• Aquellos años… Cuando la UOM dirigentes
  • “Los gorilas tomarán las paredes del sindicato, pero jamás podrán tomar las conciencias de los trabajadores.” Lo dijo un dirigente metalúrgico, Colace, pocos días después del 16 de setiembre de 1955. Cuando el gorila je vivía la furia de su odio al pueblo peronista. Es que la Unión Obrera Metalúrgica, poderoso bastión del peronismo, se negaba a tolerar la bota asesina. Gremio disciplinado, organizado, con miles y miles de afiliados, la UOM constituía un obstáculo en la política de represión ejercitada por la dictadura impuesta por la Fusiladora. El general Gallo, interventor de la UOM, se veía en figurillas para mantener a raya a “esos bandidos que todavía defienden al tirano”. En 1956, una huelga de los metalúrgicos conmueve al país. El paro se prolonga 45 días, dirigido desde la clandestinidad. Constituye, en realidad, una bofetada en pleno rostro que los trabajadores peronistas dan a los represores. La lucha sigue hasta 1959 (la lucha rabiosa, violenta, con bronca, que no admite dirigentes tibios; son pocos, en realidad, los que renuncian a la pelea aduciendo motivos de salud, como Ricardo Otero, o que cobran su indemnización y se borran de la escena, como Lorenzo Miguel). Después vendrá Frondizi y su “integracionismo”. Augusto Timoteo Vandor empezará a dejar de ser un dirigente representativo, que lucha por la vuelta de Perón. Después vendrán otros gobiernos (o desgobiernos), crecerá la burocracia. Empezará el matonaje. Crecerán Lorenzo Miguel, Calabró, Otero, Rucci… El aparato de la UOM se transformará en una máquina monstruosa, en una empresa que maneja miles de millones, que financia a matones, que no tiene nada que ver con la clase trabajadora peronista. A partir de este número, El Descamisado inicia una serie de notas sobre la historia de la UOM. Con datos que muchos prefieren olvidar, con nombres y apellidos, con fechas, con recuerdos de viejos militantes. La historia de la UOM …

    En 1895 ya había en el pais tres mil fábricas y talleres metalúrgicos, con 15.000 trabajadores. Veinte años después la mano de obra se había duplicado, aunque la cantidad de establecimientos era la misma. Producían máquinas para el campo, ferretería. Sus condiciones de vida eran miserables, su peso en la vida nacional casi nulo. Pero a comienzos de 1919, sacudieron al país con la huelga en los talleres Vasena, que culminó en la terrible matanza.
    En 1935 eran ya 85.000, es decir que de cada cinco obreros industriales, uno era metalúrgico. ¿Qué hacían? Casi la mitad trabajaban con metales en fundiciones, hojalaterías, broncerías, fábricas de camas, cocinas y artículos de hierro. Algo más de la mitad, fabricaban maquinarias y vehículos o trabajaban en talleres mecánicos, ferroviarios, astilleros. Y unos pocos inauguraban una industria nueva, la de aparatos eléctricos. Estos eran los tres sectores básicos, que perduran hasta hoy, con un agregado importante en el rubro metales a partir de 1938: la siderurgia o producción de aceros y laminados y un desdoblamiento a partir de 1954 en el sector maquinarias y vehículos: la producción de automóviles.
    En 1943 había ya en el país dieciséis mil establecimientos metalúrgicos, con 155.000 obreros. Este crecimiento fabuloso, que en ocho años iguala al de los cuarenta años anteriores, formaba parte de la explosión industrial que en ese periodo elevó el número total de obreros ocupados en la manufactura, de casi cuatrocientos mil a más de setecientos mil. Esa expansión era a la vez un fenómeno mundial.
