Viera como trabajan y con V que disciplina, al principio no lo creíamos pero después cuando vimos lo que estos chicos son capaces de hacer nos quedamos con la boca abierta”.
Este es el comentario que los enviados de El Descamisado escuchamos en cada lugar de trabajo seleccionado por la UES para desarrollar su operativo de reconstrucción Martin Miguel de Güemes.
El que nos habla es ahora un compañero villero del Barrio Villa Rangel, en los alrededores de la capital salteña, una de las primeras avanzadas de las UES. Allí los compañeros cavan desde hace varios días los pozos y desagües de dos baños que permitirán resolver una de las necesidades prioritarias del lugar.
“A los que viven cómodos, en una casa con baño, les puede parecer poco importante, pero para nosotros era una necesidad que mataba, me entiende compañero”.
Sí que lo entendemos, y por eso comprendemos por qué los vecinos rodean a los estudiantes secundarios que hacen realidad, con hechos, la reconstrucción nacional. Con hechos que son paladas. La pala baja y sube infatigable, con gusto, porque en cada palabra hay un significado político. Y cada uno de los integrantes de la Agrupación que realiza el trabajo, lo tiene muy claro. Tratamos de encontrar una falla, para ser objetivos. Pero nada. El responsable da las indicaciones y nadie mosquea. Cada uno acepta lo que le toca. Rápido se ejecutan las instrucciones.
Seguimos. Son las ocho de la mañana. Cerca hay otra villa, San Cayetano. Ya están meta pico y pala. Están preocupados, porque la lluvia inundó el pozo cuando andaba por los dos metros y la construcción de los baños se retrasa. Pero si la naturaleza ha sido poco generosa con los compañeros, los vecinos sí que lo son. Pensamos en lo preocupados que estaban los padres que fueron a despedir a sus hijos a Retiro, cuando salieron para Salta. Si supieran que pronto sus hijos fueron recibidos por otros padres como si fueran sus propios hijos.
“Mire que ejemplo —nos dice la delegada del barrio— arremeten con todo porque son pueblo; después decían que los estudiantes eran Meros; eran lieros antes porque el gobierno no los apoyaba, pero ahora mire como trabajan. Como no nos vamos a sentir orgullosos de ellos”.

  • ALMUERZO Y CANTOS PERONISTAS
  • Estamos con un hambre bárbara y decidimos colarnos en el almuerzo de los compañeros del campamentó asentado en la Escuela Agrotécnica de Salta. Ellos ya casi terminaron, un compañero pasa por las mesas distribuyendo una naranja para cada uno; hoy los “cocineros” de la UES se portaron, también hubo flan de postre. Nos explican como se distribuyen las tareas. “Estamos distribuidos en grupos de cinco compañeros y un responsable. Cada día le toca a otro grupo hacerse cargo de las actividades internas. Todos hacemos todo y nadie siente que un laburo es menos” importante que otro”.
    Tenemos que abandonar la comida por la mitad. Nos paramos porque los compañeros, como todos los días al finalizar la comida, cantan de pie la marcha peronista. Y después la infaltable estrofa; Montoneros. Pensamos que sólo la vitalidad peronista puede encender las gargantas de esta manera, parece mentira que trabajaron ya cuatro horas bajo un sol que quema. Pensamos que a esta hora los canales de televisión estarán copados por los almuerzos de Mirta Legrand y Marconi. Realmente es este almuerzo peronista el que debería televisarse para todo el país. Pero seguimos comiendo. Ahora viene un compañero y le plantea un problema al responsable. Quedan sólo tres naranjas y hay varios compañeros resfriados en enfermería, que necesitan más que otros la vitamina cítrica. Las manos de los que están sanos y escuchan se extienden antes que nadie diga nada devolviendo su porción. Y una naranja es un fruto precioso con el calor que hace y cuando sólo hay agua para calmar la sed.

  • UN ÁRBOL MONTONERO
  • Son las ocho de la mañana, estamos a unos ochenta kilómetros de la capital. En un pequeño pueblito que se llama Guachipas. Aquí se levanta el campamento femenino de la UES. Preguntamos a un vecino que encontramos por la calle donde están las compañeras.
    “Ustedes son periodistas, no es cierto? Bueno, ahí andan las chicas, siga una cuadra y al costadito las va a encontrar practicando para el desfile que van a hacer en Salta; viera como desfilan, ni que fueran soldados”. Y nos acompaña. Nos explica que Guachipas está muy aislado. Que hasta que aparecieron los compañeros de la UES sólo llegaban hasta allí los políticos en época de elección y el curita, una vez al mes. Nos cuenta que son muy católicos pero que ni cura tienen en el pueblo.
    En dos grupos, las cuarenta compañeritas de la UES ensayan la consigna que pronunciarán marchando, cuando pasen frente a las autoridades provinciales en el cierre del operativo. “Agrupación Evita… Perón o Muerte… Viva la Patria”.
    Es domingo, pero igual se va a trabajar. Las compañeras están pintando una escuela y un mercado. Además realizarán un censo sobre los problemas del lugar. Tienen entre trece y diecisiete años. “Es muy importante ..para nosotros esta experiencia, nos hemos enriquecido mucho en la relación con la gente. Al principio nos miraron de reojo, no podían convencerse de que viniéramos a trabajar aquí. Pero ahora no quieren que nos vayamos. Una compañera nos decía que nos quedáramos unos días más. Le explicamos que teníamos que regresar, que era imposible, y entonces nos dijo: ustedes han sembrado aquí una semilla de esperanza, acá va a crecer un árbol Montonero”.
    Recorremos, con las compañeras responsables, los lugares de trabajo y percibimos el cariño popular que las acompaña. Entramos al patio de la casa en que están parando, sobre una larga tela blanca, las compañeran han pegado varios recortes de diarios. Nos explican que es la cartelera y que la renuevan todos los días aunque los pocos diarios que consiguen llegan con varios dias de atraso. Cada tanto, una compañera se acerca y consulta a la responsable. Nos sorprendemos pensando lo mismo que todos los sáltenos: qué disciplina.
    Es casi mediodía. El último colectivo a Salta pasa a las cinco de la tarde. El tiempo nos alcanza para quedarnos unas horas más o para corrernos hasta la Viña a visitar a los compañeros del Campamento Carlos Olmedo. Partimos y renunciamos a los ñoquis que han preparado ese día las compañeras.

