  • El día 29 de junio el diputado Rodolfo Arce había señalado en una presentación a la Cámara la necesidad de enjuiciar al presidente y al ministro del Interior (uno de los dos miembros del gabinete reemplazados luego de la renuncia de Cámpora) a fin de develar su participación sobre los hechos de Ezeiza.
    La nota de Arce iniciaba una sucesión de rumores y declaraciones del mismo tenor. El miércoles 11, el matutino Mayoría titulaba: “La Inoperancia es siempre negativa”, refiriéndose al estancamiento de los proyectos del gobierno.
    La situación penal, por otra parte, alcanzaba amplio despliegue en los medios periodísticos. La huelga de hambre de los familiares de los presos, los amotinamientos y las sucesivas fugas empalmaban con el desconocimiento confeso del responsable del área Dr. Antonio Benítez. El ministro de Justicia de la Nación afirmaba a la prensa “desconocer” lo que ocurría en los establecimientos penales. Las medidas de los internados creaban un ambiente de intranquilidad que era fácilmente perceptible.
    Mientras, grupos identificados con el aparato sindical seguían ocupando radios y establecimientos pese al pedido gubernamental y del movimiento de que cesaran esas acciones. En las tomas se ponía énfasis en la necesidad de defenderse contra la infiltración marxista y a veces se involucraba al Ministro del Interior en las acusaciones.
    La campaña de desprestigio llegó a extremos de levantar injurias brutales contra uno de los hijos del compañero Cámpora y se decía que se había presentado a Perón un informe sobre Cámpora con denuncias. El turco Velázquez, custodia de Lorenzo Miguel, llegaba a afirmar que ‘tenían fotos en su poder” que avalaban los rumores.

  • EL DÍA 13
  • En las horas de la mañana se comentó ampliamente las declaraciones pronunciadas por Victorio Calabró en la ciudad de Corrientes. El vice Gobernador de la provincia de Buenos Aires afirmaba en “Clarín’ que “estando el General Perón en el país nadie puede ser presidente de los argentinos más que él”. La sugerencia directa de Calabró pora que Campera dimitiera iba acompañada de una solapada critica contra el Gobernador Oscar Bidegain, al puntualizar que “había mandatarios provinciales disfrazados de peronistas que también debían ser barridos”.
    Como lo reconociera implícitamente por la noche José Rucci, al usar de la palabra en un acto en la sede de la U.O.M., esa declaración había anticipado los planes, ya que el pedido de desplazamiento de Cámpora había sido previsto para el día sábado.
    Al mediodía, mientras se tomaban algunas medidas de seguridad en la Casa Rosada, circulaba la versión de la inminente renuncia de Cámpora. Penize, un legislador nacional perteneciente al gremio metalúrgico, pedía por televisión movilizaciones espontáneas (no sabía quizás lo de los siete micros) y afirmaba que todo lo que se haría sena en el marco de la Constitución. También sostenía que “todo es espontáneo” mientras desde el Congreso llamaba al vicegobernador Cuello, de Santa Fe, pidiéndole “gente que venga a hacer un poco de barullo”.
    Nadie comprendía a qué se refería Penize, y un nuevo hecho sumó mayor confusión. En medio de los constantes flash televisivos sobre el pedido de la Central Obrera para la renuncia de Cámpora, se informaba que el senador Alejandro Díaz Bialet, presidente provisional del Senado, había solicitado una licencia con carácter de urgente. Curiosamente, Díaz Bialet debía ser el reemplazante natural de Cámpora según lo determina la Ley de Acefalia. Pero Díaz Bialet “tenía que cumplir una importante misión en el exterior, precisamente en el Brasil”.
    Al otro día sin embargo, se supo que la “misión encomendada por el Poder Ejecutivo” era a la República de Argelia y —para participar en la Conferencia del Tercer Mundo—, recién el 29 de agosto.