    Algunos de los gigantes de la industria metalúrgica que aún subsisten, datan de esa época, o aún de antes: los talleres de Vasena se convirtieron en Tamet. de la banca Tornquist; Di Telia viene de la década del 20; Acíndar es fundada por Arturo Acevedo en 1942; una parte considerable de las inversiones alemanas de preguerra se dirigieron al sector: Thyssen, Mannesman, Siemens.
    La primitiva Asociación, de origen comunista, apenas nucleaba en 1941 a 2000 afiliados. En 1946, la Unión Obrera Metalúrgica tiene 100.000 afiliados, casi la mitad de los trabajadores de la industria. La modesta pieza en el edificio de Humberto I que compartía la UOM con los Tintoreros y la Construcción, le quedaba chica. Se traslada entonces a la calle Hipólito Yrigoyen e inicia la expansión que le dará un lugar dominante en el sindicalismo nacional.
    Los cambios en la producción se reflejan en el poderío relativo de los sindicatos. En el país exportador de carnes y cereales, dependiente de Inglaterra, el transporte y el comercio tenían importancia decisiva. De ahí que la Unión Ferroviaria dominara entre 1930 y 1943 el panorama: de sus filas surgieron todos los secretarios generales de la CGT. La lucha por la hegemonía de los metalúrgicos, paralela a la explosión industrial, se libró pues contra los ferroviarios, con una característica singular: a la UOM no le interesó nunca la secretaria general, le bastaba con dominar la CGT, y eso ha ocurrido con mayor o menor intensidad en los últimos veinte años.
    La irrupción se produce en 1948 cuando los metalúrgicos salen con carteles a la calle pidiendo la renuncia del secretario general Aurelio Hernández, y la imponen en el Conqreso de la CGT. En el nuevo secretariado, que preside José Espejo, figura por primera vez un hombre de la UOM. Cubano de nacimiento, se llamaba Armando Cabo.
    La lucha por el predominio cegetista no suprimió las pujas internas. Conducía el gremio en ese entonces, Hilario Salvo, un guitarrista que en sus ratos de ocio se dedicaba al contrabando. En 1953 es destronado por el secretario adjunto, Abdala Baluch.
    El gremio se mantuvo peronista, aunque en 1954, Salvo, aliado con sectores comunistas, lo empujaron a una huelga que el gobierno declaró ilegal. Motivo: indefinida dilatación del convenio por las empresas, cuyo idilio con el peronismo ha concluido, y que entonan ya con mucha fuerza la cantinela de la productividad. La conducción es rebasada, y Baluch cae. Sólo más tarde cobrará importancia un hecho que entonces
    pasa inadvertido. A propuesta de Paulino Niembro, que en su carácter de componedor de tendencias declina aspiraciones propias, el Congreso de la UOM reunido en el Luna Park elige secretario general de la Capital a un delegado de la firma holandesa Philips. Lo apodan, precisamente, “El Holandés”; alguno de sus antepasados debió sustituir el Van Thorpe original por el Vandor —Augusto Timoteo— con que figuraba en las boletas. Su prontuario, “depurado” en agosto de 1958, dice que nació en Bovril, provincia de Entre Ríos, el 26 de febrero de 1923″ (del libro ¿Quién mató a Rosendo?, de Rodolfo Walsh).

  • LOS GORILAS, LA INTERVENCIÓN, LA LUCHA
  • El 16 de septiembre de 1955, los gorilas desatan todo su odio antiobrero; Intervienen los sindicatos, persiguen a los trabajadores peronistas, arrasan con todo lo que encuentran a su paso. El poderoso gremio metalúrgico resiste la embestida. “Los gorilas tomarán las paredes del sindicato, pero jamás podrán tomar las conciencias de los trabajadores”, dice el dirigente Colace. El tristemente célebre general Gallo es el encargado de “enderezar” a los metalúrgicos. Supone que con unos gritos podrá terminar con esos “bandidos que todavía defienden al tirano”. El general Gallo no conoce al pueblo peronista. Pronto sabrá qué significado tendrá la palabra resistencia. A pesar de las adversas condiciones, de la brutal represión del gorilaje, los metalúrgicos resisten la embestida. En 1956, en plena clandestinidad, se realizan plenarios generales. En setiembre de ese año se inicia una huelga general que dura 45 días.
