Fue, seguramente, en los últimos meses, uno de los nombramientos que más sorprendió a los trabajadores tucumanos, sometidos aún a las consecuencias del implacable vaciamiento que la dictadura militar impuso a su provincia. Florencio Robles, secretario general de la UOM desde tiempos inmemoriales y asesino de un trabajador peronista (ver recuadro), resultó designado, quince días atrás, delegado regional del Ministerio de Trabajo en Tucumán.
Burócrata de vieja data, discípulo de Lorenzo Miguel y amigo entrañable de Ricardo Otero, la presencia de Robles en ese cargo significa, para la provincia, una intensificada ofensiva de la “patria vandorista”. En pocos días, los trabajadores ya han podido comprobarlo directamente: activistas heridos y apaleados por matones, sindicatos intervenidos, luchas a las que, desde el Gobierno, se quiere entregar a las patronales, son apenas algunas de las muestras de la reciente gestión de Robles.
Entretanto, un extendido clima de intranquilidad crece en la capital y el interior de Tucumán; en fábricas e ingenios. La bronca de los trabajadores aumenta, convertida en muchos casos en organización y contundente respuesta a la burocracia. Varios conflictos han comenzado ya a agitar a la provincia: en la fábrica de bujías Bosch, por el despido de dos compañeros de JTP; en Grafanor, una empresa de Bunge & Born, por demanda de aumentos salariales; en Tecotex, por solidaridad con Grafanor; en los ingenios Santa Lucía, Frorrterita, San Pablo; en la fábrica Fabuloso; en el gremio municipal; en el ingenio San Juan.
Simultáneamente, y mientras se acumulan evidencias de repudio a Robles, éste acaba de ganar, una vez más, las elecciones en la UOM tucumana. Según el informe oficial, votaron la casi totalidad de los más de 2.000 afiliados, todos por la lista burocrática. En la realidad, se trata de un nuevo fraude, de los que acostumbra a cometer Robles, que consistió en impedir la presentación de cualquier lista opositora y hacer llenar las urnas por matones o empleados del sindicato.

  • MUNICIPALES: CON ROBLES VINO LA INTERVENCIÓN
  • En manos de dos viejos burócratas —Tristán Medina y Antonio Vece— durante 18 años, la Federación de Trabajadores Municipales de Tucumán (8 sindicatos adheridos y alrededor de 8.000 afiliados) fue recuperada en el Congreso Normalizador del 16 de enero de este año. En realidad, Medina y Vece empezaron a “perder” cuando, a mediados de 1973, una lista liderada por el compañero Ramón Acuña y orientada por Juventud Trabajadora Perónista —la Azul y Blanca— triunfó en el sindicato de capital, que reúne al 50 % de los afiliados. Poco tiempo después, la presión de las bases logro arrancar la renuncia a los dos “dirigentes” de la Federación, con lo cual se formó una comisión provisoria encabezada por Acuña. Por último, el congreso normalizador de principios de este año confirmó a Acuña y completó la elección del resto de los directivos.
    Por su parte, la Confederación de Municipales —el organismo nacional dirigido por Jerónimo Izzeta se negó persistentemente a reconocer a las nuevas autoridades, pese a que ninguna irregularidad había existido en su elección. Y, finalmente, llegó Florencio Robles a la delegación de Trabajo, tras lo cual, al día siguiente, la comisión driectiva de la Federación de municipales tucumanos recibió un telegrama de la Confederación en el que se anunciaba la intervención a la entidad provincial. Curiosamente, el argumento que se daba era la “falta de representatividad” de las autoridades y la necesidad de “velar por los intereses de la clase trabajadora” (?).
    La nueva Ley de Asociaciones Profesionales servía así para concretar una medida que significa un atropello a la voluntad de las bases del gremio. Pero días después de producida la intervención, un plenario de secretarios generales resolvió por mayoría desconocer la decisión de la Confederación.
    El jueves 7 de marzo, los trabajadores municipales de la localidad de La Banda del Río Salí —un sindicato dirigido por el compañero Fernando Arias de JTP— realizaron una manifestación frente a la CGT provincial para expresar su protesta frente a la intervención. A la vez, un nuevo plenario de secretarios generales, realizado junto con directivos de la CGT provincial, votó por unanimidad la moción de enviar un telegrama a la Confederación para exigirle que mande un delegado que verifique por sí mismo la supuesta “irrepresentatividad” de la conducción de
    la Federación tucumana.
    Aún se desconoce, en la provincia, la respuesta de Izzeta, qua, entre tanto, parece tener en Florencio Robles un eficaz aliado. De todas maneras, no fue esa la única medida antiobrera con la que el viejo vandorista se “estreno” en su cargo.