    A las catorce horas del 13 se animaba la idea de “montar un nuevo 17 de Octubre”. La versión cobró fuerza con las declaraciones efectuadas por José Rucci a las 17 horas; las Regionales de Mar del Plata y Rosario de la C.G.T. se adelantaban declarando un Paro General y revelando la existencia de un tácito aval de la conducción nacional.
    En esos momentos, un grupo ligado a la dirección central de la C.G.T. tomaba la sede de la regional cordobesa, cuestionando a los legítimos dirigentes y exigiendo a la vez la renuncia del Dr. Obregón Cano.
    A la tarde, “La Razón” informaba el pedido de Alberto Stecco, diputado gremial, de levantar la sesión de la Cámara por “los graves sucesos que estaban ocurriendo en el país”. El cronista acreditado en el Palacio Legislativo, consignaba el desconcierto que reinaba entre los legisladores, excepto los del sector sindical, “que parecían saber lo que pasaba”.
    En los diarios vespertinos se consignaba también que había en el gremio de Luz y Fuerza un pedido de la Central Obrera para imprimir volantes con la leyenda “Perón-Balbin”. Para ese tiempo varios puntos claves de la ciudad aparecían alfombrados de volantes de varios gremios llamando a la movilización. Estos volantes necesariamente fueron impresos mucho antes.
    A las 20.30 horas, en “calidad de miembro del Comando Superior”, Héctor Villalón llamaba a la movilización popular y acusaba al gobierno de “nepotismo, e inoperancia”. Pese a sus esfuerzos, Villalón, no pudo sumar más gente a los siete micros conseguidos.
    Una hora después, la Policía Federal instruía a sus efectivos a “facilitar la movilización del Pueblo” y “detectar los infiltrados”. Las Fuerzas Armadas estaban acuarteladas desde las 17 horas.
    A todo esto, se lanzaba por toda la ciudad volantes en apoyo de Jorge Osinde, maniobra que se completó el día siguiente mediante numerosas solicitadas en los diarios. Una de ellas firmada por “gente de la resistencia” entre los que figuran José Espejo y Borlenghi (hijo) desconocidos luego de 1955.
    Todos los ministros concurrieron a Gaspar Campos. Allí también estuvo Juan José Taccone, ex secretario de Luz y Fuerza, y los dirigentes de las “62” Lorenzo Miguel.
    Casildo Herrera y Arce.
    Al salir de la residencia, José Rucci (quien se mostraba alicaído), aclaró que no existía ninguna movilización dispuesta ni tampoco estaba previsto un paro general de actividades para el día 14. En esas declaraciones quedaban los intentos de una frustrada movilización popular y la resolución adoptada por Perón, en el sentido de impedir la realización de las concentraciones programadas que, por otra parte, no habían movido más que a los curiosos.
    Los esfuerzos imaginativos de Manuel Damiano al constituir el Comando Militar de las Agrupaciones de Prensa y defender las tareas provocativas de la C.N.U.; las declaraciones de Rodolfo Arce y Victorio Calabró; la presencia en el país de Héctor Villalón; las contradicciones para el relevamiento de Díaz Bialet; la campaña en favor de Osinde; los distintos pronunciamientos contra Cámpora de la C.G.T. y las confesiones de José López y José Rucci sobre “un hecho a espaldas de Perón” y “perfectamente concebido”, revelan que:
    1) Existió una conjura para reemplazar a Héctor Cámpora aún cuando éste lo haya deseado en favor de la conducción total de Juan Perón;
    2) Se montó una maniobra sucia sobre un legítimo anhelo del Pueblo Argentino y a expensas del delegado personal más leal que Perón tuvo jamás;
    3) Se pretende capturar la mejor cuota de una herencia que Perón no dejará para los amanuenses y los cipayos; primero, porque Perón no ha decidido cuándo ha de irse y segundo porque su heredero es el pueblo, que no acepta a cuatro logreros que pretenden el reemplazo.

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