Este es el relato del compañero Alberto Formigo, militante de la Juventud Justicialista de Ensenada. Formigo trabaja en los Astilleros, tiene 23 años, es casado y tiene dos hijos:
«Salimos de Ensenada muy temprano y cuando llegamos allá nos pudimos ubicar cerca del palco. «Vi cosas que estaban muy mal. Cuando entró la columna del FURN de La Plata tirando cohetes y cantando la marcha festejando la llegada del General, los del palco empezaron a dispararles.
Los muchachos tiraban cohetes paVa festejar y los del palco los recibieron a balazos.
«Cuando se armó el tiroteo grande Corrimos con toda la gente hacia el bosque. De pronto empezáronla bajar los del palco y acercarse al bosque.
«Entonces uno de ellos me señaló y dijo: agarren a ese. Yo corrí y me alcanzaron. Me empezaron a golpear y me llevaron hasta el palco donde me tuvieron cerca de medía hora.
«Después me llevaron al Hotel de Ezeiza.
Me llevaron a Ezeiza en una camioneta de color gris. No sé que marca es. Pero todavía me fijé por si era la camioneta de la cana. Bajé en Ezeiza. Había cualquier cantidad de gente en la puerta.
«guando iba pasando para adentro del hotel me empezaron a pegar. Me subieron al segundo piso. Allí quisieron abrir una puerta y estaba cerrada, entonces me bajaron otra vez al primer piso. Entraron a la habitación Nº 6, donde había siete compañeros más, no conocidos, bastante machucados».
«Me empezaron a dar. De entrada nomás. Me pegaron con manguera con fierro por dentro, viste, con plomo y con cadenas y con palos. Me preguntaron quién me había mandado. Yo le decía que era de la Juventud Justicialista y no querían entenderme».
«Guando hablaban, eran cuatro, lo hacían en voz baja, entre ellos. La verdad es que no puedo recordar ningún nombre. Después trajeron una nota donde decía que yo era comunista y habían llevado una ametralladora casera. Y como yo no quería saber nada, seguían dando. A los tipos se les había metido en la cabeza que yo era comunista».
«Me quisieron hacer firmar el papel, que decía que yo era comunista y que había llevado una ametralladora casera. Pero no lo firmé».
«En los 23 años que tengo nunca estuve preso. Cuando me empezaron a pegar para que les firme el papel ese como a los tipos yo no les ofrecía ningún dato, habían roto un velador con el que me querían aplicar la picana. Es decir, hacerla completa».
«En ese momento llegó Leonardo Favio que hizo apaciguar la cosa bastante. Y nos hizo hacer traer café con cognac. Se quedaron todos mosca. Nos lavaron la cara, que la teníamos toda ensangrentada»
«Me lavé la cara y Leonardo me convidó un cigarrillo que me lo
morfé. De las diez de la mañana hasta casi la una sin fumar, ¿sabes lo que era eso? Y sin comer. Aunque en lo menos que pensaba era en comer, pero viste andaba casi medio muerto». «Después de ahí, ya Leonardo Favio había avisado a la Federal para que se ocupe de nosotros, se hicieron humo los tipos, desaparecieron de a uno.»
«Puedo reconocer a uno solamente que se quedó ahí. Era gordito como yo. De un metro setenta y cinco de estatura, morochito, andaba con un Gamulán, en vaqueros. Parecía un tipo de mercenario, viste, y te digo así porque él estaba hablando como milico : aquél está con un 32 corto, aquél con una ametralladora, hablaba de una manera de no argentino, le costaba traducir. Le costaba para pronunciar las palabras. Y con un acento bastante raro. Nunca lo sentí hablar así entre ellos».
«Cuando vino la cana nos cambiaron de habitación. Y agarré y me tiré arriba de una cama porque no daba más. Con la boca para abajo. Y cuando negaron los médicos de la policía, sentí que decían «déjenlo que está muerto»».
«Yo más o menos saqué fuerzas, viste, y me pude mover un poquito. Y me dice un comisario que había ido ¿cómo te encontrás pibe? Bien, le digo. Y me levanté y me puse a caminar dentro del cuarto para que me saquen de allí. Y me dice: pero vos sos un quebracho. A los que les damos nosotros, tres palos, le damos y quedan mosca, ni se levantan».
«Andaba sin camisa, me habían roto la camisa y andaba en musculosa. Y me afanaron la cadenita, que lo siento cualquier cantidad, lo único que siento. Sabes cómo lo lamento. Y me sacaron de ahí y me llevaron en camilla hasta el hospital Fernández y a las tres y media me comuniqué con mi mamá, que me fue a buscar y me trajo para casa. Llegamos a las siete acá a Ensenada».