  • FABULOSO: LAS TUCUMANAS A PIE FIRME
  • La otra “transfugueada” fue en Fabuloso, una fábrica del gremio del vestido que pertenece a Bunge & Born y donde trabajan alrededor de 540 obreras. Dos de ellas se encargaron de relatar a EL DESCAMISADO el orgen y desarrollo de su lucha:
    “Hace unos meses —explicaron— se eligió en la fábrica un cuerpo de delegadas muy combativas, y desde entonces conseguimos varias cosas: sobre todo, que se nos rebaje la producción (antes nos exigían tanto que durante las 9 horas no podíamos ni mover la cabeza), y que se acabara el látigo de los jefes, porque era un látigo…, a cada rato nos insultaban o nos hacían un parte disciplinario si no cumplíamos con la producción que nos pedían.”
    “Asi se fue logrando en la fábrica una gran unidad alrededor del cuerpo de delegadas, porque todas veíamos que ellas iban el frente, pero que si no las apoyábamos, no íbamos a conseguir nada”.
    El primer conflicto con la patronal surgió, en Fabuloso, al despedir la empresa a dos delegadas; la reincorporación, sin embargo, llegó de inmediato cuando, unánimemente, las operarías realizaron un paro. “Lo conseguimos nosotras —relatan— porque el sindicato, como está de novio con la patronal y los novios nunca se pelean, no hacía ni hace nada.”
    El sindicato es la FONIVA (Federación de Obreros del Vestido), y su conducta no difiere, en Tucumán, de la que tiene en el resto del país. Por ese motivo, a fines del año pasado, las trabajadoras de Fabuloso decidieron exigirle la renuncia al secretario general, señor Fernández. La movilización que realizaron entonces hacia el local gremial fue recibida por un nutrido contingente de matones, a los que las obreras identificaron como de la Juventud Sindical Perónista. “Tuvimos que irnos porque no se llegó a nada, pero se armó una batahola terrible. A Gómez, que era secretario adjunto y ahora es secretario general, lo sacamos de los pelos. No le quedó un solo botón en la camisa, y los de la JSP también la pasaron mal.”
    Pero decididas a recuperar su sindicato (el personal de Fabuloso representa el 55 % de los afiliados a la seccional Tucumán de Foniva), las trabajadoras, previa consulta general en la fábrica, resolvieron volver a la carga, y a la semana siguiente, organizaron una nueva manifestación hacia la sede gremial. Para ello, “tomaron” los ómnibus del servicio de transporte contratado por la empresa y marcharon sobre el edificio de la calle Maipú 450.
    “Lo encontramos cerrado, pero pudimos romper los dos barrotes de la puerta y entramos todas. Estuvimos adentro 2 noches y 3 dias y ninguno de ellos asomó la nariz por ahí. Los muchachos de la JTP nos ayudaron muchísimo, y también los estudiantes, que nos alcanzaron víveres y nos apoyaron. El último día, estábamos agotadas y fuimos a la Casa de Gobierno a que nos reciba el Gobernador. Nos sentamos en la calle y cortamos el tránsito, y así conseguimos que nos reciba. Adentro, estaba también Zarate, que entonces era delegado de Trabajo, y en presencia del Gobernador, se quedó de acuerdo en que la Comisión Directiva del sindicato renunciaba y Antonia Gambarte, una delegada de Fabuloso, iba como secretaria general hasta que llegara un veedor
    de Buenos Aires. Pero resulta que el veedor de Buenos Aires ya estaba, y entonces él dijo que ‘el Gobernador no tenia arte ni parte’ y lo puso a Gómez como secretario general.”