    Fue un paro duro, fiero, que tuvimos que realizar en condíciones increíbles. Los gorilas se asustaron. Nunca habían pensado que los trabajadores peronistas tuvieran una conciencia tan desarrollada, una lealtad a su líder tan extraordinaria. Fue una huelga memorable, recordó un delegado de ese tiempo, un viejo peronista que contó detalles de ese paro a un periodista de El Descamisado.
    Por supuesto, ese rigor de los gorilas no lo pudieron soportar ciertos dirigentes. “Lorenzo Miguel por ejemplo, que era delegado de CAMEA, pidió su indemnización, y se borró tranquilamente. Enseguida consiguió un buen trabajito en el gremio telefónico, recomendado por el general Bengoa. Recién apareció por la UOM cuando ya las cosas estaban más tranquilas… Otro que adhirió rápidamente a la Libertadora fue Francisco Miodownik, directivo de la UOM en el 55. Gracias a su amistad con un tal
    capitán Kabú (un gorila recalcitrante), Francisco consiguió un bien rentado trabajo en el ministerio de Marina. Este hombre Miodownik cumple, actualmente, funciones al lado de Ricardo Otero”, dijo a El Descamisado otro viejo delegado que estuvo varias veces preso por su militancia peronista.
    Los memoriosos recuerdan —también— que el actual ministro de Trabajo, en ese entonces colaborador del gremio del calzado, también cobró apresurada su indemnización, y rápidamente se aleja de Buenos Aires, “por razones de salud”.
    Ricardito era un hombre de paz —dijo otro militante metalúrgico—. No quería saber nada con la violencia de la Libertadora.
    Otro que corrió a cobrar su indemnización fue Paulino Niembro, quien recibió muy buena plata de la empresa Aizember Hnos. No ocurrió lo mismo con Vandor. La
    Philips puso a su disposición la indemnización, “pero el lobo se fue a la tumba sin cobrarla”. Eran otros tiempos, claro. De resistencia, de lucha, de bronca. Vandor tenía 32 años, gran apoyo de sus bases, y una bandera: Perón . . . La huelga del 56 (dirigida desde la clandestinidad) logra algunas metas, fundamentalmente conquistas salariales. Es que por ese entonces (luego de un año de desgobierno), los salarios han quedado muy atrás; el costo de la vida no cesa de subir. Lograr que los gorilas concedan un aumento, es un triunfo importantísimo. Un oficial, q’ue ganaba 6,20 la hora, pasa a ganar 8,30.
    No se puede detener, en cambio, la cesantía en masa. La UOM es el gremio que más sufre el impacto del gorilaje. Compañeros combativos, leales a Perón y a su clase, son cesanteados en todas las fábricas.
    —Los cesantes pasábamos a militar en la Resistencia. Los “meta” estuvimos con todo en la lucha —dice uno de esos obreros despedidos.

  • LAS ELECCIONES
  • En el 57, la dictadura intenta “normalizar” los gremios. La realidad obliga al gorilaje a buscar una salida “democrática”. Ya se empieza a hablar de elecciones “para presidente”. Los gremios, lógicamente, no podían estar ausentes de esta farsa.
    En la UOM se presentaron cuatro listas: la peronista (Azul, con Avelino Fernández a la cabeza), una gorila, una semigorila, y una comunista. Por supuesto, ganó la Azul por amplia mayoría.
    ¿Qué pasa con Augusto Timoteo Vandor por ese entonces? ¿Es ya un burócrata? ¿Ya está manejando los hilos de lo que después, más tarde, se llamaría “peronismo sin Perón”? Todos los trabajadores consultados coinciden en señalar que Vandor, por ese entonces, era un dirigente combativo, representativo de las bases. Que peleaba por Perón.