«Me habían cosido en dos partes la cabeza, con la frente hinchada, el labio. Tres dientes movidos, los siento duros ahora de vuelta. Y con él golpe en la frente, parecía Juan Moreira, todo ensangrentado y sin camisa, en cuero. Yo ahora me río pero…».
«Trabajo en el astillero de Río Santiago pero ahora tengo dos costillas fracturadas. Espero no perder los jornales».
«Soy de la Juventud Justicialista. No había ido para cuidar el palco: sólo para ver al General. Me quisieron dar un brazalete, creo de la Comisión Organizadora, y yo llevaba el de nosotros, viste, el de la Juventud Justicialista».
«Cuando había llegado al acto me encontré con un amigo que me dijo: ojo loco que hoy a la madrugada hubo cuatro muertos. No pasa nada, le dije».
«Al otro día del acto recibí una llamada telefónica que me dijo: «quédate mosca sino te vamos a hacer pelota». Yo pienso que éstos que me están hablando a mí son conocidos».
«Partimos para Ezeiza en un micro que salió del local de la Unión Obrera Metalúrgica de Campana. Yo trabajo como operario en Dálmine Siderca. Estoy ahora con licencia médica, me siento bastante bien. Pero tengo culatazos en todo el cuerpo, en la cabeza, en las costillas, en las piernas, también en la espalda».
«Con nosotros salió, de la Unión Ubrera Metalúrgica, una ambulancia. Justamente, yo estaba junto a la ambulancia cuando me agarraron. La estaban arreglando en un taller mecánico lejos del palco y llegó una marea humana que nos acusaba de haber tirado contra el palco. De esa gente no conozco a nadie. Me acusaban de haber tenido participación. Hasta se intentaba decir que me habían sacado una ametralladora. ¡Si a mí lo único que me sacaron fue el carnet de metalúrgico! Por eso me empezaron a dar.
«Estuve toda la mañana en el palco. Nosotros llevamos un estandarte que decía: Unión Obrera Metalúrgica. Seccional Campana, Presente. Con unos globos lo levantamos, y se los llevó, después, a todos el viento. Como se nos cortaron los hilos, nos fuimos a comer al «Mangrullo», donde comieron también Solano Lima y Osinde: nosotros los vimos».
«Después de comer, cuando empezó el tiroteo, nos fuimos a buscar la ambulancia al taller, que estaba cerca del «Mangrullo». Cuando nos agarraron también al Doctor lo quisieron llevar. Le pusieron una sevillana en el cuello. Pero como dijo que era médico no lo llevaron. El doctor creo que es de Buenos Aires y había salido con nosotros desde Campana».
«Me empezaron a dar y me decían que tenía una ametralladora. Yo lo consideraba una fiesta: ¿cómo iba a matar a nadie? Yo lo único que tenía en la mano era una bandera, una banderita que la compré ahí. Perdí un chal nuevo, el reloj, plata. Hasta el carnet del gremio se quedaron ellos».
«Los muchachos que estaban conmigo dispararon. Por eso me empezaron a golpear. Nadie me escuchaba nada. Yo quería identificarme, que me llevaran donde ellos quisieran para poder hacerlo.

  • Dardo José Gonzalez
  • Uno de los ocho torturados en el Hotel Internacional de Ezeiza por las bandas de mercenarios contratados por Osinde habló con EL DESCAMISADO. Se trata del compañero DARDO JOSÉ GONZÁLEZ. Lo que sigue es su relato:
    Pero ninguno me hacía caso».
    «Me llevaron al palco por la calle de abajo y me subieron así (me enseña la foto de EL DESCAMISADO donde levantan salvajemente por los pelos a un compañero) y me llevaron a un cuarto. Ahí había quien me defendía para que no me estropearan, porque decían que me querían vivo para que CANTARA».
    «No tengo noción del tiempo que estuve en el palco, porque llegué ya muy golpeado. Allí vino primero uno con una metralleta que dijo que me amasijen. Después un muchacho explicó que había órdenes de llevarme al Hotel Internacional de Ezeiza».
    «Cuando me llevan a la pieza del Hotel, ya había muchachos muy golpeados. Me interrogaron sobre si participaba de alguna organización y de cosas que no tengo ningún conocimiento. Hasta me decían zurdo, de izquierda. Eso para mí es nuevo y no lo conozco. Me pegaron muchos culatazos. Dos eran los que me pegaban: uno estaba armado, sentado sobre la cama, y otro me torturaba. En el coche me habían traído dos. Era un Dodge 1500 de color amarillo. (De los que usó la Comisión Organizadora y que provenían del Ministerio de Bienestar Social y de la Municipalidad de Buenos Aires.)