  • OTRAS ARMAS, LA MISMA LUCHA
  • Fue en Córdoba, en Ferreira, donde una mañana cayó Carlos Olmedo con el arma en la mano. Hoy, a muchos kilómetros del lugar donde dio la vida, renace multiplicado por decenas. Son los compañeros de la Agrupación de la UES que tomaron el nombre del comandante de las FAR. Trabajan en tareas de refacción del mercado municipal, desinfección de viviendas y en la solución de las necesidades que plantean los habitantes. Los trabajos están muy adelantados.
    “Esta experiencia es muy importante para nosotros, una cosa es leer los problemas que tienen los compañeros del Interior y otra cosa es verlos con nuestros propios ojos. Vos sabes que acá la gente trabaja en el tabaco de sol a sol y hasta los chicos laburan. A los grandes le pagan lo que marca la ley unos cinco mil diarios, pero a los pibes los arreglan con chauchas. Así abandonan la escuela en primer grado. Acá nuestra conciencia creció mucho”.
    Otro compañero nos cuenta como transcurre el día. Igual que en los demás campamentos, todos están de pie a las seis y treinta. Desayunan. Laburan hasta las doce. Almuerzan, y descansan hasta las cuatro. Después tienen dos horas y media de análisis político. Se charla de política y acerca de la práctica cotidiana. Cada grupo, en que está dividida la Agrupación, expone durante seis minutos, a razón de un minuto por compañero. Luego los grupos se reúnen por separado y discuten durante una hora. Nuevamente se vuelven a reunir todos juntos-y se “pelotean” los puntos sobre los que hay disidencias. A la noche alrededor del fogón cantan el cancionero peronista. O festejan con los habitantes del pueblo el cumpleaños de alguno.
    “Aquella que está alia, dígale que grite algo”, nos pide Don Rodríguez, habitante del Barrio Villa Evita, y antes de que se lo pidamos, su hija de cuatro años, responde: “Montoneros, carajo”.
    Nos cuenta que antes vivían junto al lecho de un río seco y que la inundación se llevó todo. Entonces tuvieron que subir al cerro donde levantaron sus casas precarias.

  • EL TRASLADO DE UNA VILLA
  • “Esto es un infierno. Menos mal que los muchachos de la UES pensaron en nosotros y ahora nos vamos a trasladar a terrenos que nos otorgó el gobierno peronista de Salta. Ayer, por la noche llegó un compañero de la UES para proponernos el traslado de las casas hacia los nuevos terrenos que están mucho más cerca de nuestros trabajos y que son tierras altas. Y ya hoy mismo nos mudamos”.
    Faltan pocas horas para que se apague el sol y los compañeros de la UES que tienen a su cargo la tarea trabajan sin parar para poder efectuar el traslado de todas las viviendas. Lentamente van desarmando las viviendas de madera y lata, cargándolas a los camiones municipales que suben y bajan al cerro hacia su nuevo destino. El lugar que se abandona es verdaderamente un infierno. Lleno de cienpiés, insectos y arañas de todos los tamaños. Sin una gota de agua a cientos de metros. “Este es el peor lugar que hay sobre la tierra”, nos sigue contando Rodríguez.
    Su hijita sigue gritando Montoneros, y el inicia otro relato.
    “Cuando cayó Perón, en el 55, yo viva en el Ingenio Ledesma. A los tres días el ejército entró porque con los revólveres y palos no pudimos. seguir resistiéndonos frente a los cañones y las ametralladoras. Pero había una viejita, como de ochenta años. Los milicos entraban en las casas rompiendo las. fotos de Evita y Perón. Cuando entraron al rancho de esta viejita, un oficial fue derecho hacia un retrato de Perón que tenía sobre una pared, se lo había hecho dibujar a lápiz. Mire oficial, le dijo, no me lo rompa. Este, sin hacerle caso, lo tomó y empezó a romperlo. Ahí la abuela sacó un hachita que tenía escondida y se la dio en la cabeza. Cayó herido al suelo, y en venganza la mataron. Sabe por qué le cuento esto, porque pienso que la abuela nos dio un ejemplo. Bueno, estos chicos están haciendo lo mismo, me entiende”.
    Claro que entendemos. Esa abuela, estos compañeros de la UES y este compañero que hoy nos cuenta esta historia se unieron en un lazo de sangre. Como para no ponerle el nombre de Güemes a este operativo.
    En el próximo Descamisado ya volveremos a contar algo más de esta historia que los militantes de la UES están escribiendo en la provincia de Salta.

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