  • OTRA VEZ LOS MATONES
  • Ante esa situación, el 7 de diciembre, las operarías de Fabuloso exigieron al sindicato una asamblea extraordinaria, medíante un petitorio firmado por todo el personal de la fábrica. El pedido, sin embargo, les fue concedido recién el 22 de febrero, cuando casi todas las obreras se hallaban de vacaciones. En la sede del sindicato, grupos de matones fuertemente armados, que insultaron y hasta agredieron físicamente a las trabajadoras, impidieron que, en esa ocasión, la asamblea se realizara.
    Lo que siguió es historia más reciente: desde el lunes 4 de marzo, las compañeras de Fabuloso realizan un paro de actividades, en respuesta por la expulsión gremial de 15 trabajadoras (entre ellas 5 delegadas) a las que el sindicato acusa de ser “las cabecillas de la toma”. La fábrica entera exige, además, la anulación de la supuesta asamblea del 22, a la que sólo asistieron matones, y la satisfacción del pedido de asamblea extraordinaria.
    Pero el jueves 7 de marzo, una visita inesperada “cae” a la empresa, donde las operarías, sin trabajar, discuten y analizan las alternativas de su lucha:
    “Robles llegó alrededor de las 7 de la mañana, aunque, en realidad, se había quedado en que las delegadas iban a ir a entrevistarse con él a las 9. No había ningún jefe, porque en ese momento mandábamos nosotras. Robles llegó con Gómez y con Ricardi, el tesorero del sindicato; los acompañaban cuatro individuos que nosotros no los conocíamos. Entonces, comenzamos a discutir; él: que levantáramos la medida y recién entonces iban a comenzar las tratativas; nosotros: que no la íbamos a levantar hasta que no nos dieran la solución. En ese momento, Ricardi, al ver que nos Íbamos acercando, metió la mano en el portafolios… Parece que tenía miedo de
    que le pegáramos. Robles amenazó a dos compañeras, dos delegadas muy combativas, Antonia Gambarte y Marta Gómez, con que las iban a matar .. Entonces, uno de los tipos, que estaban borrachos, quiso pegarle a Marta Gómez… ¡Para qué! Cuando vimos eso, nosotros le comenzamos a tirar con los conos de hilo. Era una lluvia de conos… Robles se asustó y mandó traer a la policía, que entrara dentro de la fábrica. ¡Peor! Se vinieron todos los muchachos, los mensuales… Estaban ahí y uno de esos tipos sacó el arma para amenazar a una de las chicas. Ahí se armó: eran conazos limpios, trompadas, patadas. Se tuvieron que ir volando…”
    De esa manera, 540 obreras tucumanas hicieron retroceder nada menos que a Florencio Robles, un verdadero matón profesional. El conflicto de Fabuloso aún no ha concluido, pero el episodio es sólo una muestra de lo que podría acontecerie a este antiguo burócrata metalúrgico, hoy representante del Ministerio de Trabajo.

  • INGENIO SAN JUAN: BURÓCRATAS DE TODO PELAJE
  • También en el Ingenio San Juan, la bronca de los trabajadores contra Robles ha empezado a acumularse amenazadoramente. Dirigido durante 8 años por Cabrera, un manriquista “que se caía solo”, el sindicato fue tomado hace 2 meses por los obreros de la fábrica y el surco. Pero en las elecciones que siguieron a la ocupación, logró imponerse mediante el fraude (hubo no más de 100 votantes) el burócrata Hugo Bustos, ex candidato del Partido Defensores del Trabajo y protegido del diputado provincial justicialista Miguel Pepe.
    Desde entonces, la vida de los trabajadores del ingenio y sus familias se convirtió en un verdadero infierno. Un compañero de JTP fue herido por matones que viajaban en el auto de Pepe. Los cómplices de Bustos, ahora apadrinado por Robles, balearon negocios, amenazaron con poner bombas en casas de compañeros de Juventud Trabajadora Perónista agredieron a sus hijos y esposas, violaron a hijas y mujeres de obreros. “No podemos dejar a los chicos en la calle —comentan los pobladores del ingenio—. Hay que hacer guardias por los matones. A veces amanecemos despiertos por miedo a que nos despierten a tiros”.
    La situación llevó a los trabajadores a exigir la intervención del sindicato y la FOTIA depuso a Bustos y envió, dos semanas atrás, al interventor Manuel Núñez. Bustos, por su parte, apeló la resolución, y Robles, utilizando como excusa la Ley de Asociaciones Profesionales (paradójicamente, la misma que en otros casos les sirve para intervenir sindicatos sin miramientos), decidió restituirle el sindicato, cuya conducción el burócrata reasumió a principios de marzo.
    La medida colmó la indignación de los trabajadores, que resolvieron realizar un paro y, acompañados por sus familias, tomaron la fábrica del ingenio.
    Producida la intervención, que encabezaron los compañeros de Juventud Trabajadora Perónista, Bustos renunció a su cargo de secretario general y Robles, en su actitud que no deja de despertar sospechas a los obreros del San Juan, prometió mandar un nuevo interventor.
    El paro, mientras tanto, continúa, pese a que Bustos quiso comprar a los compañeros de JTP para que impulsaran el levantamiento de la medida. Quién será el nuevo interventor es algo que todavía los trabajadores ignoran, pero han aprendido sí a desconfiar de Robles. Sus enemigos en este momento son varios: Bustos, Cabrera, que aún no se ha resignado a perder el sindicato, y el vandorista Herrera, un delegado de la fábrica de San Juan, que apoya al anterior. De todas maneras, no es imposible que los tres, ante el avance dé la organización de los trabajadores del ingenio, limen sus diferencias y orquesten una alianza entre sí.
    Por el momento, los obreros del ingenio San Juan realizan reuniones diarias “para analizar bien los problemas” y se preparan para recibir” al nuevo interventor. “Que se cuide ese Robles —nos dijo la esposa de un trabajador—. Lo que nosotros queremos son elecciones limpias para elegir a los muchachos, los de la Juventud, que siempre los apoyamos. Si no, quiere decir que Robles se está buscando la violencia”.

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