    «En la pieza la confusión era muy grande. Había mucho nerviosismo. Entró Leonardo Favio y dijo que nos dejaran de castigar, que sino se pegaba un tiro, Favio no lo vi porque estaba bañado en sangre (tenía muchas heridas en toda la cabeza) y sólo lo escuché, sé lo que habló. A mí no me dejaban levantar la cabeza».
    «Después llegó la Policía que se hizo cargo de nosotros. Nos llevaron a otra pieza y la custodiaban para que nadie entrara. Allí lo vi a Pellizón, compañero mío en Dálmine Siderca. Nos hicieron sentar en el suelo, agachados, con las manos en la cabeza».
    «Hasta ahí me acuerdo, después todo fue un sueño. Me desperté recién en el Hospital. Incluso dicen que había firmado declaraciones, pero yo no recuerdo nada. Me llevaron al Hospital Ramos Mejía».
    «Quien hizo esto, que escapó a todo control, no es realmente peronista. No es un trabajador. No es aquel que trabaja para la grandeza del país. Si el mismo presidente Cámpora dijo que se terminaban todas las torturas y represiones. Nadie tiene derecho a tomar justicia por su propia manó. Porque si me hubiera agarrado incluso con algún elemento comprometedor estaba la Justicia para ocuparse».
    «Espero que otra fiesta así, sea realmente eso. Yo voy a seguir concurriendo a las manifestaciones. Porque ahora soy más peronista que nunca. Los primeros fútbol que pateaba fueron de la Fundación Eva Perón. La escuelita donde fui, fue construida por el Gobierno Perónista. Ojalá el Gobierno Popular pueda solucionar esto, pueda solucionar los problemas del país, porque si no tendríamos que lamentarlo profundamente. Pienso que éste es un país y que no se tiene que defender colores como los equipos de fútbol sino que el destino de un país se está jugando. El destino nuestro. ¿Te das cuenta? Si a mí me cuesta sacrificio hacer una casita… yo sé lo que es el sacrificio de irme sin dormir a trabajar. Yo sé lo que es trabajar domingo de noche y hacer horas extras, hacer 16 horas todos los días para que me alcance para comprar una bolsa de portland».
    «Yo pienso que todos tenemos derecho a tener la casa. Con sacrificio, sí. Pero no con sacrificio sobrehumano. Porque explotarse para tener el techo, que es la obligación de cada uno. Entonces va a llegar el momento en que todo el mundo va a tener que vivir bajo un puente».
    «Pienso, como he leído en libros y en muchas revistas, que no puede volver la época del patrón en zapatos y el peón en alpargatas, y la pala en el hombro. Cosa qué no es deshonra para nadie, porque yo trabajo con la pala, con lo que sea. Pero que volviera la época del látigo, como he leído, como me contaron mis padres, sería muy triste y yo mismo me avergonzaría».
    «Por eso ahora soy más peronista. Y la única doctrina, la única política que conozco es la que el General Perón habla en sus discursos. Algo que yo recuerdo cuando era chico, algo que leí. Inclusive tengo un ejemplo que, aparte de semejante masacre que hubo en Ezeiza, que se trocó una fiesta, Perón sale diciendo después no es el hecho de gritar la Vida por Perón sino de trabajar».
    «Entonces es lo más lógico que nos queda por hacer Porque gritar la Vida por Perón la puede gritar cualquiera pero trabajar… Hasta el atorrante se mezcla y se confunde para gritar. Pero cuando hay que agachar el lomo, de los atorrantes esos no aparece ninguno».

  • LUIS ERNESTO PELLIZÓN
  • Fue torturado junto con otros siete compañeros en el Hotel Internacional de Ezeiza. Es secretario de Prensa y Propaganda de la Unión Obrera Metalúrgica, seccional Campana, y había hecho personalmente el cartel de su organización que se llevó al acto del 20. Consultado por EL DESCAMISADO sobre los sucesos, se negó a efectuar declaraciones.

  • TESTIMONIO 1
  • José Emilio Olivera, argentino, casado, 40 años.
    El 20 de junio me separé del grupo de la Unidad Básica de mi barrio por lo que debí dirigirme solo hacia Ezeiza.
    Una vez allí me ubiqué arriba de un árbol para poder ver mejor al General cuando llegara.