    —Es cierto que se podía advertir en él esa habilidad y esa frialdad que luego fueron sus grandes “virtudes”. Desde un primer momento, supo rodearse de gente mediocre, que no pudiera hacerle ninguna sombra. Augusto era un tipo muy vivo. Pero hasta la huelga de enero del 59, yo creo que fue un buen dirigente.
    Es la palabra de un importante sindicalista de ese tiempo. De alguien que conoció muy intimamente al “Lobo”. Es más: algunos trabajadores, muy ligados a la UOM, suponen que Vandor fue fiel al peronismo hasta el momento en que orquestó la llamada “Operación Retorno”. Pero aquí es evidente que las opiniones difieren. La mayoría, sin embargo, se inclina a pensar que Vandor fue fiel hasta el mes de enero del 59. Cuando se produjo la huelga general en apoyo a los trabajadores del Frigorífico Nacional Lisandro de la Torre. Pero retornemos al año 58. Más concretamente, al triunfo de Arturo Frondizi, un radical que llega a la presidencia de la Argentina gracias a los votos peronistas. Frondizi, un astuto político, comprende que la mejor, manera de enfrentar a los dirigentes sindicales es “integrarlos” al proceso desarrollista que intenta llevar a cabo. “Aquí comienza a formarse el embrión de la actual burocracia. Los dirigentes ya no son perseguidos como en la época de la dictadura. Empiezan a visitar despachos oficiales, a recibir sonrisas y otras cosas . . . Vandor, por supuesto, es uno de los niños mimados . . .”.
    Recordemos que cuando asume Frondizi, una de sus primeras medidas es llamar a elecciones nuevamente en algunos gremios. Así que la UOM vuelve a realizar comicios para elegir autoridades. Gana la lista Azul (otra vez): Vandor es elegido secretario general; Avelino Fernández, secretario general, sección Capital. El “Lobo” tiene 5 años, y es ya el más poderoso de los dirigentes gremiales argentinos.

  • OTRA VEZ LA INTERVENCIÓN
  • Hasta que llegamos a enero de 1959. La heroica huelga de los trabajadores peronistas enfrenta los tanques gorilas en uno de los capítulos más formidables escrito por el pueblo argentino. Vandor orienta esa huelga (es responsable de las “62”). Frondizi responde con mano dura: interviene a la UOM. Otra vez las cesantías, la persecución, las amenazas.
    —En julio del 59 realizamos la gran huelga de 47 días —cuenta uno de sus inspiradores—. Fue brava, muy brava. Una vez más se puso de manifiesto la organización de nuestro gremio, la conciencia peronista de sus afiliados. Pero la situación produjo desgaste en muchos compañeros, que se quejaron de la falta de p… de los dirigentes. Creo que fue la última huelga importante de los metalúrgicos, y una de las más importantes realizadas por los trabajadores en los últimos tiempos.
    ¿Aquí comenzó a defeccionar Vandor? ¿O ya había defeccionado antes? Las respuestas son bastante contradictorias. Hay quienes siguen absolviendo a Vandor, y hay quienes ya lo condenan. No hay dudas, sin embargo, acerca del papel cumplido por Lorenzo Miguel, Ricardo Otero y José Ignacio Rucci. “Fueron siempre simples colaboradores, a los que Vandor utilizaba las veces que quería. Demasiado mediocres, como para hacer peligrar la estabilidad del Lobo”, dijo otro viejo dirigente.
    Es evidente que 1959 marca la caída de un gremialismo combativo, y el nacimiento del “diálogo” sindicatos-gobierno de turno. “El general Perón está lejos”, habrá pensado Vandor. A los 36 años, con un inmenso poder detrás suyo, el secretario general de la UOM y responsable de las 62 Organizaciones siente —seguramente— que llegó la hora de dar el gran salto.

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