    Cuando escuché la orden de «bajar o nos mataban» —nos dijeron que estábamos bajo la mira de sus armas— bajé del árbol.
    A los pocos minutos comienza el tiroteo y me coloco cuerpo a tierra al lado de un grupo que disparaba con una carabina 22 y una pistola 45, y otras armas cortas. Les pregunté contra quien disparaban y contestaron «contra aquéllos». Pregunté entonces «quiénes eran aquéllos» y sólo contestaron que eran «los contreras».
    De allí me dirigí hacia el bosque a buscar compañeros con los cuales poder evitar el tiroteo. Y nos dirigimos hacia donde estaban disparando los que vi primero.
    A los pocos minutos comenzaron a disparar otra vez y entonces fuimos hacia donde se habían refugiado que era el Hogar Escuela. Cuando íbamos hacia allá desde una ventana de la planta baja balearon a un compañero. Nosotros íbamos desarmados y el único elemento que teníamos eran los puños y algunas ramas que habíamos recogido para hacer frente a los que disparaban.
    Llegamos al Hogar Escuela y en la puerta principal nos niega la entrada un grupo de 7 u 8 personas armadas que estaban afuera resguardándola. Nosotros vimos también gente armada dentro del edificio. Les pedimos a los de la puerta que nos dejen entrar para sacar a la gente armada que se encontraba adentro.
    Los rodeamos y a puñetazos los redujimos. Tuvimos que proceder a voltear la puerta para entrar. Entramos a la planta baja y recorrimos las instalaciones interiores, sacamos a la gente armada que estaba adentro.
    Volvemos hacia el edificio y en la parte de atrás la gente nos dice que allí se habían escondido gente armada.
    Nuevamente se colocan 6 ó 7 de ellos armados en el portón para evitarnos la entrada. A golpes y palazos los redujimos y entramos al edificio. Llegamos hasta la cocina donde un señor vestido con traje y corbata, de unos 40 ó 45 años manifiesta ser de «la Presidencia» en tono autoritario, a lo qe contestamos nosotros que en ese momento la única presidencia que reconocíamos era la del Pueblo ya que
    éramos los únicos que la respaldábamos. Este hombre estaba con una pistola 45 en la cintura, la que mostraba para intimidar.
    Cuando yo le pedí documentación echó mano a la cintura hacia la pistola a lo que de inmediato fue desarmado por nosotros. Lo sacamos por la puerta de adelante y allá nos avisan que arriba quedaba gente armada.
    Nos dirigimos hacia arriba donde se encuentra el salón de teatro del Hogar Escuela. Allí nos encaramos con un señor armado que decía que lo habían echado del Ejército por peronista. Al ver cuántos éramos guardó su arma y comenzó a retirarse.
    En ese momento uno de los compañeros se subió al escenario advirtiéndonos qué allí había gente armada por lo que me dirigí resueltamente hacia el lugar.
    Allí aparece un señor con un uniforme azul (que podía ser de un portero) gritando vayanse que no hay nadie. Mi compañero insistía, aquí están, aquí están.
    Entonces subimos al uniformado al palco y lo hicimos avanzar adelante. Hizo dos pasos y desde atrás de las cortinas le gritan arriba las manos por lo que de inmediato los conminé a salir en un minuto de lo contrario prendería fuego al escenario con ellos adentro. Por lo que salieron de allí seis muchachos y
    dos chicas. Y una de las chicas de pantalón vaquero les ordena que se queden allí y que nadie se mueva. Salté entonces arriba del palco junto con muchos compañeros y con la amenaza de descargarles un palazo entendieron que las consecuencias iban a ser duras para ellos. Uno de los muchachos dijo entonces, vamos, vamos que nos conviene.
    De allí me dirigí al palco donde me encuentro con que la gente desalojada del edificio de la escuela estaban en tertulias entre sí y con la otra gente que estaba arriba del palco. Esto demuestra claramente que todos eran gente de Osinde puesto que si no no podrían estar arriba del palco.
    Me acerqué al palco y solicité la presencia de alguna autoridad de la CGT a lo que me dice uno: yo soy de la CGT. Me identifico con mi carnet de afiliado al Partido Justicialista y le pido que se identifique, a lo cual se negó y otra persona que estaba al lado de él dijo: yo soy de la CGT y me muestra como todo documento una cédula de identidad y un carnet de servicio social bancario. Le dije entonces a mis compañeros que nos retiráramos puesto que con esa gente no había nada más que hablar.
    25 años, chofer de ómnibus de La Plata, (resolvimos omitir su nombre).
    El 20 de junio me citan a las 3 de la mañana en los garages de la empresa y se nos distribuyen los coches para ir a buscar a la gente a distintos puntos.
    Llegando a Ezeiza, la gente se baja y nosotros tratamos de reunirnos con la mayor cantidad de ómnibus posibles para estar juntos. De todo el grupo de choferes nos separamos 5 y vamos caminando hacia la zona del palco.
    Como había mucho sol buscamos un lugar a la sombra. En ese momento comenzamos a escuchar tiros, y toda la gente empezó a correr. Con otros dos muchachos nos tiramos al piso y allí perdimos a dos de nuestros compañeros que salieron corriendo.
    Me pongo a caminar y veo un colectivo de la línea 148 parado que estaba atrás del palco, con gente que intentaba huir del tiroteo.
    Del ómnibus bajan a un amigo mío con un ataque de nervios y lo suben a una ambulancia. Me subo y encuentro un amigo que estaba trabajando en la ambulancia.
    íbamos y veníamos en la ambulancia transportando heridos. En un momento que estábamos descansando en un puesto sanitario que estaba atrás del palco, llega un muchacho con la camisa arremangada.
    Tenía la vena, que cruza la articulación, morada con cuatro pinchazos. Uno de los médicos dice: «déjalo que yo lo conozco, es de mi gremio». Le dieron una inyección en el brazo y luego se fue.
    Otra de las cosas, es que lass ambulancias de ese puesto no concurren a recoger heridos. Después de mucha discusión fue una de las ambulancias a buscar, según dijeron, una camilla que se les había quemado cuando incendiaron el coche negro. De lo que sucedió después, esto es lo que recuerdo:
    1) Un dodge color cobre se detiene mirando hacia la gente, a pocos metros del puesto sanitario, se bajan cuatro personas que parapetándose en las puertas, apuntan con una pistola 45 y una ametralladora.
    2) Pasa un torino color rojo con los guardabarros recortados a toda velocidad.
    3) Comienza a avanzar gente corriendo hasta el puesto sanitario.
    4) Arranca mi ambulancia y otra más. No alcanza a hacer una cuadra y se vuelven a parar.
    5) Llega la gente y los rodea obligándolos a bajar.
    6) Revisan la ambulancia y encuentran una pistola 45 y una ametralladora dentro de la ambulancia.
    7) Uno de los que iba en la ambulancia, que llevaba un brazalete blanco con la leyenda Comisión
    Organizadora, sacó un carnet color rojo.
    Me escabullo, saltando un alambrado y después en el camino, ubiqué mi micro.

  • TESTIMONIO 2, «NO TIRES A CUALQUIER LADO»
  • HABLA RIGOBERTO MEDINA, OBRERO ELECTRICISTA.
    Me encontraba con la columna del Sur y al llegar a la Ruta 205, nos aproximamos hacia el palco. Eran las 2,30 horas. Mientras el resto pararon la marcha para descansar, me dirigí con dos compañeros al barrio Eva Perón, para comprar alimentos.
    No habíamos andado 150 metros, cuando escuchamos los primeros disparos. Pensamos que se trataba de festejos por parte de la multitud. Inmediatamente comprendimos que eran disparos de armas de fuego, dado que la gente corría. Volvimos sobre nuestros pasos para ver lo que pasaba y notamos, que a pocos metros nuestros, se llevaban a dos personas heridas.
    También observé a varias ambulancias que salían de la parte trasera del palco y se dirigían a Ezeiza pero girando hacia la izquierda en dirección al Hogar Escuela del Barrio Nº 1, en el cual —luego supimos— se trataba de un aparente puesto sanitario y que en realidad estaba lleno de personas armadas. Las ambulancias eran blancas y con la inscripción del Ministerio de Bienestar Social.
    Posteriormente escuché que por el micrófono se ordenaba se bajaran de los árboles, «que se les está apuntando con miras ópticas», con tono amenazante. Esto sucedió momentos antes del segundo tiroteo y cuando la muchedumbre comienza a cantar la Marcha Perónista. Fue en ese instante, en el que al tirarme al suelo, recibo un balazo en la mano derecha. De inmediato dos personas armadas pasan a mi lado, disparando hacia el grueso del público que se encontraba en la ruta 205, diciendo: «No tires a cualquier lado».
    Luego, se me llevó hasta unos 500 metros hacia Buenos Aires y se me introdujo en una ambulancia. La bala, con orificio de entrada a la altura del pulgar de la mano derecha, salió a nivel del meñique, luego de atravesar la misma con rotura de huesos en su trayecto.

    Tags: ,